La neuroarquitectura estudia cómo los espacios que habitamos influyen en el cerebro, las emociones y la conducta, y aplica ese conocimiento al diseño de viviendas que cuiden de quienes viven en ellas. En esta disciplina que reúne neurociencias y arquitectura, el legado ocupa un lugar central: los objetos, los materiales y las historias heredadas o acumuladas convierten una casa en un lugar con memoria y se traducen en bienestar para sus habitantes.
Ana García, arquitecta fundadora del estudio NeuronaLab (www.neuronalab.com), es la experta que guía este reportaje. Dirige el ‘Máster de Neuroarquitectura y Bioconstrucción’ en la Escuela LCI Barcelona, coordinado por María Lledó Cisneros, y ha publicado la novela ‘Cara Vista’ (de la editorial Círculo Rojo), donde aborda la neuroarquitectura desde el relato de autoficción, mostrando cómo los espacios influyen en nuestra percepción y emociones.
© Rosario Kuri para NeuronaLabLa casa que recuerda: cómo fija el cerebro los momentos felices
Ana señala que, cuando un espacio, un objeto o una imagen nos conecta con un recuerdo feliz, se activa el hipocampo, la estructura clave de la memoria episódica. Cada vez que rememoramos una vivencia, el cerebro no solo la recupera, sino que la reconstruye y la consolida, reforzando itinerarios neuronales específicos. Por eso, desde la neuroarquitectura, esos rincones se entienden como catalizadores de bienestar que fijan en el organismo una impronta duradera de calma y seguridad.
© Iván Casal Nieto para Imaisdé Design StudioEl legado, la vitamina del diseño que deja huella
Tye Farrow, arquitecto canadiense especializado en la relación entre neurociencia, arquitectura y salud, habla de siete ‘vitaminas’ del diseño: cualidades de los espacios que pueden contribuir activamente al bienestar. Una de ellas es el legado, entendido como la capacidad de una arquitectura para dejar una huella positiva y duradera, aportando valor a las personas y al lugar más allá de su función inmediata y de los requisitos básicos de sostenibilidad.
“Igual que Tye Farrow, como arquitecta y diseñadora, entiendo que el concepto del legado implica concebir el hogar no como un escenario estanco, sino como una narrativa intergeneracional que trasciende el diseño concreto de un momento puntual. En todos mis proyectos, observo que integrar huellas del pasado aporta continuidad existencial y un profundo arraigo psicológico”, afirma Ana.
Ese anclaje identitario, frente a la saturación de lo efímero, reduce el estrés y fortalece la resiliencia emocional.
Esta cocina de una casa centenaria que, tras la reforma, mantiene su esencia clásica con mobiliario de ayer y de hoy. Los armarios, a medida y ejecutados con Loba Cocinas, son de roble con marquetería de castaño lacado, y la mesa que actúa como isla es una pieza de otra época. Firma el proyecto Imaisdé Design Studio.
© Yuichi Kimura para Antonio Calzado EstudioHerencia propia o ajena: lo antiguo con alma suma bienestar
Los muebles, piezas de arte o elementos decorativos que han pertenecido a nuestros antepasados contribuyen a reconstruir nuestro legado emocional y nos conectan con unas raíces que refuerzan el sentido de pertenencia. Asimismo, los objetos sin herencia familiar también pueden sumar bienestar, según Ana.
“Como explico en mi novela ‘Cara vista’, los materiales honestos y envejecidos transmiten autenticidad y una calma orgánica que las superficies sintéticas y extremadamente nuevas no logran replicar”, detalla la arquitecta y docente.
Un estilo rústico renovado da carácter al baño principal de esta reforma en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), obra de Antonio Calzado Estudio. Un espejo de mimbre restaurado dialoga con el alicatado de cerámica natural, un lavabo marroquí artesanal y una cortina de William Morris que reinterpreta las tradicionales alacenas sevillanas.
© David Montero para Raquel González InteriorismoLibros en casa: un archivo de vivencias y memoria
Una biblioteca doméstica con una selección de libros actúa como archivo de nuestra identidad y nuestra historia. Es el autorretrato más honesto de nuestra evolución intelectual y emocional. Los libros no solo nos conectan con las tramas impresas en sus páginas, sino con las vivencias y circunstancias exactas que nos rodeaban en el momento de su lectura.
Además, “la neurociencia cognitiva ha demostrado que la lectura en soporte papel activa de forma enriquecida nuestro sistema perceptivo, incluidos el táctil y el olfativo, fijándose con mayor solidez en la memoria episódica frente al efímero consumo digital”, revela Ana.
Sobre estas líneas vemos una zona de día. En todo el proyecto de vivienda, Raquel González Interiorismo ha diseñado espacios prácticos y versátiles. Destaca la triple función del comedor, que se utiliza también como biblioteca y zona de trabajo.
© Paul Seling / PexelsMenos catálogo, más vida: el hogar que crece con sus habitantes
Conviene dejar de pensar en la decoración como algo terminado y permitir que la casa incorpore objetos y recuerdos a lo largo de los años. Ana defiende que así el resultado es un espacio más auténtico y orgánico, en permanente diálogo con quien lo habita, que rechaza la fría perfección de los catálogos estandarizados.
Desde la neuroarquitectura, la casa se convierte en un organismo vivo que intercambia con sus habitantes. Se genera una porosidad natural en la que la vivienda respira al mismo ritmo que nosotros y refleja nuestras transformaciones vitales, un refugio de identidad verdaderamente saludable.
© Coton et BoisLibros, fotografías y arte: el hogar que no empieza de cero
Una casa con ‘capas’ (piezas nuevas junto a otras antiguas, libros, fotografías, arte, recuerdos) transmite una sensación distinta a la de un espacio completamente nuevo.
Ana explica que “en psicología ambiental utilizamos estos elementos como anclajes eficaces para evocar vivencias positivas y mitigar la fatiga mental urbana”.
En este aspecto, cabe destacar el poder del olfato: de entre todos los sentidos aristotélicos, es el único que no pasa por el filtro del tálamo y conecta de inmediato con el hipocampo y la amígdala. Unas flores aromáticas, un viejo libro, la madera encerada de un aparador heredado o el cuero de un sillón activan memorias olfativas instantáneas que nos transportan al confort emocional en cuestión de segundos.
Coton et Bois, con Asun Antó al frente del estudio, firma este salón con un banco junto al ventanal y piezas de arte que le aportan mucha personalidad.
© Carla Capdevila para Mas by ArquestaUn hogar aséptico puede apagar la sensación de pertenencia
Una vivienda demasiado neutra, impersonal o desprovista de recuerdos puede afectar a nuestra sensación de pertenencia. Y es que, del mismo modo que un hogar con ‘capas’ nos enraíza, una atmósfera aséptica y carente de memoria puede generar apatía e indiferencia sensorial.
Ana matiza que existen momentos de transición vital (un duelo, una ruptura sentimental) en los que cierta neutralidad temporal puede ser terapéutica para desactivar bucles de dolor. “Como diseñadora, recomiendo regular esta porosidad: a veces necesitamos limpiar el lienzo doméstico para permitir que el cerebro descanse antes de tejer nuevas memorias afectivas”, añade.
En este comedor, las sillas son las icónicas ‘Cesca’, diseñadas por Marcel Breuer en 1928 y producidas por Knoll. Todo el proyecto de la vivienda es obra del estudio de interiorismo madrileño MAS by Arquesta.
© Néstor Marchador para LapopieEntre el apego y el desorden: cuánto recuerdo cabe en casa
Conservar en casa objetos sin utilidad práctica pero con valor sentimental es positivo, aunque solo hasta cierto punto, porque depende siempre de la estructura de personalidad y del perfil de apego de cada individuo. Mientras que un apego moderado hacia objetos significativos aporta estabilidad emocional, una acumulación desmedida puede saturar el espacio cognitivamente.
“La clave desde la arquitectura de interiores es seleccionar piezas escultóricas o afectivas que respiren, otorgándoles un espacio visual propio donde su carga poética sume bienestar y no ruido visual”, aconseja Ana.
Rosa Lahoz, interiorista y fundadora de Lapopie, reúne en la entrada de su casa en Zaragoza una selección de antigüedades adquiridas a lo largo de los años y de sus viajes. Son piezas únicas, ligadas cada una al recuerdo de un lugar o de un momento de su vida.
© Montse Garriga para Helena MartínMudanza o reforma: qué piezas del pasado conservamos (y cuáles descartar)
Una mudanza o una reforma es un momento idóneo para desprenderse de ciertas piezas del hogar. Ana salvaría en primer lugar las piezas de arte que resuenen con nuestra identidad o nos procuren placer estético inmediato, junto con algún mueble clave debidamente contextualizado.
No obstante, reconoce que un error frecuente es trasladar mobiliario desproporcionado a nuevas distribuciones: una imponente cómoda de los abuelos, diseñada para una masía rural, colapsa visualmente un piso urbano de pocos metros. Conviene medir la escala espacial para que la memoria y la proporción arquitectónica convivan en armonía.
En esta zona de día abierta destaca el cuadro en formato XXL ‘Afrodita’, obra de Alice Orf. El proyecto de interiorismo lo firma Helena Martín.
© Germán Saiz para Fabián ÑíguezPequeños gestos para dar historia a la casa sin grandes cambios
Existen pequeños recursos de interiorismo para quienes desean que su casa refleje más su historia personal sin necesidad de hacer grandes cambios ni inversiones.
Ana recomienda indagar en el entorno familiar en busca de piezas con valor sentimental (desde textiles artesanales, manteles o colchas hasta una pequeña lámpara de sobremesa) que aporten textura y alma. Si esto no es posible, los mercados de antigüedades y las almonedas ofrecen tesoros accesibles con historia propia. La neurociencia recuerda que unos pocos objetos cotidianos de tacto natural bastan para transformar la atmósfera.
En la propuesta vemos cómo dos retratos del artista Albert Madaula velan el sueño del interiorista Fabián Ñíguez y su pareja. Durante el confinamiento, en el cumpleaños de Fabián, su marido le regaló uno de ellos; unos meses después, en el de Gabo Castillo, el interiorista le regaló el suyo. Hoy son un tesoro para ambos.
© Rosario Kuri para NeuronaLabLo que ya tenemos, el mejor punto de partida
Muchas personas sienten la tentación de empezar de cero en materia de decoración, en lugar de mantener algo de lo que ya tienen. Ana recuerda que la belleza genuina de un hogar no surge de borrar el pasado, sino de saber reinterpretarlo a través de una mirada más consciente y poética.
Por ejemplo, en esta cocina, NeuronaLab integra elementos originales, como la carpintería interior (en la imagen, la puerta de acceso con vidriera coloreada), en homenaje al pasado centenario de la casa que es una auténtica joya.
“Empezar de cero suele derivar en espacios impersonales que anulan nuestra narrativa biográfica. El verdadero diseño neuroarquitectónico consistiría, así, en redescubrir la carga emocional de lo cotidiano, transformando lo que ya poseemos en un reflejo vivo de nuestra propia evolución humana”, subraya la arquitecta.




