Hace unos días tuvo lugar el gran homenaje a la Duquesa de Alba con la inauguración de la exposición "Cayetana. Grande de España", con motivo del centenario del nacimiento de la aristócrata, una de las figuras sociales más relevantes del siglo XX. "He pasado muchos nervios porque era una enorme responsabilidad, pero sé que ella está contenta", dijo su hija, Eugenia Martínez de Irujo, nada más llegar a la exposición que ha comisariado junto a Cristina Carrillo de Albornoz. "Queríamos, sobre todo, que fuera en Sevilla, en esta casa, que era su favorita, el alma de ella, donde siempre ha tenido su corazón y se la respira por todas partes… Y yo creo que es muy merecido el homenaje a una mujer que ha sido muy carismática, a la que han querido tanto", confesó mientras iba mostrando a la prensa el resultado de tres años de trabajo.
Eugenia revisó miles de documentos, buceó en recuerdos, álbumes (miles), cartas (incontables), historia y, al entrar en detalles, quedó fascinada por todo lo que vivió su madre, Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, la mujer con más títulos del mundo, 14 veces grande de España, heredera de 50 generaciones…
"En la sociedad que hoy vivimos, donde se reivindica el lugar de la mujer en el mundo, ella fue pionera y asumió un papel relevante, con un sincero y verdadero compromiso en el sentido más amplio de la cultura, el arte, la música, la danza, el teatro, la moda… Formando parte activa de las instituciones más importantes de nuestro país y aportando su apoyo, visión y mecenazgo en cada una de ellas". Y añade: "Esta exposición da a conocer una pequeña parte de todas esas dimensiones que marcaron la vida de la duquesa de Alba como mujer, como madre y como amiga".
Una duquesa extraordinaria
Las dos comisarias hicieron una labor enorme de investigación junto al equipo de la Fundación Casa de Alba. Entre otros, Álvaro Romero, director cultural, y Ricardo Gascó, director de Las Dueñas. Y consiguieron un gran resultado. La exposición muestra a la perfección el legado que se ha querido destacar: el de una duquesa extraordinaria que heredó una responsabilidad gigantesca, luchó por la protección del patrimonio (la colección de arte no tiene rival en Europa) y creó junto a su marido Luis Martínez de Irujo una figura imprescindible en su vida y en la dinastía, la Fundación Casa de Alba. Juntos terminaron de reconstruir el palacio de Liria, reducido a cuatro fachadas por una bomba en 1936 y documentaron todo (a mano) "para intentar mantener el patrimonio unido, de forma que, a mi muerte, ningún palacio ni ninguna obra pueda salir de la casa", como dejó escrito Cayetana.
Es comisaria de "Cayetana. Grande de España", exposición en la que lleva trabajando tres años: "He pasado muchos nervios porque era una enorme responsabilidad, pero sé que ella está contenta"
Quería que se la recordara "como una mujer que peleó y vivió intensamente" y consiguió "aumentar el patrimonio de la Casa de Alba", y así ha sido. "Me he puesto muchas veces el mundo por montera. Es cierto. Pero siempre he sido una mujer cumplidora con mis deberes. Supongo que eso me otorgará un huequecito en la historia, y no por las tonterías que ahora se dicen de mí…". Exactamente lo mismo que piensa Eugenia: "Es verdad que ha vivido muy libre, que ha hecho siempre lo que le ha dado la gana. Sí, sí, pero siempre con el pensamiento en su padre, que le inculcó la gran responsabilidad de llevar el peso de esta casa hasta el final".
"Fue muy libre e hizo siempre lo que le dio la gana, pero llevó el peso de la casa hasta el final"
La duquesa de Montoro es depositaria de una memoria familiar muy especial como única hija. Sus hermanos recibieron una educación muy estricta, pero ella (era muy pequeña cuando murió su padre) creció "pegada" a la duquesa, observando su carácter fuerte, su independencia, su manera apasionada de vivir y de entender la familia, las tradiciones y el legado de la Casa de Alba. Tuvieron un vínculo muy profundo que marcó su vida y que su hermano Carlos, jefe de la casa, no ha pasado por alto. "Gracias a él estoy aquí, porque él me pidió que me ocupara. Ha sido sorpresa hasta ahora para él, porque queríamos que lo viera todo montado". Las cinco temáticas, que llevan por título: "De Tanuca a duquesa", "En torno al arte. De la duquesa mecenas a la duquesa pintora", "Embajadora de España: la proyección internacional de la Casa de Alba", "Grande de la moda, icono de estilo" y "La duquesa pop: amante del flamenco, la cultura popular y la tauromaquia", que suman más de 200 piezas, tras una selección ha sido muy difícil. "Hay muchísimo material: álbumes de fotos, películas antiguas, entrevistas, vestidos de alta costura, trajes de corto… Todo lo que es también el flamenco, los caballos, en fin... Entonces ha sido una labor complicada, porque no puedes poner todo".
Referente femenino
Como única mujer entre cinco hermanos, Eugenia tiene un papel vertebrador en la familia. Ella es el mayor referente femenino y el nexo generacional. Custodia recuerdos y emociones y se los traslada a su hija, Tana, que se "siente supersevillana. Me da pena que ella no haya podido vivir su adolescencia y lo que es hoy, los gustos que tiene por Andalucía, por Sevilla, por sus tradiciones. En eso es muy como mi madre…". Y también a sus sobrinos, porque es una tía muy cercana, que enlaza pasado y tradición con el mundo en el que ellos crecen, y también la heredera del espíritu joven y libre de Cayetana. Una mujer que ha desarrollado un universo creativo muy personal que refleja su sensibilidad y su forma de entender la vida, que tiene pasión por la música, los animales y un gran compromiso social. Exactamente igual que la duquesa, como también queda reflejado en la exposición.
"Tana se siente supersevillana. Me da pena que ella no haya podido vivir su adolescencia y lo que es hoy, los gustos que tiene por Andalucía, por sus tradiciones. En eso es muy como mi madre"
Una muestra que le ha llevado a encontrar maravillas como las cartas de Jackie Kennedy a su madre. Durante décadas, la duquesa llenó los salones de personalidades del mundo del cine, la cultura, el arte y la nobleza, atraídas especialmente por Sevilla. "Reinaba" la duquesa de Alba y, en los años 60, la ciudad se abrió al mundo como un escaparate de cine, torería y batas de cola. Los mitos del inalcanzable Hollywood bajaron al Real de la Feria y al albero, aunque fue la visita de Jackie Kennedy, en abril de 1966, la que tuvo más impacto internacional. Las fotos de la ex primera dama a caballo por el Real con sombrero cordobés y viendo los toros (con mantilla) junto a Cayetana dieron la vuelta al mundo con este gran titular: "Jackie vuelve a la vida. Sevilla ha hecho el milagro".
Se hicieron grandes amigas, se escribieron durante años y la primera misiva de agradecimiento llegó junto con una acuarela de la habitación que le había sido destinada: la de la emperatriz Eugenia, pintada por la señora Kennedy, y la exposición también da fe de ello. La muestra celebra su vida irrepetible y recuerda su verdadero legado con motivo del centenario de su nacimiento. De su bautizo en el Palacio Real de Madrid, los viajes por el mundo con sus padres, y sus dotes para la hípica, el esquí y el rejoneo, a la guía de "supervivencia" que le escribió su padre para su futura vida de duquesa. De la pequeña Tanuca, Tanuquinet o Tana a su extraordinaria contribución a la conservación del patrimonio artístico e histórico heredado y a la internacionalización de la Casa de Alba.







