Con la llegada del otoño, la calabaza está en su mejor momento. Es habitual encontrarla en cremas, purés y calabazas rellenas… recetas reconfortantes que nunca fallan cuando bajan las temperaturas. Pero este alimento tan versátil tiene mucho más que ofrecer: podemos incorporarlo a ensaladas, preparar aperitivos diferentes, elaborar salsas...
Antes de descubrir estas ideas para aprovechar este 'tesoro' de la huerta otoñal de una manera diferente, vamos a repasar sus principales propiedades nutricionales:
PROPIEDADES NUTRICIONALES DE LA CALABAZA
- Bajo aporte calórico. La calabaza aporta aproximadamente 26 kcal por cada 100 g en crudo. Gracias a su alto contenido en agua y su bajo valor energético, es una excelente opción para preparar platos sabrosos y saciantes sin aportar demasiadas calorías.
- Fuente de betacarotenos. Su característico color anaranjado se debe a los carotenoides, entre ellos el betacaroteno, que el organismo puede transformar en vitamina A, necesaria para mantener una visión normal y cuidar la piel y las mucosas.
- Aporta fibra. La calabaza proporciona fibra alimentaria, que contribuye al funcionamiento normal del tránsito intestinal y ayuda a completar una dieta equilibrada.
- Contiene vitaminas y minerales. Además de sus carotenoides, aporta pequeñas cantidades de vitamina C, folatos y minerales como el potasio. Su composición puede variar en función de la variedad y del grado de maduración.
IDEAS PARA INCLUIR LA CALABAZA EN TUS MENÚS DE OTOÑO
Como decimos, la calabaza es un alimento muy versátil; aquí van algunas pistas para sacarle partido y salir de las opciones más clásicas.
1. Ingrediente para ensaladas
La calabaza puede convertirse en un ingrediente estupendo para las ensaladas, tanto cocinada como cruda. Asada y cortada en dados, combina muy bien con hojas verdes, legumbres, quesos y frutos secos. Podemos preparar, por ejemplo, una ensalada templada de calabaza, lentejas, granada y queso feta, o combinarla con rúcula, pera, nueces y queso azul. También podemos utilizarla cruda, cortada en láminas muy finas con un pelador de verduras o una mandolina, para aportar un toque crujiente y ligeramente dulce. En este caso, conviene elegir una calabaza firme, de sabor suave y agradable en crudo.
2. Un hummus diferente
¿Por qué no darle una vuelta al clásico hummus incorporando calabaza asada? Basta con triturarla con garbanzos cocidos, tahini, zumo de limón, ajo y aceite de oliva para conseguir una crema suave y con un punto dulce. Podemos aromatizarla con comino, pimentón o un toque de harissa, y terminarla con pipas de calabaza tostadas. Es una alternativa original para servir como aperitivo, acompañada de pan de pita, tostadas o crudités de verduras.
3. Buñuelos y tortitas saladas
La calabaza también sirve para preparar pequeños bocados dorados por fuera y tiernos por dentro. Podemos incorporarla rallada o cocida y bien escurrida a una masa con huevo, harina y especias, y formar buñuelos o tortitas para freír o cocinar en la sartén con un poco de aceite. Admite combinaciones con queso feta, parmesano, cebollino y otras hierbas aromáticas. Para acompañar, una salsa de yogur con limón aporta un contraste fresco. Un consejo: si utilizamos calabaza cocida, es importante retirar el exceso de agua para que la masa no quede demasiado blanda.
4. Latte de calabaza
La calabaza también puede convertirse en la protagonista de una bebida caliente, cremosa y aromática, perfecta para los días de frío. Podemos preparar una versión casera del famoso pumpkin spice latte mezclando puré de calabaza asada con leche caliente, café espresso, canela, jengibre y una pizca de nuez moscada. Basta con triturar o batir bien los ingredientes hasta conseguir una bebida homogénea y espumosa, y endulzarla al gusto. Si preferimos una versión sin café, podemos sustituirlo por más leche o por una bebida vegetal. Para terminar, podemos añadir un poco de espuma de leche y espolvorear canela por encima.
5. Carpaccio de calabaza
Una forma sorprendente de utilizarla es servirla cruda, cortada en láminas muy finas con ayuda de una mandolina o un pelador de verduras. Podemos aliñarla con aceite de oliva virgen extra, zumo de limón o naranja y un poco de sal, y completar el plato con lascas de parmesano, avellanas tostadas o semillas. También admite combinaciones con hierbas frescas y vinagretas de mostaza. Para que resulte agradable al paladar, conviene elegir una calabaza fresca, firme y de sabor suave, retirar la piel y cortar la pulpa lo más fina posible. Si es la primera vez que la probamos cruda, podemos preparar una pequeña cantidad para comprobar su textura y sabor.
6. Salsa cremosa para pasta
La textura de la calabaza cocinada permite convertirla en una salsa cremosa sin necesidad de recurrir siempre a la nata. Basta con triturarla, una vez asada o cocida, con ajo asado, aceite de oliva y un poco del agua de cocción de la pasta para conseguir una base suave y untuosa. A partir de ahí, podemos añadir parmesano, salvia, pimienta negra o nuez moscada. Otra posibilidad es combinarla con leche de coco y curry para preparar una salsa especiada, ideal para acompañar noodles o arroz.
7. Aprovechar las semillas
Las pipas de calabaza son otro ingrediente con muchas posibilidades. Una vez separadas de la pulpa, lavadas y secadas, podemos tostarlas en el horno hasta que estén doradas y crujientes. Después, se pueden utilizar como topping para ensaladas y verduras o triturarse para elaborar un pesto diferente, con albahaca o perejil, ajo, aceite de oliva, limón y queso curado. También podemos mezclarlas con avena, frutos secos y especias para preparar una granola salada, perfecta para añadir textura a cremas, ensaladas o verduras asadas. Es una manera sencilla de aprovechar mejor el producto y reducir el desperdicio alimentario.
8. Gajos crujientes
En lugar de cortarla en dados para asarla como guarnición, podemos preparar gajos especiados que recuerden a las patatas gajo. Para ello, cortamos la calabaza en piezas de tamaño similar, retiramos las semillas y las condimentamos con aceite de oliva, pimentón, ajo en polvo y hierbas aromáticas. Las colocamos en una bandeja sin amontonarlas y las horneamos a unos 200°C, dándoles la vuelta a mitad de cocción, hasta que estén doradas y tiernas. Para conseguir una cobertura más crujiente, podemos añadir una capa ligera de pan rallado grueso o panko. Se pueden servir con salsa de yogur, mayonesa de hierbas o una salsa picante, como aperitivo o acompañamiento.
9. Ingrediente de sándwiches y tostadas
La calabaza asada también puede ser protagonista de un sándwich o una tostada. Su sabor combina especialmente bien con quesos cremosos, hojas verdes, frutos secos y condimentos ácidos o picantes. Por ejemplo, podemos preparar un sándwich con calabaza asada, feta batido con limón, rúcula y un toque de miel. Otra opción es servirla sobre pan tostado con ricotta, avellanas y pimienta negra, o combinarla con cebolla caramelizada y queso de cabra en una focaccia.
10. Ideas de aprovechamiento
Si nos sobra calabaza asada, no hace falta limitarse a recalentarla o convertirla en crema. Podemos incorporarla a una tortilla, mezclarla con arroz o cuscús, añadirla a un relleno de empanadillas o utilizarla como base para una pizza vegetal. También funciona muy bien en masas de pan, bizcochos y magdalenas, donde aporta humedad y una textura tierna. Es una forma práctica de aprovechar las sobras y descubrir nuevas posibilidades para un ingrediente tan versátil.
















