Familia

Paloma, madre de trillizos (y de otros cuatro hijos más): "Muchas veces siento que no llego, pero intento priorizar lo importante"


Cuando nacieron los tres bebés, ya era madre de otro niño, que entonces tenía 3 años, y cuando los trillizos tenían 10 meses descubrió que estaba embarazada de nuevo


Paloma Martínez Monasterio, con sus trillizos (Álvaro, Borja e Isabel) recién nacidos© Paloma Martínez Monasterio
17 de marzo de 2026 a las 18:14 CET

Cuando a Paloma Martínez Monasterio le dijo el ginecólogo, mientras le hacía una ecografía, que estaba embarazada de trillizos, pensó que le estaba tomando el pelo. Su marido, Raúl, casi se cae, literalmente, de la silla. Por aquel entonces ya eran papás de un niño pequeño, Gonzalo, de tan solo 3 años, y la llegada de tres bebés a la vez fue una auténtica revolución. Si ya es difícil, en muchos casos, la maternidad y la crianza de los hijos cuando son pequeños, tantos de golpe puede implicar cambios emocionales y, desde luego, de organización y de todo tipo. También el posparto puede ser complicado con un solo bebé, de modo que cabe suponer que el posparto de tres puede serlo aún más. "Fue duro físicamente", nos cuenta la propia Paloma. "El cuerpo pasa por mucho y el cansancio es enorme".

Hemos hablado con ella para saber cómo gestionaron aquellos primeros meses y cómo lo siguen haciendo a día de hoy, con otros tres hijos más, el primero de los cuales nació cuando los trillizos (Álvaro, Borja e Isabel) apenas tenían un año. En total, Paloma y su marido tienen siete hijos, de edades muy seguidas. Y todo mientras los dos trabajaban también fuera de casa. 

Me ayuda muchísimo la organización y también entender que no todo tiene que ser perfecto.

Paloma Martínez Monasterio, madre de siete hijos (tres de ellos, trillizos) y empresaria

Cuando nacieron los trillizos, ya tenías otro hijo, Gonzalo, que entonces tenía 4 años. ¿Cómo recibisteis la noticia tu marido y tú cuando os comunicaron que estabas embarazada de tres bebés?

Mi marido casi se cae de la silla de la consulta y yo pensaba que me estaban tomando el pelo.  La realidad es que en la primera eco, a las 7 semanas, nos dijeron que eran dos y fue en la semana 11-12 cuando nos dijeron que eran 3.

Entre el primer embarazo y el de trillizos tuve dos abortos, y en la semana 11-12, tras un día muy largo y de paliza con mi hermana en Ikea cuando estábamos reformando la clínica, empecé a manchar, llamé a Raúl y nos fuimos a urgencias. En un ecógrafo bastante viejecillo y que se veía bastante mal fue donde me dijeron que "los 3 estaban bien". Resulta que en uno de los dos sacos embrionarios había dos embriones; estaba esperando gemelos y una niña melliza de ellos. Fue uno de esos momentos que se te quedan grabados para siempre. Una mezcla de sorpresa, alegría, lloros, incredulidad, agobio y felicidad y la maravillosa frase de mi marido: "Bueno, pues están los dos bien y encima nos vamos con uno de regalo".

Salimos de aquella consulta un poco en shock, la verdad. Teníamos un hijo de 3 años y, de repente, entendimos que nuestra vida iba a cambiar por completo. Recuerdo que en el coche nos mirábamos sin terminar de creérnoslo y pensando: "¿pero esto cómo se hace?". Con el tiempo te das cuenta de que ese vértigo inicial es también una ilusión enorme. Sabíamos que venía algo muy grande.

¿Cómo fueron aquellos primeros días y aquellos primeros meses?

La verdad es que al principio sientes que es imposible. Cuando nacieron los trillizos nuestro hijo mayor era todavía pequeño y, de repente, pasamos a tener cuatro niños que nos necesitaban todo el tiempo. Además, como eran prematuros, me daba pánico llegar a casa y que no estuviera la maquinita del hospital que pitaba y te avisaba si el bebé  tenía alguna apnea que pudiera producir una desaturación y braquicardia... Fueron meses muy intensos. Nuestra casa parecía una pequeña escuela infantil: biberones, pañales, siestas, llantos… todo multiplicado por tres.

La única forma de sobrevivir era hacerlo todo en cadena: si uno comía, intentábamos que comieran los tres; si uno dormía, procurábamos que durmieran todos a la vez. Lo que era desesperante eran las tomas, porque encima de que eran tres, tenían reflujo y los gemelos, IPL. Con lo que la sensación era de un bucle infinito de biberones y recogida de vomitonas. Recuerdo que no sabía lo que era dar un biberón tranquila y que se lo tomaran seguido felices y sin vomitar, porque la realidad es que era una lucha constante para que comieran… Encima, aunque tuviéramos ayuda nos faltaban brazos. Literalmente.

Y al mismo tiempo estaba Gonzalo, que tenía cuatro años y también necesitaba muchísimo de nosotros. Intentábamos tener momentos solo con él: leer un cuento, jugar un rato… pequeñas cosas para que siguiera sintiéndose especial y hacerle partícipe de la importancia de su papel como hermano mayor y lo mucho que nos ayudaba con sus hermanitos. Con él fue importantísimo la ayuda que tuve con mis hermanos y los primos, que organizaban planes y venían a casa a jugar con él.

 

¿Cómo vivió él la llegada, por partida triple, de sus hermanitos?

Con una mezcla muy bonita de curiosidad y responsabilidad. Para él era algo totalmente nuevo… de repente, tenía tres bebés en casa. Le gustaba mucho ayudarnos: acercar un pañal, traer un chupete, mirar cómo dormían… Se sentía importante. Y también aprendió muy pronto lo que es compartir. Creo que para él fue una experiencia muy especial crecer rodeado de tantos hermanos.

Gonzalo y los trillizos, Álvaro, Borja e Isabel© Paloma Martínez Monasterio
Gonzalo y los trillizos, Álvaro, Borja e Isabel

Cuando los trillizos tenían 9 meses, te quedaste otra vez embarazada. ¿Cómo vivisteis este nuevo embarazo?

Con una mezcla de todo: sorpresa, vértigo e ilusión. En ese momento la casa ya era bastante intensa con tres bebés y un niño pequeño, así que cuando supimos que venía otro más pensamos: "esto ya sí que es una aventura total". Estaba tan metida en la dinámica de cuidar bebés que no me daba tiempo de darme cuenta de que estaba embarazada.

Intentaba sacar horas de donde fuera para trabajar porque cuando eres autónoma y tienes tu pequeño negocio, te encuentras sola y cero respaldada; en este país, la conciliación se hace muy difícil, es a costa de horas de sueño. Dormía muy poco. Muchas veces podía contar con una mano las horas que dormía a la semana. Pero en ese momento era joven y pensaba que podía con todo y solo el hecho de que mis trillizos hubieran nacido perfectos y sanos (mis milagritos, como yo les llamo) me hacían sentir la persona más afortunada del mundo y sin derecho a quejarme de nada. El tiempo que estuve en La Paz mientras estuvieron en la incubadora fui testigo de historias muy duras...

Recuerdo las semanas antes de que naciera Jacobo que los trillizos no dormían nada, estaban con los dientes y uno despertaba al otro. Era verano, un calor horrible y yo con el tripón y toda la noche con un niño en brazos, que ya pesaban... mi marido, otro y luego, otro y así… muy divertido… Recuerdo estar agotada, con el cuerpo al límite, pero siempre he sido muy cabezota: yo sabía que podía y seguía pensando en lo afortunados que éramos.

Hay momentos de felicidad absoluta y otros de agotamiento total.

Paloma Martínez Monasterio, madre de siete hijos (tres de ellos, trillizos) y empresaria

En alguno de tus posts has comentado que el bebé al principio apenas comía ni crecía. ¿Cómo se vive esa situación teniendo además cuatro hijos más?

Se vive con mucha preocupación, la verdad. Cuando tienes un bebé que no gana peso como debería, te agobias muchísimo.

Jacobo fue CIR. Dejó de crecer dentro de mi. Yo quería tener un parto vaginal, pero para ello, tras una cesárea, lo ideal es que te pongas sola de parto y no te lo provoquen y recuerdo las palabras de mi gine entrando en la semana 39: si no te pones mañana de parto te tenemos que hacer cesárea porque este niño no está creciendo. Enseguida llamé a mi hermana Belén, fisio de suelo pélvico, y estuve todo el día haciendo ejercicios de movilidad y siguiendo los consejos de mis fisios de BabyBe Woman, y de madrugada empecé con contracciones y me puse de parto.

Jacobo nació muy muy pequeñito, a pesar de nacer en la semana 39 (creo que mi cuerpo estaba un poco al límite) yo le llamaba el Pizca porque era muy muy pequeñín. Fue una época muy muy complicada para mí. Un recién nacido que no quería comer, una pesadilla: le di pecho, le di biberón, cambiaba de leche, le lleve a mil pediatras y nada, no quería comer y encima vomitaba todo el rato. Estaba en percentil -2 no solo de peso, sino también de altura que es casi más importante que el peso, y tenía además un reflujo también muy importante que lo hacía aún más complicado.

Recuerdo que estaba muy pendiente de cada toma, de cada revisión… y al mismo tiempo tenía otros cuatro niños pequeños en casa. Era un equilibrio muy complicado. Pero también aprendes a relativizar muchas cosas y a confiar mucho en los médicos y en el instinto de madre. Para mí esta época fue la más dura porque, a pesar de estar rodeada de gente que me quería y ayudaba, me sentía sola y encerrada, sin libertad. Cualquier plan era inviable, la logística era imposible y tan complicada… Sentía que era un marrón cuando alguien nos invitaba y no sabíamos cómo organizarnos porque nos faltaban manos, cabeza, aire... Cuando descuadras la rutina de un bebé un día puntual no pasa nada, ese día está más intenso y te adaptas, pero cuando son cuatro y encima tienes a otro niño y te faltan manos... se hace imposible. Con el tiempo todo fue mejorando, pero fueron meses emocionalmente intensos.

Y después llegaron dos hijos más. Con la experiencia de los mayores, ¿resultó más fácil la crianza de los pequeños?

¡La verdad es que sí! Pasaron dos años cuando nació el siguiente, y mi Jacobo ya comía mucho mejor. ¡A mi Alejandro lo disfruté tanto! Era gordito, ¡comilón! ¡Dormía tan bien! Y los niños disfrutaron muchísimo de él, sobre todo Isabelita, mi gran ayudanta, que era feliz con su hermanito bebé.

Iñigo también fue muy bueno, aunque también tuvo unos primeros meses complicados con reflujo, que se solucionaron más rápido gracias a mis fisios en la clínica. Cuando ya has pasado por tantas etapas pierdes muchos miedos y te vuelves mucho más práctica, pero cada hijo es distinto y cada etapa también. Lo que sí teníamos era una gran experiencia en logística familiar...  eso lo habíamos entrenado mucho. Y también unos hermanos mayores maravillosos que ayudan muchísimo.

¿Cómo fue tu posparto de trillizos?

Fue duro físicamente. El cuerpo pasa por mucho y el cansancio es enorme. Recuerdo que les daba pecho a dos de ellos y a Borjita, que nació con un kilo, le daban leche donada (¡qué gran labor las madres que donan leche!, nunca me cansaré de agradecerles). Me tenía que sacar, además, leche cada dos horas y llevar los botes a La Paz para que, mientras yo no estaba, porque tenía que llevar a la escuela infantil al mayor o estar con él, se la dieran. Me sentía muy mal por no poder estar todo el tiempo en el box junto a mis niños como las otras madres. Además, despertarse cada dos horas para dar de comer a tu bebé a veces cuesta, pero tienes la recompensa de sentirle, de olerle, mirarle y disfrutar viendo como come y tenerle a gustito en brazos, pero despertarse cada 2-3h para sacarte leche realmente es bastante faena… (no puedo con el ruido de los sacaleches, les he cogido manía).

Fueron unos meses complicados de logística. Además, emocionalmente también es una montaña rusa. Hay momentos de felicidad absoluta y otros de agotamiento total, pero estaba feliz porque, como te digo, me sentía ya afortunada porque mis niños estuvieran sanos; lo demás dejaba de tener importancia. La cesárea sí me molestaba y, como el último mes de embarazo fue de reposo absoluto y luego 15 días ingresada en la Paz, tenía la musculatura muy débil y distendida, mi transverso del abdomen era como papel de fumar… y estar de pie con los puntos y la sensación de que mi abdomen no sujetaba, era una sensación muy desagradable. Pero gracias a mi hermana Belén y a mi clínica www.babybewoman.com, me recuperé estupendamente. De hecho, gracias a lo bien que me recuperé el abdomen y trataron la cicatriz tanto internamente como externamente, pude tener un parto vaginal después con el siguiente, que era lo que deseaba porque necesitaba estar bien enseguida tras el parto: una cesárea teniendo trillizos más un bebé y otro niño iba a hacer muy complicado que yo estuviera a tope enseguida.

Paloma Martínez Monasterio, junto a su marido, Raúl, y sus siete hijos: Gonzalo, Álvaro, Borja, Isabel, Jacobo, Alejandro e Íñigo© Paloma Martínez Monasterio
Paloma Martínez Monasterio, junto a su marido, Raúl, y sus siete hijos: Gonzalo, Álvaro, Borja, Isabel, Jacobo, Alejandro e Íñigo

¿Qué fue lo más difícil de aquellos años con los niños tan pequeños?

El cansancio acumulado y la sensación de no llegar a todo. Había días en los que parecía que el día entero se iba entre biberones, pañales, baños y siestas… y volvía a empezar. Pero también eran años llenos de vida, de risas, de caos divertido. Hoy los recuerdo con muchísimo cariño.

¿Se resiente la pareja o se hace más fuerte?

Creo que pasa un poco de todo. El cansancio puede generar momentos de tensión, eso es inevitable, pero también te obliga a apoyarte mucho en el otro. Nosotros aprendimos a hacer equipo más que nunca. Somos unos cracks de la logística y la organización (risas).

Y también a reírnos mucho de las situaciones absurdas que se daban en casa. Nuestra principal arma para seguir adelante, relativizar y ¡el humor! Mi marido es un padre increíble y una persona excepcional porque tiene un don, su positividad contagiosa; siempre ve el lado bueno de las cosas, y eso es lo que me ha ayudado siempre a salir adelante. Ha sido mi sostén en cada momento, mi paño de lágrimas, y quien me conseguía hacer reír cuando más lo necesitaba. Le adoro.

¿Hay celos entre tantos hermanos?

Como en cualquier familia, a veces sí. Pero también hay una conexión muy especial entre ellos. Intentamos que cada uno tenga su momento especial, aunque sea pequeño. Un rato de conversación, un plan individual... Eso ayuda mucho a que todos se sientan especiales y queridos. Pero es importante estar muy pendiente y que no se te escapen cosas. Los momentos antes de dormir son importantísimos.

Paloma y Raúl, de vacaciones con sus siete hijos© Paloma Martínez Monasterio
Paloma y Raúl, de vacaciones con sus siete hijos

Además de madre, trabajas y eres empresaria. ¿Cómo llegas a todo?

La verdad es que muchas veces siento que no llego, pero intento priorizar lo importante. Me ayuda muchísimo la organización y también entender que no todo tiene que ser perfecto. Y, sobre todo, recordar que lo más valioso de todo es lo que pasa dentro de casa.

También tengo la suerte de que mi socia es mi hermana, que siempre me ha entendido y se ha adaptado. A veces, por la confianza que tenemos, hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero siempre las dos nos hemos apoyado y estado al pie del cañón cuando la otra lo ha necesitado.

Paloma, acompañando a uno de los trillizos en la incubadora© Paloma Martínez Monasterio
Paloma, acompañando a uno de los trillizos en la incubadora

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