Hablamos con Juan González, el maestro con más de 3 millones de visitas en redes al que sigue Penélope Cruz: "Solo quiero dejar esto un poco mejor de como me lo encontré"


Un vídeo en el que reproduce una canción con lengua de signos en el aula se ha convertido en viral, pero el docente lleva años aprovechando el poder de la música como herramienta de aprendizaje


Juan González Caballero, docente onubense© Cedida
23 de octubre de 2026 a las 15:06 CEST

A Juan González Caballero todavía le cuesta digerir el revuelo mediático provocado por un simple gesto dentro de su aula. Lo que nació como una actividad improvisada de un viernes cualquiera en el Colegio Diocesano Sagrado Corazón de Jesús de Huelva se ha transformado en un fenómeno global: su último vídeo ha alcanzado millones de reproducciones y ha despertado el interés de medios incluso internacionales. Un auténtico boom que ha pillado por sorpresa al propio docente, cuya autenticidad ha conseguido que el vídeo se viralice.

El origen de este impacto masivo no pudo ser más espontáneo. Todo comenzó cuando una alumna de segundo de Primaria le mostró en el recreo un vídeo que había descubierto en el móvil de su madre: la canción Bonito, bonito, un tema creado con Inteligencia Artificial por Thiago Navarro. La pequeña se había aprendido los gestos en Lengua de Signos y quiso compartirlos con su maestro. Contagiado por su entusiasmo, Juan ensayó los movimientos durante el descanso y propuso un trato a su clase de primero: si avanzaban con energía en las tareas del día, la recompensa sería aprender a signar el tema. El resultado no solo fue una lección sobre expresión corporal, sino una valiosa ventana para reflexionar en clase sobre la inclusión, la empatía y la necesidad de comunicarnos sin barreras.

Esta iniciativa es solo el último reflejo de una forma de enseñar que lleva años transformando el colegio onubense, donde las lecciones no solo se escuchan y se leen, sino que se cantan, se bailan y se sienten. Con guitarras y baterías presidiendo el aula, González Caballero utiliza la música como hilo conductor para fijar contenidos curriculares de Matemáticas, Ciencias o Lengua. El maestro demuestra que el aprendizaje más significativo entra mejor con ritmo. Tras este inesperado éxito viral, hemos tenido la ocasión de hablar con él para profundizar en su vocación, su método didáctico y cómo gestiona en el día a día el alcance transformador de sus clases. Y solo podemos decir que ojalá más profesores como Juan.

Juan González Caballero, docente onubense© Cedida

Juan, el vídeo interpretando ‘Bonito, bonito’ en lengua de signos nos ha dejado alucinados, a nosotros y a millones de personas. ¿En qué momento te diste cuenta de que su repercusión era tan grande?

¡Uy! El vídeo ya va por más de 3 millones de personas. Ha sido algo increíble. No pensaba que iba a tener esta repercusión. Además, hay cosas que me están sorprendiendo. Ayer, por ejemplo, me mandó un mensaje Carolina Marín, que es paisana, por Instagram para felicitarme. Luego vuelvo a mirar el móvil y me doy cuenta de que Penélope Cruz me estaba siguiendo. Tiene 7 millones de seguidores, no me lo puedo creer; es algo que me está superando. Yo verdaderamente lo miro desde el cariño, porque al final es una muestra de afecto de la gente hacia mí.

Todo esto me sobrepasa un poco, pero trato de tenerlo bajo control en la medida de lo posible. Sé que esto es efervescente: dura un tiempo y luego cae. Lo que pasa es que este tiempo me ha sucedido varias veces, aunque no tan fuerte como esta. Cuando Alejandro Sanz me siguió y me compartió, llegué a 15.000 seguidores en Instagram, por ejemplo, y a mí eso ya me parecía una cosa increíble. Yo no soy constante en redes sociales, pero ya voy por 53.000 seguidores y arranqué el viernes con 12.000. Está siendo todo muy bonito.

Me mandó un mensaje Carolina Marín por Instagram para felicitarme, que es paisana. Luego vuelvo a mirar el móvil y me doy cuenta de que Penélope Cruz me estaba siguiendo

Juan González Caballero, docente

Has contado que todo nació de manera casi fortuita por una alumna de 2º de Primaria durante el recreo. ¿Cómo se vive el paso de una simple anécdota de un viernes a que se ponan en contacto contigo hasta medios internacionales?

Exactamente, una niña de segundo de primaria a la que le doy clase de coro. Me dice: "Profe, mira qué canción más bonita. Me la sé con lengua de signos". La cantamos y la interpretamos mientras ella me la enseña. Subí a clase y recompensé a mis alumnos por la mañana de esfuerzo y trabajo. Suelo darles un rato de baile o de música, o hacemos una coreografía; es su recompensa. Le dedicamos cinco o diez minutitos, muy poquito tiempo.
La cantamos un par de veces. A los niños les encanta. Lo hacemos un par de veces más y a la tercera digo: "Lo voy a grabar". Lo grabo, lo pixelo y me lo guardo. Cuando llegué a casa dudé si subirlo, porque la calidad del vídeo tampoco me convencía mucho. Pero pensé: "Voy a subirlo, que hace mucho tiempo que no subo nada". A partir de ahí me eché un rato en el sofá y cuando abrí los ojos me di cuenta de lo que estaba pasando. No ha parado hasta hoy: la cuenta no para de crecer. No sé si habrá sido el algoritmo o quiero pensar que he ido coincidiendo en los primeros estadios con personas muy buenas a las que esta aventura les ha encantado y enamorado. A partir de ahí he ido creciendo.

Además, se ha empezado a compartir. Por ejemplo, Eva González también lo compartió en sus stories, y cuando lo comparten personas así tiene mucha repercusión y se viraliza antes.

En tu aula no solo hay libros: hay guitarras, batería, piano eléctrico... ¿Cómo se transforma la dinámica de una clase cuando la lección pasa de leerse en un libro a cantarse o bailarse?

Yo el libro lo utilizo muy poquito. Creo en el libro como un recurso más, igual que lo es un lápiz, un vídeo de internet o una guitarra. Lo utilizo para cosas concretas en las que sé que es necesario que los niños escriban o sigan una secuencia, pero por regla general no de manera constante. Lo he ido abandonando porque he descubierto otros recursos más interesantes, atractivos y eficientes. Lo aplico sobre todo a través de canciones y rutinas musicales. No solo uso la música: la magia y el cuento están muy presentes para la introducción de temas, sobre todo en el cálculo matemático.

Tras 20 años he generado muchas rutinas musicales con las que trabajo diariamente en la lectura, la adquisición de contenidos y algunas rutinas matemáticas (las tablas de multiplicar, las restas, la introducción a las sumas...). Yo no soy el profe de música: soy el profe de Lengua que enseña con música. Esto es muy peculiar.

Cuando doy alguna formación les digo a los docentes que cada uno tiene que buscar la clave que le permita llegar al niño y conectar con él, que es lo verdaderamente importante para que se dé un aprendizaje efectivo. A nivel neuronal hay estudios científicos que avalan todo este trabajo con música por el potente efecto que tiene en el desarrollo cerebral del niño: a efectos de memoria, rutinas, dinámica, atención y para atender a la diversidad. En mi aula hay niños con TEA, TDAH, algún TOC, varios disléxicos y dislalia; tengo muchas necesidades educativas especiales. Todo eso lo atiendo a través de la música, porque enriquece mucho el trabajo.

Abandono el libro en el momento en el que me doy cuenta de que con una canción no es necesario copiar 200 veces la tabla del cinco, ni hacer 2 millones de multiplicaciones, ni llevar trabajo a casa complicándole la vida a los padres. La primera canción la hice hace 20 años sobre la tabla del seis, y los niños de hace 20 años aún la recuerdan.

He conseguido llegar a un esquema de canción que simplifica mucho el proceso: cuando la canción no sobrepasa el minuto y medio, el aprendizaje es más rápido y eficaz. Lo que hago es una intro con una historia o situación que la ambiente, entro a tope con las tablas y hago un fin de fiesta al que los niños están locos por llegar para saltar, bailar, cantar o tocar las palmas. Lo hago tratando de optimizar y economizar los tiempos, haciendo que el aprendizaje perdure. La neurociencia nos dice que todo lo aprendido a través de la música perdura mucho más tiempo y es menos susceptible de ser dañado por factores externos; la memoria musical es patente y efectiva. Además, yo utilizaba la música de joven para mi propio aprendizaje, así que sé perfectamente que funciona.

Cada uno tiene que buscar la clave que le permita llegar al niño y conectar con él, que es lo verdaderamente importante para que se dé un aprendizaje efectivo

Juan González Caballero, docente

Estás plasmando el ejemplo que ha funcionado en ti. Pero es que, con esta actividad no solo habéis trabajado el ritmo, sino también la empatía y la comunicación no verbal. ¿Qué respuesta has visto en los niños al descubrir que existen otras formas de comunicarse como la lengua de signos?

Exactamente. Cuando se dan cuenta de que hay un esquema y un sistema elaborado con el cual nos podemos comunicar con personas sin audición, alucinan. Yo no tengo ningún niño con sordera en la clase, pero sí tengo niños que necesitan empatizar, porque eso necesitamos aprenderlo. La escuela tiene una deuda en las aulas: nuestra impronta debe ser de igualdad, educación y cercanía, siendo una escuela inclusiva en la que todo el mundo tenga cabida.

Cuando la barrera de la comunicación te impide llegar al otro, dejamos de ser iguales. Cuando hablas de esto en clase y les dices que no estamos haciendo un bailecito, sino que una persona sorda nos estaría entendiendo e incluso percibiendo el compás por nuestro ritmo y movimientos, alucinan. Les decía que esto es como el que aprende un idioma nuevo. Todo esto ha generado una conciencia en ellos y pienso que en gran parte de la sociedad gracias a la repercusión del vídeo. Al viralizarse, ha puesto sobre la mesa la necesidad de incluir programas de inclusión en la escolarización y de poner en valor la riqueza de la lengua de signos.

Juan González Caballero, docente onubense© Cedida

Imaginamos que a veces la burocracia o el cansancio del día a día frenan la creatividad en la enseñanza. ¿De dónde sacas la energía y las ganas para seguir renovando tus clases y buscar siempre fórmulas diferentes?

Cuando te va la vida en esto, echas toda la carne en el asador. Mi tono de voz no suele ser este, pero me quemo y luego el fin de semana me recupero un poco. Al final, cuando los niños te tocan el corazón no tienes más remedio que darte, porque te aportan una riqueza enorme. Cada uno se realiza en su profesión, pero lo que te aportan las personas, y sobre todo los niños, es algo tan puro y noble que no tienes más remedio que darte. Cada día tiene su dureza y sus problemas. Yo paro una clase si veo a un niño sufriendo, triste o llorando, porque resolver ese obstáculo facilita el aprendizaje, que es a lo que realmente se va al colegio. Si pasas por encima del problema del niño generas un mal mayor: no se le escucha, entra en apatía, no entiende lo que hace y todo se hace una bola.

Hay que leer muy bien el ritmo de la clase. Se lo digo mucho a los universitarios cuando me invitan a dar charlas: escuchad siempre a los niños. Aunque parezca que estáis perdiendo el tiempo, lo estáis ganando, porque facilita el ritmo de aprendizaje. Es como empezar un tema sin una evaluación inicial: si no sé de dónde parto, ¿cómo voy a empezar? Necesito saber qué sabe el niño para arrancar con el resto de conocimientos. Muchas veces somos monologuistas en clase y damos grandes discursos, cuando no hace falta hablar tanto.

¿Cuánto tiempo llevas en la docencia, Juan?

Llevo 21 años en la docencia, prácticamente siempre vinculado al mismo ciclo de primaria.

Lo bonito de esto es que cuando los niños evolucionan y aprenden, se quedan con cosas que les enseñaste, te dan una recompensa emocional a corto y medio plazo

Juan González Caballero, docente

Con todo este recorrido, ¿cómo ha cambiado todo en relación con el maestro que empezó a dar sus primeras clases?

Muchísimo. Ahora mismo tenemos un problema gravísimo con las pantallas: el niño almuerza con pantalla, ven la televisión, tienen plataformas en casa, videojuegos, redes... Hay cosas que han muerto; por ejemplo, para mí uno de los motores del aprendizaje es la curiosidad. Cuando un niño no tiene pantallas es curioso, pero cuando está atiborrado de información se mata de alguna manera esa curiosidad. Las redes sociales atacan ahí porque conocen los estímulos que generan ciertas cosas en los niños y en los padres.

Quitando el recreo, son cuatro horas y media que el niño está contigo trabajando y esforzándose. Además, a nivel educativo los niños han cambiado mucho: ya no existe la cultura del trabajo y del esfuerzo; no están educados en el sufrimiento, y los sufrimientos llegan. Se lo cuento mucho a los padres: criamos a los niños como príncipes y princesas Disney, todos son maravillosos futbolistas o tenemos al futuro Messi o Cristiano Ronaldo en casa, cuando no es así. Obviamos una parte muy importante: todas las princesas y príncipes Disney sufrieron, y lo grande de esas historias es que supieron responder ante el sufrimiento con esfuerzo, lucha, constancia, optimismo, empatía y perdón. Nos hemos quedado solo con el final feliz de "comieron perdices", pero en la vida no siempre hay perdices.

El sufrimiento aparece en el amor, en las notas, en las evaluaciones o en el fracaso laboral, y no estamos preparando a una sociedad cualificada para responder ante él. Vemos índices gravísimos de problemas como el suicidio que están haciendo estragos, y los chavales no saben cómo actuar. Ahora no dejamos que los niños se aburran: les damos el móvil. Todo ha cambiado muy rápido y como sociedad no nos estamos preparando. Tenemos una responsabilidad frente a ellos para educar a una sociedad madura y con valores.

Por eso este vídeo que transmite ilusión, educación y muestra a los niños divirtiéndose con música sin una pantalla es un puntito de esperanza, ¿no lo ves así?

Como educador que me siento, creo en el cambio y tengo que tener esperanza; si no, no creería en la educación. Lo bonito de esto es que cuando los niños evolucionan y aprenden, se quedan con cosas que les enseñaste, te dan una recompensa emocional a corto y medio plazo. Es algo que me gratifica muchísimo como persona: ver que dejas algo en ellos. De aquí no nos llevamos nada, pero dejar un poquito de ti en los niños... es irresistible enamorarse de eso. Es lo que trato de transmitir a mis alumnos y a las familias. Los grupos de padres confían mucho en mí y me piden para el curso siguiente; el profe Juan es como la "estrella del rock" [risas]. Te voy a contar una anécdota: Yo vivo en San Juan del Puerto, un pueblo cerca de la capital, y trabajo en Huelva. Les contaba a mis hijos que al salir del cole la gente me pedía fotos, me saluda y me grita "¡maestro!", y ellos me decían: "¡Anda ya!". Cuando llegaron a la edad de venirse conmigo a mi cole y vieron que era verdad, alucinaron. Es un cariño exacerbado.
Cuando los niños vienen a mi clase, los padres ya saben a lo que van. Esa transparencia ayuda a que confíen en ti, y que el niño sepa que su padre confía en la persona que tiene delante le da seguridad y provoca el entusiasmo que nos hace aprender.

Juan González Caballero, docente onubense© Cedida
Juan González Caballero, docente onubense

A ti, además, en el colegio se te oye llegar porque coges la guitarra rápidamente y se te escucha por todo el pasillo.

Totalmente... Tengo dos baterías en mi clase y una guitarra eléctrica. Lo que pasa es que ya ha llegado el efecto mediático del maestro Juan y todo esto tiene que respaldarse con lo que hago, evitando que el personaje supere a la persona. Al fin y al cabo esto dura unos días, luego empezarán a bajar los seguidores y aparecerán los haters. Tenemos que dar destrezas a los niños para que aprendan a gestionar sus emociones y el sufrimiento, porque no todo en la vida es éxito. La edad no te hace madurar: lo que te hace madurar en la vida es superar el sufrimiento. Y que maduren es crucial para no infantilizar a la sociedad.

Creo que vas a ser uno de esos profesores que dejan huella y de los que muchos alumnos de Huelva se van a acordar dentro de muchos años.

Sería maravilloso. Considero que recibo mucho más de lo que doy, así que no me queda más remedio que seguir dándome. He elegido la mejor profesión del mundo no solo por el tópico, sino porque me apasiona lo que hago. Tengo familia, vida fuera del cole y muchos amigos, pero para mí el sitio donde me recupero, el lugar donde tomo aliento, donde cargo pilas,paisa aunque me la desgasten también, donde recupero la calma, es con los niños. Y al final es algo muy bonito. es lo que me ha hecho crecer como persona. Me gusta poner mi granito de arena. Una vez me preguntaron qué epitafio querría para cuando no esté aquí y dije: "Maestro Juan: intentó dejar esto un poco mejor de como se lo encontró. Fin". Es lo único que quiero. Si eso conecta con las redes sociales y con los vídeos, bienvenido sea. Lo que quiero transmitir es que hay que apasionarse por esto porque merece la pena. Si somos educadores estamos para esto, no solo para cobrar a final de mes o para abrir el libro por la página 20 y hacer el ejercicio. Tenemos que engancharnos al carro de la enseñanza y de la innovación porque nos va la vida como sociedad.