Gestión emocional

Leticia Martín Enjuto, psicóloga: "Detrás de una actitud arrogante, puede haber una persona que necesita que los demás le confirmen su valor"


Nuestra experta explica los motivos que se esconden detrás del egocentrismo y su relación con el egoísmo


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
19 de septiembre de 2026 a las 18:27 CEST

Todos conocemos a alguien que parece necesitar ser el protagonista de cualquier conversación. Esa persona que cuenta sus logros, reconduce cualquier tema hacia su propia experiencia o parece sentirse especialmente incómoda cuando la atención se dirige hacia otra persona. Desde fuera, es fácil interpretarlo como exceso de ego, arrogancia o incluso una sensación de superioridad. Sin embargo, la psicología invita a mirar un poco más allá de esa primera impresión.

"Cuando hablamos de una persona egocéntrica, normalmente pensamos en alguien que quiere tener siempre la razón, que necesita ser el centro de atención o que parece convencido de que está por encima de los demás”, explica Leticia Martín Enjuto, psicóloga general sanitaria y directora del centro de psicología Leticia Martín Enjuto, en Valencia. Pero esa apariencia de seguridad no siempre significa que exista una autoestima sólida detrás.

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Como la experta señala, "detrás de esa actitud que puede parecernos arrogante, chulesca o excesivamente segura puede haber una persona que necesita constantemente que los demás le confirmen su valor. Es decir, no siempre estamos ante alguien que se siente superior, sino ante alguien que necesita sentirse importante, reconocido o admirado para sentirse bien consigo mismo", señala la especialista. En la práctica, esto puede traducirse en una necesidad permanente de aprobación: sentirse bien cuando llegan los elogios y experimentar un malestar considerable cuando estos no aparecen.

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Cuando la conversación siempre vuelve a la misma persona

Una de las características que pueden llamar la atención es la dificultad para abandonar la propia perspectiva. Puede suceder, por ejemplo, que alguien empiece contando una anécdota sobre el trabajo y termine relatando sus propios éxitos profesionales, o que una conversación sobre el problema de un amigo acabe girando hacia sus propias preocupaciones. Así lo explica la experta: "Una persona con rasgos egocéntricos suele tener dificultades para salir de su propia perspectiva. Puede llevar las conversaciones hacia sus experiencias, hablar mucho de sus problemas o mostrar poco interés por lo que les ocurre a los demás. También puede necesitar destacar, contar sus logros o sentir que ocupa un lugar importante dentro de un grupo".

La cuestión, según apunta la psicóloga, no está necesariamente en hablar de uno mismo, disfrutar de un cumplido o sentirse orgulloso de un logro. Todas esas conductas pueden formar parte de una relación normal con los demás. El problema aparece cuando la necesidad de reconocimiento se convierte en algo constante y condiciona la manera de relacionarse. "Veo mucho en consulta que el problema aparece cuando esta forma de relacionarse se convierte en algo constante y empieza a generar malestar en las personas que tiene alrededor. Porque una cosa es hablar de uno mismo o disfrutar del reconocimiento y otra muy diferente necesitarlo continuamente para mantener una determinada imagen personal”, añade la psicóloga.

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Validación personal: qué pasa cuando falta

Precisamente por eso, uno de los momentos que más información puede ofrecer es aquel en el que la persona deja de recibir la atención que esperaba. Pensemos en alguien que está acostumbrado a que se reconozca su trabajo y, de repente, un compañero recibe el elogio que esperaba para sí mismo. La situación puede resultar mucho más difícil de gestionar de lo que cabría imaginar. "Resulta muy importante observar qué ocurre cuando esa persona no recibe la validación que espera. Porque ahí muchas veces aparece la verdadera dificultad", apunta la experta. Una seguridad que parecía inquebrantable puede cambiar rápidamente cuando desaparece el reconocimiento externo.

Bajo este mismo prisma, la especialista señala que "una persona puede mostrarse muy segura mientras recibe elogios, atención o reconocimiento, pero sentirse profundamente incómoda cuando alguien la cuestiona, la ignora o no le da la importancia que esperaba. Puede reaccionar poniéndose a la defensiva, enfadándose, despreciando al otro o intentando demostrar que tiene razón", explica.

Así, detrás de determinadas respuestas que desde fuera pueden parecer desproporcionadas puede existir una necesidad intensa de proteger la propia imagen. Como Leticia Martín Enjuto misma comenta, "en ocasiones, esa necesidad constante de demostrar puede ser precisamente una señal de que internamente existe una autoestima más frágil de lo que aparenta".

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La dificultad tampoco tiene por qué aparecer únicamente ante una crítica directa. A veces basta con que otra persona reciba más atención, que un trabajo no sea reconocido como se esperaba o que una opinión diferente tenga más peso dentro de un grupo: "Podemos encontrar detrás de determinados comportamientos una gran dificultad para tolerar la frustración. Por ejemplo, que otra persona reciba más atención, que alguien no valore su trabajo como esperaba o que una opinión diferente tenga más peso en un grupo puede vivirse como una amenaza”, señala la psicóloga.

Desde fuera, la reacción puede resumirse rápidamente con frases como "qué ego tiene" o "se cree demasiado". Sin embargo, la especialista propone detenerse antes de sacar esa conclusión y observar qué puede estar ocurriendo emocionalmente: "Psicológicamente merece la pena ir un poco más allá y preguntarnos qué está sintiendo esa persona en ese momento. A veces no está defendiendo una sensación de superioridad, sino intentando proteger una imagen de sí misma que necesita mantener para sentirse segura”, explica Leticia Martín Enjuto.

Esto no significa justificar comportamientos que hacen daño a los demás. Entender de dónde puede proceder una conducta y poner límites ante ella son cuestiones diferentes. Una persona puede necesitar reconocimiento y, al mismo tiempo, tener que aprender otras formas de relacionarse.

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Qué ocurre con la empatía

Otro aspecto que puede generar confusión es la empatía. Cuando alguien interrumpe constantemente, minimiza los problemas ajenos o consigue que cualquier conversación termine hablando de sí mismo, es comprensible que quienes están alrededor sientan que no existe interés por ellos. En estos casos, señala la especialista, "es fácil pensar que simplemente ‘no le importa nadie’. Y puede haber casos en los que exista una dificultad real para ponerse en el lugar del otro".

Pero no todos los comportamientos tienen necesariamente el mismo origen. "Puede ocurrir que la persona esté tan pendiente de sus propias necesidades, de cómo la están percibiendo o de conseguir reconocimiento que tenga dificultades para prestar atención emocional a los demás”, continúa.

La diferencia es importante porque permite comprender que una conducta que puede resultar fría o poco considerada no siempre nace de la indiferencia. “Esto no convierte automáticamente su conducta en aceptable, pero sí nos ayuda a entender que detrás de una aparente frialdad pueden existir inseguridades y necesidades emocionales no resueltas”, puntualiza Leticia Martín Enjuto.

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Una necesidad de destacar que puede venir de lejos

La forma en la que aprendemos a relacionarnos con el reconocimiento también puede influir. "La historia personal también puede tener mucho que ver. Hay personas que han aprendido desde pequeñas que para recibir reconocimiento tenían que destacar, conseguir buenos resultados o demostrar constantemente que eran especiales", explica la psicóloga.

En otros casos, la experiencia puede haber sido prácticamente la contraria: crecer con comparaciones, sentirse poco valorado o tener la impresión de que nunca se alcanza aquello que se espera de uno: "En algunos casos, la necesidad de destacar puede convertirse en una manera de compensar precisamente esa sensación”, añade Leticia Martín Enjuto.

Qué hay detrás de una persona egocéntrica© Getty Images

Por eso, detrás de una persona que parece necesitar demostrar continuamente cuánto vale puede existir una relación especialmente dependiente de la mirada externa. “Por ello, cuando hablamos de egocentrismo, no deberíamos quedarnos únicamente con la conducta que vemos desde fuera. Detrás puede haber una combinación de aprendizaje, inseguridad, necesidad de aceptación y una autoestima que depende demasiado de la mirada de los demás”, concluye Leticia Martín Enjuto.

Comprenderlo no significa etiquetar ni justificar. El egocentrismo puede manifestarse de formas muy diferentes y no toda persona que busca atención, habla mucho de sí misma o disfruta de los elogios tiene necesariamente un problema psicológico. La clave está en observar si esa necesidad de reconocimiento es puntual o si, por el contrario, termina condicionando la autoestima, la frustración y las relaciones con los demás.