Llegas a la cama después de un día agotador. Tienes sueño, necesitas descansar y estás convencida de que te dormirás en cuanto apagues la luz. Sin embargo, ocurre justo lo contrario. Empiezas a pensar en las tareas pendientes, recuerdas una conversación o miras el reloj preocupada porque pasan los minutos y sigues despierta. Y cuanto más te esfuerzas por dormir, más difícil parece conseguirlo.
Es una situación que conocen muchas personas con insomnio. Pero ¿por qué ocurre? ¿Qué nos impide descansar cuando estamos agotados? Roser Gort, psicóloga y autora del El sueño lo cura todo (Ed. Bruguera), explica, de entrada, que dormir mal es un fenómeno complejo en el que intervienen nuestros hábitos, también nuestros pensamientos, emociones y circunstancias personales.
¿Por qué no puedes dormir aunque estés agotada?
Uno de los errores más habituales es pensar que podemos controlar el sueño a voluntad. Nos acostamos, cerramos los ojos y esperamos dormirnos. Pero descansar no funciona como un interruptor que podamos encender y apagar cuando queramos.
Como explica Gort, "el sueño no depende de una sola molécula ni de una hormona concreta. No funciona como una receta de cocina con ingredientes medibles".
Por eso, cuando dormimos mal, no siempre existe una única causa. El estrés, las preocupaciones, los horarios irregulares o la presión que nos imponemos para descansar pueden influir en nuestra capacidad para conciliar el sueño.
Y las consecuencias van mucho más allá del cansancio. La autora advierte: "Dormir mal no solo te agota, te vuelve menos lúcida, menos paciente, menos capaz de pensar y de conectar con los demás".
¿Cómo influye la preocupación por dormir en el insomnio?
Como decíamos, son muchas las causas que nos pueden hacer dormir mal. La rumiación mental, por ejemplo, esa tendencia a analizar una y otra vez los problemas, anticipar situaciones negativas o buscar soluciones a cuestiones que nos preocupan, puede prolongar esa activación.
El problema es que la cama acaba convirtiéndose en el lugar donde intentamos resolver todo aquello que no hemos podido gestionar durante el día. Y, cuando esto se repite noche tras noche, puede establecerse una asociación entre acostarse y permanecer despierto que contribuye a mantener el insomnio.
Y, a veces, todo comienza con una mala noche. Al día siguiente estamos cansadas y nos preocupa que vuelva a suceder. Cuando llega la hora de acostarnos, empezamos a calcular cuánto tiempo nos queda para dormir.
Así se establece un círculo difícil de romper. La preocupación por no descansar aumenta nuestro estado de alerta, precisamente lo contrario de lo que necesitamos para conciliar el sueño.
¿Por qué los somníferos no siempre solucionan el insomnio?
Otro de los aspectos que resalta la experta es que las pastillas no siempre solucionan el problema. Es más, insiste en que "dormir sedado no debería convertirse en un tratamiento indefinido".Eso sí, esto no significa que los fármacos no puedan ser útiles en determinadas circunstancias, sino que su utilización debe estar supervisada por un profesional.
Una de las alternativas recomendadas para el insomnio crónico es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), que ayuda a modificar los pensamientos y comportamientos que perpetúan las dificultades para dormir.
El truco que sí puede ayudarte a dormir bien
Recuperar el sueño no consiste en imponerse una lista interminable de normas ni en intentar cambiar todos nuestros hábitos de un día para otro. La clave está en introducir pequeños gestos que favorezcan el descanso y, sobre todo, repetirlos hasta que formen parte de nuestra vida cotidiana.
Roser Gort insiste en que la constancia es más importante que la perfección. No necesitamos transformar por completo nuestras noches, sino empezar con cambios sencillos y mantenerlos en el tiempo. Acostarnos a una hora relativamente regular, reducir los estímulos antes de dormir o reservar unos minutos para desconectar pueden ser buenos puntos de partida.
Como explica la especialista, "la motivación no aparece antes del hábito: aparece gracias al hábito". Es decir, no debemos esperar a sentirnos especialmente motivados para empezar a cuidarnos. Es precisamente la repetición de esos pequeños gestos lo que facilita que terminemos incorporándolos a nuestra rutina.
Y añade una reflexión que resume esta idea: "Cada vez que repites un gesto que te acerca al descanso, aunque sea mínimo, refuerzas esa nueva identidad".
Dormir mejor también implica aprender a relacionarnos de otra manera con el descanso, sin convertirlo en una obligación más. Porque los hábitos no se construyen en una noche, sino a través de pequeñas decisiones que repetimos cada día.








