Antes de que la actriz hispanocubana se convirtiera en una de las intérpretes españolas más internacionales, varias generaciones de su familia materna vivieron en un pequeño rincón del norte de Palencia. Guardo ocupa un lugar muy especial en la historia y el corazón de la actriz y es uno de esos destinos poco conocidos que sorprende al que lo conoce. Rodeado de montañas, con el río Carrión bañando sus tierras, joyas del románico y un pasado minero que recuerdan sus gentes, te descubrimos este escenario tan fascinante.
UNA PALENTINA QUE TRIUNFA EN HOLLYWOOD
Ana de Armas nació en Cuba, pero una parte de su historia familiar conduce hasta Guardo, en el extremo norte de Palencia. Allí nació su tatarabuelo Santiago Merino Blanco, comerciante que llegó a ser alcalde de la localidad, y allí vivió también su bisabuela María Merino Martínez, conocida como ‘la Pescatera’ por vender pescado del Cantábrico. La siguiente generación, la de su abuela Maruja Álvarez, acabaría viajando a Cuba, donde nació la madre de la actriz, Ana Caso, que sigue residiendo en la isla caribeña.
La actriz tuvo la oportunidad de conocer sus raíces palentinas cuando se trasladó a España para obtener la nacionalidad española de sus abuelos y seguir con la interpretación, a los 18 años, en la serie El Internado. Después se marchó a Los Ángeles y allí comenzó una carrera meteórica, con nominación al Óscar por su papel de Marilyn Monroe (en Blonde) incluida, que es imparable. Pero la actriz siempre encuentra la oportunidad para volver a España y disfrutar de sus orígenes.
LA MONTAÑA PALENTINA, EL SECRETO MEJOR GUARDADO
Los amantes de la naturaleza y la montaña tienen bien localizado este pueblo, situado a 92 kilómetros de Palencia y en el valle del Carrión. Es uno de los grandes accesos al Parque Natural Montaña Palentina desde el oeste y un buen punto de partida para descubrir un territorio de bosques, ríos, embalses y algunas de las cumbres más espectaculares de la Cordillera Cantábrica: el Curavacas (2.525 m), el Espigüete (2.450 m) y Las Lomas (2.451 m).
En Guardo es habitual cruzarse con montañeros que utilizan el pueblo como base para organizar las rutas, de mayor o menor dificultad, y también con ciclistas que recorren los senderos con BTT y moteros que encuentran aquí un paraíso para coger curvas. Este es uno de esos lugares que quienes lo aman, prefieren mantener casi en secreto.
UN PASEO POR GUARDO, ENTRE PALACIOS, MINERÍA Y EL CAMINO DE SANTIAGO
El recorrido por Guardo puede comenzar en su centro urbano, siguiendo las huellas de un pasado ligado a la minería y al comercio. Entre sus principales monumentos están la iglesia de San Juan Bautista, que conserva una interesante pila bautismal románica, y La Casa Grande, un palacio señorial barroco (s. XVIII) con más de 25 m de fachada. También merece la pena acercarse a la Fuente de los Cuatro Caños y al Monumento al Minero, uno de los símbolos de una localidad cuya historia reciente no puede entenderse sin el carbón.
La memoria minera sigue muy presente en el calendario. El 4 de diciembre, Santa Bárbara reúne a vecinos y visitantes alrededor de la patrona de los mineros, mientras que las fiestas de San Antonio, en junio, llenan las calles de música, pasacalles, bailes tradicionales, actividades populares y un mercado gastronómico con los productos locales.
Guardo es también un lugar de paso para los viajeros que recorren el Camino Olvidado a Santiago, una antigua ruta jacobea que une Bilbao y Ponferrada atravesando la Montaña Palentina de este a oeste. Aunque mucho menos transitado que el Camino francés, hoy podemos ver peregrinos y cuenta con albergue en Guardo. Desde la localidad se puede continuar hacia Puente Almuhey, en León, por San Pedro de Cansoles, o enlazar con Velilla del Río Carrión.
VELILLA DEL RÍO CARRIÓN Y SU FIESTA DE LAS PIRAGUAS
A pocos kilómetros aparece Velilla del Río Carrión. Aquí el río se convierte en protagonista y hay que detenerse en las Fuentes Tamáricas o La Reana, un conjunto de origen romano que mana y se seca como por arte de magia. Plinio el Viejo ya hablaba de su leyenda. El Centro de Interpretación de la Trucha (y oficina de turismo) se encuentra instalado junto al cauce y de aquí parte el Sendero de los Pescadores (6 km ida y vuelta), por el que, con algo de suerte, se ve al tejón y a la nutria y alguna de las aves que merodean por la zona y aparecen recogidas en los paneles explicativos que hay por el camino.
Desde el puente romano tiene la salida el Descenso Internacional de Piraguas, en agosto, una histórica competición de piragüismo que nació en 1965 y llena de colorido el río Carrión y atrae a miles de visitantes.
LA RUTA DE LOS PANTANOS Y SUS FABULOSAS VISTAS PANORÁMICAS
Desde Guardo y Velilla comienza una de las mejores maneras de familiarizarse con el paisaje: la Ruta de los Pantanos, un recorrido de 81 kilómetros (carretera P-210) por la Montaña Palentina que conecta los embalses de Compuerto, Camporredondo, Ruesga y Aguilar de Campoo. Es una ruta para hacer en coche, moto o bicicleta y, más que un trayecto para completar deprisa, conviene plantearla como una sucesión de paradas y miradores.
El embalse de Compuerto, junto a Otero de Guardo, aparece a tan solo 3 km de Velilla y es el primero de los grandes pantanos que recoge las aguas del Carrión y tiene unas vistas vertiginosas de la presa, con una altura de 78 m.
Desde el embalse, saliéndonos de la carretera de los pantanos, se puede hacer otra ruta: la de los pueblos abandonados, con Valcobero y Valsurbio. Volviendo a los pantanos, el siguiente en aparecer es el de Camporredondo de Alba, que fue inaugurado por Alfonso XIII en 1930 y ofrece una de las estampas más reconocibles de la comarca, con el Curavacas como telón de fondo. El Mirador de Alba de los Cardaños es una de las paradas imprescindibles.
Después se pasa por Triollo y La Lastra, conduciendo siempre con precaución porque hay caballos pastando. Desde el mirador que corona el alto de la Varga (1.413 m) se ve la iglesia de San Cristóbal de Resoba, con su hermosa espadaña románica y todo el Valle Estrecho. Un panel descifra el nombre de las cumbres de Fuentes Carrionas que despuntan a su alrededor y se divisa el llamado Ojo de La Lastra, un curioso orificio en la roca.
En la llegada a Cervera de Pisuerga nos encontramos con los pantanos que acumulan las aguas del río Pisuerga: el de Cervera (más conocido como Ruesga), a los pies del Pico Almonga y bajo la atenta mirada del Parador de Cervera, que se guarda las mejores vistas desde sus terrazas, y el de Requejada, a la salida del pueblo, que pone el broche de oro a esta ruta llena de encantos naturales.
SENDEROS, CASCADAS, TEJOS Y ROMÁNICO
No hace falta ser montañero experimentado para adentrarse en la Montaña Palentina. Una de las excursiones más recomendables para iniciarse es la Senda de la Cascada de Mazobre, de 6,6 kilómetros ida y vuelta, dificultad fácil y unos 250 metros de desnivel. Parte de la carretera hacia Cardaño de Arriba y discurre junto al arroyo Mazobre, bajo la imponente presencia del Espigüete, hasta alcanzar la cascada.
Otra opción algo más larga es la Tejeda de Tosande, una ruta circular de 10,5 kilómetros, señalizada y de dificultad media, que se completa aproximadamente en tres horas y media. El camino atraviesa robledales y hayedos hasta llegar a una de las concentraciones de tejos centenarios más destacadas de la península ibérica.
Y después están las grandes montañas, territorio reservado a senderistas con experiencia y buena preparación. El Espigüete, de 2.451 metros, es una de las cumbres emblemáticas de la Montaña Palentina. Y el otro gran gigante es el Curavacas, de 2.524 metros, que se contempla especialmente bien desde Triollo y el valle del Carrión. Su vía clásica puede resultar accesible para montañeros experimentados en verano, pero el fuerte desnivel y el terreno de montaña hacen que no sea una excursión para principiantes. Fuera de la temporada estival, la nieve y el hielo pueden convertirlo en una ascensión técnica que requiere experiencia y material adecuado.












