EL PAYS DEL HERVE

Queso, cerveza y pueblos de cuento: la ruta de 48 horas más sabrosa de Bélgica


Un sorprendente viaje por carretera desde la capital belga hasta los verdes paisajes del este del país para descubrir el Herve, el único queso belga con DOP, entre fábricas centenarias, abadías cistercienses, pintorescos mercados locales y (mucha), mucha cerveza artesana.


Clermont-sur-Berwinne, uno de los pueblos más bonitos de la región de Valonia © ©PBVW_Rita_Photographie
2 de noviembre de 2026 a las 9:10 CET

En el extremo oriental de Valonia y al este de Lieja se encuentra el Pays del Herve, cuya tradición quesera ha llevado a esta zona a tener un claro protagonista: su queso (homónimo), el único de todo Bélgica que cuenta con la DOP (desde julio de 1996). No es de extrañar que, además, sea uno de los más potentes (también en cuanto a gusto) de Europa, famoso por su aroma además de su equilibrio y elaboración más extrema de lo normal; todo gracias a la leche de las vacas frisonas que pastorean en los húmedos prados del altiplano de las Fagnes. Y es que si su intenso, carnoso, terroso y ligeramente picante sabor no te tienta, tienes que quedarte a este viaje por el paisaje… o, en su defecto, la cerveza local y el resto de productos con los que se marida esta exquisitez. 

Queso de Herve, Bélgica© Shutterstock
Queso de Herve.

Hoja (e inicio) de ruta

La ruta es sencilla y comienza en Bruselas, lo cual alcanza para hacerse por separado durante un par de días o como continuación a una visita a la capital belga. No obstante, conviene reservar con antelación algunas paradas, de camino al bocage del Pays y entre las granjas, la arquitectura cisterciense y los verdes prados que adornan el paisaje de este tour con premisa gourmet. El destino se alcanza fácilmente en, aproximadamente, una hora y media, lo que permite disfrutar del paisaje ya desde nuestra primera parada: Aubel.

Aubel: sirope, embutidos y sidra

Tal y como se constata desde su plaza (Nicolai) y las casas de su centro histórico, la hoy comedida localidad de Aubel fue, durante siglos, uno de los principales centros comerciales de la región y todavía conserva esa vocación gastronómica, algo palpable al poner un pie allí. Su conocido mercado (fundado en 1630) celebra una feria cada martes y domingo (de 8:00 a 13:00), que ocupa la Place Nicolaï y reúne mucho más que queso: frutas, verduras, sidras, cervezas y productos del terroir. No en vano, el queso Herve se sirve, casi obligadamente, con su tradicional sirop de Liège; un espeso jarabe a base de manzana y pera (que se elabora a partir de la cocción y reducción de los frutos que abundan en los huertos de la comarca) y que equilibra la potencia del queso regional. 

La Fromagerie du Plateau© La Fromagerie du Plateau
La Fromagerie du Plateau

Una buena forma de conocer más sobre esta especialidad local es visitar la Siroperie Artisanale d'Aubel, una empresa familiar que mantiene el saber hacer transmitido durante doce generaciones y que hoy elabora (además del famoso sirope) zumos, mermeladas y otros productos de la zona que guardar en el maletero. 

Clermont-sur-Berwinne, uno de los pueblos más bonitos de la región de Valonia © ©PBVW_Rita_Photographie
Panorámica de Clermont-sur-Berwinne.

Inmersión en el origen del queso belga

Antes de concluir el día, la siguiente (y última) parada de la tarde es un receso obligado para una (muy ansiada) degustación de otro de los quesos artesanales de la región; así, la Fromagerie du Plateau (ya a las afueras de Herve), hace de escenario perfecto a la hora de entender el proceso de elaboración artesanal y producción de la Meule du Plateau (la antesala del producto); un queso de leche cruda, de pasta prensada cocida, que madura durante seis meses sobre tablas de abeto. La visita guiada (de aproximadamente hora y media) permite además entrar en las bodegas de maduración y terminar el recorrido con una degustación (y poder llevarse, claro está, los quesos preferidos).

La Fromagerie du Plateau© La Fromagerie du Plateau
Visita a la Fromagerie du Plateau.

Herve: el gentilicio hace al hombre (y a la denominación de origen)

El día ya comienza en Herve, la localidad que da nombre al queso más emblemático de esta zona de Valonia (y el DOP que nos ha traído aquí), que se caracteriza por ser una de las pocas variedades que aún usa leche de vaca; en este caso, hace a base de una pasta blanda y corteza lavada, y puede encontrarse en versiones de diferente maduración (algo que comprobaremos en la degustación). No en vano, los queseros locales lo clasifican en dos tipos principales: doux (suave) y piquant (picante), según su intensidad.

Clermont-sur-Berwinne, uno de los pueblos más bonitos de la región de Valonia © ©PBVW_Rita_Photographie
Naturaleza en la región de Valonia.

Patrimonio, naturaleza y gastronomía

Como premisa de buena mañana, un paseo de prados y las pequeñas explotaciones ganaderas sirven de antesala al producto (y al entorno) que nos acompañarán en la jornada. Aunque la propia oficina de turismo local propone una ruta de 27 kilómetros que conecta Herve con Val-Dieu y Clermont-sur-Berwinne para atravesar este paisaje, pero (como el tiempo apremia) ponemos rumbo a este último, considerado como uno de los pueblos más bonitos de la región. 

Clermont-sur-Berwinne, uno de los pueblos más bonitos de la región de Valonia © ©PBVW_Rita_Photographie
Clermont-sur-Berwinne, uno de los pueblos más bonitos de la región de Valonia

Desde la plaza principal (Place de la Halle) se ve su ayuntamiento (que alberga un singular edificio, fácilmente reconocible por su estilo de finales de siglo), a unos pocos metros su iglesia, Saint Jacques Le Majeur (su primera versión construida en el s. XVI) y el llamado Segundo Castillo como algunos de los principales atractivos. No obstante, su arquitectura típica y la paz que envuelve su atmósfera rural son motivos suficientes para, simplemente, recorrerla.

Clermont-sur-Berwinne, uno de los pueblos más bonitos de la región de Valonia © ©PBVW_Rita_Photographie
Clermont-sur-Berwinne.

Un maridaje divino

El último tramo de la ruta nos lleva, ligeramente, de vuelta a Aubel (como parte del retorno a Bruselas). En concreto, hasta el antiguo templo de Val-Dieu: no solo una joya cisterciense (que data de 1216), sino la única abadía belga que sobrevivió a la Revolución Francesa y hoy es uno de los lugares favoritos de los peregrinos. 

Monasterio de Val-Dieu, en Aubel, Bélgica© Shutterstock
Monasterio de Val-Dieu, en Aubel

Aquí nuestra ruta quesera encuentra su perfecto contrapunto con la tradición cervecera que tan bien han conservado sus monjes durante siglos; es más, la abadía mantiene una larga tradición de maridaje entre ambos, tal y como se explica en sus visitas guiadas a sus más de ocho siglos de historia que se cierran (cómo no) con la propia degustación de cervezas y queso. 

Como dato importante, el queso siempre se sirve a 16 grados con cerveza trapense belga (generalmente, Chimay o Rochefort) y, a poder ser, pan de campaña tostado. Además, si hay que bajar la comida antes de poner rumbo a Bruselas, los alrededores de Val-Dieu se antojan perfectos para ello gracias a dos recorridos señalizados junto a la reserva natural (uno de unos 800 metros, que se completa en alrededor de media hora, y otro de 4 kilómetros y aproximadamente 1 h 30 min).

LO MÁS PRÁCTICO PARA HACER ESTA RUTA

Para comer...

Casse-Croûte du Val-Dieu: probablemente la (única, si hay que elegir) parada gastronómica imprescindible en las inmediaciones del Val-Dieu. En las propias antiguas caballerizas de la abadía, que fueron construidas en 1623, su carta apuesta por platos tradicionales de la región junto a su cerveza local de barril o la sidra artesana de la abadía. Además, si el tiempo acompaña, su terraza tiene vistas al gran patio del monasterio. 

Le Moulin du Val-Dieu: tal y como su nombre indica, este antiguo molino de agua se ubica hoy junto a la abadía con una propuesta entre cocina clásica belga y regional. En un entorno mucho más tranquilo que el anterior, sus vistas hacia Val-Dieu y su entorno lo convierten en la opción perfecta para un almuerzo sin prisa (pero sin renunciar al sabor local).

Le Moulin du Val-Dieu© @lemoulinduvaldieu
Le Moulin du Val-Dieu

L'Épicurien: una opción más contemporánea en el mismo Hervé, con una cocina de inspiración europea y una carta pensada para degustar tranquilamente, especialmente al caer el día. 

Para comprar...

Le Herve du Vieux Moulin (Rue de Herve, 167): Una dirección imprescindible para los entusiastas del queso en todas sus versiones; es posible encontrar el Herve, pero también otras variedades de la región y diferentes productos para llevarse a casa diferentes piezas tras comparar (y probar) las maduraciones del día.

Darcis Chocolatier (Rue de Nazareth 2b): Queso, cerveza, sirope, embutido… ¿Pero qué hay del chocolate? El verdadero placer culpable que en esta tienda, a cargo del reconocido Jean-Philippe Darcis (Mejor Chocolatier de 2026 por Gault&Millau), se encuentra en todos los formatos posibles: bombones, tabletas, al peso… Todo lo necesario para degustarse solo, o como complemento al intenso queso Herve.

Darcis Chocolatier, Mejor Chocolatier de 2026 por Gault&Millau© @darcischocolatier
Darcis Chocolatier, Mejor Chocolatier de 2026 por Gault&Millau

Magasin de l’Abbaye du Val-Dieu (Route de Val-Dieu, 227): Una parada obligada al final del recorrido. Aquí se pueden comprar los quesos de Val-Dieu y las cervezas de la abadía, además de otros productos vinculados al monasterio. Ideal para preparar un pequeño tentempié para el viaje de vuelta (o hacerse con el perfecto souvenir gastronómico).

Aux Etangs Hôtel© @auxetangs
Aux Etangs Hôtel

Y para dormir... 

Hôtel Les Fines Gueules: una de las opciones más atractivas para establecer la base nocturna en Herve. En un entorno rural completamente idílico, sus habitaciones y su propuesta gastronómica (con mención en la guía Michelin) conquistan al instante. Además, es una muy buena elección para la ruta en coche, ya que permite estar cerca tanto de las queserías y fábricas clave de la zona, como de Val-Dieu. 

Hôtel Les Fines Gueules© @lesfinesgueulescharneux
Hôtel Les Fines Gueules

Aux Etangs Hôtel: este encantador alojamiento en Maison du Bois (a las afueras de Herve), además comparte espacio con un restaurante de cocina francesa contemporánea muy recomendable para comer, cenar y/o desayunar. Además de sus servicios, el entorno de naturaleza y la posibilidad de cenar allí mismo tras las visitas de los alrededores lo convierten en un favorito de la región.