Dormir ocho horas no siempre significa descansar igual. Aunque sobre el papel pueda parecer equivalente acostarse a las diez de la noche y levantarse a las seis de la mañana que dormir de una a nueve, la ciencia del sueño demuestra que el momento en el que descansamos también influye —y mucho— en la calidad del sueño y en cómo se recupera nuestro organismo.
Para entender por qué ocurre esto, hablamos con la Dra. Celia García Malo, neuróloga experta en Medicina del Sueño y codirectora de Clínica CISNe (www.clinicacisne.com), quien nos explica que nuestro descanso depende de mucho más que del número de horas que pasamos en la cama: "Nuestro sueño está regulado por un reloj biológico interno, el ritmo circadiano, que regula la temperatura corporal, la secreción de melatonina, además de procesos metabólicos, hormonales y cerebrales muy complejos”.
Cómo las franjas horarias de sueño influyen en tu descanso
Ese reloj biológico funciona como una especie de director de orquesta interno que sincroniza el organismo con los ciclos de luz y oscuridad. Por eso, cuando nos alejamos demasiado de los horarios naturales de sueño, el cuerpo puede notar las consecuencias incluso aunque durmamos aparentemente “lo suficiente”.
Según la experta, "cuando dormimos en un horario alineado con ese ritmo, el descanso suele ser más eficiente". Detalla más: "Las fases de sueño y la arquitectura del sueño son estables, llevándose a cabo los procesos normales fisiológicos de manera completa".
En cambio, si nos acostamos muy tarde, nuestro descanso puede verse notoriamente afectado. "Podemos dormir suficientes horas, pero en una franja menos sincronizada con nuestra biología, de manera genérica. Además, somos más vulnerables a recibir exposición adicional a fuentes de luz artificiales, incluidas las pantallas", explica la especialista.
Más distracciones, menos descanso
Precisamente ahí entra uno de los grandes enemigos del descanso moderno: la hiperestimulación nocturna. Revisar el móvil antes de dormir, cenar demasiado tarde o pasar varias horas frente a pantallas puede alterar la producción de melatonina, la hormona que ayuda al cuerpo a prepararse para dormir. El resultado es un sueño más fragmentado y menos reparador.
Sin embargo, no todas las personas funcionan igual. Hay quienes se sienten llenos de energía a primera hora de la mañana y quienes alcanzan su máximo rendimiento por la noche. Un fenómeno que sucede debido a un factor determinante, según Celia García: "Aquí entran en juego los cronotipos; es decir, hay personas más matutinas, que funcionan mejor acostándose y levantándose pronto, y personas más vespertinas, que tienden de forma natural a dormir y rendir más tarde".
El papel de los cronotipos en el sueño
Aunque pudiera parecer que al dormir el mismo número de horas nos produce el mismo descanso, independientemente de la franja en la que lo hagamos, lo cierto es que hay factores a tener en cuenta para que éste nos proporcione el resultado que buscamos: "El problema aparece cuando el horario real de vida —trabajo, colegio, luz artificial, pantallas, cenas tardías— obliga al cuerpo a dormir fuera de su ventana biológica. Conocer el cronotipo de la persona y tratar de buscar un horario lo más alineado posible con el horario 'biológico' es lo más efectivo para garantizar un mejor descanso. Investigar sobre ello puede ser sumamente útil cuando hablamos de insomnio", explica la doctora de CISNe.
En la práctica, esto explica por qué muchas personas sienten que, incluso durmiendo ocho horas, se levantan cansadas entre semana y solo logran recuperarse los fines de semana. El desfase entre las obligaciones diarias y el horario natural del cuerpo puede acabar generando una especie de jet lag" que afecta al descanso, al estado de ánimo e incluso a la concentración.
Por eso, los especialistas insisten cada vez más en la importancia de mantener rutinas estables: intentar acostarse y levantarse a horas similares, reducir la exposición a pantallas por la noche y respetar, en la medida de lo posible, las señales naturales del organismo.
Porque, como concluye la Dra. García Malo, "Dormir bien no es solo una cuestión de horas, sino también de calidad, y la calidad del sueño puede depender en gran medida si duermes en el momento en el que tu cuerpo está preparado para hacerlo".












