El 23 de junio de 1991, apenas cinco meses después de la muerte del rey Olav V y pasado el periodo de luto, Harald y Sonia formalizaron su llegada al trono con una ceremonia de bendición en la catedral de Nidaros. Ambos habían expresado su deseo de recibir la consagración en el mismo lugar donde lo hicieron su padre y su abuelo, un gesto que reforzaba la continuidad institucional en un momento de transición. Se cumplen treinta y cinco años de esa ceremonia que ayudó a la consolidación de una monarquía joven que acaba de atravesar su peor momento. Después de la condena de Marius Borg a cuatro años de prisión y del trasplante de pulmón de la princesa Mette-Marit, la familia real noruega está de aniversario.
La bendición real de 1991 y el inicio del reinado de Harald y Sonia
En el verano de 1990, la salud del anciano y popular rey Olav comenzó a empeora, fue entonces cuando el príncipe Harald asumió una regencia que ya no dejaría hasta el fallecimiento de su padre, que llegó el 17 de enero de 1991. Unos meses más tarde, siguiendo una tradición noruega, los nuevos reyes protagonizaron un acto en la Catedral de Nidaros de Trondheim. En la primera fila del templo estaban sentados los príncipes Haakon y Marta Luisa, entonces el nuevo príncipe heredero no había cumplido la mayoría de edad. Con ellos llegaron aires nuevos y una gran cercanía para una monarquía que había estado muy militarizada en el pasado, en parte por la resistencia activa que había encabezado la familia durante la Segunda Guerra Mundial.
Ese día las coronas reales se situaron a ambos lados del altar mayor y la ceremonia siguió un rito que Noruega había recuperado en tiempos de Olav V, cuando se sustituyó la coronación tradicional por una bendición religiosa más acorde con una monarquía moderna y que todavía se modernizaría más de la mano de Harald V que en año 2012 optó por separar la jefatura del Estado de la Iglesia de Noruega con una emienda constitucional que hizo que el rey dejara de ser la máxima autoridad eclesiástica y que en el 2018 todavía daría un paso más cuando se disolvió la condición constitucional del rey como santo, pero dejando intacta su inmunidad soberana.
El papel institucional de Sonia y la recuperación de la figura de la reina
Ese día del que hoy se cumplen 35 años, Harald y Sonia fueron recibidos por el obispo de Nidaros, Finn Wagle, y el obispo de Oslo, Andreas Aarflot. Tras avanzar por el pasillo central y ocupar los tronos de coronación de 1818, comenzó el oficio litúrgico. El rey Harald se arrodilló ante el altar mayor mientras el obispo Wagle imponía su mano sobre su cabeza y pronunciaba la oración de consagración: "Bendice al rey Harald V, fortalécelo y guíalo en el ejercicio de sus solemnes responsabilidades". "Recibir la bendición de Dios sobre nuestro trabajo fue una gran fuente de fortaleza", recordaría más tarde el monarca sobre esa jornada.
A continuación, fue la reina Sonia la que se acercó al altar para recibir su propia bendición. El obispo pidió que pudiera poner sus capacidades al servicio del país y del pueblo, subrayando el papel institucional que asumía desde ese momento. Fue así como Noruega recuperó a su reina, ya que el rey Olav, que había perdido a su mujer en 1954, siempre reinó en solitario y pasó a la historia como "el rey viudo". Antes de la llegada de Sonia, como princesa heredera tras su boda en 1968, la primera dama era la princesa Astrid, hermana del y rey Harald y una mujer que a sus 94 años sigue en activo.
Tras el Himno Real y la bendición final, los reyes salieron a las escaleras de la catedral, donde la Guardia Real les rindió honores. Como era tradición, la consagración dio paso a una gira por el país. Durante diez días, los reyes recorrieron el sur de Noruega antes de regresar a Oslo a bordo del yate real Norge. Al año siguiente, toda la familia emprendió un viaje de 22 días por los cuatro condados más septentrionales. Estas giras, heredadas de la Edad Media, simbolizaban el encuentro directo entre la Corona y la ciudadanía en el inicio de un reinado.
Cómo la monarquía noruega gestiona su momento más delicado en décadas
La bendición de Nidaros consolidó la imagen de una monarquía cercana y menos militarizada, en contraste con la etapa marcada por la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. También reforzó el papel de Sonia como primera reina consorte presente en el Storting (Parlamento de Noruega) en casi siete décadas. Aquel 1991 dejó así una doble huella: la continuidad de una institución profundamente arraigada y la voluntad de adaptarla a un país que avanzaba hacia un modelo más abierto y representativo.
Treinta y cinco años después de aquella bendición en Nidaros, la monarquía noruega vuelve a apoyarse en su capacidad de adaptación para afrontar un periodo especialmente exigente. La combinación de la avanzada edad de los reyes, los problemas de salud de la princesa heredera y el impacto institucional del caso Marius Borg ha puesto a prueba a una Casa Real que siempre ha encontrado estabilidad en la continuidad y en el consenso político. La reciente reforma planteada por el Storting, que permitirá a la princesa Ingrid ejercer la Regencia cuando sea necesario, apunta en esa misma dirección: asegurar la operatividad de la institución y reforzar su presencia pública en un momento delicado. Es un paso que conecta con el espíritu de 1991, cuando Harald y Sonia inauguraron su reinado con una bendición que simbolizaba renovación y responsabilidad, y que hoy vuelve a adquirir sentido en la transición hacia una nueva etapa.










