Durante décadas fue el acabado estrella de las paredes españolas y, después, el primero en desaparecer en cuanto se planteaba una reforma. El gotelé se convirtió en sinónimo de casa anticuada, y alisar las paredes, casi en un rito obligatorio al estrenar piso. Pero, antes de llamar al pintor, merece la pena hacerse una pregunta: ¿de verdad compensa quitar el gotelé?
La respuesta no siempre es sí. Es una obra que ensucia, lleva su tiempo y puede costar hasta 3.000 euros si, además, hay que pintar. Y, mientras tanto, las paredes con textura vuelven a ganar terreno en decoración. Disimulan imperfecciones, aportan calidez y, bien tratadas, pueden darle a tu casa un aire de lo más actual. Te contamos por qué, en muchos casos, lo mejor es dejarlo donde está y sacarle partido. En la imagen, una reinterpretación del clásico gotelé, en el espacio de Hager de Casa Decor 2023, diseñado por Sigfrido Serra y Mateo Climent.
© Lupe Clemente para Casa DecorVuelve como tendencia
Puede que te sorprenda, pero las paredes con textura están de vuelta. Tras años de superficies lisas y perfectas, la decoración busca ahora materiales que apetece tocar: estucos, revocos de cal, acabados de arcilla o pinturas con efecto piedra que dan profundidad a la pared y juegan con la luz a lo largo del día. Una prueba es el espacio de PH Collection en Casa Decor 2026, diseñado por S de Studio, donde el papel pintado de Casamance de una de sus paredes refleja esta tendencia.
El gotelé no es exactamente lo mismo, pero comparte con esos acabados una misma idea: romper la monotonía de la pared lisa y aportar relieve. Basta con echar un vistazo a las revistas de decoración o a las redes sociales para comprobar que las paredes texturizadas se han colado en las casas más inspiradoras. A esto se suma la vuelta de la estética de los años 70, con sus tonos tierra, sus maderas oscuras y sus formas redondeadas. En ese contexto, una pared con grano deja de ser un resto del pasado para convertirse en un guiño retro con mucho encanto.
© Nacho Uribesalazar para Casa DecorCasas con alma
Las casas impecables, de catálogo, han dejado paso a hogares con personalidad, donde las imperfecciones no se esconden, sino que se celebran. Es la filosofía del wabi-sabi, que encuentra belleza en lo imperfecto, y también la del lujo silencioso, que apuesta por materiales nobles y acabados artesanales.
Las paredes con textura encajan a la perfección en esta forma de entender la decoración. Hacen que la luz se refleje de forma más suave, añaden matices y transmiten esa sensación de casa vivida que tanto buscamos. Así que, en lugar de verlas como un problema, piensa que pueden ser justo lo que le da carácter a tu hogar, como ocurre en 'Silencio', el espacio diseñado por Sigfrido Serra y Mateo Climent para Hager en Casa Decor 2023, donde el gotelé en color blanco lo envuelve todo en una atmósfera de calma.
© PexelsMuchas cosas a favor
Aunque cuenta con muchos detractores y para muchos es motivo de sarpullido, lo cierto es que el gotelé tiene grandes ventajas. La primera, que disimula las imperfecciones de la pared: pequeños golpes, irregularidades o parches que en una superficie lisa se verían a simple vista.
También es más sufrido. Aguanta mejor los roces del día a día, algo que se agradece en una casa con niños o mascotas, y las marcas se notan menos. Aporta calidez, porque rompe la frialdad de una pared completamente plana, y puede servir como acento en un espacio concreto, como el del cabecero o el del sofá.
© TegarDónde funciona mejor
Hay estancias en las que el gotelé siempre da buen resultado. Los recibidores y los pasillos, por ejemplo, son zonas de paso en las que las paredes sufren roces constantes con las bolsas de la compra, los abrigos o las mochilas. Aquí, su resistencia y su capacidad para disimular marcas son un plus.
Lo mismo ocurre en las habitaciones infantiles, como la de esta propuesta de Tegar, donde las paredes están expuestas a todo tipo de juegos. Un gotelé fino, pintado en un tono suave, resulta práctico y, además, aporta un punto acogedor que encaja muy bien en un dormitorio para los más pequeños. También puede funcionar en una zona de estar de estilo rústico o mediterráneo, donde la textura refuerza ese aire artesanal y relajado.
© PexelsUn falso mito
Uno de los argumentos más repetidos para quitar el gotelé es que la casa se venderá o se alquilará mejor. Y es cierto que las paredes lisas resultan más actuales y le quitan años a una vivienda a primera vista. Pero no es un factor tan decisivo como se suele pensar.
A la hora de elegir casa, pesan mucho más la luz natural, la distribución, la ubicación o el estado de la cocina y los baños. El gotelé influye, sí, pero hasta cierto punto. Y muchos compradores llegan con sus propios planes de reforma, así que alisar todas las paredes antes de vender no siempre se traduce en un precio más alto. Una pintura en buen estado y una casa bien presentada suelen contar más que unas paredes perfectamente lisas.
© PexelsEliminarlo no siempre compensa
Hay situaciones en las que quitarlo no es la mejor opción. Por ejemplo, si vives de alquiler, si no quieres hacer una gran inversión o si las paredes tienen muchas irregularidades. En este último caso, además, el gotelé está haciendo un buen trabajo ocultándolas. Y, si vives de alquiler, recuerda que necesitarás el permiso del propietario incluso para un cambio estético como este.
Por otro lado, al rascarlo pueden aparecer sorpresas: grietas, desconchones o reparaciones antiguas que obliguen a sanear la pared antes de pintar. Y eso significa más trabajo, más días de obra y un presupuesto más alto. Por no hablar del polvo y del engorro de vaciar las habitaciones. Así que valora bien si de verdad merece la pena.
© Amador Toril¿Y en una casa pequeña?
Es una de las grandes dudas. Una pared con textura puede restar algo de amplitud visual, porque genera pequeñas sombras y refleja menos la luz que una superficie lisa. Por eso, en una casa pequeña, no suele ser la opción ideal. Combinarlo con espejos, muebles ligeros y una buena iluminación ayuda a compensarlo. En la imagen, un proyecto de Alberto Torres Interiorismo.
Eso sí, aquí el tamaño de la gota influye, y mucho. Un gotelé fino, pintado en blanco o en un tono claro, apenas se percibe y no tiene por qué empequeñecer el espacio. En cambio, el de grano grueso sí recarga más el ambiente. Si es tu caso, una alternativa intermedia es cubrirlo con una pasta que suavice el relieve, sin necesidad de rascarlo por completo.
© PexelsLo que cuesta quitarlo
Quitar el gotelé complica y encarece la obra más de lo que parece. Según cronoshare.com, eliminarlo cuesta de media entre 5 y 15 euros por metro cuadrado, y si, además, hay que pintar, la cifra sube a 10-30 euros. Así, en una superficie de 100 m² de pared, quitarlo y pintar puede salir por entre 1.000 y 3.000 euros.
El precio depende del tamaño de la gota, porque el grano grueso es más difícil de eliminar; del tipo de gotelé, ya que el plástico apenas se puede raspar y hay que cubrirlo; y del estado de la pared, porque si hay que sanearla el presupuesto aumenta. Los techos, las capas de pintura extra o tener la casa amueblada también suman.
© FramaHazlo moderno
Si decides quedarte con él, la clave está en tratarlo bien. Píntalo en colores claros, como el blanco roto, el arena o el beige, que suavizan la textura y aportan luminosidad. Los acabados mates funcionan mejor que los satinados, porque disimulan más el grano. Y, si te atreves, puedes pintar una sola pared en un tono más intenso, como un terracota o un verde oliva, para convertir el gotelé en protagonista.
Después, acompáñalo con una decoración actual: cuadros o láminas que atraigan la mirada, una iluminación cálida y difusa —evita la luz rasante, que acentúa el relieve— y muebles de líneas sencillas que contrasten con su aire retro. Las fibras naturales, la madera y los textiles de lino completan el conjunto. El resultado: unas paredes con historia que, lejos de restar, suman estilo a tu casa. En la imagen, una propuesta de Frama.




