El metabolismo se transforma a medida que envejecemos y de eso no cabe la menor duda. El alcohol no sienta igual, dormimos peor y tenemos digestiones distintas, por poner algunos ejemplos. Pero ¿qué cambios se producen realmente a nivel del organismo y cómo puden afectar entre otras cosas a la pérdida de peso? La doctora Jessica Shepherd, ginecóloga, obstetra, líder unidad salud femenina y hormonal en SHA y referente internacional en salud femenina, equilibrio hormonal y longevidad y autora de Generation M, explica, para empezar, que según vamos cumpliendo años, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia en las mujeres, el metabolismo experimenta cambios importantes.
¿Qué cambia realmente en el metabolismo a partir de los 45?
Según el doctor Fernando Nebrera, especialista en medicina interna y portavoz de Days of Confidence, a esa edad se produce una caída progresiva del estradiol, una hormona clave para regular el gasto energético, la sensibilidad a la insulina y la distribución de la grasa.
Esto conlleva una disminución de la masa muscular (menos gasto basal), una mayor resistencia a la insulina y una redistribución de la grasa hacia el abdomen. El resultado es que el cuerpo necesita menos calorías, quema peor la glucosa y almacena más grasa, incluso manteniendo los mismos hábitos.
El alcohol no se asimila igual
Con el envejecimiento, el organismo pierde capacidad para metabolizar el alcohol de forma eficiente. En las mujeres, la reducción de estrógenos agrava este proceso: para el cuerpo, eliminarlo es prioritario, así que procesar la glucosa es una tarea que pasa a un segundo plano. Por eso, el azúcar se acumula en la sangre. Y, ¿qué puede pasar?
- Inflamación
- Despertares nocturnos por picos de glucosa
- Aumento de los sofocos
Son señales de que el metabolismo ya no responde igual que años atrás.
Dormir bien, ¿es más difícil con la edad?
El sueño también desempeña un papel fundamental. Aunque una persona concilie el sueño rápidamente, si este está fragmentado y se producen múltiples despertares, disminuye la recuperación del organismo. Según el profesor Emiliano Santarnecci, neurocientífico y especialista en rendimiento cognitivo, Director de la Unidad de Estimulación Cognitiva de la mencionada clínica, durante el descanso nocturno se eliminan toxinas, se consolida la memoria y se regulan procesos hormonales y metabólicos.
Además, como señala Mariel Silva, directora médica, dormir bien facilita, además, tomar mejores decisiones relacionadas con la alimentación y la actividad física al día siguiente.
La salud intestinal cambia y esto afecta al cerebro
La salud intestinal también influye en este equilibrio. Una microbiota sana participa en la digestión, el metabolismo, el equilibrio hormonal y la regulación de la inflamación. Cuando existe una disbiosis o alteración de la microbiota, pueden aparecer síntomas digestivos, fatiga, niebla mental y alteraciones metabólicas que afectan al bienestar general. Así lo explica la doctora Silvia Gómez Senent, Womanhood Expert y especialista en aparato digestivo y microbiota. "Cada vez sabemos más que el intestino y el cerebro están profundamente conectados. Cuando la microbiota se altera, también lo hacen procesos como la inflamación o la producción de neurotransmisores, lo que influye directamente en la claridad mental y el estado cognitivo", señala.
La recomendación estrella: el ejercicio de fuerza
El ejercicio de fuerza es una de las intervenciones más recomendadas porque ayuda a mantener la masa muscular, un tejido esencial para el metabolismo y la salud a largo plazo. La American College of Sports Medicine (ACSM) recomienda realizar ejercicios de fuerza, como levantamiento de pesas y movimientos de peso corporal, al menos dos o tres veces por semana, como hace, incluso cuando está de vacaciones, Paula Echevarría. Estos ejercicios no solo mejoran la composición corporal y la fuerza muscular, sino que también ayudan a mantener la densidad ósea, lo cual es crucial en esta etapa.
En definitiva, la alimentación, el sueño, la actividad física y la reducción del consumo de alcohol constituyen la base del control del peso y de la longevidad saludable, aunque hay otros factores que pueden influir directamente. Véanse la gestión del estrés y las emociones. Además, recuerda que el organismo se adapta tanto a los hábitos saludables como a los perjudiciales: abandonar el exceso de azúcar y ultraprocesados o alcohol puede requerir un periodo de transición, pero con el tiempo el cuerpo también se acostumbra a los nuevos hábitos beneficiosos.









