El barco avanza despacio y, a medida que se interna en el embalse del Sobrón, las paredes de roca se van cerrando a ambos lados. Hay bosques en las laderas, cortados que caen casi verticales sobre el agua y, arriba, el vuelo de los buitres. No parece que estemos en Burgos. Tampoco hace falta demasiada imaginación para entender por qué a este rincón del norte de la provincia se le ha empezado a llamar los “fiordos burgaleses”.
La experiencia comienza en San Martín de Don, en el Valle de Tobalina, donde está el embarcadero desde el que parte el barco que permite descubrir este paisaje desde el agua. Es una de las experiencias más agradables del Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil.
Aquí el protagonista es el Ebro, que durante miles de años ha ido excavando su camino entre las montañas. El resultado es un paisaje de hoces, desfiladeros y grandes paredes calizas que se prolonga por el embalse de Sobrón, en la frontera entre Burgos y Álava. Desde tierra se pueden contemplar algunos de estos cortados, pero es desde el agua cuando se aprecia mejor la dimensión del paisaje.
La navegación se realiza a bordo de un barco electrosolar, silencioso y respetuoso con el entorno, que se adentra en el embalse siguiendo un recorrido de unos 7 kilómetros. El silencio del motor eléctrico permite escuchar el agua y el sonido de las aves mientras las paredes del cañón van cambiando de perspectiva.
El recorrido dura aproximadamente una hora y permite contemplar desde otra perspectiva los bosques, roquedos y cortados de los Montes Obarenes. Entre las especies que pueden observarse durante la navegación están los buitres leonados y los halcones peregrinos, además de otras aves que encuentran en estos paredones un lugar idóneo para anidar.
CÓMO HACER LA EXCURSIÓN
- Del embarcadero de San Martín de Don salen los barcos que realizan los recorridos de una hora de duración, aproximadamente.
- Hasta el 30 de septiembre, las salidas son todos los días a las 12, 13:30, 15:30 y 17 horas. Hasta el 2 de noviembre, solo viernes, sábados, domingos y festivos.
- El precio de la travesía es de 10 € para adultos; 5 € para los niños.
FRÍAS Y TOBERA, A POCOS KILÓMETROS
A unos 15-20 kilómetros, Frías es una de las grandes sorpresas del valle de Tobalina. La silueta de su castillo sobre la roca, las casas colgadas, con sus tejados cobrizos precipitándose sobre el vacío, y el puente medieval sobre el Ebro forman un conjunto difícil de superar.
En realidad, y aunque no lo parezca —Frías apenas cuenta hoy con algo más de 200 habitantes—, es una ciudad. En el siglo IX, cuando Alfonso VIII repobló el valle, hizo de ella su capital, y seis siglos después, Juan II le concedió el título de ciudad.
Tomando la carretera BU-504 en dirección a la ermita de Santa María de la Hoz, las aguas del río Molinar dejan a su paso por el caserío de Tobera unos espectaculares saltos que servían antaño para mover las piedras de varios molinos, batanes y pisones. Hoy se pueden admirar siguiendo un corto paseo.
Junto al cauce aparecen además el puente medieval y las ermitas de Santa María de la Hoz y del Santo Cristo, encajadas en el paisaje rocoso.
MONASTERIO DE OÑA
Algo más lejos está Oña, donde el agua deja paso a la historia. La localidad, asentada sobre un meandro del río Oca, conserva entre sus murallas el Real Monasterio de San Salvador. Tras subir por una empinada escalinata, en su interior descansan reyes y condes castellanos en ocho sepulcros policromados, entre ellos Sancho II, cuya carrera militar impulsó el Cid. Cuenta la tradición que fue el propio Rodrigo Díaz de Vivar quien llevó su cuerpo hasta Oña. Por ello, la iglesia del monasterio es considerada el primer panteón real de Castilla. Un buen final para un completo recorrido por este territorio de agua, roca y pueblos medievales.









