El pueblo palentino que inspiró a Gaudí: quesos, vinos y bodegas subterráneas


En el corazón del Cerrato, Baltanás merece una escapada para descubrir su singular barrio de bodegas, con cientos de chimeneas saliendo del suelo, conocer la historia de la comarca en su museo y sentarse a la mesa con quesos y vinos de la DO Arlanza.


Barrio de las bodegas en el cerro del Castillo, Baltanás.
25 de septiembre de 2026 a las 18:00 CEST

La imagen más sorprendente de Baltanás se encuentra en el cerro del Castillo: cientos de pequeñas chimeneas asomando entre la tierra en la ladera, como si alguien hubiera construido un pueblo secreto bajo nuestros pies. Es el barrio de bodegas, uno de los conjuntos de arquitectura tradicional más singulares de Castilla y León y uno de los grandes tesoros del Cerrato palentino. Son 374 bodegas excavadas en seis niveles, muchas todavía en uso, que siguen formando parte de la vida cotidiana de los vecinos. Allí se reúnen para celebrar, conversar, cantar y bailar y, por supuesto, hacer vino.

EL PUEBLO DE LAS BODEGAS SUBTERRÁNEAS

A 28 kilómetros de Palencia se encuentra Baltanás, la capital histórica del Cerrato, una comarca de tierras onduladas que se extiende también por las provincias de Burgos y Valladolid. El paisaje explica mucho de lo que aquí se ha construido y comido durante siglos: campos de cereal, antiguos viñedos, cerros, palomares, casas-cueva y una arquitectura popular vinculada a una economía rural en la que el vino y el queso han tenido un papel fundamental.

Museo del Cerrato Castellano© palenciaturismo.es
Museo del Cerrato Castellano

Antes de subir al cerro, hay que empezar por abajo, en el Museo del Cerrato Castellano. Es la mejor manera de entender el territorio antes de caminar por sus calles y, sobre todo, de comprender por qué en Baltanás existe un barrio entero excavado en la tierra. El museo ocupa un conjunto arquitectónico formado por el antiguo Hospital de Santo Tomás, del siglo XVIII, y dos edificios modernistas rehabilitados. Más de 1.600 metros cuadrados dedicados a explicar la historia, el paisaje, la arquitectura y las formas de vida de una comarca que supera las fronteras administrativas de Palencia.

La visita comienza en el Centro de Interpretación, donde el Cerrato se entiende desde sus paisajes y sus tradiciones. Aquí aparecen las construcciones populares, la relación con el campo y la cultura del vino, una pieza esencial para comprender lo que veremos después en el cerro del Castillo. El museo cuenta además con una sala de exposiciones temporales y con la oficina de turismo.

Museo del Cerrato Castellano© museodelcerrato.es
Museo del Cerrato Castellano

La segunda parte conduce al antiguo Palacio-Hospital de Santo Tomás, cuya arquitectura barroca merece ya por sí sola la visita. Su patio es uno de los rincones más interesantes del conjunto. En el interior se encuentra la pinacoteca, dedicada a artistas de Castilla y León, como José Casado del Alisal o Vela Zenetti, además de piezas arqueológicas procedentes de excavaciones realizadas en la comarca y una colección de arte sacro con piezas procedentes de la ermita de Revilla y de la iglesia parroquial de San Millán. Para quien quiera profundizar, existe además una visita guiada que combina museo, patrimonio y vino. La propuesta de turismo enológico incluye el Museo del Cerrato, el lagar municipal y el descenso a una bodega tradicional, donde se explica el sistema de elaboración y conservación del vino y se termina con una degustación. La reserva previa es necesaria.

UN PASEO POR EL PUEBLO, HASTA EL CERRO

Desde el museo, el paseo puede continuar hacia la parte alta del pueblo. Allí aparece la iglesia de San Millán, cuya torre domina el caserío. El templo, de tres naves y estilo renacentista, conserva en su interior un retablo barroco y ocupa una posición elevada que hace todavía más evidente su presencia dentro del paisaje urbano.

Media Image© turismocastillayleon.com

Muy cerca se encuentran otros edificios que ayudan a leer la historia de Baltanás. La Cilla, construida en 1793, era el granero destinado a almacenar el diezmo; el antiguo Hospital Viejo, aproximadamente del siglo XVII, servía de refugio a pobres y transeúntes; y varias casas solariegas recuerdan el pasado de la villa. Entre ellas destaca el llamado Cuartel Viejo, una construcción del siglo XVII vinculada a los Hermanos Calvo que durante años acogió el cuartel de la Guardia Civil.

También merece la pena acercarse al antiguo convento de San Francisco. Tras la desamortización de Mendizábal tuvo distintos usos y actualmente es de propiedad privada, aunque su espacio se utiliza para conciertos de música clásica. En las afueras se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Revilla, antigua iglesia parroquial del arrabal, y algo más alejada, la ermita de San Gregorio, levantada en el siglo XVIII para conmemorar el final de una plaga de langosta. Cada 9 de mayo se celebra allí la fiesta de San Gregorio, con romería desde San Millán y comida campestre.

Ermita de Revilla© Enrique Caña
Ermita de Revilla

EL BARRIO DE LAS BODEGAS QUE PUDO INSPIRAR A GAUDÍ

Baltanás se levanta a los pies del cotarro de El Castillo, un cerro donde existió una fortaleza medieval de la que hoy no quedan restos. Es precisamente en sus entrañas donde se encuentra el gran protagonista de la visita: el barrio de bodegas. Se extiende por dos elevaciones naturales —el propio Cerro del Castillo y Las Erías— separadas por el Camino Hondo. Las bodegas se organizan siguiendo las curvas de nivel del terreno y forman un paisaje casi laberíntico de calles, puertas, fachadas de piedra, zarceras y chimeneas o humeros.

Barrio de bodegas, en Baltanás© turismocastillayleon.com
Barrio de bodegas, en Baltanás

Son 374 bodegas subterráneas excavadas en seis niveles, algunas de ellas con galerías que alcanzan varios metros bajo tierra. La primera referencia escrita conocida se remonta a 1543, aunque su origen podría ser medieval. A finales del siglo XVI, el cerro pasó definitivamente a manos de la villa en una operación relacionada con la construcción del convento franciscano de Santa Ana.

El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural en 2015, con categoría de Conjunto Etnológico, la máxima protección patrimonial. No se trata únicamente de un conjunto de bodegas antiguas: es un paisaje construido por generaciones de habitantes para elaborar y conservar el vino; las galerías subterráneas mantienen unas condiciones de temperatura y humedad relativamente estables durante todo el año, perfectas para el vino.

Las famosas chimeneas o humeros del barrio de las bodegas.© turismocastillayleon.com
Las famosas chimeneas o humeros del barrio de las bodegas.

¿Y cuándo aparece Gaudí en toda esta historia? Esas chimeneas que son seña de identidad de Baltanás, los humeros o respiraderos, tienen formas cónicas, cilíndricas o piramidales, rematadas con tejadillos o piedras para evitar la entrada de agua. Y, al parecer, tienen mucha similitud con las famosas chimeneas de La Pedrera de Barcelona, obra de Gaudí. La historia procede fundamentalmente de la investigadora y escritora Ana María Ferrín, defensora de la teoría de que Gaudí pudo conocer las bodegas de Baltanás durante un viaje hacia Astorga y que aquellas singulares chimeneas castellanas le sirvieron de inspiración para algunas de las formas que posteriormente llevaría a la azotea de la Casa Milà, conocida popularmente como La Pedrera. La teoría aparece recogida en sus investigaciones y en su libro Regreso a Gaudi's Place.  

No existe una prueba concluyente que permita afirmar que el arquitecto catalán vio Baltanás y trasladó directamente sus chimeneas a Barcelona. Pero basta caminar por el barrio para entender por qué la comparación es tan creíble. La propia Casa Milà conserva 29 chimeneas en su azotea, además de torres de ventilación. Sus formas fueron concebidas por Gaudí con una función arquitectónica y aerodinámica concreta, pero se convirtieron también en uno de los elementos más reconocibles del edificio.

Castillo de madera para prensar la uva© Diario de Palencia
Castillo de madera para prensar la uva

El barrio tuvo además cuatro lagares comunales. Uno de ellos ha sido recuperado por el Ayuntamiento como lagar municipal y centro de interpretación. Allí se pueden conocer las herramientas utilizadas para elaborar el vino tradicionalmente: el castillo de madera, el husillo, la gran viga de olmo y la enorme piedra de más de 1.500 kilos que ejercía presión sobre la uva para extraer el mosto. El mejor momento para verlo funcionar es en el Día de Lagares, en septiembre, después de la vendimia, cuando se hacen demostraciones del pisado de la uva y el prensado tradicional.

QUESOS Y VINOS EN LA FERIA Y PINCHOS EN LA PLAZA

Las fiestas de Nuestra Señora de Revilla, patrona de Baltanás, son otra buena ocasión para acercarse a la cultura del vino. El pueblo celebra el Concurso de Cata y Degustación de Vinos de la Localidad en la Plaza de España, con inscripción previa y recogida de las muestras en las propias bodegas de los participantes. Es una cita (organizada por la peña Las Amotos) que convierte el vino doméstico, el que todavía se conserva y elabora en algunas bodegas particulares, en protagonista de una jornada festiva.

Feria del Queso y el Vino, Baltanás.© Diario Palentino
Feria del Queso y el Vino, Baltanás.

Pero si hay una fecha que conviene apuntar en el calendario gastronómico, es la de la Feria del Queso y el Vino. Se celebra el 31 de octubre y 1 de noviembre, en el puente de Todos los Santos, un momento perfecto para hacer una escapada de otoño por el Cerrato. La feria reúne a más de una treintena de productores de queso, lácteos y vino, sobre todo los de la DO Arlanza, y se organizan talleres, catas y visitas al barrio de las bodegas, además de poder comprar allí mismo los productos que se dan a catar.

Cata de vinos en la Feria del Queso y el Vino© Diario Palentino
Cata de vinos en la Feria del Queso y el Vino

Después de caminar por las bodegas y visitar el patrimonio de Baltanás, llega el momento de tomar unos pinchos en el bar Plaza, más conocido como Conra, en la plaza de España, un clásico para hacer una pausa. Y entrar en la calle Mayor, donde desde hace poco se puede probar la cocina casera y con productos de la zona, como el cordero churro, en La Despensa del Cerrato, el restaurante regentado por María del Mar y Pilar, que cocinan a fuego lento.

Queso Cerrato
Queso Cerrato

Por último, si tu visita no coincide con la feria, puedes acercarte a la tienda de la fábrica de Quesos Cerrato, que nació como cooperativa en 1968 y donde continúa elaborando una amplia gama de quesos, como el Cerrato Viejoven, Curado, Viejo, Trashumante, o el Cerrato Umami, un queso curado de mezcla de leche pasteurizada de oveja y vaca, con más de 105 días de maduración que ha conseguido el reconocimiento Sabor del Año 2026, que seguro sería del agrado del mismísimo Antonio Gaudí.