Carla Vega-Penichet Domecq pertenece a dos de las familias más conocidas de nuestro país, aunque nunca ha entendido eso como un sustituto del esfuerzo ni del trabajo. Al contrario. Madre de dos hijos —el pequeño nació el pasado mes de noviembre; el mayor, en agosto de 2023— y casada desde hace cinco años con Carlos Cortina (juntos protagonizaron una de las grande bodas de la temporada en Jerez), hace unos meses decidió dejar atrás una carrera de más de una década en el mundo del derecho y las finanzas para apostar por una faceta mucho más creativa: la fotografía.
Paradójicamente, Carla ha tenido que convertirse en fotógrafa para posar por primera vez para una revista y, de paso, conceder también su primera entrevista. De reinvención, maternidad, conciliación y de las personas a las que sueña con retratar. Así es Carla, esta vez, delante del objetivo.
Lo primero de todo, enhorabuena por esta nueva etapa personal y profesional. ¿Cómo estás viviendo este momento de tantos cambios a la vez?
La verdad es que está siendo una etapa muy intensa, porque todo ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Tengo dos niños pequeños, he dejado una carrera en la que llevaba diez años y me he lanzado a un mundo completamente distinto, así que hay días en los que siento que no llego a todo. Pero también estoy muy ilusionada. Creo que cuando trabajas en algo que realmente te apasiona, sacas energía de donde ni sabías que existía.
Después de una década en el mundo jurídico y financiero, ¿qué te llevó a dar el salto a la fotografía?
Llegó un momento en el que sentí la necesidad de replantearme mi camino profesional y acercarme a algo que realmente había estado presente en mí desde siempre: la fotografía. Aunque durante años desarrollé mi carrera en otros sectores, la fotografía había sido una constante desde muy joven. Siempre me había interesado la imagen, la forma de observar y contar historias a través de ella, y era algo que llevaba conmigo de manera muy natural mucho antes de planteármelo como profesión. Al dejar la abogacía, decidí darme el espacio para explorar esa inquietud de forma seria y profesional. Me apunté a un curso en LENS, inicialmente, como una manera de profundizar y formarme mientras valoraba distintos proyectos, pero muy pronto entendí que esto era mucho más que un interés paralelo. La fotografía conectaba plenamente con mi forma de mirar, de trabajar y de comunicar, y tuve claro que quería dedicarme a ello profesionalmente y construir una carrera sólida en este sector.
¿Qué te ha aportado tu etapa como abogada a tu nueva faceta creativa?
Muchísimo más de lo que pensaba. La gente tiende a ver ambos mundos como opuestos, pero en realidad hay muchas cosas que ahora me ayudan muchísimo: la disciplina, la capacidad de trabajar bajo presión, gestionar tiempos imposibles, resolver problemas rápidamente o entender bien al cliente. La parte creativa es importantísima, claro, pero luego hay una parte de organización, constancia y resistencia al estrés que, en esta profesión, también pesa mucho.
¿Siempre habías tenido relación con la fotografía?
Sí, desde muchísimo antes de entender nada de técnica. Con 17 años iba con la cámara a todas partes: conciertos, fiestas, ferias de pueblo, viajes… Me hacía muchísima ilusión fotografiarlo todo. Era algo completamente intuitivo, pero muy constante en mi vida. Todavía recuerdo perfectamente la primera cámara que me regalaron y la ilusión que me hacía llevarla a todas partes. Poco tiempo después, me la robaron durante un viaje y, gracias a que en aquella época trabajaba muchísimo en el catering de (Cari Goyanes), ahorré prácticamente todo lo que pude hasta conseguir volver a comprármela. Viéndolo ahora, creo que ahí ya había una conexión muy profunda con la fotografía, aunque entonces todavía no la entendiera como una posible profesión. Luego me alejé bastante de ella durante años. Creo que el boom de Facebook y Tuenti cambió mucho nuestra relación con las imágenes: de repente todo giraba alrededor de subir álbumes, etiquetar, quitar fotos… y perdí un poco la ilusión. Y ahora, curiosamente, al volver a este mundo, he redescubierto también la parte más romántica y artesanal de la fotografía. Me ha encantado encontrar las cámaras antiguas de mi suegro, que era un gran apasionado de este universo. Están impecables y me hace muchísima ilusión pensar que algún día las utilizaré para hacer un proyecto muy especial.
"Me ha encantado encontrar las cámaras antiguas de mi suegro, un gran apasionado de este universo. Están impecables y algún día las utilizaré para un proyecto muy especial"
Una etapa crítica
¿Cómo definirías tu mirada fotográfica ahora mismo?
Creo que todavía la estoy construyendo, y esa parte también me gusta. Estoy en un momento muy de explorar, probar y equivocarme. Me atraen muchísimo la moda, el retrato y una fotografía más artística y experimental. En mi trabajo de final de curso trabajé mucho la intervención sobre la imagen, y probablemente sea la línea más personal que tengo ahora mismo. También me interesa mucho fotografiar personas desde un lugar bastante emocional y poco rígido. Muchas veces las mejores fotos salen cuando la gente se olvida de la cámara.
¿Cuál es tu foto favorita de tu archivo personal?
A día de hoy, no tengo una foto favorita. De hecho, ahora mismo estoy en una etapa muy crítica y, cuando veo fotos que hice hace apenas unos meses, solo veo cosas que mejoraría. Pero sí tengo muy presentes momentos especiales haciendo fotos. Recuerdo, por ejemplo, la Feria de Jerez del año pasado, cuando se puso a diluviar y todo el mundo se refugió en las casetas, mientras solo quedaban caballos galopando de un sitio a otro. O sesiones con niños en las que he acabado metida en una fuente hasta las rodillas. También tengo muchísimo cariño a las fotos que hice a mi hermana y a mi prima para los inicios de Koops; una sesión de fotos que hice para Jimmy Lion en la que me metí tanto en el papel que acabé de extra en un vídeo, a retratos de amigos en los que las fotos terminaron siendo casi lo de menos. Luego están esos paseos solitarios al amanecer para fotografiar paisajes vacíos, el caos del backstage en la Fashion Week, grandes momentos familiares o haber vivido a través del objetivo el desfile y la fiesta del décimo aniversario de Sophie and Lucie. Más que una foto concreta, creo que me quedo con todo lo que me ha permitido vivir la cámara.
"Me encantaría fotografiar a Rosalía. Me encanta su ramalazo flamenco, la mezcla tan potente que tiene entre tradición y modernidad. Sería divertidísimo trabajar con ella"
Un lugar vivo y creativo
En estos meses ya has fotografiado a perfiles como Blanca Padilla o Isabelle Junot. ¿Sientes presión al trabajar con gente conocida o lo vives con naturalidad?
Un poco de las dos cosas. Evidentemente, quieres estar a la altura y hacer un buen trabajo, pero también creo que ayuda mucho tratar a la gente con naturalidad. Más allá de quién tenga delante, intento que las sesiones sean relajadas y poco rígidas, para que todo fluya y el resultado tenga algo auténtico y personal de cada uno. Y, curiosamente, muchas veces las mejores fotos terminan siendo casi una consecuencia de la conversación o del ambiente que se crea.
Estás a punto de lanzar tu propio estudio. ¿Cómo imaginas ese espacio?
Quiero que sea un sitio bastante vivo y creativo, no solo un plató para hacer fotos. Me gustaría que fuese un lugar donde puedan pasar cosas: shootings, proyectos personales, exposiciones, colaboraciones… También quiero abrirlo puntualmente a otros fotógrafos o creativos. Me ilusiona mucho la idea de crear un espacio que mezcle trabajo, inspiración y comunidad.
"Recuerdo con cariño las fotos que hice a mi hermana y a mi prima para los inicios de su marca o las que hice para la de mi cuñado en las que acabé de extra en un vídeo"
Si pudieras hacer una sesión sin límites con cualquier persona del mundo, ¿quién estaría en tu lista?
Rosalía. Sé que no es precisamente una respuesta original, pero me parece una artista visualmente increíble. Me encanta su ramalazo flamenco, la mezcla tan potente que tiene entre tradición y modernidad, algo muy español pero a la vez muy libre y contemporáneo. Creo que, creativamente, sería divertidísimo trabajar con ella.
La moda también forma parte de tu universo creativo. ¿Cómo definirías tu estilo?
Ja, ja, ja, justo me pillas en un momento en el que no paro de hacerme esa pregunta a mí misma. Ahora mismo estoy en una especie de limbo estilístico y no tengo muy claro hacia dónde tirar. No sé si es porque la fotografía me ha cambiado muchísimo la forma de mirar —y eso es algo que me tiene fascinada, porque siento que ahora percibo cosas que antes ni registraba—, o porque mi cuerpo ha cambiado varias veces en estos últimos años con los embarazos, o porque ya no voy a la oficina, que definía gran parte de mi armario… pero siento que estoy redescubriéndome un poco. Así que ahora mismo estoy en una etapa bastante de prueba y error. La moda me sigue divirtiendo muchísimo, pero ahora me interesa más encontrar algo que realmente sienta mío que seguir una fórmula concreta.
"Mi primera cámara me la robaron durante un viaje y, gracias a que en aquella época trabajaba en el 'catering' de Cari (Goyanes), ahorré hasta conseguir volver a comprármela"
¿Cuál es la pieza más especial de tu armario?
Más bien te diría que la pieza más especial es precisamente una que ya no tengo: mi vestido de novia. Acabó tan destrozado —cola cortada con tijeras en mitad del baile incluida— que me recorrí varias tintorerías intentando recuperarlo y no hubo manera. Me da muchísima pena no conservarlo, pero, al mismo tiempo, creo que el estado en el que terminó dice bastante bien cómo fue aquel día.
¿Qué es lo que más vértigo te da de esta nueva vida?
La incertidumbre. Venía de un mundo superestructurado, con sueldo fijo, rutinas muy marcadas y sensación constante de control, y ahora todo es mucho más imprevisible. Pero, por otro lado, también he ganado una libertad y una flexibilidad que agradezco muchísimo en el momento vital en el que estoy.
¿Y qué es lo que más te ilusiona?
Todo, sinceramente. Me ilusiona trabajar con marcas que conecten con mi estilo, abrir el estudio, hacer una exposición algún día, seguir aprendiendo y encontrar tiempo para experimentar más. Siento que estoy empezando casi desde cero en algo que me apasiona y, aunque da vértigo, también tiene algo muy bonito.










