La suya es una de las historias de amor más icónicas del Hollywood dorado, pero también una de las más escandalosas debido a la diferencia de edad entre sus protagonistas. Y es que Lauren Bacall tenía 20 años cuando se casó con un Humphrey Bogart de 45. Una joven promesa del cine junto a una estrella más que consolidada, que nunca vio como un problema aquello: "Pienso a menudo en lo afortunada que fui. Conocí a todo el mundo porque estaba casada con él. Esa diferencia de edad fue algo fantástico en mi vida", llegó a admitir.
Lauren nació en Nueva York como Betty Joan Perske, hija de padres judíos (su madre nació en Rumanía, y su padre, en Nueva Jersey). Este abandonó a la familia cuando Betty tenía cinco años y perdieron el contacto, por eso usó después el apellido de su madre. Estudió en la American Academy of Dramatic Arts —donde salió con Kirk Douglas— y trabajó durante una temporada como acomodadora en el teatro, hasta que en 1943 posó en la portada de Harper's Bazaar tras haber sido seleccionada en un casting. Fue entonces cuando el director de cine Howard Hawks la descubrió y su vida cambió para siempre.
Le cambiaron el nombre de Betty a Lauren, algo muy común en aquel mundillo donde las productoras solían buscar opciones, a su parecer, que resultasen mucho más comerciales. No permitió, sin embargo, que influyesen en su peinado —siempre defendió su media melena con aquella marcadísima raya en el cabello— ni que le corrigiesen los dientes o le depilasen las cejas, a pesar de las insistencias.
De ella solían decir que tenía un carácter complicado, demasiado directo para lo que se esperaba de una joven actriz en un sector liderado por hombres: "Creo en la verdad y en decir lo que piensas. Hay mucha gente a la que no le gusto en absoluto, estoy segura. Pero no vine al mundo para caer bien", aseguró en 2011 a Vanity Fair. Quizá aquella forma de ser, sumada a su característica voz grave y a la famosa escena en Tener y no tener con la que se ganó el sobrenombre de The look ('La mirada') tras encenderse aquel cigarrillo con una cerilla; hicieron que Lauren fuese perfecta para hacer papeles de femme fatal.
Fue precisamente durante el rodaje de aquella película cuando conoció a Humphrey Bogart, su coprotagonista. El intérprete fue a visitar a Bacall a su camerino un día, le robó un beso y le pidió que escribiese su número de teléfono en una caja de cerillas. Lo hizo y comenzaron a salir en secreto hasta que su romance se hizo tan obvio que salió a la luz. Se comprometieron, y el 21 de mayo de 1945, se dieron el 'sí, quiero'.
Cambió el vestido por un traje de chaqueta
Lauren Bacall no quiso lucir el clásico vestido de novia en blanco impoluto. Tampoco tuvo tiempo de buscar uno, debido a lo rápido que se casaron —Bogart había firmado el divorcio de su tercera esposa tan solo diez días antes— y a lo apretadas que eran sus agendas. Por eso optó por una opción algo inusual para la época, que si bien iba al hilo de la austeridad impuesta por la Segunda Guerra Mundial que acababa de terminar, huía de la grandilocuencia de los diseños que las estrellas podían permitirse.
Decidió llevar un traje en color beige, formado por una chaqueta corta de manga larga, con hombreras geométricas y solapas. A juego, una falda entallada de cintura alta por debajo de la rodilla.
Su look, con una camisa en marrón chocolate debajo que combinaba con su cinturón, no distaba mucho de aquellos trajes que la actriz había llevado en pantalla. Fiel a su peinado con ondas y raya marcada en el pelo, eligió un ramo de flores blancas sencillo con una cinta de tul en el mismo tono, su manera de incorporar al estilismo el color tradicional de las bodas.
Como zapatos escogió un original diseño de tacón con lazos en el empeine, que si bien encajaba muy bien con su estilismo nupcial, no lo hacía tanto con el escenario en el que se celebró la boda. Y es que decidieron casarse en la gran casa de campo con 20 habitaciones que el novelista Louis Bromfield, amigo del novio, poseía en Ohio. Se trataba de la granja Malabar, fundada por el propio escritor y lugar de interés tanto para agricultores que apostaban por la sostenibilidad como para celebrities que buscaban en ella refugio de las cámaras.
Sonó la clásica marcha nupcial de Lohengrin cuando la protagonista apareció bajo la atenta mirada de invitados, fotógrafos y trabajadores de la propia granja. La revista Life escribió en una crónica de la época que "antes de pronunciar los votos, Bogart se bebió un martini y le susurró a la novia 'Oh, nena'".
Estuvieron juntos durante 12 años, durante los cuales nacieron sus dos hijos, Stephen (1949) y Leslie (1952). "Fue una relación maravillosa", admitió Lauren, quien insistiría en entrevistas que nunca fue "un padre" para ella a pesar de su edad. Y aunque discreparon porque el actor quería que Bacall se dedicase solo a ser su esposa en lugar de a la interpretación, ella siempre ha defendido que estuvo enamorada de él. En 1957 quedó viuda, pues Humphrey Bogart falleció a consecuencia de un cáncer de esófago.











