María Montessori revolucionó la educación a finales del siglo XIX y principios del XX y, más de un siglo después, sus enseñanzas continúan inspirando a familias y educadores de todo el mundo. Su gran aportación fue cambiar la manera de entender la infancia: el niño dejó de ser considerado un simple receptor de conocimientos para convertirse en el auténtico protagonista de su aprendizaje. Para la pedagoga italiana, cada niño posee unas capacidades, intereses y ritmos de desarrollo propios que deben ser respetados y acompañados, no dirigidos de forma rígida.
Para ello, si hay una reflexión de la reconocida pedagoga italiana que creó escuela es la siguiente: "Nunca ayude a un niño con una tarea en la que siente que puede tener éxito". Sobre ella hemos hablado con Mandy Esteban, docente y Head of Infants en The English Montessori School, quien nos explica con detalle qué significa exactamente esa frase, cómo impacta en el desarrollo de los niños y cómo poner en práctica en casa esta recomendación tan útil para los hijos.
Ayudar puede significar hacer la tarea por el niño; acompañar es estar presente y ofrecer apoyo sin quitarle la oportunidad de hacerla.
Una de las frases más célebres de María Montessori es: "Nunca ayude a un niño con una tarea en la que siente que puede tener éxito". ¿A qué se refería?
Se refería a confiar en el deseo del niño de hacer las cosas por sí mismo y darle el tiempo y el espacio necesarios para intentarlo. Como adulta preparada, observo sin intervenir en exceso y permito que haya errores y repetición, porque también son oportunidades para aprender. La ayuda innecesaria puede convertirse en un obstáculo para su desarrollo. "El primer instinto del niño es actuar por sí solo, sin ayuda de nadie, y su primer acto de independencia es defenderse de los que intentan ayudarlo", dijo también María Montessori.
¿En qué se diferencia acompañar a un niño de ayudarle?
Ayudar puede significar hacer la tarea por el niño; acompañar es estar presente y ofrecer apoyo sin quitarle la oportunidad de hacerla. Acompañar implica observar con atención, validar sus sentimientos y confiar en su proceso. Le transmitimos: "Tú puedes hacerlo por ti mismo", mientras mantenemos límites adecuados a su edad.
¿Cómo debería actuar el adulto cuando ve que un niño está afrontando una dificultad?
Primero, intentaría mantener la calma y darle tiempo para probar, en lugar de resolver la dificultad de inmediato. Si se frustra, reconoceré lo que siente y le acompañaré sin juzgarlo; todas las emociones tienen cabida. Después podemos pensar juntos qué podría hacer de otra manera la próxima vez.
¿Cómo saber cuándo intervenir?
Observo atentamente para distinguir entre una dificultad que el niño está explorando y una situación en la que necesita apoyo. Mi primera respuesta no tiene por qué ser hacer la tarea por él: puedo darle tiempo, ofrecer una pregunta o acompañar su frustración. La libertad necesita límites adecuados a la edad y responsabilidad.
¿Qué ocurre en el desarrollo emocional de un niño cuando consigue algo por sí mismo?
La experiencia le permite comprobar que puede desarrollar habilidades y resolver cosas por sí mismo. Cuando confiamos en sus decisiones, aprende que confiamos en él y empieza a confiar también en sí mismo. Esa autonomía contribuye a la competencia, la autoestima y la autorregulación.
¿Cómo influye la autonomía en la construcción de la autoestima infantil?
La autonomía es la capacidad de "hacer las cosas por uno mismo, sin la ayuda de otros". Cuando el niño puede elegir y actuar dentro de límites adecuados, tiene oportunidades para reconocer sus capacidades y tomar decisiones. Sentirse competente y ver que confiamos en él ayuda a construir su autoestima.
"Nadie puede ser libre a menos que sea independiente; por lo tanto, las primeras manifestaciones activas de libertad individual del niño deben ser guiadas de tal manera que a través de esa actividad el niño pueda estar en condiciones para llegar a la independencia". — María Montessori
¿Puede un exceso de ayuda transmitir al niño el mensaje de que no confiamos en sus capacidades?
Sí, puede transmitirlo, aunque nuestra intención sea protegerlo o hacer las cosas más rápido. Cuando hacemos por él algo que está preparado para intentar, podemos privarle de la experiencia de decidir y descubrir lo que es capaz de hacer. Como decía María Montessori: "Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo".
¿Qué relación existe entre esta filosofía y el desarrollo de la resiliencia y de la tolerancia a la frustración?
Si evitamos cada dificultad, el niño tiene menos oportunidades de practicar cómo afrontar la frustración y recuperarse de un contratiempo. Podemos validar lo que siente, sostenerlo y permitir que atraviese la experiencia, en vez de apartar siempre el obstáculo. Con libertad dentro de límites y responsabilidad, la autonomía puede favorecer la resiliencia y la autorregulación.
Cuando confiamos en sus decisiones, aprende que confiamos en él y empieza a confiar también en sí mismo.
¿Qué señales indican que estamos resolviendo problemas que ellos podrían resolver solos?
Una señal es que intervenimos antes de observar qué puede hacer el niño o antes de darle tiempo para intentarlo. También conviene preguntarnos si estamos haciendo por él una tarea que podría practicar, repetir y mejorar, aunque el resultado no sea perfecto. En la vida práctica, incluso una tarea imperfecta, como limpiar un derrame, puede ser un progreso sobre el que construir.
¿Qué consejos le daría a una familia que, agobiada por las prisas o por la lentitud de su hijo, acabe casi siempre haciendo cosas que el niño podría hacer solo?
Empezaría por elegir algunos momentos del día en los que puedan ofrecerle tiempo y oportunidades para hacer cosas por sí mismo. Preparar el hogar para favorecer la independencia, en lugar de controlarla, puede ayudar; también es importante recordar que el ritmo del niño no siempre coincide con el del adulto. Apreciemos el intento, aunque no sea perfecto, y acompañemos con calma, paciencia y límites adecuados a su edad.






