A Tana Rivera le gusta vivir alejada del foco mediático, pero este julio vuelve a hacer una excepción para ser la imagen de la última campaña de la firma RABAT por segundo año consecutivo. Es la modelo perfecta para mostrarnos sus joyas del verano. Atraviesa una etapa muy dulce y todo lo que hace nace de un deseo genuino de crecer, impulsado por su inquietud y curiosidad.
La hija de la duquesa de Montoro y Francisco Rivera se viste para este reportaje con diamantes y piedras semipreciosas y también nos abre la puerta a su vida para que podamos descubrir cómo es y su forma de ver el mundo a los 26 años. “La vida hay que vivirla de una forma apasionada y disfrutar de cada cosa que haces. Cada día te enseña algo”, nos dice.
Entregada a su trabajo y a sus proyectos, labra su propio camino con la mirada puesta en el futuro y se siente muy agradecida a su familia y a las personas que tiene a su alrededor porque “lo más importante son los vínculos y el cariño que compartes con la gente que quieres”. Sus hermanos son sus “ángeles de la guarda”, y sus padres, las personas que le dieron la educación y los valores.
La admiración de Tana por su madre, Eugenia Martínez de Irujo
Como ya nos confesó en una entrevista anterior, se ve como el equilibrio entre ambas familias - “me gusta llevar lo mejor de cada una”-, pero aquí hablamos de su madre, Eugenia, con la que comparte sensibilidad, la forma de vivir intensamente las emociones y, también, el gusto por la moda.
Están muy unidas. “Es lo mejor que tengo en mi vida”, nos decía el verano pasado, y siempre encuentran un plan para disfrutar juntas. De su madre admira “muchísimas cosas, pero sobre todo su fortaleza”. “Ha sabido afrontar momentos muy complicados con una entereza admirable”. Tiene una sensibilidad especial y una capacidad enorme para estar siempre pendiente de las personas que quiere”, dice hablando de su manera de ser y de cómo se entrega a los demás.
“Sin perder nunca mi personalidad”
Tana es una persona segura de sí misma que disfruta de la moda como forma de expresión y le gusta vestirse para sí misma y para nadie más. “Si no me siento segura con lo que llevo no puedo salir a la calle (jajaja)”, nos dice, aunque se deja “aconsejar mucho, pero sin perder nunca mi personalidad”.
Tiene un “estilo bastante casual y elegante. Con los años he aprendido a atreverme más y a probar cosas nuevas, pero siempre intentando mantener mi esencia”, señala… Y hay un consejo que le dio su madre que nunca olvida y le sirve para todos los días. “Siempre me dice que la elegancia está en sentirse cómoda y segura con una misma. Que por muchas tendencias que existan, lo importante es llevar aquello con lo que te sientas tú”.
Chaquetas y complementos heredados de su madre y de su abuela, la duquesa de Alba
Las prendas que mejor la representan ahora son “unos buenos vaqueros y una camiseta básica de tirantes en verano”. Es ropa “sencilla con la que siempre me siento yo misma” … Pero en su armario hay también piezas con historia que guarda como un tesoro y “con muchísimo cariño”. Entre ellas, “algunas chaquetas y complementos de mi madre que me encantan. Y de mi abuela hay cosas muy especiales que, más allá de su valor, tienen un significado sentimental enorme para toda la familia”.
Eugenia y su hija también comparten gusto por las joyas y, a veces, se las intercambian. A la joven Cayetana, en concreto, le gustan “las piezas sencillas, con historia y versátiles. Una joya que pueda acompañarte tanto en una ocasión especial como en el día a día. Las más bonitas son las que terminan formando parte de ti y de tus recuerdos” … Y valora especialmente las que le han legado. “Para mí una joya ya tiene un valor especial, pero cuando ha pertenecido a alguien de tu familia adquiere un significado aún mayor. Al final, llevan consigo recuerdos, historias y emociones. Ese valor sentimental es algo que no se puede comparar con nada”, confiesa Tana, que no se separa de los anillos que heredó de sus abuelas.










