El error que muchos cometen con su perro cuando llegan a casa, según una veterinaria: “No hay que interpretar todas las conductas intensas como amor incondicional”


La experta Mariam Martínez, explica por qué esa "fiesta" al abrir la puerta puede mezclar alegría, excitación, alivio o ansiedad, y cuál es la señal que conviene observar


Mariam Martínez, veterinaria de la clínica Kivet, © Kivet
21 de mayo de 2026 a las 8:01 CEST

Llegas a casa, abres la puerta y tu perro se transforma. Salta, ladra, llora, mueve la cola, corre de un lado a otro y parece que lleva horas esperando ese momento. La escena suele interpretarse como la prueba definitiva de amor incondicional, pero no siempre es tan simple. Detrás de esa "fiesta" puede haber alegría, sí, pero también excitación, alivio, apego o incluso ansiedad. La clave, como  explica a HOLA.com Mariam Martínez, veterinaria de la clínica Kivet, no está solo en cuánto se emociona el perro, sino en si es capaz de recuperar la calma después del reencuentro. Porque a veces lo que parece felicidad desbordada también puede ser una señal de que no ha gestionado bien nuestra ausencia.

Que un perro salte, ladre o llore al vernos llegar no siempre significa solo alegría: también puede haber excitación, alivio, apego o ansiedad© Getty Images
Que un perro salte, ladre o llore al vernos llegar no siempre significa solo alegría: también puede haber excitación, alivio, apego o ansiedad

Cuando un perro se vuelve "loco" al vernos llegar a casa, salta, llora, ladra, mueve la cola o corre de un lado a otro, ¿qué está pasando realmente en su cerebro y en su cuerpo?

Cuando un perro nos recibe de forma tan efusiva, lo que ocurre es una auténtica activación emocional y fisiológica. Para ellos, el regreso de su humano es un momento muy relevante a nivel social. En su cerebro se ponen en marcha circuitos relacionados con el vínculo afectivo, la recompensa y la anticipación positiva. Se liberan neurotransmisores y hormonas como la dopamina y la oxitocina, asociadas al placer, el apego y las relaciones sociales.

A nivel corporal, esa emoción se traduce en una descarga de energía: aumenta la frecuencia cardiaca, el movimiento corporal es más intenso y aparecen conductas expresivas como mover la cola, vocalizar, correr o saltar. Es importante entender que los perros viven el presente de una manera muy intensa y que, para muchos, el reencuentro es uno de los momentos más importantes del día.

Además, los perros son animales extremadamente sociales. No solo reconocen nuestra presencia, sino también nuestra voz, olor, rutinas y estado emocional. Por eso, cuando llegamos a casa, muchas veces responden con una mezcla de alegría, alivio y excitación emocional difícil de contener.

 ¿Podemos decir que esa reacción es felicidad o sería más correcto hablar de excitación, alivio, apego o incluso ansiedad? ¿Dónde está el matiz?

La respuesta más correcta es que puede haber un poco de todo, y precisamente el matiz está en la intensidad y en el contexto. En muchos casos sí hablamos de felicidad: el perro está contento de reencontrarse con su figura de referencia y lo expresa de forma espontánea. Pero la felicidad en perros no siempre se manifiesta de manera tranquila; muchas veces viene acompañada de excitación.

También puede existir alivio, especialmente en animales muy vinculados a su humano, porque la vuelta marca el final de una situación que les genera incertidumbre o aburrimiento. Y en algunos casos, efectivamente, puede haber un componente de ansiedad.

La diferencia principal está en la capacidad del perro para regularse. Un animal emocionalmente equilibrado puede mostrarse muy efusivo al principio, pero recupera la calma relativamente rápido y continúa con normalidad. En cambio, cuando hay ansiedad, la reacción suele ser desproporcionada, difícil de controlar y acompañada de señales de estrés antes, durante o después de la llegada.

Por eso es importante no interpretar todas las conductas intensas como "amor incondicional" sin analizar qué hay detrás emocionalmente.

La excitación también puede formar parte del reencuentro: muchos perros no solo se alegran al vernos llegar, sino que descargan una energía emocional que les cuesta contener© Getty Images
La excitación también puede formar parte del reencuentro: muchos perros no solo se alegran al vernos llegar, sino que descargan una energía emocional que les cuesta contener

 Hay quien dice que esa alegría al llegar a casa no siempre es felicidad, sino ansiedad. ¿Es una afirmación correcta o demasiado simplificada?

Es una afirmación demasiado simplificada. No toda reacción intensa implica un problema emocional. Hay perros naturalmente más expresivos, más sociables o más enérgicos que otros, y eso no significa que sufran ansiedad por separación.

Lo importante es valorar el conjunto del comportamiento y cómo vive el perro las ausencias. Un perro feliz puede emocionarse muchísimo al ver llegar a su humano y aun así pasar el resto del tiempo relajado, dormir bien, entretenerse y mantener una buena estabilidad emocional.

La ansiedad por separación, en cambio, implica un malestar real durante la ausencia. El perro no solo se altera al regreso, sino también cuando se queda solo. Puede aparecer vocalización continua, destrucción, jadeo excesivo, hipervigilancia, eliminación inapropiada o incapacidad para descansar.

El problema de simplificar este tema es que podemos terminar patologizando conductas normales o, al contrario, restando importancia a señales que sí requieren ayuda profesional.

Un perro feliz puede emocionarse muchísimo al ver llegar a su humano y aun así pasar el resto del tiempo relajado, dormir bien, entretenerse y mantener una buena estabilidad emocional

¿Qué señales del lenguaje corporal nos indican que un perro está simplemente contento de vernos y cuáles pueden hacer sospechar que hay ansiedad por separación o malestar durante nuestra ausencia?

Cuando un perro está simplemente contento, solemos ver un lenguaje corporal suelto y fluido: movimientos amplios, cola relajada, mirada brillante, ganas de interactuar y capacidad de volver a la calma poco después. Puede saltar o vocalizar unos segundos, pero después se estabiliza.

En cambio, cuando existe ansiedad o malestar, aparecen señales más intensas y persistentes. Por ejemplo, jadeo exagerado sin calor ni ejercicio previo, pupilas muy dilatadas, hipersalivación, temblores, vocalizaciones continuas, movimientos repetitivos o una necesidad extrema de contacto físico que no disminuye con el paso de los minutos.

También es importante observar qué ocurre antes de la llegada. Muchas veces los signos más claros aparecen durante la ausencia: cámaras en casa muestran perros que no descansan, permanecen pendientes de la puerta o entran en estados de nerviosismo mantenido.

El lenguaje corporal nos habla mucho del estado emocional del animal, pero siempre hay que interpretarlo en conjunto y no basarse en una única señal aislada.

¿En qué debemos fijarnos especialmente: en la cola, las orejas, la mirada, los ladridos, los saltos o la capacidad del perro para calmarse después?

Más que fijarnos en una sola parte del cuerpo, debemos observar el conjunto y, sobre todo, la capacidad de autorregulación. Ese es probablemente el indicador más importante.

Un perro puede mover muchísimo la cola y estar feliz, pero también puede moverla por nerviosismo. Lo mismo ocurre con los ladridos o los saltos: por sí solos no nos dicen si la emoción es positiva o negativa.

La clave está en cómo evoluciona esa emoción. Si después del saludo el perro puede relajarse, respirar con normalidad, dejar de vocalizar y recuperar un estado tranquilo, normalmente hablamos de una respuesta emocional sana.

En cambio, si permanece acelerado durante mucho tiempo, no puede separarse del humano, jadea de forma excesiva o sigue mostrando tensión corporal, conviene prestar atención.

Las orejas, la mirada y la postura corporal también aportan información. Un perro relajado suele tener expresiones suaves y movimientos naturales. En estados de ansiedad vemos más rigidez, hipervigilancia o conductas compulsivas.

Perro mirando por la ventana esperando a su dueño© Getty Images
Si el perro no descansa cuando está solo, jadea, destroza cosas o no puede calmarse al volver su humano, conviene prestar atención

¿Es normal que la "fiesta" dure varios minutos o debería calmarse rápido? ¿Cuándo esa efusividad deja de ser normal y conviene prestarle atención?

Es relativamente normal que algunos perros necesiten unos minutos para bajar la intensidad emocional, especialmente si son jóvenes, muy activos o llevan varias horas solos. No todos gestionan igual la excitación.

Sin embargo, lo esperable es que esa activación disminuya progresivamente. Si pasados unos minutos el perro sigue completamente desbordado, no puede relajarse o entra en un estado de nerviosismo sostenido, merece la pena analizarlo más a fondo.

También debemos fijarnos en si la intensidad va aumentando con el tiempo o si empieza a interferir en la convivencia y el bienestar del animal. Por ejemplo, perros que se golpean al saltar, se lesionan, se orinan de emoción de forma frecuente o muestran una dependencia extrema del humano.

La efusividad deja de ser "normal" cuando hay sufrimiento, pérdida de control emocional o dificultad para recuperar la calma.

Dos perros esperando detrás de la puerta la llagada de su dueño© Getty Images
Dos perros esperando detrás de la puerta la llegada de su dueño

Si un perro ladra, llora, destroza cosas, se hace pis, jadea mucho o no puede relajarse cuando volvemos, ¿qué nos está diciendo ese comportamiento?

Nos está diciendo que probablemente está gestionando mal la soledad o determinadas emociones asociadas a la ausencia y al reencuentro. No debemos interpretar estas conductas como "venganza" ni como desobediencia. Los perros no actúan para castigarnos.

Muchas de estas respuestas tienen detrás estrés, frustración, miedo o ansiedad. Por ejemplo, destruir objetos puede ser una forma de canalizar tensión emocional; el jadeo excesivo puede indicar un nivel alto de activación fisiológica; y las micciones involuntarias pueden aparecer por miedo o excitación extrema.

También hay casos en los que el problema no es ansiedad por separación como tal, sino falta de estimulación, rutinas poco predecibles o dificultades para aprender a quedarse solo de manera gradual.

Cuando estas conductas son frecuentes o intensas, lo recomendable es consultar con un veterinario y, si es necesario, con un especialista en comportamiento para valorar el origen y plantear un abordaje adecuado.

Si un perro ladra, llora, destroza cosas, se hace pis, jadea mucho o no puede relajarse cuando volvemos, nos está diciendo que probablemente está gestionando mal la soledad o determinadas emociones asociadas a la ausencia y al reencuentro

¿Qué errores cometemos los humanos al llegar a casa que pueden reforzar sin querer una reacción excesiva, como saludar con demasiada emoción, premiar los saltos o cogerlo en brazos inmediatamente?

Uno de los errores más habituales es responder a la excitación con todavía más excitación. Muchas veces llegamos hablando muy alto, abrazando, acariciando intensamente o reforzando conductas como los saltos sin darnos cuenta.

Desde el punto de vista emocional, eso puede aumentar todavía más el nivel de activación del perro y hacer que anticipe las llegadas como momentos completamente desbordantes.

Otro error frecuente es convertir la salida y la llegada en acontecimientos demasiado trascendentales. Algunos humanos se despiden durante varios minutos o hacen saludos muy teatrales al volver, y eso puede dificultar que el perro viva esas transiciones con naturalidad.

También es importante evitar castigar al animal si se ha mostrado nervioso o ha hecho destrozos, porque normalmente solo conseguiremos aumentar su inseguridad.

La clave está en transmitir calma y seguridad, no indiferencia, pero sí equilibrio emocional.

La crisis de la vivienda está impulsando nuevas fórmulas legales, como las donaciones condicionadas al cuidado de mascotas© Getty Images
La veterinaria recomienda un saludo tranquilo, natural y afectuoso para ayudar al perro a gestionar mejor la emoción del reencuentro

¿Cómo deberíamos saludar a nuestro perro al volver a casa para que se sienta querido, pero sin aumentar su nerviosismo ni su dependencia?

Lo ideal es hacer un saludo tranquilo, natural y afectuoso, pero sin sobreactuar. Podemos entrar en casa con calma, evitar elevar demasiado el tono de voz y esperar unos segundos a que el perro reduzca un poco la intensidad antes de interactuar.

Eso no significa ignorarlo completamente, porque el vínculo y el afecto son importantes, sino ayudarle a gestionar mejor la emoción. Muchas veces funciona muy bien acariciar de forma pausada, hablar en tono suave y premiar conductas calmadas, como sentarse o acercarse de manera tranquila.

También es recomendable evitar reforzar los saltos o la hiperexcitación involuntariamente. Si cada vez que salta recibe atención inmediata, es normal que repita esa conducta.

El objetivo no es que deje de alegrarse al vernos, sino que aprenda a vivir esos momentos desde una emoción más equilibrada.

Uno de los errores más habituales es responder a la excitación con todavía más excitación. Muchas veces llegamos hablando muy alto, abrazando, acariciando intensamente o reforzando conductas como los saltos sin darnos cuenta

¿Qué pautas prácticas pueden ayudar a que el perro gestione mejor nuestras salidas y llegadas: rutinas, paseos, juguetes, trabajo olfativo, enriquecimiento ambiental o entrenamiento progresivo?

Hay muchas herramientas que pueden ayudar y, en general, todas pasan por mejorar el bienestar emocional del perro y fomentar su autonomía.

Las rutinas predecibles suelen aportar seguridad. También es fundamental cubrir bien sus necesidades físicas y mentales: paseos de calidad, exploración, juego, interacción social y actividades que le permitan usar el olfato y resolver pequeños retos.

El enriquecimiento ambiental es especialmente útil. Juguetes interactivos, alfombras olfativas, premios escondidos o juguetes rellenables ayudan a que el perro asocie la ausencia con experiencias positivas y entretenidas.

Además, conviene enseñar la soledad de forma progresiva, especialmente desde cachorro. Muchas veces se da por hecho que un perro “sabrá quedarse solo”, pero es un aprendizaje que necesita práctica gradual y positiva.

Otro aspecto importante es evitar que toda su estabilidad emocional dependa exclusivamente de una persona. Favorecer momentos de descanso independiente y fomentar la calma en casa ayuda mucho.

Y, por supuesto, si aparecen señales claras de ansiedad, estrés o problemas de comportamiento, es importante consultar primero con un veterinario, que podrá valorar el caso y, si es necesario, derivar a un etólogo veterinario, especialista en comportamiento animal. En este tipo de situaciones es fundamental contar con profesionales cualificados, ya que no todos los adiestradores tienen formación específica en comportamiento clínico y, en algunos casos, un enfoque inadecuado puede empeorar el problema o aumentar el malestar del perro.