Todo empezó en una comida con amigos. Hablando de nuevos hábitos que nos ayudan a sentirnos mejor, desde entrenar para una competición de Hyrox hasta los suplementos de creatina y ashwagandha -hemos caído en el boom actual por el bienestar, por supuesto-, David mencionó una técnica con todas las papeletas para gustarme: un método (supuestamente) fácil para descansar mejor y con un nombre muy viral, "10-3-2-1". Enseguida quise saber en qué consistía.
"Es muy sencillo, se basa en cuatro puntos: no tomar cafeína 10 horas antes de acostarte; cenar tres horas antes (y no comer nada más después); dejar los trabajos que te requieren mucha concentración dos horas antes; y no mirar pantallas durante la hora previa a irte a dormir", me explicó. Sobre el papel, parecía asequible, así que quise probarlo. Sin embargo, en la práctica no ha sido tan fácil de mantener...
Un método viral para dormir mejor y vivir más
Lo que me resultaba atractivo del método 10-3-2-1 no es solo su promesa de un mejor descanso, sino el impacto que puede tener en la longevidad, la conversación que, ahora mismo, protagoniza todos los círculos de la belleza y el bienestar. Como me confirma el doctor José Viña, asesor médico de longevidad en Solgar, "se ha demostrado científicamente que el sueño promueve un envejecimiento saludable".
Esta técnica viral se basa en reducir progresivamente nuestro nivel de alerta a lo largo del día para llegar a la noche más relajados, lo cual ayuda a un descanso más profundo y a vivir más, ya que "el estrés no controlado disminuye nuestra capacidad de sueño y dormir poco, en general, tiende a acortar la vida", afirma el experto. Ahora bien, ¿es tan sencillo adoptar estos cuatro hábitos? ¿Y por qué influyen estos pilares en nuestro descanso?
No tomar cafeína 10 horas antes de dormir
La primera de las "reglas" del método 10-3-2-1 es, según mi experiencia (y también la de mi amigo David, tal y como me adelantó aquel día), la más factible en la vida real. En mi caso, que suelo acostarme hacia las 23:00, tuve que despedirme del café de después de comer; el último del día debía ser a las 13:00, es decir, diez horas antes de irme a dormir. En realidad, puede que esta norma sea un poco "exagerada": según nos explicaba Salena Sainz, farmacéutica, dietista nutricionista y coach nutricional, el consejo general es "evitar cafeína entre seis y ocho horas antes para permitir el sueño profundo".
Como sabrás, la cafeína es un estimulante del sistema nervioso que bloquea los receptores de adenosina, la molécula responsable de hacernos sentir sueño, por lo que afecta al descanso. Ahora bien, su efecto depende de cada persona: hay quienes pueden echarse una siesta a pierna suelta tras beber un café doble, y quienes son tan extremadamente sensibles a la cafeína que les impide dormir incluso muchas horas después. Yo pertenezco a este segundo grupo, con lo que limitar la cafeína al horario de mañana me ha venido más que bien.
No comer tres horas antes de dormir
Siguiendo los horarios de este método, y estableciendo las 23:00 como hora límite para irnos a la cama, deberíamos cenar, como tarde, hacia las 21:00. Las razones son varias, aunque la principal la explica Diego Suárez, presidente de la clínica COEUS Retroaging: hay que hacer la digestión antes de acostarte. "Cuando cenas tarde, la comida se te queda horas y horas en el estómago porque por la noche la digestión se te vuelve un 5% más lenta", dice este profesional, que también anima a seguir el ejemplo de Elsa Pataky y no comer nada a partir de las 18:30. "Deja de comer después de las 7 de la tarde, sobre todo si eres mujer y tienes más de 40 años. Tu intestino y tu sueño te lo van a agradecer", aconseja Suárez.
El doctor José Viña, por su parte, apunta a otro efecto negativo de las cenas tardías: "es importante no comer cantidades sustanciales antes de acostarse porque puede facilitar la aparición de reflujo gastroesofágico". Y añade que "no conviene aportar grandes cantidades de calorías y en concreto de carbohidratos que inducen un pico de insulina que no conviene cuando el cuerpo está en reposo". Los beneficios, como vemos, son muchos, pero, ¿es realista intentar cenar antes de las 21:00? La mayoría de los días, no. A menos que vivamos en Inglaterra, Irlanda... o en Australia, como Elsa Pataky.
No trabajar (ni entrenar) 2 horas antes de acostarte
Si en el punto anterior ya comenzaba a fallarle al método 10-3-2-1, las dos siguientes normas me han resultado todavía más complicadas de mantener. En un mundo en el que estamos permanentemente conectados (y más trabajando en un medio de comunicación digital), las jornadas laborales se alargan hasta la noche, desde el sofá y móvil en mano. Respondemos correos fuera de la oficina, preparamos propuestas a deshora y terminamos proyectos (artículos, si eres periodista) después de cenar. Estamos acostumbradísimos a ello y eliminar este hábito es mucho más difícil de lo que parece. Sin embargo, puede resultar una de las medidas más efectivas si quieres dormir mejor (y vivir más).
"Es muy necesario prepararse para dormir, por tanto, no debemos realizar trabajos físicos ni tampoco intelectuales si estos nos causan estrés. La preparación para el sueño es fundamental", dice el doctor José Viña. Menciona otro aspecto que también puede interferir en un buen descanso: practicar ejercicio intenso (por ejemplo, Crossfit) a última hora del día. Si bien el método 10-3-2-1 no habla de este elemento, la mayoría de profesionales recomiendan no entrenar (duro) tres o cuatro horas antes de acostarnos.
Coincide con ellos Jorge Lobo, fundador de Piko Studios y manager de personal trainers, quien nos cuenta que "practicar ejercicio muy intenso justo antes de dormir puede dificultar el descanso porque activa demasiado el organismo en un momento en el que el cuerpo debería empezar a relajarse". Nos explica que los "entrenamientos de alta intensidad elevan la frecuencia cardíaca, la temperatura corporal y los niveles de cortisol y adrenalina, lo que hace más difícil conciliar el sueño y entrar en un descanso profundo". Y no, al contrario de lo que muchos creen, "cansarse más" no siempre ayuda a dormir mejor.
Al contrario, lo que sí puede ponernos en "modo descanso" es "realizar ejercicios suaves que ayuden a bajar revoluciones en esas horas previas: movilidad, estiramientos, trabajo de respiración, yoga suave, pilates de baja intensidad o incluso una caminata tranquila pueden favorecer esa sensación de relajación", enumera. Se trata de un tipo de sesiones enfocadas en "el movimiento como herramienta para sentirse bien" que están en pleno auge y que podemos encontrar en centros como el suyo, Piko Studios. "También es importante entender que no todas las personas responden igual. Hay gente que tolera mejor entrenar por la noche y otra que nota muchísimo el impacto en el sueño. Lo importante es observar cómo responde tu cuerpo y adaptar el tipo e intensidad del ejercicio a eso", aconseja como pauta general.
Dejar las pantallas una hora antes
La última normal del método 10-3-2-1 es, en mi opinión, casi inviable. Me ha dado mucha pena darme cuenta de que es así, de que no podemos vivir sin pantallas ni siquiera una hora al día. Pero por mucho que he intentado, por ejemplo, leer antes de acostarme, las notificaciones del móvil siempre están ahí, vibrando sin dar tregua. Y esto influye en el descanso, sobre todo por famosa la luz azul.
Según me explica el doctor Viña, "es una gran verdad que utilizar las pantallas no es conveniente antes de acostarse porque su luz, que es de tonos azulados, inhibe la secreción de melatonina, la hormona del sueño". El experto en longevidad afirma que, por la noche, "debemos crear un ambiente donde la luz sea rojiza o anaranjada para promover la liberación de melatonina y, por tanto, inducir el sueño". Se suma así a un discurso que ya han adoptado numerosos rostros conocidos, por ejemplo, el futbolista Marcos Llorente, que se ha llevado comentarios de lo más desafortunados solo por utilizar gafas naranjas para filtrar la luz azul, un accesorio que, realmente, puede beneficiar nuestro descanso.
Suplementación, otra ayuda viral (y que funciona) para dormir mejor
Además de estos cuatro hábitos "fáciles" (aunque ya os he contado que no lo son tanto...), existen otros gestos sencillos que promueven un descanso de calidad. Seguir una dieta que impulse la secreción de melatonina y serotonina es uno de ellos, potenciando, entre otros alimentos, el pescado azul, los frutos secos o la avena, sobre todo en la cena. Igualmente, la melatonina podemos obtenerla a través de la suplementación. "Es el complemento que más claramente ayuda a dormir mejor", afirma el doctor Viña, quien también apunta a la suplementación diaria de magnesio como un apoyo extra para relajarnos y descansar mejor cada noche.



















