Julia Janeiro ha dado un paso al frente. La hija mayor de Jesulín de Ubrique y María José Campanario nos concede su primera entrevista y comparte con nosotros su valiente relato. Ha tenido que afrontar las críticas desde que era muy pequeña, pero ahora nos cuenta toda su historia, como nunca antes lo había hecho. Cuando alcanzó la mayoría de edad, tomó una decisión, no ser un personaje público, y, ahora, a sus 23 años está preparada para salir a escena. Y existe un motivo por el que ha optado por dejar atrás el anonimato.
Lo primero de todo, ¿cómo quieres que llamemos? ¿Julia o Juls?
Juls. Así me llama mi madre desde que era pequeña y me he quedado con Juls. Me encanta.
Hace cinco años que alcanzaste la mayoría, pero es ahora, que acabas de cumplir los 23, cuando has decidido dar un paso al frente. ¿Por qué has querido salir del anonimato?
Cuando cumplí 18 años, era una niña y no estaba preparada. Aparte, no me encontraba en un buen momento personal… Estaba traumatizada. Tampoco sentía que me iba beneficiar, así que decidí centrarme en mis estudios. Ahora es el momento justo.
Acaparaste mucha atención mediática con tu mayoría de edad. ¿Cómo recuerdas ese paso?
Fue muy, muy traumático, porque yo no estaba en un buen momento. No me sentía bien por muchas cosas que estaban pasando en mi vida. Fue algo que me marcó muchísimo.
¿Por qué no estabas bien? ¿Notabas esa presión que venía?
No era tanto eso, sino el acoso… Las críticas tan feas y duras que se hacían sobre mí. Especialmente, las mentiras tan graves, que no tenían ni pies ni cabeza.
¿Veías los programas en los que se te mencionaban o te 'googleabas'?
Nunca he sido de ver la tele, que ha hecho mucho daño y calado mucho en mi familia. Nunca he querido retroalimentarme de cosas que me hicieran daño.
Por salud mental.
Sí, me enteraba de la mayoría de las cosas por gente que me contaba. Obviamente, llegaron a afectar mucho a mi entorno. Me tuve que alejar de muchas amistades que no podían vivir con eso o no supieron cómo manejarlo. Fue duro alejarme de personas sin haber hecho yo nada y sin tener responsabilidad.
Cuando tus amigos te contaban lo que salía en la tele o leían sobre ti, ¿cuál era tu reacción?
Me hundía. En muchas ocasiones, sí –empieza a emocionarse– porque no dejaba de ser una niña –rompe a llorar–.
¿Qué se te pasaba por la cabeza en esos momentos?
Uff… Ahí, quería volver a mi casa con mis padres –sigue llorando–. Me sentía muy sola, muy juzgada y muy acosada. No podía salir tranquila a la calle. Ni con mis amigos ni ir a clase… No podía hacer nada. Me encerraba en casa. Lo peor era pensar que eso le estuviese haciendo daño a mis padres y a mis abuelos… –le continúan cayendo las lágrimas–. Sabía que iba a llorar —se seca los ojos con un pañuelo—
Al cumplir 18 años, tus 'followers' también se multiplicaron en las redes. ¿Te imponía?
No, sabía que eso pasaría tarde o temprano.
¿Y fue como te lo imaginabas?
Sí, sí, porque lo he vivido con mis padres.
Pero también has recibido mucho odio, mucho 'hate'. ¿Cómo has lidiado con ello?
Para todo lo que me ha caído estos años, creo que lo he llevado bastante bien. Y para ser una niña, he estado bastante serena, tranquila y bastante al margen. Otra persona con mi carácter hubiese saltado a la mínima de cambio y no hubiese aguantado ni una.
¿Y te ha resultado difícil aislarte?
No. Siempre he sido una persona que se ha sentido muy bien en su soledad. En parte, creo que también me ha venido muy bien.
¿Cómo te encuentras ahora en ese sentido?
Más o menos, he tenido una vida tranquila. Sobre todo, estos últimos tres años. Pero sí es verdad que siempre tienes esa espinita de sentirte observada y que, a lo mejor, pueden saber quien soy. Más que nada, por los prejuicios.
Cuando vas a un sitio, puedes llamar la atención físicamente. ¿Crees que te reconocen?
Cuando entro a un sitio, parece que entran siete. Soy muy echada para adelante, tengo mi actitud. No voy mirando por encima del hombro a nadie, pero me considero bastante segura. Por eso digo que, cuando entro a un sitio, parece que entran siete.
En la época en la que alcanzó la mayoría de edad, la hija de Jesulin y María José volvía a contar con ayuda psicológica para saber gestionar sus emociones. “Cuando era pequeña, ya iba al psicólogo del colegio, aunque la verdad no me ayudó en absolutamente nada. Pero ya siendo más mayor, con 17 o 18 años, empecé otra vez a ir a terapia”, nos confiesa Julia.
¿Lo pediste tú o fue cosa de tus padres?
Lo pedí yo. Todo el mundo debería de tener acceso a un buen psicólogo. Un psicólogo salva vidas.







