Pocas ermitas tienen un emplazamiento tan singular como el de San Pantaleón de Losa, un templo románico que deja con la boca abierta. Está en el norte de Burgos, en el valle de Losa, y ocupa la cima de la Peña Colorada, una enorme formación rocosa que parece la proa de un barco varado sobre el paisaje.
El acceso ya tiene algo de aventura. La carretera llega hasta las inmediaciones de la peña y después toca caminar por un sendero de subida hasta alcanzar el templo. Desde arriba, la recompensa está en todas direcciones: el valle del río Jerea se extiende a los pies de la roca y la ermita queda prácticamente colgada.
Construida en el siglo XIII y consagrada en 1207, San Pantaleón de Losa es uno de los ejemplos más singulares del románico burgalés. Su aspecto exterior es austero, como corresponde a una pequeña construcción medieval, pero viendo su portada empieza lo verdaderamente curioso, porque cada piedra tiene su significado.
La entrada está flanqueada por dos figuras que han dado trabajo a historiadores y estudiosos durante décadas. Una de ellas es un personaje de grandes dimensiones, barbado y con aspecto casi sobrehumano, que sostiene una especie de elemento vegetal. Se ha identificado con distintas figuras, desde un atlante hasta Sansón o Hércules. La otra sorpresa está en una columna decorada con un motivo en zigzag cuya interpretación tampoco está del todo clara.
LA LEYENDA DEL SANTO GRIAL
También los capiteles están cargados de escenas y criaturas: animales fantásticos, personajes humanos y representaciones relacionadas con el martirio de San Pantaleón, médico y mártir cristiano del siglo IV. El santo es precisamente el protagonista de la ermita, aunque su historia se entremezcla aquí con otras tradiciones mucho más misteriosas. Una de ellas relaciona San Pantaleón de Losa con el Santo Grial. La leyenda sostiene que por este lugar pasó la reliquia que habría recogido la sangre de Cristo, una tradición que convirtió la ermita en destino de peregrinaciones y que ha contribuido a alimentar el aire de misterio que rodea la peña.
Pero hay otro detalle que conviene conocer antes de subir: el propio enclave está vinculado a antiguas creencias y leyendas sobre la montaña. La espectacularidad de la roca, su posición dominante sobre el valle y la presencia de un templo medieval en la cima han hecho que San Pantaleón de Losa sea un lugar mágico.
QUÉ VER CERCA DE LA ERMITA
Después de contemplar la ermita, se puede alargar la excursión por la comarca de Las Merindades. A pocos kilómetros aparece Frías, una joya monumental que tiene título de ciudad desde hace siglos, a pesar de que es un pueblo pequeño que apenas supera los 200 habitantes. Impresiona por su emplazamiento, sobre una roca y coronado por su castillo y la iglesia de San Vicente, además de por su famoso puente medieval sobre el Ebro. Muy cerca queda Tobera, donde un sendero corto permite descubrir sus cascadas y el conjunto formado por las ermitas de Santa María de la Hoz y del Santo Cristo. Otro paisaje cercano de roca y agua es el desfiladero del río Purón, que ofrece una de las caminatas más bonitas de la zona.









