Para sacar buenas notas en matemáticas, no hace falta sentarse todas las tardes a hacer fichas. Y no lo decimos nosotros: lo afirma con rotundidad Laura Gómez Pozo, profesora conocida en redes sociales ‘Lauri Math Teacher’ (@laurimathteacher), a quien hemos entrevistado para averiguar qué es lo que podemos hacer en casa con niños y adolescentes que quieran mejorar en esta asignatura que a no pocos de ellos se les 'atraviesa'. Y nos da una clave que no se suele tener en cuenta y es que, si conseguimos que nuestro hijo o nuestra hija relacione las matemáticas con algo que les interesa, "cambia completamente su actitud". Y, por mucho que lo que más les interese sea algo que aparentemente nada tenga que ver con esta materia, ya sea el fútbol, los dinosaurios o bailar, siempre habrá aspectos que se puedan relacionar. "Cuando empiezas a mirar el mundo con ojos matemáticos, encuentras ejemplos por todas partes", nos asegura Lauri, que ha creado su propia academia online para alumnos de la ESO.
Le hemos preguntado acerca de qué es lo que hace que muchos niños y adolescentes crean o digan que no se les dan bien las Mates y, sobre todo, acerca de qué hacer para que cambien su visión y su manera de acercarse a esta asignatura. Ese es el primer paso para transformar el miedo o el desinterés en curiosidad y, con ello, mejorar no solo las notas, sino también la relación que niños y adolescentes mantienen con esta materia.
No hace falta sentarse todas las tardes a hacer fichas de matemáticas
¿Cómo acercar las matemáticas a los niños?
La idea clave es relacionarlas con su mundo. Yo creo que lo más importante es que entiendan que las matemáticas no son solamente números, operaciones y ejercicios de un libro. Las matemáticas están en todas partes, aunque muchas veces no nos demos cuenta. Están en la música, en la naturaleza, en los deportes, en los videojuegos… ¡En muchísimas cosas que les encantan! Cuando consigues relacionar las matemáticas con algo que les interesa, cambia completamente su actitud. Y, sobre todo, hay que intentar que no las vean como algo que tienen que sufrir para aprobar, sino como algo que pueden llegar a disfrutar.
¿Qué hacer si tienen rechazo hacia ellas o se frustran mucho cuando no les salen ciertos ejercicios o problemas?
Lo primero es tener paciencia y no hacerles sentir que no son capaces. A veces, detrás de ese rechazo hay una mala experiencia, un ejercicio que no han entendido o la sensación de que los demás van más rápido que ellos. Yo siempre digo que no pasa nada por equivocarse, porque precisamente aprendemos cuando nos equivocamos y entendemos dónde hemos fallado. Hay que ir poquito a poco, buscar el punto en el que se han perdido y volver a construir desde ahí. Y algo muy importante: no comparar a un niño con otro, porque cada uno tiene su ritmo.
¿Qué pueden hacer los padres para reforzar el aprendizaje de las matemáticas en casa sin convertirlo en una obligación?
Aprovechar las situaciones del día a día. Cuando vamos a comprar, podemos calcular cuánto nos van a devolver; cuando cocinamos, podemos medir cantidades; cuando viajamos, calcular distancias o tiempos… No hace falta sentarse todas las tardes a hacer fichas de matemáticas. De hecho, muchas veces aprenden muchísimo sin darse cuenta de que están aprendiendo. Y creo que es fundamental que en casa no se transmitan frases como "yo también era malísimo en matemáticas", porque, aunque se digan sin mala intención, pueden hacer que los niños piensen que ellos tampoco van a ser capaces.
¿Qué errores suelen cometer los adultos cuando intentan ayudar a los niños con esta materia?
Creo que uno de los errores más habituales es querer explicarles las cosas exactamente como nos las explicaron a nosotros, sin tener en cuenta que quizá hay otras formas de entenderlas. También nos pasa que, cuando vemos que no les sale un ejercicio, terminamos diciéndoles directamente cómo se hace, porque queremos ayudarles y que no se frustren. Pero así les quitamos la oportunidad de pensar y descubrirlo por sí mismos. Y otro error es perder la paciencia o transmitirles nuestra propia inseguridad con las matemáticas. No necesitamos saber resolverlo todo para acompañarlos; a veces, lo mejor que podemos hacer es sentarnos a su lado y buscar juntos la solución.
¿Por qué algunos alumnos pierden la confianza en sí mismos a medida que avanzan en la escolaridad?
Porque muchas veces las matemáticas se van construyendo unas sobre otras. Si hay algo que no han entendido bien en un curso, puede convertirse en una dificultad cuando llegan contenidos nuevos. Y, cuando eso se repite, algunos alumnos empiezan a pensar que no valen para las matemáticas. También influye mucho compararse con los compañeros o sentir que tienen que entenderlo todo a la primera. Yo creo que tenemos que cambiar esa idea: no entender algo a la primera no significa que no seas capaz de aprenderlo. A veces solo necesitas otra explicación, más tiempo o practicar de otra manera.
¿Qué actividades del día a día pueden convertirse en oportunidades para aprender matemáticas sin que los niños sean conscientes?
¡Muchísimas! Ir al supermercado y comparar precios, repartir una pizza en partes iguales, calcular cuánto tardaremos en llegar a un sitio, medir los ingredientes de una receta o interpretar las estadísticas de un partido de fútbol. También podemos encontrar geometría en los edificios, simetrías en la naturaleza o patrones en la música. A mí me encanta enseñar que las matemáticas no se quedan dentro del aula. Cuando empiezas a mirar el mundo con ojos matemáticos, encuentras ejemplos por todas partes.
No necesitamos saber resolverlo todo para acompañarlos; a veces, lo mejor que podemos hacer es sentarnos a su lado y buscar juntos la solución.
¿Es importante introducir el juego en el aprendizaje matemático?
¡Por supuesto! El juego es una herramienta fantástica, porque despierta la curiosidad y hace que los niños se impliquen mucho más. Cuando están jugando, se atreven a probar, a equivocarse y a buscar estrategias sin tener tanto miedo a fallar. Eso sí, para mí lo importante es que el juego tenga un sentido educativo. No se trata de jugar por jugar, sino de utilizar esa dinámica para que comprendan un concepto, practiquen una habilidad o aprendan a razonar. Y cuando lo conseguimos, el aprendizaje puede ser mucho más significativo.
¿Qué tipo de juegos o dinámicas suelen resultar especialmente eficaces?
Depende mucho de la edad y de lo que quieras trabajar, pero funcionan muy bien los retos, los juegos de lógica, los escape rooms matemáticos, los concursos por equipos y las actividades en las que tienen que resolver un problema para conseguir algo. También me gusta mucho plantear situaciones en las que hay varias formas de llegar a una solución, porque así no se limitan a aplicar una fórmula de memoria, sino que tienen que pensar. Y algo que me parece fundamental es que puedan participar todos, no solamente los alumnos que van mejor en matemáticas.
¿Qué métodos están demostrando ser más eficaces para acercar las matemáticas a los alumnos?
Yo creo que no hay un único método mágico que funcione con todos los alumnos. Lo que sí considero fundamental es explicar el porqué de las cosas, no quedarnos únicamente en que memoricen una fórmula y la apliquen. También ayuda muchísimo utilizar ejemplos visuales, situaciones reales, materiales manipulativos y distintas formas de explicar un mismo concepto. Y, por supuesto, practicar, pero practicar entendiendo lo que hacemos. La tecnología y las redes sociales también pueden ser grandes aliadas para despertar la curiosidad, aunque después es importante profundizar, trabajar y comprobar que realmente han comprendido lo que están aprendiendo.
¿Qué debería ocurrir en una clase para que los niños salieran pensando que las matemáticas son interesantes y no una obligación?
Me encantaría que salieran pensando: "¡Anda, pues esto es mucho más interesante de lo que pensaba!". Para mí, una buena clase de matemáticas no es necesariamente aquella en la que el profesor explica todo perfectamente y los alumnos copian sin parar, sino aquella en la que se hacen preguntas, participan, se equivocan, razonan y descubren cosas. Me gusta que haya momentos de explicación, por supuesto, pero también retos y actividades que les hagan pensar. Y, sobre todo, que salgan sintiendo que han sido capaces de aprender algo. Esa sensación de «¡lo he conseguido!» es muy importante.
¿Qué le dirías a un niño que está convencido de que las matemáticas "no son lo suyo"?
Le diría que no se ponga una etiqueta tan pronto. Que quizá ahora mismo las matemáticas le cuestan, pero eso no significa que no pueda aprenderlas. A lo mejor todavía no ha encontrado una explicación que le ayude a entenderlas, o necesita un poquito más de tiempo, y no pasa absolutamente nada. No todos aprendemos al mismo ritmo ni de la misma manera. Y le diría también que no tiene que ser el mejor de la clase ni entenderlo todo a la primera. Lo importante es avanzar, aunque sea poquito a poco. Que algo te cueste no significa que no seas capaz; significa que todavía estás aprendiendo.






