Frase del día

Las reglas de la felicidad de Immanuel Kant, filósofo prusiano: "Algo que hacer, algo que amar, algo que desear"


Una psicóloga explica el significado de la famosa frase del filósofo


© Getty Images
Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
27 de octubre de 2026 a las 18:01 CET

La felicidad es uno de esos conceptos que intentamos definir a lo largo de la vida, aunque su significado cambie según el contexto y la persona. Hay quiénes la asocian con alcanzar una meta, pero también, para muchos, su definición radica en compartir momentos con las personas que queremos y, en ocasiones, con recuperar la tranquilidad en medio de una etapa complicada. Sin embargo, también puede encontrarse en cosas tan sencillas como tener una razón para actuar, sentir amor por aquello que hacemos y conservar la ilusión por lo que está por venir.

El filósofo Immanuel Kant decía que las "reglas de la felicidad" se basan en tres pilares: "Algo que hacer, algo que amar, algo que desear".  La reflexión que vincula la felicidad con estos tres elementos invita precisamente a detenernos en nuestra forma de vivir. Y, aunque puede parecer una idea utópica o difícil de alcanzar, lo cierto es que, desde el punto de vista de la psicología,  trasladar esta idea al día a día no es tan difícil. 

Media Image© Getty Images

¿Quién fue Immanuel Kant?

A día de hoy, poner en marcha la propuesta de Immanuel Kant puede resultar más complicado que cuándo él sentenció la frase. El filósofo fue uno de los más influyentes de la Ilustración. Nacido en Königsberg, en la antigua Prusia, dedicó buena parte de su pensamiento a cuestiones como el conocimiento, la moral, la libertad y la razón. Entre sus obras más destacadas se encuentran Crítica de la razón pura y Crítica de la razón práctica, fundamentales para comprender su influencia en la filosofía moderna. 

chica bolsa deporte© Getty Images

Algo que hacer: recuperar la capacidad de actuar

Que la frase del filósofo tome sentido ahora y podamos aplicarla siglos después guarda explicación en determinados patrones psicológicos. Sentir que tenemos margen para intervenir en nuestra propia vida puede cambiar la manera en la que afrontamos las dificultades. No se trata de mantenernos ocupados constantemente ni de llenar la agenda de tareas, sino de reconocer que podemos tomar decisiones y dar pequeños pasos, incluso cuando las circunstancias no son las que nos gustaría. Para María Martínez, psicóloga experta en mente y percepción Kaizen (@caminokaizen), cada uno de los pilares que señaló el filósofo desempeña un papel fundamental en nuestro bienestar.

Sobre el primero, "tener algo que hacer", la experta señala: "Cuando hacemos, cuando tomamos acción, cuando nos sentimos con la capacidad de poder hacer, nos desbloqueamos, nos sentimos útiles, nos sentimos válidos y nos sube la autoestima. De hecho, cuando nos sentimos impotentes, sentimos que no tenemos salida, que no podemos movernos, hay más estrés y es una sensación muy, muy desagradable y negativa". Esta capacidad de acción no debe confundirse con la productividad ni con la obligación de estar siempre haciendo algo. También podemos encontrarla en actividades tranquilas, siempre que nazcan de una decisión propia y no de la sensación de tener que cumplir constantemente con las expectativas externas.

chicas sonriendo© Getty Images

Eso sí, tras este consejo, la especialista advierte que  no siempre podremos cambiar una situación por completo, pero sí elegir cómo responder ante ella: "Siempre necesitamos tener algo que hacer, pero no significa estar en movimiento literalmente, pero sí tener la voluntad de actuar sobre algo.  Es decir, yo puedo estar leyendo, puedo estar tumbada, pero estoy haciendo, porque lo estoy haciendo desde mi voluntad. Entonces, para mí, se refiere a algo que yo estoy eligiendo voluntariamente".

Media Image© Getty Image

Algo que amar: encontrar motivos que nos muevan

El segundo pilar nos lleva a pensar en aquello que despierta nuestro afecto y da sentido a nuestras acciones. Puede tratarse de una persona, una actividad, un proyecto o una parte de nuestra vida que nos haga sentir conectados con lo que somos. Más que un objetivo concreto, el amor aparece aquí como una motivación que nos ayuda a encontrar razones para avanzar. La especialista, así lo explica: "Cuando tú amas algo, es tu motivación. El amor implica un motivo por el que hacer algo. Y luego viene el deseo. Eso que deseo tiene que estar motivado por el amor a esa cosa. Entonces, el deseo genera movimiento hacia adelante. El amor genera el tomar acción de una forma adecuada; es decir, el lugar desde el que hacemos las cosas", señala María Martínez.

Esta perspectiva también invita a ampliar nuestra idea del amor. No tiene por qué limitarse a las relaciones sentimentales o a los grandes acontecimientos. En ocasiones, se encuentra en los pequeños rituales que hacen más agradable una jornada, en el cuidado personal o en el interés por aquello que nos rodea. Reconocerlos puede ayudarnos a conectar con una motivación que no dependa exclusivamente de los resultados. De hecho, según la experta, "cuando tú amas todo lo que haces, cuando realmente encuentras dentro de ti ese motivo para moverte, para levantarte, para salir de tu casa, para volver a tu casa, para cuidarte… Algo que amar no tiene que ser una cosa, pero sí que puedas volcar y enfocar ese amor en algo".

chica estirando cama© Getty Images

Algo que desear: mirar al futuro sin dejar de disfrutar del presente

Tener ilusiones también forma parte del bienestar. Los deseos nos permiten imaginar posibilidades, plantearnos nuevos retos y orientar nuestros esfuerzos hacia aquello que queremos incorporar a nuestra vida. Es, en parte, la ilusión para afrontar los días: "Desear es imaginarte con ello en tu vida, sentir esa felicidad de algo hacia lo que ir. Porque eso es lo que hace que desees un futuro desde el presente: no con estrés, no con anhelo, no con infelicidad en el presente, sino con amor por lo que estás haciendo en este momento y con el deseo de algo que está por venir", explica María Martínez.

La reflexión propone así una forma de relacionarnos con nuestras metas sin convertirlas en una condición indispensable para sentirnos bien. Podemos querer cambiar de trabajo, aprender algo nuevo, iniciar una relación o emprender un proyecto personal sin interpretar nuestra situación actual como una etapa vacía que solo merece la pena cuando alcancemos ese objetivo. Desear no implica, por tanto, vivir en una espera constante. Se trata de encontrar una dirección que nos ilusione y avanzar hacia ella mientras seguimos prestando atención a lo que ya forma parte de nuestra vida.

chica sonriendo© Getty Images

Cómo aplicar las tres reglas de la felicidad en el día a día

Comprender estos tres pilares es un primer paso, pero la cuestión está en cómo incorporarlos a nuestra rutina. Para María Martínez, la filosofía Kaizen —centrada en la mejora continua a través de pequeños pasos— ofrece una manera práctica de llevar esta reflexión a situaciones cotidianas, sin exigirnos cambios drásticos ni resultados inmediatos. Desde esta perspectiva, empezar no requiere tener un plan perfectamente definido. A veces basta con identificar una acción pequeña y realista que podamos realizar en el momento presente, en lugar de concentrarnos únicamente en la distancia que nos separa de nuestro objetivo. La experta propone preguntarse:  "¿Qué es lo que puedo hacer ahora sobre aquello que depende de mí en este instante?". 

La pregunta permite cambiar el foco de atención, pues, en vez de quedarnos atrapados en todo lo que no podemos controlar, podemos dedicar nuestra energía a aquello sobre lo que sí tenemos capacidad de decisión. No significa que cualquier problema tenga una solución inmediata, sino que podemos empezar por reconocer cuál es nuestro margen de actuación.

Para cultivar el segundo pilar, la psicóloga propone prestar atención a las cosas que nos despiertan emociones agradables y que, a menudo, pasan desapercibidas entre las obligaciones diarias. Reconocerlas conscientemente puede ayudarnos a valorar de otra manera nuestra experiencia cotidiana. Así lo señala la psicóloga: "Piensa, piensa en algo en tu vida que te haga sonreír. Eso que te hace sonreír lo amas. Piensa más en ello, piensa más veces al día en ello. También lo identificamos con la gratitud, así que merece la pena que te pares un momento a pensar en los motivos por los que te sientes agradecida en este momento, o qué es lo que, si mañana no lo tuviera, echarías de menos. Entonces, cuando lo identificas, ya te pones a sentir y a mirar de una forma diferente".

chica mirando ventana© Getty Images

El último paso que comenta la experta consiste en pensar qué nos gustaría conseguir y por qué. Antes de fijarnos una meta, puede resultar útil preguntarnos qué lugar ocuparía en nuestra vida y qué esperamos experimentar al alcanzarla. De este modo, el deseo se convierte en una orientación para avanzar, en lugar de una comparación constante entre lo que somos y lo que creemos que deberíamos ser. "Observa qué es lo que sientes que disfrutarás cuando lo tengas. El deseo crea, genera dirección y enfoque. ¿Qué deseas mejorar en tu vida? ¿Qué deseas conseguir? Pero no como algo que te falta, sino como algo que te llena más desde el amor. Eliges algo que te pueda llenar más, así que pregúntate qué es lo que te gustaría conseguir en tu vida que todavía no tengas, pero sin olvidarte de disfrutar de lo que ahora puedo hacer".