Consejos de salud

Cristina Pedroche reivindica la siesta y nuestro experto en sueño recomienda el truco del café para aprovecharla: "Hay que tomarlo antes"


El reconocido neurofisiólogo Eduard Estivill nos da todas las claves para que la siesta sea realmente efectiva, beneficiosa y provechosa


Cristina Pedroche posando en un invernadero© cristipedroche
20 de agosto de 2026 a las 20:01 CEST

Hay placeres del verano que cuesta poco reivindicar. Uno de ellos es tumbarse después de comer, cerrar los ojos y desconectar durante unos minutos. Cristina Pedroche parece tenerlo claro y durante sus vacaciones ha compartido en varias ocasiones su particular defensa de la siesta. "Los niños necesitan siesta pero yo más", escribía con humor en unO de sus stories. En otro, reconocía que durante estos días se la echa incluso "a horas raras", porque "hay que sobrevivir".

Más allá de la broma, la presentadora pone sobre la mesa un hábito muy español que puede ser beneficioso para la salud, siempre que sepamos practicarlo. Porque dormir la siesta no significa necesariamente dormir una o dos horas. De hecho, alargar demasiado ese descanso puede conseguir precisamente el efecto contrario al que buscamos: despertarnos aturdidos y llegar a la noche sin sueño.

Así lo explica el Dr. Eduard Estivill, neurofisiólogo y especialista europeo en Medicina del Sueño, que ha elaborado para easyHotel un "Decálogo práctico de la siesta" con las claves para convertir este pequeño descanso en una herramienta para recuperar energía.

Y una de ellas es la de tomarse un café justo antes de echárnosla. Pero, ¿por qué? Averigüemos antes otros aspectos de una buena siesta. 

Storie de Cristina Pedroche en el que reinvindica la siesta

¿Cuánto debe durar una buena siesta?

Aquí está probablemente la regla más importante: entre 10 y 20 minutos. Es tiempo suficiente para desconectar y recuperarnos sin adentrarnos demasiado en fases profundas del sueño.

"Si duermes más tiempo, entras en sueño profundo. Después no hay siesta: hay resaca", advierte Estivill en su decálogo. Esa sensación explica por qué algunas personas se levantan después de una larga siesta más cansadas, desorientadas o con la cabeza espesa que antes de acostarse.

Por tanto, no se trata de dormir cuanto más, mejor. La siesta funciona precisamente porque es breve.

Mujer echándose la siesta© Getty Images

¿Cuál es la mejor hora para dormir la siesta?

También importa cuándo la hacemos. Según Estivill, la ventana cronobiológica natural se encuentra entre las 13:00 y las 15:00 horas. Hacerla demasiado tarde puede restar presión de sueño y dificultar que conciliemos el sueño por la noche.

Esto resulta especialmente importante durante las vacaciones, cuando los horarios se relajan y es fácil terminar durmiendo a media tarde. Una siesta a las cinco o seis puede parecer tentadora después de una comida larga o una mañana de playa, pero puede acabar desplazando la hora de acostarnos.


Padre e hijo echando la siesta © Getty Images

No hace falta quedarse dormido

Hay otro detalle interesante: una buena siesta no exige necesariamente dormir. Si eres de esas personas que se tumban, cierran los ojos y empiezan a pensar "tengo que dormirme ya porque solo tengo veinte minutos", puedes dejar de intentarlo.

Cerrar los ojos, reducir los estímulos, desconectar y relajarse ya tiene valor recuperador, explica el especialista. Tampoco necesitamos recrear las condiciones de nuestro dormitorio: podemos descansar en la cama, en un sofá o incluso en un sillón y no es imprescindible conseguir oscuridad absoluta.

mujer relajada en una hamaca en la playa mirando al mar© Adobe Stock

¿Por qué una siesta corta puede sentarnos tan bien?

Cuando se realiza correctamente, este descanso puede mejorar el rendimiento cognitivo y el estado de alerta, reducir el estrés y favorecer la productividad posterior, según recoge el decálogo elaborado por Estivill. Además, no es necesario convertirla en una obligación diaria. La recomendación señala que la regularidad puede ser más importante que dormirla todos los días y apunta a tres veces por semana como mínimo eficaz.

Eso sí, hay personas que deben tener especial cuidado. En quienes sufren insomnio crónico, la siesta puede reducir la presión de sueño nocturna, por lo que Estivill recomienda evitarla hasta haber recuperado un ritmo normal de sueño.

mujer feliz tomando una taza de café© Getty Images

El curioso truco del café antes de la siesta

Puede resultar contradictorio tomar café justo antes de dormir, pero existe una estrategia conocida como coffee nap. Consiste precisamente en beber un café antes de una siesta muy corta.

La explicación está en los tiempos: según recoge el decálogo, la cafeína tarda aproximadamente 20 minutos en activarse. De esta manera, nos tumbamos inmediatamente después de tomarla y, cuando despertamos, comienza a notarse su efecto estimulante. El resultado busca combinar el descanso breve con una mayor sensación de alerta al despertar.

Y para terminar de despejarnos, Estivill aconseja algo muy sencillo: cinco minutos de luz natural o artificial intensa y un pequeño paseo de unos diez minutos.

Mujer pelo pelirrojo durmiendo cama blanca© Getty Images

La siesta no arregla una mala noche

Quizá este sea uno de los errores más habituales: acostarnos dos horas después de comer porque hemos dormido fatal la noche anterior. Pero la siesta no debería utilizarse para compensar sistemáticamente la falta de sueño nocturno.

"Si duermes mal de noche, la siesta no repara el daño", recuerda el especialista. Es un complemento, no un parche para dormir poco.

Y parece que necesitamos aprender a poner límites. Según el estudio sobre hábitos de siesta en España realizado por easyHotel, el 86% de los españoles que duerme la siesta lo hace durante más tiempo del recomendado por los expertos, mientras que más de la mitad se tumba de manera espontánea, sin haberlo planificado.

Así que la próxima vez que, como Cristina Pedroche, sintamos que necesitamos una siesta para "sobrevivir" al día, quizá la clave no esté en renunciar a ella, sino en poner el despertador. Diez o veinte minutos pueden ser suficientes para recuperar energía sin hipotecar el sueño de la noche.