Velas encendidas; dalias, caléndulas, flores de cempasúchil y crisantemos; calaveritas de azúcar; esqueletos con ponchos multicolor y sombreros de mariachi… y retratos de mujeres indomables a las que no se les llamaba por su nombre porque ellas eran superlativas y, antes que nada, tenían un título universal. “La Doña”, “La Señora”, “Saritísima”… Mujeres que amaron —y mucho— en la pantalla grande y en canciones desgarradas, pero, sobre todo, en la vida. Y aunque ya no estén con nosotros, en realidad, no nos han abandonado nunca, porque, al igual que las joyas que lucían sobre su pecho o en las manos, eran —son— eternas.
Solo hay una fiesta en el mundo en la que se celebra eso, la trascendencia, la memoria y la vida más allá de la muerte, y sucede en México. Se conoce como el Día de Muertos, aunque la fiesta empiece justo cuando cae la noche, y JOSE LUIS Joyerías aprovechaba, hace unos días, los últimos rayos de sol para, con la luz de sus piedras preciosas, emular esa fiesta, iluminar el cielo madrileño y transportarnos a un mundo mágico. Uno que podría haber pintado Frida Kahlo con colores saturados y aves del paraíso ¿El motivo? Su desembarco en el país de Silvia Pinal y Jorge Negrete, y con nuestra revista, ¡HOLA!, como copiloto.
Para esta celebración, la casa española no quiso escatimar en nada. Ni tampoco en nadie. Lo hacía con un homenaje a la otra orilla del océano, a su desbordante riqueza cultural y a sus tradiciones más enraizadas y populares. Esas que conocen bien algunas de las mujeres que profesional, emocional y sentimentalmente están unidas a esa tierra de ultramar que esconde en sus entrañas ópalos y esmeraldas que hoy forman parte de la colección Inmortal Love, de la casa joyera española.
Maribel Verdú llevaba en su cuello una impresionante esmeralda de 10,66 quilates, en talla corazón, rodeada de 125 brillantes, de JOSE LUIS Joyerías
Una de esas piedras verdes, en talla corazón y con unos impresionantes 10,66 quilates, colgaba del cuello de una amiga de la firma, acompañada por 125 diamantes naturales en talla lágrima y brillante. ¿Su nombre? Maribel Verdú. Una actriz que por tres veces ha ocupado la pantalla grande en los Shrine Pavilion de los Oscar. La primera, por la española Belle époque, pero luego como musa de dos cineastas mexicanos: Alfonso Cuarón, con Y tu mamá también, y Guillermo del Toro, con El laberinto del fauno.
Y en esta puesta de largo de JOSE LUIS Joyerías se reinterpretaba como (otra) grande del cine de todos los tiempos: María Felix. Lo hacía con un vestido de volantes negro, que dejaba sus clavículas al descubierto, y con el que parecía revivir a aquella diva que, arqueando la ceja, decía cosas como: “A un hombre hay que llorarle tres días… Y al cuarto, te pones tacones y ropa nueva” o “soy demasiado cab** para ser víctima y muy mujer para ser tu rival”.
Sin abrir la boca, Shaila Dúrcal ya es la viva imagen de otra leyenda. Pero si encima entona un si bemol y mueve las manos y la barbilla, ya no das crédito. Pero la cantante no se quedó solo en eso, en parecerse físicamente a su madre: con un vestido fucsia y de flecos interpretó algunos de los mayores éxitos del espejo en el que se mira. De “mami”, como ella la llama, aunque para nosotros, el resto de mortales, será para siempre “la Reina” —más bonita que ninguna— de las rancheras (y no solo): Rocío Dúrcal. Un concierto en el que no faltaron sus temazos con Juan Gabriel ni tampoco sus grandes himnos: No lastimes más y, por supuesto, La gata sobre la lluvia.
Canciones que forman parte de la memoria sentimental colectiva de ambos lados del Atlántico y que tan pronto tarareaban Nuria March y María Palacios, que, por cierto, comparten coach de voz y también, coro hacían mover las caderas a Adriana Abascal —de piernas y botas infinitas—, recién llegada de París. Porque iba a (re)vivir por adelantado una noche que para ella es, paradójicamente, muy especial. Y es que ella —y su madre— nacieron la víspera del Día de Muertos: el 31 de octubre.
"Conocí a María Félix cuando tenía 19 años", confesó Adriana Abascal. "Me marcó muchísimo. Conmigo siempre fue superamable. Quizá vio algo suyo en mí o quizá le di ternura"
“En casa, primero celebrábamos Halloween, con toda su diversión y extravagancia, y enseguida llegaba el Día de Muertos. En México lo vives por todas partes: una celebración llena de color, de vida y de esa magia, ese misticismo y ese surrealismo tan propios del país”. Porque Adriana, a la hora de vestir, tendrá el mismo allure que Jackie Kennedy, pero ¿identificarse?: “Totalmente con mujeres de mi país. Mi personalidad es como la de María Felix”, nos confesaba.
"Lo mejor de mi madre era la persona, la humildad que tenía y la grandeza que tenía como ser humano, y luego ya como artista. La tengo muy presente", contó Shaila Dúrcal
De la protagonista de Doña Diabla también era la frase: “Los hombres son como las joyas: se presumen, pero no se prestan”. Y durante la noche de JOSE LUIS Joyerías fuimos testigos de cómo hay mujeres que, de puro estupendas, presumen de otros señores estupendos y brillan tanto como sus joyas. Véase Lara Dibildos, véase Mónica Sada o véanse las tres hermanas Mijatovic, es decir, las bellísimas hijas del legendario jugador madridista Pedja Mijatovic y de Aneta: Nadja, Nina y Lola, que acudieron con el chico de esta última, la pequeña, Charlie. Con ellas descubrimos que hoy las mujeres de rompe y rasga no son “rarae avis”, sino que en realidad no lo fueron nunca y que la rivalidad entre ellas es solo cosa de hombres.
“Esta noche es como una reunión de amigas. Siempre es un gusto volver a coincidir con compañeras como Maribel, Olivia o Natalia. Da mucha alegría encontrarte, hablar, charlar y luego compartir…”, decía Vanesa Romero, con rosas encarnadas en su pelo rubio y un vestido negro ceñidísimo de encaje, como el de Natalia Verbeke, pero este con transparencias; el de Olivia Molina (hija de Ángela Molina, musa de Buñuel), con un dos piezas y moño altivo, o el corpiño de Ruth Lorenzo, que pese a estar muy apretado dejaba latir su corazón por un señor rubio, como la cerveza Coronita, con quien, nos dijo, pasará por el altar, porque ya tiene anillo de compromiso.
Y es que ya lo decía Rocío Dúrcal en una canción cuando aún no había cambiado Cuatro Caminos por Ciudad de México: “Las piedras de mis collares no pienses que son diamantes... Pero brillan tanto, tanto, que no hay un hombre en el mundo que no se quede deslumbrado”. Gracias a JOSE LUIS Joyerías, esos pedruscos de los que hablaba Marieta sí que lo son. Y de miles de facetas.






















