El oxígeno es tenencia. Muchas terapias lo emplean y la demanda solo aumenta. La oxigenación facial es ya un must del universo beauty pero ahora, además, han surgido muchos protocolos innovadores en medicina funcional que, avalados por los médicos (previa valoración del caso concreto del paciente) podrían tener muchos beneficios para nuestra salud. Estamos convencidas de que has oído hablar de la hipoxia y la cámara hiperbárica. El oxígeno es protagonista de los dos tratamientos pero funcionan de distintas maneras.
En la cámara, de la que se declara fan por ejemplo la modelo Blanca Romero, te expones a altos niveles de oxígeno, lo que favorece la regeneración de tejidos. En el caso de la hipoxia, que es lo que hoy nos interesa, según la doctora Elena Fortuny Frau, vocal de la Asociación de Cardiología Clínica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), el organismo se expone, de manera controlada y supervisada, a niveles ligeramente reducidos de oxígeno durante periodos breves. "No se trata de "quitar oxígeno" peligrosamente, sino de aplicar pequeños estímulos que activan mecanismos naturales de adaptación del cuerpo", aclara.
Según la experta, "estos mecanismos ayudan a que el corazón y los vasos sanguíneos trabajen de manera más eficiente y puedan tolerar mejor situaciones de esfuerzo o menor aporte de oxígeno". Nos cuenta que "es algo similar a lo que ocurre cuando una persona se adapta progresivamente a la altitud, pero realizado en un entorno médico y bajo control".
La doctora Valentina Sielecki, fundadora de la clínica de bienestar integrativo, Amuna Vitality Clinic en Madird, define la hipoxia como "un tratamiento que está revolucionando el ámbito de la longevidad. "A través de exposiciones controladas a bajos niveles de oxígeno, se activan procesos de adaptación celular que mejoran la energía, el rendimiento metabólico y la capacidad de recuperación", detalla. Pero ¿es para todo el mundo?
No es para todo el mundo
La doctora Fortuny asegura que podrían beneficiarse de la hipoxia personas con riesgo cardiovascular controlado o con cardiopatía estable, siempre bajo valoración médica previa. En cambio, asegura que no está recomendada en pacientes con enfermedad cardíaca inestable, angina reciente, arritmias no controladas o insuficiencia cardíaca descompensada. "La clave es que el paciente esté clínicamente estable y bien estudiado antes de iniciar cualquier protocolo", resume. "Además, nunca va a sustituir a los tratamientos convencionales", advierte.
Ahora bien, ¿por qué es una terapia segura en ciertos casos? Porque, como dice la doctora Fortuny, en una hipoxia no controlada (como ocurre en algunas enfermedades respiratorias o en la apnea del sueño sin tratar) el corazón sufre un estrés que puede ser perjudicial. En la hipoxia terapéutica, en cambio, el estímulo es breve, intermitente y monitorizado. Eso permite activar respuestas adaptativas sin llegar al daño. "Es la diferencia entre un entrenamiento dosificado y un esfuerzo extremo sin control", ejemplifica la cardióloga.
¿Cómo es una sesión de hipoxia?
Durante la sesión, el paciente permanece recostado cómodamente mientras respira a través de una mascarilla aire con una concentración de oxígeno controlada. Se alternan fases de baja oxigenación con fases de elevada oxigenación, mientras el sistema monitoriza parámetros como la saturación de oxígeno y la frecuencia cardíaca para garantizar una experiencia segura y eficaz. La duración habitual de la sesión oscila entre 30 y 60 minutos, siempre según un protocolo personalizado.
La sesión se desarrolla en un ambiente de confort, con música suave y una posición relajada, mientras los parámetros se monitorizan durante todo el proceso para garantizar seguridad y eficacia. Tras la sesión, los doctores expertos del centro realizan un asesoramiento personalizado que incluye recomendaciones de hidratación, descanso ligero y pautas específicas para optimizar los efectos del tratamiento.
Beneficios reales y un futuro prometedor
Según la doctora Sielecki, la hipoxia nos ayuda a gestionar y usar mejor el oxígeno. Además contribuye a la gestión del estrés oxidativo y al equilibrio metabólico, cardiovascular y respiratorio. Durante el tratamiento se experimenta una sensación de relajación profunda gracias a su carácter no invasivo y supervisado, lo que repercute positivamente en el descanso, la reducción de la fatiga mental y como complemento en el tratamiento de migrañas y dolores de cabeza recurrentes.
Este tratamiento está indicado para personas que desean mejorar su vitalidad, energía y bienestar general, favorecer la regeneración celular dentro de un enfoque de antienvejecimiento, apoyar la recuperación física tras el esfuerzo o mejorar el rendimiento físico y cognitivo, así como complementar un estilo de vida saludable orientado a la longevidad funcional. En esencia, se trata de un entrenamiento específico para las mitocondrias. Los estudios sobre hipoxia intermitente muestran mejoras en la función del sistema nervioso autónomo, en la sensibilidad a la insulina, en el metabolismo de las grasas y en la capacidad aeróbica cuando se aplica de forma suave y controlada.
"La evidencia científica es prometedora", dice la cardióloga. "Sabemos que puede mejorar la capacidad física y favorecer adaptaciones vasculares y metabólicas. En medicina deportiva está más consolidada, y en cardiología clínica es un campo en desarrollo", confirma.
"Aún no forma parte de las recomendaciones oficiales de sociedades científicas como la European Society of Cardiology o la American Heart Association, pero la investigación continúa avanzando", revela. "En un mundo acelerado, donde la energía se ha convertido en un recurso cada vez más valioso, la hipoxia intermitente estimula las mitocondrias, mejora la eficiencia celular y potencia la capacidad de adaptación del cuerpo", explican los expertos de Amuna Vitality Clinic.
La doctora Fortuny advierte que es fundamental una evaluación médica previa, seleccionar bien a los pacientes y realizar las sesiones con monitorización y supervisión profesional. Debe realizarse en centros preparados y nunca de forma casera o sin indicación médica. La hipoxia terapéutica debe entenderse como complemento prometedor, no como sustituto, de los tratamientos cardiovasculares basados en la evidencia. Y con estos parámetros claros, insiste: "La hipoxia terapéutica es un ejemplo de cómo la medicina está aprendiendo a utilizar los propios mecanismos de adaptación del organismo para proteger el corazón".












