Malena García Arrendondo, médico especialista en aparato digestivo: "Pensar demasiado en la hinchazón puede empeorarla más que lo que comes"


Cada vez hay más evidencia que confirma la relación entre la microbiota y nuestra salud mental. Te contamos qué hacer para reducir la inflamación abdominal cuando la causa es el estrés


© elaisaya
20 de abril de 2026 a las 7:00 CEST

Muchas mujeres sufrimos hinchazón abdominal la mayor parte del día. Pensamos que la culpable es la dieta o que no nos movemos lo suficiente. Y es cierto. Sin embargo, hay otros factores que no tenemos en cuenta y que pueden ser también los responsables de esta inflamación. 

Así lo asegura la doctora Malena García Arredondo, directora de la unidad MGA Healthy Digest en Memorial Publio Cordón Hospital en Pozuelo. De entrada afirma que "no se trata únicamente de lo que comemos sino de cómo funciona nuestro sistema digestivo en su conjunto". Y apunta a unas palabras a las que cada vez los médicos le dan más importancia: el eje intestino-cerebro. Es decir, levantarte o estar todo el día con el vientre hinchado puede deberse también a lo que ocurre en tu cabeza. 

 Malena García Arredondo, directora de la unidad MGA Healthy DIgest en Memorial Publio Cordón Hospital en Pozuelo© Cortesía
Malena García Arredondo, directora de la unidad MGA Healthy DIgest en Memorial Publio Cordón Hospital en Pozuelo

¿Por qué tenemos hinchazón abdominal?

Preguntamos a la especialista si es verdad que lo que pasa en nuestro intestino puede afectar al cerebro y nos responde que, efectivamente, es así. "La evidencia más reciente en neurogastroenterología nos lo confirma. Hoy sabemos que la microbiota intestinal no solo influye en la digestión, sino también en nuestros pensamientos, emociones y comportamiento". 

La explicación la tienen las bacterias que tenemos en el intestino. "Estas modulan sustancias clave como la serotonina, el GABA o los ácidos grasos de cadena corta, que participan directamente en la regulación del estado de ánimo y del sistema nervioso", nos explica la Dra. García Arredondo. Dicho de una manera más sencilla, lo que ocurra en tu aparato digestivo va a influir en cómo te sientes. 

Mujer feliz y en pijama tomándose un té© Getty Images

Pero esta relación es bidireccional, nos explica. "Nuestros pensamientos, el estrés o las emociones que mantenemos en el tiempo también modifican la microbiota a través de cambios en la motilidad, la secreción intestinal y la respuesta inmunológica". 

De hecho, algo muy interesante que vemos en la práctica clínica es que el cuerpo no distingue tanto entre un estímulo físico o emocional. "Factores como una mala alimentación, ciertos fármacos o una infección intestinal pueden generar una respuesta inflamatoria y neuroendocrina muy similar a la que produce el estrés psicológico", nos cuenta la especialista en aparato digestivo y añade que en todos estos casos aumenta el cortisol, se producen cambios en la permeabilidad intestinal, se altera la microbiota y se activa el sistema nervioso.

De ahí que los expertos insistan en que no podemos tratar el cuerpo humano y el cerebro como partes separadas, sino como un todo integrado. Y eso afecta al intestino. "El intestino no funciona al margen de lo que vivimos, pensamos o sentimos, y el cerebro tampoco es independiente de lo que ocurre en nuestro cuerpo". 

Todo esto nos interesa ya que explica por qué cuando estás más estresada te sientes más inflamada y con más hinchazón abdominal. 

Mujer en bikini y pantalones caminando por la calle© Getty Images

Cómo afecta exactamente el estrés en el intestino

"El estrés puede alterar la motilidad intestinal y favorecer procesos de fermentación, lo que aumenta la producción de gas. Pero además, incrementa la sensibilidad del intestino", indica la gastroenteróloga. Esto explica por qué muchas personas no tienen más gas, pero sí una mayor percepción del mismo. Es decir, no solo cambia lo que ocurre en el intestino, sino cómo lo percibimos.

A esto se suma que, en situaciones de estrés, también cambian nuestros hábitos: comemos más rápido, peor y con el sistema nervioso activado, lo que dificulta aún más la digestión

Asimismo, "comer con prisa, distraídas, sin masticar bien, dormir mal o vivir en un estado de alerta constante mantiene activado el sistema simpático", detalla.  Y en ese estado, el intestino no puede funcionar correctamente. Por eso, muchas veces el problema no está únicamente en la alimentación, sino en que el cuerpo no entra en modo digestivo, es decir, no puede dedicarse a digerir bien los alimentos. 

Mujer con auriculars comiendo delante del ordenador© Getty Images

La alimentación puede inflamarte más

"Sabemos que ciertos alimentos pueden favorecer la fermentación o la inflamación intestinal, y por eso recomendamos una alimentación más antiinflamatoria y digestiva", recomienda la doctora. Sin embargo, la evidencia actual muestra que, si no se regula el sistema nervioso, los síntomas tienden a persistir.

Aquí entra en juego también la microbiota intestinal. Por eso, hay que insistir en el estado de la microbiota, porque no solo afecta a nivel digestivo, sino también al sistema nervioso y a nuestras emociones.

Mujer en ropa deportiva con el vientre plano© Getty Images

El estrés te hincha

"Cuando las pruebas son normales y los síntomas fluctúan, empeoran en momentos de carga emocional o mejoran cuando la persona desconecta, suele haber una alteración clara en la comunicación intestino-cerebro", apunta. 

Además, hay pacientes que no identifican estrés a nivel consciente, pero presentan síntomas digestivos persistentes. En estos casos, entendemos que el intestino está expresando ese desequilibrio interno.

Aun así, siempre es importante descartar causas orgánicas, pero una vez hecho esto, el abordaje debe ir más allá del intestino.

Mujer sentada en la cama preocupada © Getty Images

¿Cuándo tengo que pedir ayuda?

Desde el punto de vista médico, una persona tiene que consultar por su hinchazón abdominal cuando esta deja de ser puntual y se vuelve persistente, interfiere con la calidad de vida o se acompaña de signos de alarma como pérdida de peso, anemia, cambios en el ritmo intestinal o sangrado. "En estos casos, es fundamental estudiarlo para descartar una causa orgánica". 

También es importante consultar cuando el síntoma empieza a ocupar demasiado espacio en la vida de la persona. Es decir, cuando aparece anticipación, miedo a comer o una atención constante sobre el abdomen, la hinchazón deja de ser solo un síntoma digestivo y hay que pensar en que puede existir una alteración del eje intestino-cerebro. En ese punto, "no solo importa lo que ocurre en el intestino, sino también cómo el sistema nervioso está interpretando y amplificando esa señal". 

Mujer practicando respiración© Getty Images

Cómo aliviar de verdad la hinchazón por estrés

Además de revisar el estado de la microbiota y lo que comemos, existen estrategias muy eficaces que actúan directamente sobre el eje intestino-cerebro. Por ejemplo, la respiración diafragmática, caminar después de las comidas o aplicar calor en el abdomen ayudan a enviar señales de calma al sistema nervioso, favoreciendo la digestión. 

Pero hay otro aspecto que también trabajamos y que nos puede ayudar a acabar con esta hinchazón abdominal: qué relación tenemos con este síntoma. "Cuando estamos pendientes constantemente de la hinchazón, la analizamos o intentamos controlarla, mantenemos activado el sistema de alerta. En cambio, cuando reducimos esa hiperatención y cambiamos la forma de responder, el sistema nervioso se regula y el intestino también". 

chica vientre plano© Adobe Stock

Cómo reducir la hinchazón y regular el sistema nervioso

Le consultamos a la experta qué podemos hacer si este es nuestro caso, es decir, si hipervigilamos la hinchazón abdominal y estamos siempre tan alerta que perpetuamos esta inflamación. 

"Cuando estamos constantemente pendientes de la hinchazón, analizándola o intentando controlarla, activamos el sistema de alerta del cuerpo. Esto implica que el sistema nervioso entra en modo estrés (sistema simpático), lo que puede aumentar la sensibilidad intestinal, empeorar la digestión y hacer que percibamos más hinchazón. No es que el síntoma sea imaginario, sino que el cuerpo lo amplifica", nos explica la especialista en aparato digestivo. 

El primer paso para evitarlo es detectar la hiperatención. "Conviene observar si existe una tendencia a tocarse el abdomen frecuentemente, mirarse muchas veces al espejo, pensar de forma constante en si hay hinchazón o analizar todo lo que se come en busca de causas. Tomar conciencia de estos hábitos es fundamental para empezar a cambiarlos", señala. 

Candice Swanepoel con look de fitness negro© candiceswanpoel

A partir de ahí, es importante reducir la comprobación de forma progresiva. "No se trata de eliminar estas conductas de golpe, sino de disminuirlas poco a poco. Por ejemplo, si alguien se revisa veinte veces al día, puede intentar reducirlo a diez, o establecer momentos concretos en los que sí se permite hacerlo, como al ducharse o antes de acostarse. Esto ayuda al cerebro a entender que no hay peligro", continúa. 

Otro aspecto clave es cambiar el diálogo interno. En lugar de pensar "estoy hinchada, algo va mal", es más útil reformularlo como "estoy notando hinchazón, pero no es peligroso". Este pequeño cambio reduce la activación del sistema nervioso y la sensación de alarma.

También es importante no reaccionar automáticamente al síntoma. Evitar cambiar constantemente la dieta, tomar productos por si acaso o cancelar planes es fundamental, ya que responder de forma impulsiva refuerza la idea de que existe un problema grave.

"En paralelo, conviene redirigir la atención. No se trata de ignorar el síntoma, sino de desplazar el foco hacia otras actividades como caminar, hablar con alguien o realizar tareas que distraigan. Esto enseña al cerebro que pueden existir sensaciones sin que haya peligro asociado", concluye la Dra. Malena García Arredondo.