La historia de Sandra Sánchez tiene algo de película mucho antes de que Aritz Moreno la llevara al cine. A los 39 años, cuando muchos deportistas ya han colgado el cinturón, conquistó el oro olímpico en Tokio 2020. También fue campeona del mundo y siete veces campeona de Europa en la modalidad de kata. Detrás de esos éxitos hay años de trabajo, obstáculos y una determinación que se descubre en Karateka, el biopic protagonizado por Andrea Ros y Patrick Criado, el actor que da vida a Jesús del Moral, su entrenador y pareja, y que se estrena este viernes en los cines de toda España.
La película reconstruye el camino de la karateka desde sus comienzos hasta lo más alto del podio, una trayectoria marcada también por momentos difíciles en lo personal, pues tuvo que dejar aparcada la competición para regresar a casa y cuidar de su madre, enferma de cáncer de mama. “El deporte me ha enseñado mucho sobre cuidarme, afrontar momentos difíciles y apoyarme en los míos”. Lejos de dar por cerrada su carrera, Sandra Sánchez ya ha anunciado que volverá a competir en Japón en 2027, con 45 años.
Para conocer a la mujer que hay detrás de la campeona, además de ver la cinta, hay que viajar a Talavera de la Reina, la ciudad donde creció, dio sus primeros pasos en el kárate y que siempre ha llevado por bandera. Fue aquí donde a mediados de este mes de octubre presentó Karateka en el Teatro Victoria, durante la inauguración de los Premios Pávez, y recibió el galardón Película de Barro 2026 de sus vecinos por su trayectoria y su vinculación con la ciudad.
SUS RECUERDOS DE NIÑA
Los primeros recuerdos de Sandra Sánchez en Talavera están ligados al paseo del Muelle, cerca de la estación de ferrocarril. Por allí corría con su hermano Paco camino de las clases de kárate, una disciplina que empezó a practicar con solo cuatro años y que acabaría marcando su vida. Sus padres habían pensado que Paco hiciera kárate y ella, baile, pero insistió tanto en acompañarlo al gimnasio que consiguió que la dejaran probar. Así comenzó una trayectoria que imaginaba frente al televisor, soñando con las aventuras de Dragon Ball.
EL POLIDEPORTIVO QUE LLEVA SU NOMBRE
“Me están ocurriendo cosas increíbles, como que un pabellón donde yo empecé a competir ahora lleve mi nombre. No le pongo límites a mis sueños, que la vida me siga sorprendiendo”. La instalación Sandra Sánchez 1.º de Mayo está en la calle Nicaragua, en el barrio de La Solana, y luce desde hace unas semanas un mural de cerámica del artista Nicolás Varas, de 2,5 metros de largo y 1,25 de alto, que rinde homenaje a los éxitos deportivos de la karateka. En la inauguración no pudo aguantar la emoción: “Me siento tan unida a esta ciudad que intento siempre representar el orgullo que siento de ser de aquí”.
LA CIUDAD DE LA CERÁMICA
Talavera es la Ciudad de la Cerámica, una tradición artesanal reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Basta caminar por sus calles para encontrar azulejos en fachadas, fuentes, bancos y edificios. Para entender la dimensión de este arte, hay que entrar en el Museo Ruiz de Luna, instalado en el antiguo convento de San Agustín, cuya colección reúne piezas de distintas épocas.
La cerámica también se descubre al aire libre siguiendo la Ruta de los Murales. Uno de los más llamativos está en la ronda del Cañillo, junto al Museo Etnográfico: un homenaje a los pescadores del Tajo, de 17 por 3 metros, realizado por Antonio García Cerro.
Otra muestra excepcional de este arte es la basílica de Nuestra Señora del Prado. Los azulejos de distintas épocas que decoran su interior le han valido el sobrenombre de Capilla Sixtina de la Cerámica. A su alrededor, los jardines del Prado prolongan la visita entre fuentes y bancos revestidos de cerámica, mientras que el cercano parque de la Alameda añade un lago de más de 200 metros y dos puentes decorados también con azulejos.
ENTRE MURALLAS Y PLAZAS CON SABOR
Dos kilómetros de murallas protegían la antigua talavera. El recinto, levantado en el siglo X y reforzado posteriormente, aún conserva tramos en las calles Carnicerías, Corredera del Cristo y Charcón, junto a sus características torres albarranas. En la Corredera del Cristo se encuentra también la capilla del Cristo de los Mercaderes.
Muy cerca, la plaza del Pan concentra buena parte de la vida del casco antiguo. Su nombre recuerda los tiempos en que allí se instalaba el despacho municipal de pan en épocas de escasez. Entre los edificios que la rodean destacan el antiguo Ayuntamiento, de fachada renacentista, donde ejerció como alcalde Fernando de Rojas, autor de La Celestina, y la colegiata de Santa María la Mayor, con un interesante claustro.
PASEO JUNTO AL TAJO
Una buena forma de descubrir Talavera es seguir el curso del Tajo a pie o en bici, enlazando sus tres puentes más representativos: el de Castilla-La Mancha, un gigante atirantado de 192 metros de altura, el puente Viejo —conocido como Romano— y el Reina Sofía, el antiguo puente de Hierro, con sus 426 metros de longitud. Son unos seis kilómetros de recorrido, incluida la vuelta por la otra orilla, que son un paseo delicioso también al atardecer. Otra opción es meterse en el río y recorrer este tramo en kayak.
DÓNDE COMER
En Raíces, Carlos Maldonado —ganador de la tercera edición de MasterChef y con una estrella Michelin— lleva la cerámica talaverana hasta la mesa (raicescarlosmaldonado.es). Y rodeado de murales, se comen tapas de inspiración japonesa en Mazinger, en pleno casco histórico. El toque dulce lo ponen los productos artesanos que elaboran las monjas del convento de San Bernardo, una tradición conventual que sigue endulzando la vida en Talavera.













