Una psicóloga analiza las palabras de Alejandra Rubio sobre la vida con un bebé en casa: "Hay que aceptar que, durante un tiempo, muchas cosas no van a ser como antes"


La terapeuta Sonia Martínez explica que es normal sentir que la casa es un pequeño caos en las primeras semanas tras las llegada de un recién nacido


Alejandra Rubio disfruta de una de las etapas más felices de su vida junto a Carlo Costanzia y sus dos hijos, Carlo y Tessa© GTRES
5 de noviembre de 2026 a las 18:06 CET

La llegada de un segundo bebé multiplica las demandas y desata una auténtica revolución en el hogar, un momento vital en el que la plenitud convive a diario con el agotamiento más extremo. Bien lo sabe Alejandra Rubio, que está volcada en el cuidado de sus dos pequeños, Carlo, que el próximo mes de diciembre cumplirá dos años, y la recién nacida Tessa, una etapa tan intensa como dulce que ella misma resumía con total naturalidad: "Duermo poco, como cuando puedo… Es un caos ahora mismo la casa. Estoy súper tranquila, súper bien, cuidando de mis hijos y ya está. La verdad que tengo mucha suerte".

Sus palabras resumen muy bien lo que tantas madres sienten: puedes sentirte la persona más afortunada del mundo y, a la vez, ver cómo tus horarios saltan por los aires. Tal y como nos explica la psicóloga Sonia Martínez, directora de los Centros Crece Bien y autora de Descubriendo Emociones, es el momento de aprender a vivir este caos con calma, sin culparse por tener que repartirse entre dos niños y sin perder de vista la salud mental materna. 

Sonia Martínez Lomas, directora de los Centros Crece Bien y autora del libro Descubriendo Emociones© Cedida
Sonia Martínez Lomas, directora de los Centros Crece Bien y autora del libro Descubriendo Emociones

Muchas madres describen la llegada de un recién nacido a casa como un choque entre la euforia y el agotamiento extremo. ¿Qué ocurre a nivel psicológico en esta etapa?

La llegada de un bebé es uno de esos momentos en los que podemos sentir emociones completamente opuestas al mismo tiempo. Podemos estar inmensamente felices y, a la vez, agotadas, desbordadas, inseguras o con ganas de llorar. Y una cosa no quita la otra. De repente, la vida cambia por completo. Los horarios desaparecen, el sueño se interrumpe, las necesidades del bebé pasan a ocupar casi todo el día y la madre tiene que adaptarse mientras también se recupera físicamente del parto.

Además, hay algo de lo que hablamos poco: cuando nace un bebé, también comienza una nueva etapa en la identidad de la madre. Tiene que encontrarse a sí misma en ese nuevo papel, aprender a cuidar a alguien que depende tanto de ella y aceptar que, durante un tiempo, muchas cosas no van a ser como antes. Y eso, por mucho que desees a tu hijo, puede resultar abrumador. No significa que estés disfrutando menos de la maternidad ni que quieras menos a tu bebé.

Frases como "duermo poco y como cuando puedo" reflejan la pérdida inmediata de autonomía. ¿Cómo se gestiona esa situación?

Creo que una de las cosas que más cuesta al principio es descubrir que ya no puedes decidir libremente ni algo tan sencillo como cuándo ducharte, comer o dormir. Antes organizabas tu tiempo; ahora muchas veces es el bebé quien marca el ritmo.

Lo primero es aceptar que durante una temporada habrá menos control y que eso puede generar frustración. Pero aceptar la situación no significa que la madre tenga que renunciar a todas sus necesidades. Aquí el apoyo de la pareja, cuando la hay, y del entorno es fundamental. No se trata de que alguien "ayude a mamá" de vez en cuando, sino de compartir las responsabilidades y procurar que ella también tenga momentos para descansar, comer tranquila o simplemente desconectar.
Y conviene bajar mucho las expectativas. Si hoy has conseguido cuidar de tu bebé, comer algo y descansar un poco, quizá ya has hecho bastante. La casa perfecta puede esperar.

No se trata de que alguien "ayude a mamá" de vez en cuando, sino de compartir las responsabilidades y procurar que ella también tenga momentos para descansar, comer tranquila o simplemente desconectar

Sonia Martínez, psicóloga

En figuras públicas o en redes sociales solemos ver el discurso de «es un caos, pero estoy súper feliz». ¿Existe una presión social por mostrar una maternidad idílica que invisibiliza el desborde real?

Sí, y creo que esa presión hace mucho daño. Parece que una madre tiene que estar feliz todo el tiempo y que, si se queja del cansancio, de la falta de sueño o de lo difícil que está siendo, está siendo desagradecida. En redes sociales vemos momentos preciosos, bebés tranquilos, madres sonrientes… y muchas veces no vemos las noches sin dormir, las lágrimas, las dudas o las discusiones provocadas por el agotamiento.

El problema aparece cuando una madre compara su día a día real con esa imagen idealizada y piensa: "¿Por qué a las demás les resulta tan fácil y a mí me está costando tanto?". Deberíamos poder decir sin sentirnos juzgadas: "Adoro a mi hijo, pero hoy estoy agotada", "necesito un rato para mí" o incluso "hay momentos en los que echo de menos mi vida anterior". Podemos querer muchísimo a nuestros hijos y no disfrutar de todos los momentos de la maternidad. Y decirlo con naturalidad ayudaría a muchas mujeres a sentirse menos solas.

Cuando el día a día se reduce a la supervivencia básica, ¿qué pautas realistas puede aplicar una madre para cuidar de su propia salud mental?

Lo primero que le diría es que no se ponga otra tarea más en su lista. A veces recomendamos a las madres que hagan ejercicio, mediten, salgan a pasear, descansen y encuentren tiempo para ellas. Son consejos estupendos, pero cuando llevas tres noches sin dormir pueden sonar casi a broma. En esta etapa, cuidarse puede ser algo mucho más sencillo: poder ducharse sin prisas, comer sentada, salir a dar un paseo corto o conseguir que alguien se ocupe del bebé mientras descansa.

También es importante no aislarse. Hablar con alguien de confianza y poder decir "hoy no puedo más" sin recibir críticas ni consejos no solicitados alivia muchísimo.
Y aprender a pedir ayuda de forma concreta. A veces funciona mejor decir "¿puedes encargarte del bebé una hora para que descanse?" que esperar a que los demás se den cuenta de lo que necesitamos. Pero también quiero destacar algo: el bienestar emocional de una madre no puede depender únicamente de lo bien que se organice. Necesita apoyo real, descanso y personas que también cuiden de ella.

El cansancio crónico altera el estado de ánimo, la memoria y la paciencia. ¿Cómo distinguir el agotamiento esperable del posparto de señales de alerta que requieren apoyo profesional, como una depresión posparto?

Es normal que durante las primeras semanas haya cansancio, irritabilidad, cambios de humor o momentos de llanto. Incluso algunas madres se sienten más sensibles o tristes sin saber muy bien por qué. Los cambios hormonales, la recuperación del parto y la falta de sueño influyen mucho.
Pero hay señales que no conviene atribuir simplemente al cansancio. Por ejemplo, que la madre esté triste o angustiada casi todo el tiempo, que haya dejado de disfrutar de todo, que se sienta incapaz de cuidar de su bebé, que tenga una culpa muy intensa o que no consiga descansar ni siquiera cuando tiene oportunidad.

También debemos prestar atención cuando el malestar se mantiene más de dos semanas, empeora o es tan intenso que dificulta su vida cotidiana. No hay que esperar ese tiempo si los síntomas son graves. En estos casos es importante acudir a un profesional sanitario o de salud mental. Y si aparecen pensamientos de hacerse daño o de dañar al bebé, o una pérdida de contacto con la realidad, hay que buscar ayuda urgente.
La depresión posparto existe, tiene tratamiento y no dice nada malo de una mujer como madre. Pedir ayuda cuanto antes puede cambiar mucho las cosas.

En esta etapa, cuidarse puede ser algo mucho más sencillo: poder ducharse sin prisas, comer sentada, salir a dar un paseo corto o conseguir que alguien se ocupe del bebé mientras descansa

Sonia Martínez, psicóloga

Dicen que el paso de uno a dos hijos no suma trabajo, sino que lo multiplica. ¿Qué cambios psicológicos experimenta una madre al gestionar por primera vez las demandas simultáneas de dos etapas vitales tan distintas?

Con el primer hijo tienes que aprender a ser madre. Con el segundo, además, tienes que aprender a ser madre de dos niños que te necesitan de maneras muy diferentes.
El bebé necesita cuidados constantes, pero el mayor sigue necesitando atención, cariño, juego y sentirse importante. Y muchas veces las dos demandas llegan exactamente al mismo tiempo.
Recuerdo que es muy habitual que las madres expresen algo parecido a: "Cuando estoy con el bebé siento que estoy dejando de lado a mi hija mayor, y cuando estoy con la mayor siento que no estoy atendiendo al pequeño".
Esa sensación de estar siempre en deuda con alguien puede generar mucho agotamiento emocional. También hay que aceptar que la relación con el hijo mayor cambia. Ya no tiene toda nuestra atención y puede reaccionar con celos, enfados o reclamando más presencia. Eso no significa que estemos haciendo algo mal, sino que toda la familia está aprendiendo a encontrar su nuevo equilibrio. La adaptación no es solo del bebé o de la madre. Es de todos.

La culpa maternal suele reaparecer con fuerza: la sensación de no llegar a todo o de «abandonar» a la hija mayor. ¿Cómo se trabaja esa culpa para no desgastarse emocionalmente?

Lo primero es recordar algo importante: que tu hija mayor tenga que compartir tu atención no significa que esté perdiendo tu amor. Muchas madres se sienten culpables porque ya no pueden dedicarle el mismo tiempo que antes. Y es verdad, probablemente no puedan. Pero eso no significa que la relación vaya a ser peor.
A veces, diez minutos a solas con la mayor, jugando a lo que ella elija, leyendo un cuento o simplemente escuchando cómo le ha ido el día, pueden ser muy valiosos. No necesita que estemos disponibles a todas horas, sino seguir sintiendo que tiene un lugar especial en nuestra vida. También podemos poner palabras a lo que está ocurriendo: "Sé que ahora tengo que atender mucho al bebé y que a veces te gustaría que estuviera más contigo. A mí también me encanta pasar tiempo contigo y vamos a buscar nuestros momentos".
Y, sobre todo, no intentar compensar la culpa permitiéndole todo o llenándola de regalos. Lo que necesita es cariño, seguridad y unos padres que sigan poniendo límites con calma. La maternidad no consiste en llegar a todo ni en conseguir que ninguno de nuestros hijos se frustre nunca. Consiste en acompañarles, quererles y aceptar que nosotros también somos humanos.