La idea generalizada es que el verano es un momento de disfrute y felicidad, pero, por distintas circunstancias, no siempre es así, y en algunas fases vitales, como la adolescencia, esto se puede vivir de manera más problemática. Hablamos con Beatriz Urra, psicóloga sanitaria y forense y directora de la Clínica Ambulatoria Recurra Ginso, para saber cómo ayudar a un adolescente que no está teniendo "el verano perfecto".
Cuado los padres proponen planes será esencial que no se vivan como una obligación ni como un intento de “compensar” la falta de actividades con iguales. El mensaje que hay que tratar de enviar es: “Estoy contigo, no tienes que pasar este malestar solo”
¿Cómo afecta a los adolescentes no vivir el verano perfecto que todo el mundo espera?
El verano suele entenderse como una época en la que disfrutar, llena de experiencias increíbles, diversión, viajes y libertad con amigos. No es solo una expectativa social o una idea de los más jóvenes, sino que es una narrativa social arraigada que genera presión, comparación y cierta sensación de fracaso cuando la realidad del adolescente no coincide con ese ideal. Este imaginario además se ve aumentado exponencialmente por el escaparate de las redes sociales, donde todo el mundo parece disfrutar y tener planes a todas horas.
Muchos jóvenes y adolescentes sienten que deberían estar disfrutando, y si no lo hacen así, aparece la culpa. El “verano perfecto” choca con una realidad emocional donde se intensifica la soledad, la autocrítica y el malestar.
¿Pueden tener más crisis personales durante el verano?
Es una época que rompe las estructuras que sostienen emocionalmente a muchos jóvenes. Cuando desaparecen las rutinas, los espacios de pertenencia y las referencias externas, emergen malestares que durante el curso quedan camuflados. Durante el curso, el día está organizado con horarios, tareas, actividades extraescolares, encuentros como cumpleaños, excursiones... Sin embargo, en los meses estivales, esa estructura desaparece y muchos jóvenes se sienten desorientados, con sensación de vacío, falta de propósito y muestran dificultad para organizarse ellos mismos su día a día.
Son varios los factores que intensifican la sensación de soledad en verano:
- Ruptura de las rutinas escolares: el ritmo escolar proporciona estructura, pertenencia y contacto social diario. El colegio o instituto ofrece una socialización espontánea, ya que no hay que proponer, solo estar. En verano, sin embargo, socializar requiere iniciativa. La falta de espacios de pertenencia durante el verano puede generar una sensación de suspensión: el joven no sabe quién es sin el entorno que lo estructura.
- Cambios en las dinámicas familiares: el verano suele traer más tiempo en casa, pero eso no significa que aumente la conexión entre los miembros. En terapia, vemos constantemente como es un periodo donde aumentan las discusiones, tensiones y hay mayor control en el espacio personal de cada uno.
- Transiciones vitales: cambios como el paso a la universidad, cambio de colegio, búsqueda de identidad o presión por aprovechar el verano también pueden generar incertidumbre y sensación de estar desorientados.
- Aumento del uso de las pantallas, donde buscan refugio y una conexión fácil. No es solo “cuántas horas pasan”, sino por qué y cómo las utilizan. En verano, la pantalla se convierte en un refugio emocional ante la falta de espacios de pertenencia.
- Mayor tiempo para pensar y rumiar que durante el invierno queda escondido detrás de la actividad diaria. No significa que aumente la soledad, sino que se hace más visible.
- Mayor presión estética y corporal: algunos sienten vergüenza, evitación y retraimiento huyendo de actividades cotidianas con sus iguales para no mostrar su cuerpo.
Cuando el adolescente se siente solo porque no tiene una buena red social de amigos y lo acusa en verano en falta de planes o de salidas, ¿puede la familia sustituir de algún modo esa sensación proponiendo planes conjuntos?
No es una situación sencilla para la familia, ya que esta puede, en la medida de lo posible, acompañar, sostener y aliviar la sensación de soledad, pero no sustituir el papel que cumplen los iguales en la adolescencia. Los amigos son un espacio de identidad, pertenencia y exploración social que es fundamental.
La familia sí puede crear un entorno emocional seguro que “amortigüe el malestar”. Proponer planes conjuntos puede ayudar al adolescente a sentirse acompañado y menos aislado, reduciendo la sensación de vacío.
Será esencial que los planes no se vivan como una obligación ni como un intento de “compensar” la falta de actividades con iguales. El mensaje que hay que tratar de enviar es: “Estoy contigo, no tienes que pasar este malestar solo”.
¿Puede ser que la vergüenza de que otros adolescentes lo vean con sus padres o en familia le haga rechazar planes que le apetecería hacer para no sentirse “un bicho raro” o más infantil?
Sí, es frecuente que los adolescentes rechacen planes familiares por vergüenza o miedo a parecer más infantiles. Muchos temen ser etiquetados como “el que va con sus padres”, aunque probablemente les apetecería hacer ese plan.
Es importante ofrecer planes sin presionar. Cuando el adolescente siente que no es juzgado ni obligado, es más probable que acepte. Y si no lo hace, no entenderlo como desinterés, sino parte natural de su proceso de diferenciación.
¿Hasta qué punto insistir como padres en que vaya a algún campamento o haga alguna actividad o taller recreativo para conocer gente si el adolescente se siente aburrido o solo en verano?
En términos generales, obligar no suele dar resultados positivos. Lo primero será motivarle, proponer y acompañar en la elección de un plan. Sin embargo, sí debe quedarle claro que necesita cierta estructura y que no puede quedarse en casa sin hacer nada. Puede elegir el qué, pero siempre debe hacer algo.
El objetivo no debería ser entonces aumentar a cualquier precio el número de relaciones que tienen, sino la calidad de las mismas, ¿cómo se logra?
Cuando el niño o adolescente se sienta seguro, aceptado y comprendido, conseguirá tener una relación de calidad. No siempre es fácil que entiendan que más vale tener pocos amigos, pero con un vínculo fuerte y sano… ya que las redes sociales refuerzan el número de seguidores y likes, con personas que ni siquiera conocen. Es útil ayudarle a identificar vínculos donde haya confianza, límites claros y reciprocidad, y donde pueda mostrarse sin miedo a la crítica.
Por último, en sesión, muchas veces animo a los padres a que hablen de sus propias amistades, que sus hijos conozcan a sus amigos… definitivamente, ver el modelo en el propio hogar, ayuda significativamente.
¿Qué estrategias puede utilizar cuando empieza el nuevo curso y los demás cuentan que han tenido un verano estupendo si él no las ha tenido: como enfrentarse a ese momento de contar algo que no ha sido divertido o satisfactorio para él?
Puede ser útil prepararle con anterioridad días antes, ayudándole a construir una narrativa sencilla y honesta que no entre en comparación con los demás. No tiene por qué entrar en detalles y podrá hablar siempre de algún aspecto positivo de su verano. Lo más importante es entender que no hay que competir con el resto y que lo que haya hecho en verano no define su valor.









