Niños

Padres que comparten fotos de sus hijos en redes o en WhatsApp: "La titularidad de esos derechos pertenece al niño, no a sus progenitores"


La experta en ciberseguridad Vanessa González advierte que las familias deberían ser conscientes y adoptar un enfoque más prudente a la hora de compartir contenido


Madre e hija se hacen un selfie© Getty Images
16 de abril de 2026 a las 7:28 CEST

Estamos tan acostumbrados a hacer fotos y vídeos constantemente que no es extraño perder la perspectiva tanto del presente, de la vivencia que pretendemos inmortalizar, como del futuro, cuando decidimos compartir ese contenido en las redes sociales o, incluso, a través de plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp. “¡Si mis contactos son pocos y seguros!”, dirán muchos padres… y, efectivamente, pueden serlo, pero aún así la decisión de compartir ese contenido tiene implicaciones para el niño: no todas las acciones que se llevan a cabo en entornos digitales tienen que ver con la seguridad; el mero hecho de difundir imágenes a contactos conocidos y ‘fiables’ menoscaba ciertos derechos del menor. La experta en ciberseguridad Vanessa González, directora de Comunicación Kaspersky Iberia, explica cuáles son esos derechos y qué implicaciones tiene para los niños que sus familiares no los tengan en cuenta.

Es lo que se conoce como sharenting y, por supuesto, también hay que tener muy presente el factor de la seguridad, por mucho que las imágenes se difundan a través de perfiles privados de redes sociales o de plataformas de mensajería, puesto que, como advierte Vanessa González, "cada publicación puede revelar más información de la que parece".

Decisiones tomadas en la infancia pueden tener consecuencias años después.

Vanessa González, directora de Comunicación Kaspersky Iberia

¿En qué consiste el sharenting?

El sharenting es la práctica de compartir en internet, especialmente en redes sociales, fotos, vídeos o información sobre los hijos. Es algo que se ha normalizado con el uso cotidiano de plataformas digitales, donde los padres documentan momentos de la vida de los menores. Sin embargo, muchas veces se hace sin ser plenamente conscientes de que se está creando una huella digital desde edades muy tempranas, en ocasiones incluso antes de que los propios niños puedan decidir sobre su privacidad.

Esto genera una tensión entre el derecho de los padres a expresarse y compartir su vida familiar, su patria potestad, y los derechos del niño. Según un estudio de la Universidad de San Francisco, más de la mitad de los padres (56%) reconoce haber compartido contenido potencialmente vergonzoso de sus hijos, mientras que un 51% publica información con la que se les podría llegar a localizar, lo que refleja hasta qué punto se difuminan los límites entre lo íntimo y lo público.

¿Cuáles son las implicaciones para los niños de esta práctica?

Las implicaciones pueden ser relevantes tanto a corto como a largo plazo. Compartir este tipo de contenido puede exponer datos personales, hábitos o entornos del menor, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a riesgos como el uso indebido de imágenes o incluso el contacto no deseado por parte de terceros. Además, puede afectar a su bienestar emocional si ese contenido resulta vergonzoso o se difunde fuera de contexto.

Desde el punto de vista jurídico, el menor tiene derechos propios, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de datos, que no quedan suspendidos por el hecho de que sean sus padres quienes publican. La titularidad de esos derechos pertenece al niño, no a sus progenitores.

¿Cómo puede afectar el sharenting a la identidad digital de los hijos a largo plazo?

El principal impacto es la construcción de una identidad digital que el menor no ha elegido. Todo lo que se publica forma parte de su reputación online futura, algo que puede influir en su vida personal, social e incluso profesional. Una vez que el contenido está en internet, es muy difícil eliminarlo por completo, por lo que decisiones tomadas en la infancia pueden tener consecuencias años después. Esto conecta directamente con el llamado “derecho al olvido”: cuando esos niños crezcan, pueden querer borrar ese rastro digital, pero ejercer ese derecho sobre contenido publicado por terceros, incluso sus propios padres, es un proceso complejo y no siempre efectivo.

Foto con el móvil© Getty Images

¿Qué deberían saber los padres antes de compartir públicamente fotos o vídeos de sus hijos?

Es importante entender que cada publicación puede revelar más información de la que parece, como la ubicación, rutinas o el entorno del menor. También deben ser conscientes de que pierden el control sobre ese contenido una vez publicado, ya que puede ser descargado, reenviado o reutilizado por terceros. Antes de compartir, conviene preguntarse si ese contenido respeta la privacidad del menor y si podría afectarle en el futuro. Además, es importante tener en cuenta que en España, la Ley Orgánica 1/1982 de protección del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, junto con la normativa de protección de datos, reconocen el derecho a la propia imagen del menor como un derecho fundamental. La patria potestad debe ejercerse siempre en interés del hijo, no en el interés o satisfacción de los padres.

Las familias deberían adoptar un enfoque más consciente y prudente a la hora de compartir contenido.

Vanessa González, directora de Comunicación Kaspersky Iberia

¿Hay riesgos si ese contenido se sube a perfiles privados de las redes sociales?

Sí, aunque el riesgo es menor que en perfiles públicos, no desaparece. Las configuraciones de privacidad pueden cambiar, las cuentas pueden ser comprometidas y el contenido puede ser compartido por otros usuarios sin el conocimiento de los padres. En el entorno digital, lo "privado" no siempre es completamente seguro. En cualquier caso, la ilusión de privacidad técnica no equivale a respetar plenamente los derechos del menor, ya que el contenido puede acabar en manos de terceros. (Kaspersky dispone de una guía detallada sobre cómo proteger a los menores y cómo manejar las fotos de niños online).

¿Y si se comparten por plataformas de mensajería? ¿Qué hay que tener en cuenta en este caso antes de hacerlo?

Compartir contenido a través de mensajería puede parecer más seguro, pero también implica riesgos. Una vez enviado, el control sobre ese contenido se pierde, ya que puede ser reenviado o almacenado por otras personas. Es importante confiar en los destinatarios y limitar al máximo la difusión, especialmente cuando se trata de información sensible o imágenes del menor. La pregunta relevante no es solo "¿es seguro el canal?", sino "¿he tenido en cuenta la dignidad y la privacidad del menor independientemente de quién lo vea?".

¿Qué recomendaciones prácticas pueden seguir las familias para proteger a los menores?

Las familias deberían adoptar un enfoque más consciente y prudente a la hora de compartir contenido. Esto implica evitar publicar información sensible, revisar las configuraciones de privacidad, limitar la audiencia y, cuando sea posible, pedir el consentimiento del menor si tiene edad suficiente. También es recomendable reflexionar antes de publicar y optar por compartir momentos de forma más privada o en entornos controlados.

En definitiva, se trata de encontrar un equilibrio entre compartir y proteger, priorizando siempre la seguridad y la privacidad del menor. Y fundamentalmente: cuando el menor tenga edad y madurez suficiente, su opinión no es solo deseable, es un derecho reconocido en el artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU. El interés superior del menor debe prevalecer sobre el deseo de los padres de compartir, y ese principio no es solo una recomendación ética, sino un mandato jurídico recogido en el artículo 3 de esa misma Convención y en el artículo 2 de la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor.