Familia

Cómo hacer escapadas con niños, según Nora Kurtin: "Ese tipo de experiencias compartidas son las que nos unen como familia"


Da las claves para disfrutar del viaje y lograr que todo fluya tanto con niños como con adolescentes


Nora Kurtin, fundadora y CEO de Sapos y Princesas© Nora Kurtin
26 de marzo de 2026 a las 18:00 CET

Los viajes en familia enriquecen interiormente y refuerzan el vínculo entre padres e hijos. Aún así, viajar con niños y, en muchos casos, también con adolescentes, puede ser todo un reto: se puede haber planificado todo al detalle, siempre con la máxima ilusión para que salga todo perfecto y… de una forma y otra, se tuercen los planes. Rabietas en los más pequeños, adolescentes pegados al móvil… ¿Qué hacer para disfrutar de verdad de esos viajes? Nora Kurtin, fundadora y CEO de Sapos y Princesas (www.saposyprincesas.com) y una de las voces más reconocidas y reputadas del mundo infantil, nos da las claves para lograrlo.

Hemos hablado con ella con motivo de la publicación de su último libro, Escapadas en familia (Anaya Touring), y sus palabras son de lo más útiles para quienes estén pensando en salir con sus hijos esta Semana Santa. El libro es, además, una guía perfecta para descubrir cualquier rincón de España, pues da información detallada acerca de qué se puede hacer en cada destino en función de la edad de nuestros hijos. No puede faltar en la maleta de toda familia viajera (o que quiera empezar a serlo).

Cada miembro de la familia tiene sus propias necesidades y tenemos que adaptarnos a ello para que el viaje sea una buena experiencia para todos.

Nora Kurtin, fundadora y CEO de Sapos y Princesas

¿Por qué viajar en familia es un regalo para toda la vida?

Viajar es una buenísima excusa para fortalecer el vínculo en familia. En el momento que viajamos, salimos del día a día, de un ritmo acelerado, tenemos un espacio donde podemos estar más presentes, más conectados con nuestros hijos. Es el momento perfecto donde dejamos las obligaciones, tanto las nuestras, laborales, como la de nuestros hijos, y recuperamos esos momentos en los que podemos realmente mirarnos a los ojos y ver más allá de lo que nos está pasando en el día a día. Además, creo que es una fuente natural de aprendizaje porque, más allá de lo que podemos leer en los libros o en películas o series, lo vivimos en primera persona y esas experiencias son las que realmente dejan huella y las que recordamos a lo largo de nuestra vida. Si recordamos nuestra infancia, si miramos hacia atrás, probablemente tengamos esas pinceladas de momentos compartidos con nuestros padres que son los que nos forman luego como adultos.

Si los hijos son pequeños y sabemos que no recordarán el viaje, ¿aún así merece la pena hacerlo?

Yo creo que la respuesta es que sí. Existe esa falsa creencia de que, si no hay un recuerdo consciente (la llamada la amnesia infantil) la experiencia se pierde; en realidad es el cerebro el que puede no acordarse el momento preciso, pero el corazón sí que va sumando todos esos momentos que, como decía antes, nos van formando como personas. A mí me pasa: mis hijos pueden no recordar que estuvimos en Jujuy (Argentina) visitando las Siete Montañas de Colores, pero sí se acuerdan de que tuvieron a una ovejita en sus manos o que los columpios eran totalmente diferentes a los que había en España. Esos momentos te hacen vivir emociones diferentes a las que vives en el día a día; por eso mi respuesta sería que sí, que merece la pena.

Y no solo eso, sino que hace que los niños se vayan acostumbrando a una flexibilidad que no les da la rutina diaria. La neuroplasticidad que se genera es muy beneficiosa porque están en contacto con otras situaciones, olores, paisajes… y se vuelven mucho más resilientes. Entienden que el mundo no es solo lo que ellos ven día a día, sino que puede ser muy diverso, muy cambiante. Y esto lo ven tanto en las comidas como en los entornos, en las personas, en cómo son las ciudades. Les ayuda a ser más flexibles y, en el mundo en que vivimos ahora, esa flexibilidad es una habilidad esencial en su formación como personas

Escapadas en familia© Getty Images

¿Qué recomendarías a una familia que está organizando, por primera vez, un viaje con sus hijos? ¿Qué deberían tener en cuenta?

Si es el primer viaje, lo primero que diría es que viajar con niños no es lo mismo que viajar entre adultos. Lo que primero tenemos que hacer es entender que va a ser un viaje diferente, que no podemos hacer una planificación como si viajaran solo adultos porque si no va a ser un fracaso y nos vamos a sentir muy desilusionados por el resultado. Mi mantra en esos casos es ‘menos es más’ y plantearse un slow travel: por la mañana hacemos una actividad (la regla de oro) y, por la tarde, más flexible. Podemos tener algo planificado, pero siendo conscientes que puede ser que ese plan se caiga simplemente nuestros hijos necesitan descansar o hemos calculado que nos iba a llevar una o dos horas una actividad y al final nos llevó más tiempo o porque, después de comer, necesitamos volver al hotel o al alojamiento y descansar, porque ellos necesitan mantener sus rutinas de sueños, de horarios, de comidas…

A medida que van creciendo, la siguiente característica a tener en cuenta es la involucración. Incluso aunque sean muy pequeños, es recomendable hacerlos partícipes del viaje, planificarlo desde antes con ellos: hablarles de los sitios a los que vamos a ir,  mostrarles fotos, ver películas juntos donde salga ese lugar para que vayan como creando esa ilusión por el viaje y vayan sintiendo que forman parte de él; incluso, consultarles, darles opciones para que ellos puedan elegir qué hacer o qué visitar.

Si son pequeños, por supuesto, llevar lo que llamo ‘un kit de supervivencia emocional’: un juguete de apego, algún libro que elija cada uno, juegos de mesa... Algo que nos pueda servir para evadirnos y no estar solamente centrados en los planes del viaje como tal. Y, lo que decía antes, respetar los ritmos de comida y de sueño, es esencial; hay que planificarlo con mucha flexibilidad, sabiendo que lo que tenemos que hacer es disfrutar, que no vamos a sacarle el jugo al 100%, como hacemos cuando vamos solo adultos. Si lo que vamos a hacer es empezar a compartir con nuestros hijos la experiencia de viajar, tiene que ser una experiencia buena y para eso tenemos que adaptar el ritmo de toda la familia. 

Escapadas en familia, de Nora Kurtin y el equipo de Sapos y Princesas© Anaya Touring
Escapadas en familia, de Nora Kurtin y el equipo de Sapos y Princesas

Aún así, a veces los padres preparan una escapada familiar con mucha ilusión, planificada al detalle para que todo salga bien y… los niños encadenan rabieta tras rabieta. ¿Qué hacer en estos casos para reconducir la situación?

Tenemos que ser conscientes que esos momentos van a estar. Nos trasladamos a un sitio ideal, pero con nosotros vienen nuestras formas de ser, nuestros temperamentos, nuestros problemas... o sea, nos llevamos todo al viaje. Por eso, lo primero que no tenemos que pensar es que va a ser un viaje típico de Instagram, donde solamente salen los buenos momentos, sino que también va a haber momentos más complicados.

Si tienen rabietas o tenemos problemas, lo primero es entender qué está pasando, por qué se ha producido eso. Si es una rabieta, lo primero que tenemos que hacer es validar la emoción y decirle "entiendo lo que estás pasando" y no pensemos que es algo en contra nuestro: "¡con lo que yo me he esforzado con este viaje y mira tú cómo te pones!". Esa es una reacción muy normal porque le hemos puesto mucha energía para que salga todo bien y no sale bien.

Hay que entender qué está pasando. ¿Es por cansancio?, ¿es por hambre?, ¿es por saturación, son demasiados estímulos? A mí me pasaba con mi segundo hijo; decíamos que era suizo porque él tenía sus horarios e independientemente que nos fuéramos a Argentina y tuviéramos cinco horas de diferencia, él seguía con sus horarios, y teníamos que comer a las horas que su cuerpo se lo pedía. Hemos de entender que no todos los niños son iguales: hay algunos que les cuesta más cambiar esas rutinas y tenemos que entender que es así. Lo primero sería no tomárnoslo de forma personal y respirar, parar y entender que esto es algo por lo que está pasando el niño y no tenemos que arrastrarlo a que haga el plan igual. Segundo, validar su moción, buscar su causa y adaptarnos: "la verdad es que llevamos caminando tres horas y no puede más, vamos a cambiar el plan", que es la flexibilidad de la que hablábamos antes.

En ese momento hay que intentar relajar, contener al niño; y el niño, cuando se sienta contenido, escuchado y entendido, va a cambiar la actitud. Puede ser un momento de caos, pero si lo tomamos con calma, va a pasar. Cada miembro de la familia tiene sus propias necesidades y tenemos que adaptarnos a ello para que el viaje sea una buena experiencia para todos.

El incluir la cultura desde pequeños es parte también de enseñarles a cómo trabajar, cómo viajar y cómo nosotros preparamos esos viajes.

Nora Kurtin, fundadora y CEO de Sapos y Princesas

Cuando ya son un poco más mayorcitos, comentabas que es muy beneficioso hacerlos partícipes del viaje, ponerles películas, preguntarles su opinión… En caso de que sea una escapada cultural, ¿qué actividades lúdicas recomendarías para que le saquen más provecho? 

Hoy en día casi todos los destinos tienen en cuenta a los niños. Por ejemplo, los museos de ciencias son magníficos porque te permiten tocar, experimentar y entender más allá de de ver. Un viaje cultural puede ser solamente visitar un museo de ciencia, que además es muy divertido. O , antes de ir a un destino, podemos contar una historia: si vamos a ir a París, ponemos El jorobado de Notre Dame. Es decir, intentar siempre adaptar el mensaje a la edad del niño.

No podemos pretender que se visite todo el Louvre porque sería imposible (no lo podemos hacer ni como adultos), pero tal vez podemos ir a una biblioteca o una librería, buscar libros que nos presentan las obras que hay en las distintas ciudades más importantes, por ejemplo, de Europa, ver tres o cuatro pinturas y entender que tenemos que adaptar el viaje al niño. Podemos ir al Louvre con nuestros niños pequeños, es una experiencia maravillosa para ellos, les enseñamos lo que hay que hacer en un museo y explicarles ciertos aspectos: "mira, este cuadro, es de tal pintor, mira lo que hicimos" y se acuerdan porque ya lo habíamos visto en libros, ya lo habíamos preparado.

El incluir la cultura desde pequeños es parte también de enseñarles a cómo trabajar, cómo viajar y cómo nosotros preparamos esos viajes, porque va a llegar un momento en que ellos mismos van a participar. Cuando son más mayores, van a plantear ellos también sus destinos, y queremos que sean destinos que están alineados con nosotros como familia, con nuestros gustos: si nos gusta la naturaleza, empezar con ellos a hacer rutas, paseos que estén a su nivel para irlos subiendo luego. El secreto es entender qué nos gusta como familia, cuáles son las características de cada uno de nuestros hijos, cuáles son sus gustos individuales, sumarlos a un plan global y adaptarlo a la edad que ellos tienen.

En el caso de que los hijos sean adolescentes… ¿cómo preparar el viaje tanto desde el punto de vista logístico como emocional, en el caso de que los hijos se comuniquen menos con sus padres de lo que lo hacían en la infancia?

Si hemos viajado con nuestros hijos desde que son pequeñitos, cuando sean adolescentes van a entender que forman parte del viaje de la familia y que es algo donde a ellos se los escucha. Eso no quita que el día antes te digan "no voy porque tengo la fiesta de Fulanito" (y a ver cómo manejamos esto), pero si nosotros hemos involucrado a nuestros hijos desde que son pequeños a participar en los planes, a decidir, a tomarlo como algo propio, donde sabemos que, si a este hijo lo que le gusta es ir a comer a restaurantes que tienen hamburguesas especiales y siempre vamos a un sitio hamburguesa (aunque no sea la comida que más nos gusta), ellos van a saber que ese viaje también es para ellos, que también es suyo.

Lo que tenemos que hacer es, de nuevo, entender que nuestro papel como padres cambia cuando nuestros hijos son adolescentes. Aquí nosotros tenemos que plantear el viaje como un proyecto compartido, tenemos que implicarlos desde el principio, darles una responsabilidad real, que ellos elijan un restaurante o miren rutas o elegir los museos a los que vamos a ir o comprobar si hay algún musical o un concierto… Lo importante es que ellos sientan que forman parte del viaje y hacer los planes que les gusten. Si lo que les gusta es la aventura, hagamos un plan a un destino donde sabemos que pueden ir a tirolinas o hacer rápel. Seamos listos como padres planteándoles un plan al que sabemos que no pueden decir que no: si le gustan los deportes de aventura, vamos a Tarifa a que pruebes el kitesurf; es decir, algo que ellos no van a poder hacer con los amigos y con nosotros sí lo pueden hacer.

También entender que, en ese momento evolutivo, ellos necesitan su espacio personal y que, a nivel emocional, necesitan tener ese respeto. Respetar sus silencios, no forzar sus conversaciones, llegar a un acuerdo con el uso del móvil, porque eso es algo que sí, que a los padres nos aísla mucho de nuestros hijos. También hay que ser conscientes de que somos el ejemplo a nuestros hijos; si estamos todo el tiempo con el móvil, no puedes pedirle que él no lo esté. Es bueno utilizar este viaje como un espacio fuera de la rutina donde podemos caminar, viajar, compartir esa experiencia de una forma diferente. Y así nos va a pasar que se va a convertir en un espacio donde naturalmente vamos a conectarnos con ellos de otra manera y, aunque sean adolescentes, van a disfrutar y van a seguir queriendo venir de viaje con nosotros.

Viajes en familia© Getty Images

¿Qué te llevas, como madre, de tus propios viajes familiares? ¿Qué es lo que queda, tanto en ti como en tus hijos, tras el paso de los años?

Lo que más me queda son esas vivencias compartidas. Nosotros hemos viajado mucho; soy argentina, de modo que lo de cruzar el charco era algo que hacíamos muy a menudo y hemos viajado mucho. Viajamos con muy poco equipaje; literalmente, llevamos lo justo y venimos con muy pocas cosas. No somos de los que compramos un montón de cosas fuera porque lo que nos gusta es invertir en experiencias. Me traigo muchísimos recuerdos, vivencias, momentos con los que se me dibuja la sonrisa cuando lo pienso y más aún cuando hablo con mis hijos y veo que ellos también los recuerdan. Si bien pueden no recordar exactamente el destino concreto o el nombre del hotel o dónde estaba ese bosque por el que hemos paseado, pero sí se acuerdan de momentos, de sentimientos, de situaciones únicas que te que te ofrecen los viajes. Ese tipo de experiencias compartidas son las que nos unen como familia y nos forman como personas.

Si hemos viajado con nuestros hijos desde que son pequeñitos, cuando sean adolescentes van a entender que forman parte del viaje de la familia y que es algo donde a ellos se los escucha.

Nora Kurtin, fundadora y CEO de Sapos y Princesas

¿Qué has tenido en cuenta a la hora de elegir las propuestas de escapadas que incluyes en el libro?

Fue un trabajo muy complicado. Lo hicimos en equipo con las personas que forman parte de Sapos y Princesas porque tenemos la gran suerte que España nos ofrece muchísimas opciones. Buscábamos algo que pudiera adaptarse a los distintos intereses de las familias: en todos los destinos que hemos incluido, hay siempre algo de cultura (y la cultura puede ser un museo de gastronomía local o un restaurante donde comer algo típico de esa zona) y naturaleza. Creemos que es importante que haya naturaleza; estamos carentes de contacto con ella, sobre todo, quienes vivimos en grandes ciudades y la gente joven, que pasa demasiado tiempo dentro de casa y con pantallas; por eso hemos incluido sitios donde poder desconectar de la tecnología, donde se puedan mover, correr... En el libro hablamos de distintos niveles; es decir, si quieres hacer una ruta, que sepas que puedes ir con un carrito, con un bebé, u otras que son para adolescentes.

Hemos puesto también muchas actividades pensadas en adolescentes porque es un momento clave como familia. Cuando vemos que el niño deja de mirar a la familia y empieza a mirar a sus amigos, nos da ese vértigo al pensar "lo perdemos" y no sabemos cómo manejarlo. En Escapadas de familia se plantean muchos sitios donde hay un turismo activo, con actividades muy apetecibles para los adolescentes y, sobre todo, damos información práctica para que la logística sea fácil: si hay parking, si el el sitio donde vas ofrece comida, si hay que reservar con antelación…

Sabemos que es importante tener la logística; como decía antes, tenerlo planificado y poder ser flexible, pero al menos que lo que hemos planificado que tenga en cuenta todos los requisitos que tiene: saber si tienes que llevar unos zapatos de escalada o zapatos para caminar o si tienes que abrigarte porque en la cueva la temperatura es más baja... Damos información práctica, cultura viva (no solamente es ir a ver un museo, sino donde puedes comer, tocar, experimentar, oler…) y naturaleza para que retomemos ese contacto que tanto nos falta como personas. Y, además, siempre hemos intentado poner algún elemento sorpresa, algo diferente, algo original, que hay en cada zona y que podíamos no saber con antelación.