La casa imperial de Japón, en la encrucijada: la dificultad de hacer funcionar el polémico sistema de adopción de varones


El parlamento aprobó en julio una reforma histórica que avanza sin apoyo popular


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Lucía FernándezCoordinadora de actualidad y realeza
Actualizado 5 de octubre de 2026 a las 20:11 CEST

La ley de la casa imperial de Japón se reformó el pasado mes de julio en un intento desesperado por buscar una solución a la crisis dinástica que no pase por permitir que una mujer se siente en el trono del Crisantemo. La cuestión se solucionó sobre el papel, pero todo apunta a que la histórica reforma no es más que un cascarón vacío. Además de permitir que las mujeres que se casen con un plebeyo mantengan su estatus real, la medida más llamativa es la posibilidad de adoptar varones descendientes de antiguas casas principescas. Sin embargo, el plan podría hacer aguas.

Los miembros de la familia imperial japonesa recibiendo el Año Nuevo© Gamma-Rapho via Getty Images
Los miembros de la familia imperial japonesa recibiendo el Año Nuevo

¿En qué consiste la histórica reforma?

Hasta ahora cuando una princesa japonesa se casaba con un plebeyo tenía que salir de forma automática de la casa real, perdiendo los derechos con los que nació y toda la capacidad de representación institucional para la que había sido formada. Así fue como, década tras década, la monarquía nipona se fue reduciendo. Con esta reforma planteada ahora, las princesas imperiales pueden elegir si conservan o no su estatus real tras el matrimonio. Sin embargo, una cláusula polémica establece que sus cónyuges y sus hijos quedarían fuera de la familia imperial, mientras ellas sí seguirían dentro ya que las mujeres ni tienen derechos sucesorios, ni los trasmiten. Además, se trata de una medida de carácter excepcional ya que no se aplicará a la siguiente generación que nazca.

Para atajar esta fragilidad de la línea sucesoria, la ley prevé entonces un sistema de adopciones que contempla recuperar a los descendientes varones de 11 antiguas ramas imperiales que perdieron su estatus tras la Segunda Guerra Mundial. Los candidatos deberán tener 15 años o más, ser solteros y no tener hijos. Hoy quedan alrededor de 10 hombres solteros en esas líneas masculinas que podrían ser adoptados. No son muchos y, la casa imperial, se encuentra con otro problema: su escasa disposición a dejar su vida y su libertad como civiles para convertirse en miembros de una de las monarquías más rígidas del planeta. 

Hisahito de Japón, el sobrino del emperador es actualmente la única esperanza para garantizar la continuidad de la línea sucesoria© Anadolu via Getty Images
Hisahito de Japón, el sobrino del emperador es actualmente la única esperanza para garantizar la continuidad de la línea sucesoria

La dificultad de encontrar candidatos

Pasar a formar parte del la familia imperial no es el caramelo que puede parecer. Quien esté dispuesto a dejarlo todo no para formar parte de la línea sucesorio, si no para que lo hagan sus descendientes, deberá renunciar a su carrera profesional, a su privacidad, y someterse a las estrictas normas de una corte en la que los advenedizos no lo suelen pasar bien. Como suele suceder, la peor parte se la llevan las mujeres, ya sea por la presión de dar a luz un varón, como el caso de la emperatriz Masako o porque sus decisiones sea cuestionadas como el caso de la príncesa Mako, que perdió su título y su estatus para casarse con Kei Komuro, para el que enamorarse de la sobrina del emperador tampoco fue un camino de rosas.

Para Kuni Asahiro, no es realista que alguien que ha vivido toda su vida como un ciudadano común acceda a ser 'adoptado' por la familia imperial. En su caso, hizo el camino contrario. A sus 81 años, nació siendo el decimosexto en la línea sucesoria, pero la ocupación estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial reestructuró las instituciones japonesas, incluida la monarquía, que pasó a ser solamente un símbolo cultural. Para evitar que pudiera recuperar poder político fue necesario debilitarla y adelgazarla, por eso quedaron excluidas casas principescas como la Kuni, a la que pertenece Asahiro. 

Los emperadores Hirohito y Nagako, tíos de Kuni Asahiro, junto a Richard Nixon y su esposa© Bettmann Archive via Getty Image
Los emperadores Hirohito y Nagako, tíos de Kuni Asahiro, junto a Richard Nixon y su esposa

Es sobrino de la emperatriz Nagako y primo del emperador Akihito. Aunque tenía 3 años cuando dejó de formar parte de la familia imperial, nunca perdió el contacto con ella. En declaraciones a Nippon.com, cuenta que “vivir como miembro de la familia imperial exige una enorme determinación” y sostiene que la adopción de descendientes de las antiguas casas “nunca debe imponerse y debe articularse como un sistema que respete plenamente la voluntad de cada persona”. Sin embargo, hay un camino más fácil y es permitir que la princesa Aiko se siente el trono, una opción que Asahiro ve con buenos ojos y que no será inédita ya que antes de la restructuración de 1868 Japón tuvo hasta ocho emperatrices.

Aiko de Japón, la hija del emperador que no podrá sucederle© POOL/AFP via Getty Images
Aiko de Japón, la hija del emperador que no podrá sucederle

Falta de apoyo popular

No solamente este miembro de una de las antiguas ramas imperiales considera que para solucionar la crisis dinástica habría que apuntar a la ley sálica. Después de la aprobación de esta reforma, la valoración de los ciudadanos del gobierno conservador de Takaichi Sanae cayó entre un 5% y un 11%, según la mayoría de los sondeos. Además, una encuesta del diario Yomiuri Shimbun recoge que el 85% de los ciudadanos apuesta por permitir que las mujeres accedan al trono y en otra de Kyodo News el apoyo roza el 90%. 

Para una sociedad tradicional como la japonesa, estos datos son abrumadores, aunque cabe destacar que estos datos no responden necesariamente a un aperturismo generalizado. Alrededor de dos tercios creen que es prioritario garantizar la estabilidad de la casa imperial, por lo que su postura a favor de derogar la ley sálica responde más a una cuestión pragmática que de igualdad de género. Aún así, también son muchas las voces que creen que la solución aprobada por el Gobierno está completamente de espaldas a la realidad del país que avanza, con más o menos celeridad, hacia un escenario mucho más igualitario en todos los ámbitos. 

Aiko de Japón, junto a sus primos Kako e Hisahito© JIJI PRESS/AFP via Getty Images
Aiko de Japón, junto a sus primos Kako e Hisahito

En el plano internacial, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer dictó hace dos años una resolución en la que instaba a Japón a que modificase la ley de la casa imperial por considerar que atentaba contra el principio de igualdad. La refoma del pasado mes de julio se ha hecho de espaldas a esta recomendación y de espaldas al sentir general de su ciudanía. Unas medidas históricas que, sin embargo, van a tener difícil conseguir su objetivo de atajar la fragilidad de la línea sucesoria. En cualquier caso, el plan se ha elaborado a 30 años vista y para entonces, solo Hisahito y, más en concreto, sus futuros hijos, podrían hacer cambiar de color el panorama. 

El futuro de la dinastía depende de la futura descendencia de Hisahito de Japón, sobrino del emperador y tercero en la línea sucesoria© Gamma-Rapho via Getty Images
El futuro de la dinastía depende de la futura descendencia de Hisahito de Japón, sobrino del emperador y tercero en la línea sucesoria

Recordamos que al emperador actual, Naruhito, le sucede su hermano, el príncipe heredero Akishino, el siguiente es su hijo, el príncipe Hisahito, de 19 años, el único heredero joven. Después de él, el príncipe Hitachi, de 90 años. La realidad es que no habrá heredero si la futura esposa de Hisahito no da a luz a un varón, un escenario que mantiene a Japón en una encrucijada.