El mes de abril es época de Comuniones y, con ella, la ilusión de los niños por un día especial en el que, además de la vivencia puramente religiosa, ellos son los protagonistas de la ocasión. Un evento que suele venir también cargado de regalos y, desde hace algunos años, el smartphone se ha convertido en una tradición como regalo de Primera Comunión. Esta no es, sin embargo, la mejor opción. Y no solo por los aspectos puramente tecnológicos y cómo estos afectan al desarrollo infantil (que también), sino por otro "aspecto fundamental que muchas familias subestiman", tal y como advierte Elvira Perejón, neuroeducadora, especialista en neuropsicología infanto-juvenil y bienestar digital, maestra de Infantil y Primaria, speaker, formadora y divulgadora en redes como @educacionincondicional.
Y, dado que cada vez más familias están concienciadas con el error que supone que un niño de 9 o de 10 años disponga de su propio móvil, hay muchas que optan por darles, en su lugar, una videoconsola como regalo de su Primera Comunión. ¿Es una alternativa adecuada? Elvira Perejón resuelve las dudas al respecto.
Regalar un móvil en la Primera Comunión es introducir de forma precoz a un niño o una niña en un entorno complejo para el que no está preparado ni a nivel emocional ni a nivel de seguridad.
¿Es adecuado regalar un móvil o una tablet a un niño por su primera Comunión?
No es lo más adecuado, y no solo por una cuestión de tiempo de pantalla, sino por el impacto emocional y los riesgos reales a los que se expone un niño o una niña cuando accede a un dispositivo demasiado pronto.
La Asociación Española de Pediatría recomienda evitar las pantallas antes de los 6 años y limitar su uso en primaria, porque el cerebro infantil aún está desarrollando habilidades clave como la regulación emocional, el autocontrol o la gestión de la frustración. Cuando introducimos pantallas de forma temprana, interferimos directamente en ese proceso.
Sabemos que un uso elevado de pantallas se asocia con problemas emocionales y que más de 2 horas diarias de exposición se relacionan con mayor riesgo de ansiedad, bajo estado de ánimo y dificultades de regulación emocional. En la práctica, esto se traduce en más irritabilidad, menor tolerancia a la frustración y más rabietas.
Pero más allá del impacto emocional, hay un aspecto fundamental que muchas familias subestiman: el acceso a riesgos digitales. Un smartphone permite el acceso directo a contenido explícito, ciberacoso, contacto con desconocidos, manipulación, fraude digital y situaciones de chantaje o extorsión.
Desde la neuropsicología sabemos que los menores son especialmente vulnerables a estos riesgos porque su cerebro aún no tiene desarrollado el pensamiento crítico necesario para identificar el peligro ni los recursos emocionales para gestionarlo.
Además, el acceso es cada vez más temprano. En España, la mayoría de los menores accede a su primer móvil en torno a los 10-11 años y una gran parte ya tiene presencia en redes sociales en edades muy tempranas. Por tanto, regalar un móvil en la Primera Comunión es introducir de forma precoz a un niño o una niña en un entorno complejo para el que no está preparado ni a nivel emocional ni a nivel de seguridad.
¿A partir de qué edad consideras que sería adecuado regalarles un móvil?
Si hablamos de smartphone, cuanto más tarde, mejor. La Asociación Española de Pediatría señala que en primaria el móvil no es necesario y recomienda priorizar el desarrollo en entornos reales.
Como especialista en neuropsicología, esto tiene todo el sentido: el cerebro infantil no está preparado para gestionar un entorno digital diseñado para captar la atención de forma constante. Las funciones ejecutivas, como el autocontrol, la planificación o la toma de decisiones, siguen en desarrollo durante toda la infancia.
Además, sabemos que una mayor exposición temprana a pantallas se asocia con retrasos en el lenguaje y dificultades en la resolución de problemas. Por eso, si existe una necesidad real de comunicación, es preferible optar por dispositivos básicos sin acceso a internet. El acceso a un smartphone debería plantearse cuando el menor tenga la madurez suficiente para comprender los riesgos, gestionar su tiempo y desenvolverse con criterio en el entorno digital.
¿El caso de la videoconsola es igual?
No es exactamente igual, pero puede ser igual o incluso más problemático, dependiendo del tipo de uso.
Hoy en día, muchos videojuegos están diseñados para maximizar el tiempo de permanencia del usuario. Utilizan sistemas de recompensa similares a los de las máquinas tragaperras, con recompensas variables, refuerzos intermitentes y dinámicas que hacen que el juego no tenga un final claro. Esto genera una alta activación del sistema de recompensa del cerebro y aumenta el riesgo de uso compulsivo, especialmente en niños y niñas.
Además, muchos videojuegos actuales incluyen compras dentro del juego, contenidos desbloqueables mediante pago, chats abiertos e interacción con otros jugadores. Esto implica exposición a contacto con desconocidos, posibles situaciones de ciberacoso, manipulación y engaño.
Desde la práctica clínica y el acompañamiento a familias, vemos que estos entornos pueden generar dependencia, dificultades para apagar el juego, irritabilidad y conflictos familiares.
Por tanto, una consola no es un juguete. Puede ser una herramienta de ocio o un entorno de riesgo, dependiendo del contenido, del tiempo de uso y del acompañamiento adulto.
Hay quien indica que los videojuegos pueden fomentar ciertas habilidades en los niños. ¿Es así?
Sí, pero con muchos matices. Algunos videojuegos pueden mejorar habilidades como la atención, la coordinación o la velocidad de procesamiento en contextos muy concretos y supervisados. Sin embargo, estos beneficios aparecen en condiciones muy controladas. En el uso real, muchos videojuegos están diseñados para mantener al jugador el mayor tiempo posible, no para desarrollar habilidades.
Cuando el uso es elevado, los datos muestran efectos negativos claros. Más de 2-3 horas diarias de uso se asocian con peor calidad del sueño, mayor irritabilidad y mayor riesgo de ansiedad y síntomas depresivos.
Además, la Organización Mundial de la Salud reconoce el trastorno por uso de videojuegos cuando existe pérdida de control, prioridad del juego sobre otras actividades y deterioro en la vida diaria.
Desde la neuropsicología, sabemos que un uso excesivo puede afectar a funciones ejecutivas clave como el control de impulsos, la atención sostenida, la planificación y la tolerancia a la frustración.
¿A partir de qué edad es apropiado regalar una videoconsola?
No existe una edad concreta, pero sí criterios claros. No debería introducirse de forma temprana ni como regalo principal en una etapa como la Primera Comunión. La decisión debe basarse en la madurez del menor y en la capacidad de la familia para acompañar el uso.
Es especialmente importante valorar si habrá acceso a internet. Cuando el juego es online, el nivel de riesgo aumenta considerablemente. Si se introduce, debe hacerse de forma progresiva, con juegos adecuados a la edad, sin acceso libre a chats y con tiempos muy bien definidos.
¿Qué tener en cuenta antes de dar un móvil, una tablet o una consola a un niño?
Antes de dar un dispositivo, es imprescindible preparar al menor y también a la familia. No se trata solo de entregar un aparato, sino de acompañar su uso. Es fundamental establecer normas claras desde el principio: tiempos, espacios, contenidos y supervisión.
Desde la neuropsicología y el bienestar digital, es clave que antes del acceso a la tecnología se hayan trabajado aspectos como la privacidad, la protección de datos, la huella digital, la identificación de riesgos, el ciberacoso o la manipulación online.
Además, el uso debe ser supervisado, especialmente en las primeras etapas. Los dispositivos no deberían utilizarse en habitaciones privadas ni en momentos clave como antes de dormir. Un dispositivo sin acompañamiento no es inocuo sino una puerta abierta a un entorno complejo que requiere guía constante.
Muchos videojuegos están diseñados para mantener al jugador el mayor tiempo posible, no para desarrollar habilidades.
¿Qué ideas de regalo de Primera Comunión son las más adecuadas?
Las más adecuadas son las que favorecen el desarrollo real del niño o la niña. Sabemos que el cerebro infantil necesita movimiento, juego, interacción social, lenguaje y experiencias de la vida real para desarrollarse correctamente. Por eso, los regalos más recomendables son aquellos que potencian estas áreas.
Opciones como una bicicleta, instrumentos musicales, libros, juegos de mesa, material creativo o experiencias en familia fomentan habilidades cognitivas, emocionales y sociales sin introducir los riesgos asociados al entorno digital.
Pero hay una idea clave que muchas veces olvidamos: no es solo lo que hacen los niños y niñas cuando están frente a una pantalla, sino, sobre todo, todo lo que dejan de hacer mientras están ahí. Dejan de moverse, de jugar, de aburrirse, de crear, de hablar, de explorar y de relacionarse. Y son precisamente esas experiencias las que construyen el cerebro, la regulación emocional y las habilidades que van a necesitar toda la vida.
Por eso, la evidencia es clara: menos pantalla y más experiencia real se asocia con mejor desarrollo emocional, mejor lenguaje, mayor capacidad de atención y mayor bienestar general.






