Empezó en Bahamas, donde ha dejado fotos memorables bailando en un desfile, plantando un árbol, visitando mercados o se ha visto como un campeón de boxeo, ha continuado en Guyana y ahora es Antigua y Barbuda la que recibe la visita de Carlos III, que llega al archipiélago caribeño en el marco de su gira por la Commonwealth y a la que se sumará después la reina Camila. La visita, que coincide, además, con las celebraciones de la independencia del país, ha despertado el interés por este pequeño paraíso de las Antillas que pocos, casi seguro, podrían situar en un mapa.
El monarca británico no es el único rostro conocido que ha puesto un pie en este lugar donde las playas de arena blanca, las aguas turquesas y la vida al aire libre marcan el ritmo de los días. También Diana de Gales y Rocío Crusset, que viaja con frecuencia a él. En una entrevista con ¡HOLA!, contó que lo hace porque una de sus íntimas amigas es de Antigua y Barbuda. “Las playas son increíbles, vas descalza y en bikini a todos lados”, explicaba. Con semejante carta de presentación, ¿quién no quiere descubrirlo?
365 PLAYAS, UNA DISTINTA CADA DÍA
La cifra se ha convertido en uno de los grandes reclamos turísticos del país: 365 playas, una para cada día del año. No hace falta comprobarlas todas para entender por qué. En Antigua, la isla principal, la costa alterna pequeñas calas escondidas, largas franjas de arena clara y bahías protegidas por arrecifes donde el agua adquiere esos tonos turquesa que parecen retocados.
En el noroeste se encuentran Dickenson Bay y Runaway Bay, dos buenas opciones para combinar baño, deportes acuáticos y algún chiringuito frente al mar. Más al sur, Valley Church y Ffryes Beach tienen ese ambiente relajado que invita a alargar la sobremesa con los pies en la arena. Y si se busca un paisaje más espectacular, Half Moon Bay dibuja una enorme media luna de arena blanca en la costa oriental, abierta al Atlántico y con un carácter bastante más salvaje.
La mejor manera de descubrir la costa es también desde el agua. Las excursiones en catamarán permiten acercarse a arrecifes, pequeñas calas y rincones a los que no siempre se llega por carretera. Y también el esnórquel y la navegación a vela forman parte de la vida cotidiana de una isla que tiene una larga tradición marinera.
UN PUERTO BRITÁNICO Y ATARDECERES CON RITMO CARIBEÑO
No todo es playa. Antigua conserva también una interesante herencia colonial que tiene uno de sus mejores ejemplos en Nelson's Dockyard, en English Harbour. Este antiguo astillero georgiano de la Marina británica, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, es hoy un conjunto de edificios históricos, pequeños museos, restaurantes y una marina en la que conviven embarcaciones tradicionales y espectaculares yates. Su historia también recuerda el papel de la población africana esclavizada en la construcción y mantenimiento de estas instalaciones.
Desde allí se puede subir hasta Shirley Heights, un mirador con unas vistas magníficas sobre English Harbour y Falmouth Harbour. Los domingos, la puesta de sol se convierte en una pequeña celebración colectiva, con barbacoa, música caribeña y bandas de steel drums.
También merece un paseo St. John's, la capital, con sus fachadas de colores, el mercado, las torres de su catedral y las calles comerciales de Redcliffe Quay. Para cambiar de paisaje, Fig Tree Drive atraviesa una zona de vegetación tropical, antiguas plantaciones y pequeños puestos de fruta donde detenerse a probar algún producto local.
DORMIR EN UN HOTEL CON HISTORIA O EN UNA ISLA PRIVADA
Antigua tiene una colección de alojamientos que encajan muy bien con su particular mezcla de lujo descalzo y tradición marinera. Uno de los nombres míticos es Curtain Bluff, abierto en 1962 en una península de la costa sur. Su ubicación entre dos playas, una de aguas tranquilas y otra abierta al oleaje, es parte de su encanto. Con 72 habitaciones y suites, conserva ese ambiente de refugio exclusivo al que muchos huéspedes regresan año tras año.
Otra dirección especial es Jumby Bay Island, un resort de Rosewood situado en una isla privada a pocos minutos en barco de la costa de Antigua. Aquí no hay coches ni vendedores de playa, sino caminos para recorrer en bicicleta, villas rodeadas de vegetación y playas de arena blanca. Es un escondite caribeño en toda regla. Y para quienes prefieren dormir en edificios históricos, Admiral's Inn ocupa antiguas construcciones navales dentro del propio Nelson's Dockyard.
BARBUDA, LA OTRA CARA DEL PARAÍSO
A unos 40 kilómetros al norte de Antigua se encuentra Barbuda, su hermana pequeña. Mucho menos desarrollada turísticamente, tiene largas playas casi desiertas y una naturaleza que conserva un protagonismo absoluto.
Una de sus imágenes más conocidas es Princess Diana Beach, llamada así en recuerdo de la princesa, que disfrutaba de esta isla caribeña. También destaca Low Bay, una larguísima franja de arena con tonalidades rosadas que adquieren mayor intensidad cuando se acumulan diminutas conchas. Para conocer otro de sus tesoros naturales, hay que adentrarse en Codrington Lagoon, una laguna de manglares donde se encuentra el santuario de fragatas, accesible únicamente en barco y hogar de miles de estas aves.
Barbuda requiere algo más de organización que una excursión improvisada: se puede llegar en ferri desde St. John's o en avioneta. La recompensa es descubrir un Caribe más silencioso, con playas interminables y una sensación de aislamiento cada vez más difícil de encontrar.














