Querer a los hijos con locura no es incompatible con desear que, por un momento, nadie te pregunte qué hay de cenar o si está limpia su camiseta preferida. En un entorno saturado de maternidades edulcoradas e ideales inalcanzables, la creadora de contenido Inma Sáenz ha construido una comunidad de más de medio millón de personas gracias a una fórmula tan sencilla como escasa: despojarse de los filtros y hablar con humor de la crianza real, el cansancio acumulado y la necesidad urgente de no anularse como mujer tras la llegada de los hijos.
Ahora, la creadora de contenido da un paso más y plasma esta visión honesta en su nuevo libro, 'Mamá necesita un respiro'. A través de un recorrido de septiembre a junio sin adornos ni disfraces, y con mucho humor, la autora desmonta la losa de la culpa, aborda la carga mental invisible que satura a las familias y reivindica el derecho a fallar.
En las primeras líneas del libro comenta que muchas madres pensarán, seguro, ‘esto me pasa a mí también’. ¿Buscaba con este libro crear una especie de refugio o "tribu" para esas madres que sienten que no llegan a todo y necesitan saber que es perfectamente normal?
La verdad es que no me senté a escribir pensando: “voy a crear una tribu”, lo que sí quería que quien leyera el libro sintiera que no está sola. Que pudiera pensar: “Vale, esto no me pasa solo a mí, no soy un desastre y no tengo que hacerlo todo perfecto”. A veces, que alguien ponga palabras a lo que tú sientes ya te quita un peso enorme. Si el libro sirve de refugio, aunque sea para leerlo en el baño con la puerta cerrada, misión cumplida.
¿En qué momento sintió la necesidad de plasmar este curso, de septiembre a junio, en un diario sin romantizar ni maquillar nada?
Me apetecía contar la maternidad como la vivo yo, con sus momentos preciosos y también con los días en los que una piensa: “¿Pero esto cuándo se acaba?”. Muchas veces parece que solo podemos hablar de la maternidad desde lo bonito, y claro que hay cosas maravillosas, pero también hay cansancio, caos y ganas de que alguien te traiga la cena sin preguntarte qué queréis cenar. Quería dejar constancia de todo eso, sin ponerle un filtro bonito a cada día.
Muchas madres sueñan con pasar solo cinco minutos a solas en el baño para respirar. ¿Por qué nos cuesta tanto admitir públicamente que a veces necesitamos una pausa de nuestros propios hijos?
Porque nos han vendido que una buena madre está siempre disponible, encantada y con la merienda preparada. Y si necesitas cinco minutos para ti, parece que tienes que justificarlo ante el Tribunal Supremo de madres y padres. Pero querer a tus hijos con locura no significa que tengas que querer estar con ellos cada segundo del día. Yo puedo echarlos de menos cuando no están y, a la vez, agradecer que durante un rato no me llamen desde otra habitación. Las dos cosas caben perfectamente en una misma madre.
En el libro afirma “No solo soy madre, también soy mujer”. ¿Lo olvidamos con demasiada frecuencia?
Sí, y yo la primera, aunque intente fuertemente que no sea así. Intento todos los días no olvidarme de mi, y hay veces que lo consigo, pero también de pronto parece que todo lo que eres pasa a organizarse alrededor de los niños: sus horarios, sus necesidades, sus cosas, sus mochilas… y cuando te quieres dar cuenta, no sabes ni dónde has dejado tu propia mochila. Ser madre forma parte de mí, pero no me borra. También soy mujer, amiga, pareja, profesional y una persona a la que le gusta estar un rato sin que le pregunten dónde está el cargador.
Muchas veces parece que solo podemos hablar de la maternidad desde lo bonito, y claro que hay cosas maravillosas, pero también hay cansancio, caos y ganas de que alguien te traiga la cena sin preguntarte qué queréis cenar
El humor es la gran seña de identidad de su contenido y de este libro. ¿Ha sido el humor una estrategia de supervivencia para no verse desbordada en el día a día?
Muchísimo. Aunque en el momento del problema no haga gracia. El humor no hace que desaparezca el cansancio, pero a veces te ayuda a mirarlo de otra manera y a no sentir que estás sola metida en un episodio de supervivencia. Yo me río de muchas situaciones porque, si no, tendría que convocar una reunión familiar y leer un comunicado oficial. Pero también hay momentos en los que una no puede hacer chistes, y está bien. El humor acompaña; no tiene que taparlo todo.
Uno de los capítulos se titula ‘No somos una familia perfecta, ni falta que hace’. ¿Qué supuso aceptar que no iba a ser la "madre perfecta" ni sus hijos los "niños ideales"? ¿Llegar a esa conclusión es un acto de liberación o un proceso que cuesta asumir?
Yo nunca he querido ser una familia perfecta, porque creo que eso no existe. Y tampoco he esperado que mis hijos sean niños ideales ni que yo sea una madre de anuncio. En una familia pasan cosas, hay días buenos y días caóticos, nos queremos y a veces nos desesperamos. Para mí, lo importante no es que todo salga perfecto, sino poder ser nosotros mismos y querernos también en medio del desorden.
No podemos perder de vista la carga mental que nunca se apaga. ¿Cómo se gestiona esa lista invisible de tareas que llevamos en la cabeza sin que afecte a la salud mental?
No tengo una fórmula mágica, y quien la tenga que me la mande en una nota de voz, por favor. A mí me ayuda intentar repartir de verdad, aunque a veces no lo consiga, pedir que cada uno se responsabilice de cosas concretas y aceptar que algunas tareas pueden esperar. También entender que no puedo ser la agenda, la alarma y el servicio de atención al cliente de toda la familia. Y, aun así, la lista a veces sigue ahí, haciendo ruido. Por eso es importante hablar de ella y no asumir que nos toca llevarla en silencio. Aunque esto es la teoría, la realidad es que nosotras llevamos siempre más carga que ellos. O así lo veo yo en muchas familias.
La llegada de los hijos transforma inevitablemente la relación de pareja. ¿Qué ha sido lo más difícil de reajustar en el hogar para seguir siendo un equipo?
Pues yo creo que lo más difícil es no acabar hablando solo de logística. Que si quién recoge a quién, qué hay que comprar, dónde está el uniforme… Al final parece que estás en una reunión de trabajo, pero en pijama. Y hay que intentar sacar un ratito para acordarte de que, además de ser padres y de organizar este circo, también sois pareja. Y hablarse, claro, porque a veces una espera que el otro adivine lo que necesita… y todavía no hemos conseguido que eso funcione.
Perder la paciencia un día tampoco me convierte en mala madre. Somos personas, no máquinas con una sonrisa puesta todo el tiempo
La culpa parece venir en el ‘pack’ de la maternidad: culpa por trabajar, por perder la paciencia, por querer tiempo a solas... ¿Ha conseguido hacer las paces con la culpa o simplemente ha aprendido a convivir con ella?
A día de hoy ya me siento culpable por menos cosas, pero no ha desaparecido, y está bien que esté ahí. Si no tuviéramos culpa de nada, seríamos unos psicópatas [risas]. La culpa viene de serie con la maternidad. Te sientes culpable si trabajas, si no tienes paciencia, si quieres estar un rato sola… ¡por todo! Yo no creo que haya conseguido quitármela de encima del todo, pero intento acordarme de que necesitar un respiro no significa que quiera menos a mis hijos. Y que perder la paciencia un día tampoco me convierte en mala madre. Somos personas, no máquinas con una sonrisa puesta todo el tiempo.
Si pudiera enviar este libro al pasado, a la Inma que estaba a punto de ser madre por primera vez, ¿qué consejo le daría a través de sus páginas?
Que no lo haga… ¡jaja!, ¡No, hombre! Ser madre es maravilloso, pero sí le diría que no es todo tan bonito como lo pintan, que tiene muchas sombras pero que lo va a hacer de 10 aunque haya días que dude de todo, que no tienes que saber hacerlo todo desde el primer día y no hace falta que disfrutes cada segundo para querer a tu hijo con locura. También le diría que pida ayuda antes de estar al borde del colapso y que no se compare con nadie, porque desde fuera todo el mundo parece tenerlo más organizado.
Para terminar, ¿qué le gustaría que sintiera una madre cuando cierre la última página de su libro?
Me gustaría que sintiera alivio. Que pensara: “No soy la única, no tengo que poder con todo y no lo estoy haciendo tan mal”. Y, si además se ha reído un poco y ha podido leer unas páginas sin que nadie le pida nada, pues eso ya me parece un final estupendo.







