En el centenario de su nacimiento, Cayetano Martínez de Irujo (Madrid, 1963) rinde tributo a su madre con La última duquesa, un homenaje a Cayetana de Alba, que publicará La Esfera de los Libros el 25 de marzo. Es un relato íntimo y riguroso en el que han colaborado sus hermanos Carlos y Fernando; el marido de la duquesa, Alfonso; su sobrina Tana Rivera, y sus hijos, Luis y Amina, y permite conocer en profundidad a "una mujer irrepetible". "De niña vivió en un mundo de adultos, asumiendo responsabilidades y enfrentando la orfandad y las consecuencias de dos guerras; de adulta, cumplió la promesa de reconstruir un palacio —70 años también desde la reinauguración— para mantener un legado histórico; y en sus últimos años, se bajó del "trono" para casarse por tercera vez y recuperar la ilusión perdida. Supo ser una duquesa amable, festiva, generosa, rompedora; y al mismo tiempo, una madre implacable, dura y conservadora que fulminaba con la mirada. No era perfecta, pero fue única. "Espero que se me recuerde por mis obras, por el esfuerzo de mantener y aumentar el patrimonio de una casa, la de Alba, que forma parte de la historia de este país".
"Que así sea, mamá", escribe el duque de Arjona, quien nos recibe en su residencia, "Las Arroyuelas". La finca de Carmona, Sevilla, que le dejó en herencia su madre, Cayetana Fitz-James Stuart, y donde continua el legado de su padre, Luis Martínez de Irujo, sin olvidar que también se cumplen 80 años desde que se conocieron en Las Ventas.
Abordas la figura de tu madre desde la infancia hasta su muerte y desde todos los ámbitos… ¿Qué es lo que más te llama la atención de su vida?
La forma impecable e histórica con la que supo combinar el enorme sentido de la responsabilidad que tenía por ser duquesa de Alba, tener más títulos que nadie del mundo, haber heredado un imperio y haber reconstruido un palacio, con ser Cayetana y hacer la vida que le gustaba en su ámbito privado. No lo he visto nunca en ninguna familia en el mundo. También su inteligencia natural y cómo, a su edad, supo adaptarse de manera impresionante a todos los cambios. No dependió de nadie en su vida, solo de sí misma.
¿Qué crees que va a sorprender de "La última duquesa"?
La imagen que ha quedado de mi madre es la de los últimos 20 años. La de una mujer simpática, cercana y solidaria, pero no se conoce bien la historia de una duquesa que tuvo una vida única. Tan completa, grandiosa y relevante como han tenido pocas personas en el mundo. Es una combinación explosiva: desayunar con Churchill, tomar el té con Isabel II y Margarita, bailar con Pastora Imperio, ser amiga de Ava Gardner y de Jacqueline Kennedy, haber conocido a Charlie Chaplin, y al mismo tiempo que sus padrinos fueran Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia.
"No era perfecta, pero fue única". El duque de Arjona cuenta en su libro las anécdotas y los secretos mejor guardados en palacio de Cayetana, "una mujer irrepetible"
Llama la atención la información histórica y la cantidad de detalles que das de las joyas y los vestidos de tu madre y de las Reinas doña Sofía y Victoria Eugenia… ¿Cuáles han sido las fuentes?
Hay dos puntos del libro que quiero aclarar. Por un lado, me hubiera gustado no personalizarlo tanto en mí, que hubiera sido un poquito más genérico, más allá de mi involucración total, pero la editorial consideró que era lo mejor. Espero que esto no levante ampollas a nadie como sucedió en el pasado porque no quiero enfrentamientos. Y, por otro, toda esa documentación con datos y hechos inéditos —algunos no los sabía ni yo— es obra de Ana Fernández Pardo, que es una entusiasta de nuestra familia y una gran escritora e investigadora. Hizo un estudio muy detallado de la vida de mi madre y de lo que no se conoce, que era el gran objetivo.
¡Hasta el Rey!
Para no gustarle celebrar sus cumpleaños, ¡menuda le han montado a la duquesa por su centenario! Vamos, que a la inauguración de la exposición "Cayetana: grande de España" ¡fue hasta el Rey!
A mi madre, a partir de una edad, dejaron de gustarle los cumpleaños, pero esto es un recuerdo y lo estará viendo desde arriba. En cuanto al Rey, pedí audiencia y estuvimos hora y cuarto hablando de España y de la situación del mundo en la Zarzuela. Está muy bien informado y de ahí la gran labor que está haciendo. Hemos tenido muchos encuentros de niños —en Dueñas, le enseñé una foto que tengo en mi casa de Madrid— y luego de más mayores. No ha sido una relación del todo cercana, pero sí suficiente como para tener muy buenos recuerdos. A mí me hizo mucha ilusión verlo y creo que a él también.
El libro y la exposición se complementan a la perfección.
Y sin que esté preparado. Creo que ella (la duquesa) sigue dirigiendo desde donde esté.
"Sin ninguna duda, fue la mejor duquesa de la historia. La famosa de Goya hizo muchas tonterías y mi madre no hizo ninguna"
Debió ser muy especial para todos los hermanos.
Fue muy emotivo. Felipe VI nunca había estado en el Palacio de las Dueñas. Le encantó, estuvo muy simpático, muy cercano con todos y especialmente cariñoso conmigo. Mi hermana Eugenia y Cristina Carrillo de Albornoz han hecho un grandísimo trabajo como comisarias y fue una apertura de centenario brillante. La exposición está magníficamente bien hecha y la guinda la puso la presencia del Rey. Evidentemente, también fue muy especial haber estado juntos todos los hermanos, exceptuando a Fernando, que se despistó con la fecha, que es lo que nuestra madre hubiera querido. Ella decía: "todos aquí" e íbamos todos.
"Desde arriba"
¿Qué resumen harías?
Además del trabajo, la sensibilidad y el buen gusto de mi hermana y de Cristina, pienso que mi madre desde arriba se debió sentir muy contenta porque estaban todas sus personas más queridas, menos Carmen Tello que tuvo que cuidar a Curro (Romero). Creo que fue el comienzo de un gran homenaje que continua con este libro; el ciclo de conferencias "La duquesa en la plaza", "La duquesa libre", "La duquesa del pueblo" y "La duquesa en familia", que he organizado con la Fundación Cajasol; el documental que se estrena esta semana en Sevilla y el espectáculo de flamenco, "Cayetana, su pasión" que prepara Cecilia Gómez para mayo en el Teatro Maestranza. Va a ser un centenario a la altura que ella merece.
"Mis hijos tienen un grandísimo recuerdo de su abuela. Me alegra profundamente que hayan podido disfrutar de la mejor versión de mi madre. Con ellos nunca hizo gala de su mal genio"
Tus hijos, Luis y Amina, viajaron desde Londres para no perderse la inauguración y de paso pasar unos días contigo en 'Las Arroyuelas'. ¿Qué te dijeron?
Que había salido todo genial y fue muy bonito. Estaban muy contentos y se lo pasaron muy bien. Tienen un grandísimo recuerdo de su abuela, la tienen muy presente. Me alegra profundamente que hayan podido disfrutar de la mejor versión de mi madre. Con ellos nunca hizo gala de su mal genio.
"Un calco"
Para tu libro has contado con la colaboración de tus hermanos Carlos y Fernando; su marido, Alfonso; tu sobrina Tana, tus hijos, y hasta de Luis María Anson. ¿Qué has descubierto de tu madre a través de sus recuerdos?
Los primeros nietos la pillaron todavía muy activa, porque era joven de espíritu, de mentalidad y tardó mucho en ser mayor. Entonces, al igual que a sus hijos, a excepción de Eugenia, que fue su gran pasión, no les hizo mucho caso. Se empezó a centrar en sus nietos cuando nació Cayetana y después con Luis, que es un calco mío, y Amina. Fue con ellos con los que realmente se proyectó como abuela y creo que los tres tienen mucho de ella. Todo aquello en lo que a nosotros nos educó de forma muy estricta, pues a ellos los deseducó de la misma forma estricta.
¿Pudiste llegar mejor al corazón de la duquesa a través de su figura como abuela?
No. Me confundía bastante. Nosotros teníamos que estar de pie, no nos dejaba ni sentarnos en la silla, que tampoco era una Luis XV, pero, a mis hijos y a mi sobrina (Tana Rivera), les dejaba saltar como locos encima de su cama y tirar las cosas en su cuarto y hacer lo que yo jamás había pensado que iba a permitir hacer a nadie.
No era perfecta, pero fue única. ¿Por eso le llamabas "la emperatriz"?
Se lo llamo ahora, tras morir ella. No sé si le hubiera gustado y, además, tampoco me hubiera atrevido. Le va muy bien ese nombre, "la emperatriz", por el imperio que heredó, porque nunca dependió de nadie y porque mandaba todo y a todos.
Cuentas un sinfín de anécdotas de tu madre. El día que pensó que había una manifestación en San Sebastián (y era por ella); su reacción al saber que corría peligro de ser secuestrada y respondió con un "eso sería muy impopular"; cuando pidió limosna en Egipto, o escondió los zapatos en una cómoda para bailar descalza en la boda de doña Sofía y don Juan Carlos, en Atenas.
Tenía unos golpes muy graciosos, muy naíf. Para mí, la anécdota completa es haber vivido con ella en un apartamento los dos únicos días de toda su vida que estuvo sin servicio, sin los 40 timbres de Liria, sin nadie. Esos gestos no los había visto nunca: Ella yendo a la nevera y cogiendo la cerveza y fregando los platos. Solo faltó que hiciera la comida. Presumía de que cocinaba, pero no. Al menos yo nunca la vi.
¿Fue la mejor duquesa de la historia de la Casa de Alba?
Sin ninguna duda fue la mejor. La famosa de Goya hizo muchas tonterías. Y mi madre no hizo ninguna salvo la gestión económica al morir mi padre, pero fue por desconocimiento. Jesús (Aguirre), es que no hizo nada y el dinero que quedó tras la reconstrucción de Liria se dilapidó en años. Pero a toda la parte que le tocaba de responsabilidad, le doy un 9,5.
"A nosotros no nos dejaba ni sentarnos en la silla, que no era una Luis XV, pero a mis hijos y a Tana les dejaba saltar como locos encima de su cama y tirar las cosas en su cuarto"
Deuda de 12 millones
Dices que, en 2010, te encontraste con una deuda de 12 millones de euros.
Sí, más un millón de intereses al año, pero la operación para salvar la herencia fue un éxito y la donación en vida de sus bienes, antes de su boda con Alfonso, un hecho histórico.
Alfonso "un tipazo", que al principio nadie quería…
Bueno, no es que no lo quisiéramos. Era desconfianza y precaución, aunque Alfonso dice que fui con él como King Kong.
"Fue una combinación explosiva: desayunar con Churchill, tomar el té con Isabel II, bailar con Pastora Imperio, ser amiga de Ava Gardner y Jacqueline Kennedy, conocer a Charlie Chaplin y que sus padrinos fueran Alfonso XIII y Victoria Eugenia"
Lo que está claro es que quieres remarcar esa diferencia tan enorme entre Jesús Aguirre, "el soberbio, que fue nefasto" —Cayetana lo apartó de los asuntos de la casa en el 92—, y su tercer marido, el buen hombre al que ni siquiera le gustaba que le llamaran duque.
Es que Alfonso fue todo lo contrario. La paz, la concordia, el buen rollo. Y luego hizo feliz a mi madre en sus últimos años de vida.
El homenaje a la duquesa lleva de la mano un enorme reconocimiento hacia la figura y los logros de vuestro padre, Luis Martínez de Irujo. Lo que siempre habéis reivindicado Eugenia y tú especialmente.
Gracias al extraordinario trabajo que hizo mi padre en la Casa de Alba y al esfuerzo de mantenimiento de mi madre ha llegado todo al siglo XXI. Este es el gran valor de nuestra familia y de nuestra historia. Toda mi vida me sentiré en deuda con ella. Primero porque pocas personas heredan y nosotros hemos tenido la suerte de heredar todos.
Decía que os dejó "arreglados".
Arreglados no, porque económicamente no heredamos ni un céntimo, no había dinero, pero sí que nos ha dejado propiedades. Algunos están vendiendo para seguir viviendo bien, otros mantienen lo que tienen intentando rentabilizarlo. Y en mi caso, estoy duplicando el valor de mi finca con mucho esfuerzo y sacrificio, porque económicamente llevo tres años de sufrimiento. Cuando dependes de los bancos todo vale el doble y si vienen mal dadas, pues te pegan unos palos… Tengo muchas ventajas y una desventaja: todo el mundo piensa que somos ricos, pero no. Tenemos patrimonio, pero si empiezas a vender te quedas sin nada o con muy poco, que es lo que ha pasado en la mayoría de las grandes familias españolas. Espero que en dos o tres años pueda vivir bien y tranquilo.
"Me lo merezco"
En cualquier caso, hay dos herederos "espabilados y resolutivos" que son tu orgullo y "no pueden estar más unidos", dices en tu libro.
Sí, pero espero que me toque a mí, que lo pueda disfrutar yo porque me lo merezco.
Lo que sí está decidido es que repartirás los títulos: Luis heredará el título de duque de Arjona, el más antiguo de la Casa de Alba, y un reconocimiento de tu madre hacia ti; y que Amina será condesa de Salvatierra.
No sé si lo había hecho tan oficial como digo en el libro, pero evidentemente que Luis va a ser duque Arjona y Amina condesa de Salvatierra, que le pega mucho.
"La habitación de mi madre en Liria parecía Disneylandia. Todo rosa y lleno de peluches… Era como si tratara de recuperar su infancia perdida junto a sus nietos pequeños"
Eres un duque granjero.
Me di cuenta al morir mi madre, cuando tuve que salir del Palacio de Liria, después de haber vivido allí 50 años. Me metí en una marca de ropa, puse un restaurante… pero en la vida tienes que hacer lo que sabes y yo sé de deporte, de caballos, del mundo hípico y de agricultura. Al tener un lobby agrícola suficientemente bueno unido a la parte de mi hermano Fernando, aquí en Andalucía, empecé a crear empresas agrícolas y hacerlas verdaderamente rentables. Aunque voy mucho a Madrid, estoy muy contento aquí, en Carmona, sacando adelante lo que sé hacer.
Murió en paz
¿Tu madre murió sin preocupaciones?
Sin preocupaciones, en paz. Yo creo que lo único que le preocupaba es que se siguiese la línea que ella había marcado, después de haber reconstruido el palacio de Liria y de haber hecho ese esfuerzo que hemos pagado todos con una gran austeridad de vida… Porque nosotros nunca hemos vivido como la gente piensa. Murió con ese deseo: el de seguir manteniendo el patrimonio adecuándolo a los tiempos, pero sin pensar que estás reinventando la Casa de Alba. Si me preguntas si eso se ha hecho, de momento no, aunque no quiero dar lecciones a nadie y es pronto para juzgar. Hay cosas que me gustan y entiendo y hay cosas que no me gustan y no entiendo, pero igualmente respeto todo. Fernando y Sofía (futuros duques de Alba) deben conocer a fondo la Casa, los 600 años de historia, que hay que admirar, y lo que han sido los 88 de mi madre. El sentido de ser es la historia y las raíces.
Once años después, ¿qué es lo que más ha cambiado?
Cuando entro en los palacios, imagínate los recuerdos. ¡Cómo cambia la vida! Ahora vengo aquí de invitado, entre comillas, aunque en una pequeña parte sigo sintiendo que es mi casa. Lo que más ha cambiado es ir a Dueñas o a Liria, por ejemplo, y verlo tan diferente. Y sobre todo ver que nuestras casas se han convertido en medio museos y espero que no acaben siéndolo del todo. En mi casa, en San Sebastián, parece que estás en el siglo XVIII porque se mantiene todo exactamente igual.
¿Duele?
No, no duele porque lo has aceptado de pequeño. Entre todos es un lío y mucho más con lo diferentes que somos. Es la única forma de que el patrimonio se mantenga unido. Espero que así sea teniendo muy presente sobre todo el último siglo y recordando los seis anteriores.
"Se desprendió de la tiara rusa de diamantes, pero se volvió loca —no podía soportar la idea del extravío— cuando pensó que había perdido la pulserita de bolitas que le había hecho Tana"
Diamantes por bisutería
"La duquesa no era de joyas", cuenta Cayetano en La última duquesa: "Prefería antes un objeto de decoración o un detalle original; llevar bisutería o alhajas discretas, como una pulsera de brillantes y barritas de oro que le regaló el abuelo Jacobo. También guardaba con mucho cariño una pulsera y un collar, obsequios de mi padre durante el viaje de novios y cuando nació mi hermana Eugenia. Y era incapaz de salir de casa sin pendientes". "Según me cuenta Alfonso, la duquesa recibía tantos regalos que decidió llevar un control para no despistarse. Cada vez que alguno de sus amigos le hacía un obsequio, lo guardaba en unas saquitas con el nombre correspondiente… De esta forma, todos sus amigos encontraban a mi madre luciendo 'por casualidad' el regalito que le habían hecho en la anterior ocasión".
"Felipe VI nunca había estado en el Palacio de las Dueñas. Le encantó, estuvo muy simpático, muy cercano con todos y especialmente cariñoso conmigo"
"En una ocasión, de jovencita, con el fin de recaudar dinero para “sus niños” de los salesianos, cogió sus joyas sin que nadie se enterara, las metió en un bolso y se presentó en la prestigiosa joyería Ansorena para empeñarlas". Y, tras Barcelona 92, decidió vender la tiara rusa de platino y brillantes, que había heredado de su abuela, duquesa consorte de Híjar, "para comprarme un caballo de salto, al que bauticé con el nombre de Gigoló”. Tana le hizo una pulserita "con cuentas en forma de bolitas con el nombre de mi madre". A la duquesa le hizo tanta ilusión que no se la quitaba jamás. Y también iba con su pulserita de bolitas a todos los viajes. En uno a Italia, junto a Alfonso y mi hermana, Eugenia, mi madre se despertó una mañana y no la encontraba. Se volvió loca llamando a todo el mundo para que la ayudaran a buscarla (terminó apareciendo)… Es llamativo que mi madre estuviera dispuesta a desprenderse de la tiara rusa y no fuera capaz de soportar el extravío de una pulserita de bolitas… Las tiaras se pueden adquirir en joyerías; las pulseras de bolitas diseñadas por una nieta, no".
Asimismo, hablando de Liz Taylor, que se alojó en Liria en una ocasión, Cayetano rescata la historia de la (polémica) perla la Peregrina, que le regaló el Rey Felipe II a Isabel de Valois. "Mi padre, como jefe de la Casa de la Reina Victoria Eugenia, siempre defendió que la Familia Real conservaba la auténtica perla e incluso convocó una rueda de prensa en Lausana para demostrarlo, enseñando la joya". Pero la actriz estadounidense contó en sus memorias que su marido, Richard Burton, logró hacerse con la perla para regalársela. "Sin duda, mi madre, como no podía ser de otro modo, defendería a muerte la versión oficial, la de su madrina". La Peregrina es de la Casa Real española.
Sus nietos, compañeros de juegos
"Ella era 'Wea' o 'Lala', pero no 'abuela'. Y lo era de sus nietos más pequeños porque decidió ejercer como tal en sus últimos años", cuenta Cayetano de aquella época en la que sus hijos y Tana Rivera vivieron en palacio. "La habitación de mi madre en Liria parecía Disneylandia. Todo rosa y lleno de peluches… Lo quería todo muy rosa, muy fosforescente, más chillón. Entrabas en su habitación y te quedabas alucinado. Era como si tratara, en sus últimos años de vida, de recuperar su infancia perdida… Sus nietos (Tana, Luis y Amina) se convirtieron en los compañeros de juegos que nunca había tenido"… "Un día me encontré a los tres saltando en la cama de mi madre y tirando las cosas al suelo. 'Oye, ¿estáis locos o qué? Parad ya de saltar'… 'Haz el favor de dejarlos, que eres un torturador'…".
"Me cuenta Tana que le encantaba llevar a sus amigas a Las Dueñas y entrar todas juntas en el cuarto de mi madre, que se moría de risa, tumbada en la cama, cuando las veía aparecer. Entonces, mi sobrina le decía: “Venga, Wea, háblale en todos los idiomas que sabes”. Y la duquesa presumía diciéndoles cosas en los cinco idiomas…". "Cada vez que viajaba de una residencia a otra, se llevaba a todos los animales… Le hacían mucha compañía y le divertían muchísimo, sobre todo las cacatúas y los loros. Mi sobrina Tana recuerda que una de ellas, Pepa, hablaba e imitaba a mi madre. Y las dos se morían de la risa cuando la escuchaban".
"Mi madre estaba loca con mis mellizos. 'Que los bajen, que los suban, que quiero salir a pasear con ellos…'”. "Amina y Luis me cuentan que mi madre pedía al servicio que colocaran dos mesitas plegables al lado de su cama. Así cenaban charlando con ella y siempre les tenía preparadas galletas moscovitas, que eran sus preferidas, además de un cajón de su mesilla de noche repleto de caramelos y chocolates". "Mi hija lo describe a la perfección: 'Querías comida china, tenías comida china; querías churros, tenías churros; necesitabas coser un pantalón, lo tenías cosido en diez minutos'… Y, por supuesto, les compraba de todo". Lo contó en sus memorias: "Si como madre no he sido perfecta, como abuela hago lo que me da la gana. Disfruto malcriándolos".
De "mamá tiene novio" a Alfonso, "un tipazo"
"Mamá tiene novio', me dijo Carlos un día en su despacho. Yo pensé que era una broma. Mi madre tenía 84 años. 'Es cierto, me lo han dicho en Sevilla, y ya sabes que allí se enteran antes de las cosas. Se quiere casar'… Se iban a invertir los roles, y yo iba a desempeñar el papel de padre de mi madre, investigando su relación sentimental como si se tratara de mi hija veinteañera…". "Mi madre quiso casarse con él 'a la me cago en diez', como él mismo dice; es decir, en secreto, a lo loco, sin avisar a nadie y sin realizar separación de bienes. Y fue Alfonso quien la frenó diciéndole que no hacía eso ni loco…". "Alfonso, el futuro marido, firmó su renuncia antes de la boda por capitulaciones. Fue un auténtico caballero en todo el proceso y siempre se mantuvo al margen, acatando todas las decisiones de la familia sin mostrar el más mínimo interés lucrativo"… "Después de su muerte, decidió dejar muchas cosas en Liria y en Las Dueñas… 'Quería irme sin mirar atrás. Tenía una pena demasiado grande para ponerme a descolgar nada', me explicó, emocionado".
"Alfonso asegura que mi madre ha sido la persona que más lo ha querido en la vida porque sabe que con este paso —con la boda— se la jugó. Apostó por su relación, confió en él y se enfrentó a todos para lograr su objetivo. Como dice, 'hay personas que te quieren, pero no se la juegan'”. "El tiempo me ha confirmado que Alfonso siempre ha estado a la altura y cuidó a mi madre hasta el último momento sin ningún interés oculto. En la familia tenemos que estar muy agradecidos de que él apareciera en nuestras vidas. Lo digo sinceramente, y él lo sabe… Estoy convencido de que todos mis hermanos lo aprecian". También Luis, hijo de Cayetano, dice del último duque consorte que es "genuino, honesto, auténtico. Es un tipazo que quería y conocía muy bien a mi abuela". "Nunca se ha metido en los asuntos de la Casa. Aportaba simpatía, armonía y relajaba las tensiones de la familia. Todo lo contrario que Jesús Aguirre. Es más, a Alfonso no le gustaba que lo llamaran 'duque', mientras que el segundo marido de mi madre no perdía oportunidad para alardear. 'Nosotros, los Alba', decía. Otro 'tipazo', pero con connotaciones distintas"




























