Detrás de un "bebé milagro" no solo hay un deseo profundo de maternidad. Muchas veces hay un camino complejo, marcado por el dolor silenciado de la infertilidad y las pérdidas. Ya sea por la inevitable brecha de la edad, condicionantes genéticos o problemas de salud reproductora, la dificultad para lograr o llevar a término un embarazo es una realidad que afecta a muchas mujeres.
La reciente historia de Casilda Fernández de Córdoba y Rodrigo Moreno de Borbón, duques de Cardona, ha puesto rostro a una realidad que viven miles de mujeres en nuestro país. La propia Duquesa nos cuenta cómo había perdido cuatro embarazos avanzados después de varios tratamientos fallidos. "Siempre me decían que era una cuestión de mala suerte, que había que seguir probando. Y, por fortuna, encontré a la doctora Juana Crespo, casi por casualidad. Y gracias a ella tengo conmigo a mi bebé milagro. Nació al año de conocer a la doctora, al primer intento", nos explica la Duquesa, que quiere transmitir, además, un mensaje de esperanza a todas esas mujeres que están intentando convertirse en madres.
Ella, finalmente, logró abrazar al pequeño Juan Ramón gracias a la perseverancia y al talento de la doctora Crespo, Directora Médica de Equipo Juana Crespo, clínica de medicina reproductiva de alta complejidad. El pequeño se llama precisamente Juan Ramón en agradecimiento a la doctora.
Siempre me decían que era una cuestión de mala suerte, que había que seguir probando. Y, por fortuna, encontré a la doctora Juana Crespo
Para la Duquesa, esta vivencia cobra un sentido aún más especial, ya que la historia parece haberse repetido en su propia familia. Tal y como nos confiesa, ella misma fue en su día un 'bebé milagro': nació gracias a un tratamiento del célebre doctor Hubert de Watteville, el mismo especialista que años atrás había tratado con éxito a la mismísima Sofia Loren.
Hemos tenido la ocasión de conversar con la reconocida experta en reproducción asistida para hablar sobre cómo devolver la esperanza a quienes se enfrentan al desgaste emocional de no poder concebir.
Doctora, cuando una mujer o una pareja busca un hijo y se enfrenta a la infertilidad o a pérdidas gestacionales repetidas, ¿a qué tipo de desgaste emocional se enfrenta que la sociedad suele pasar por alto?
Lo primero que suelen pensar las pacientes es “¿por qué a mí?”, lo segundo es mirar atrás y pensar que el camino que se eligió ha sido equivocado. Y, sobre todo, el arrepentimiento y el sentimiento del “si yo hubiese sabido esto”, que llevan como si fuera una mochila cargada de piedras. Fuimos educadas en una sociedad en la que se desconocían los efectos de la edad sobre la infertilidad porque nuestras madres se embarazaban pronto. Y, cuando se enfrentan a la realidad, viene un sentimiento muy profundo de pérdida de tiempo, de frustración, de arrepentimiento. Si encima son varios los fracasos, la carga emocional es enorme y el sentimiento vital es de un fracaso profundo.
Se habla mucho de no lograr el embarazo, pero perderlo en semanas avanzadas deja también una profunda huella. ¿Cómo se acompaña a una paciente que ha vivido esta experiencia una o varias veces?
La paciente vive el dolor y el duelo de la pérdida de un hijo, punto. Además, cuando la pérdida es con bastantes semanas de gestación, ya ha habido experiencias con el bebé. Se ha oído el latido, se ha sentido el movimiento y posiblemente hay ecografías guardadas por casa.
Ante esta situación hay diferentes personalidades:
- La persona que, a pesar del dolor, es capaz de buscar ayuda y viene a la consulta pidiéndote que la ayudes. Y a esta paciente no solo hay que acompañarla, hay que poner los pies en la tierra para entender qué le pasa, pero sobre todo para tener seguridad en que no va a volver a pasar.
- Y luego, hay otro tipo de paciente, que se hunde y no busca ayuda, no la pide, lo vive en solitario. A esta paciente es a la que otros profesionales como psiquiatras o psicólogos han de ayudar a salir del pozo.
Mi punto de vista y mi manera de acompañar es lograr que esa mujer tenga un hijo sano en casa, no sé acompañar de otra forma. La resignación me duele especialmente y siempre hay una solución de un tipo o de otro.
Una paciente debe exigir tres cosas: entender qué le pasa, que le propongan una estrategia clara y que esa solución sea eficiente
Es muy común que la mujer sienta que "su cuerpo le ha fallado". ¿Cómo se desmonta esa culpa desde la consulta médica?
La mejor manera de mitigar esa culpa es con las evidencias médicas. No hay nada peor para las pacientes que no saber a qué se debe que no puedan tener un hijo. Lo primero es entender la situación en la que nos encontramos. Solo es posible el éxito asumiendo y afrontando el fracaso, por muy difícil que sea. Cuando una persona tiene localizado el origen del problema y conoce la estrategia para solucionarlo, la culpa pierde protagonismo para dejar paso al objetivo.
Muchas mujeres reciben el diagnóstico de "infertilidad de origen desconocido" o sufren abortos de repetición sin causa clara aparente. ¿Qué se suele estar escapando en las revisiones convencionales?
La esterilidad y la infertilidad siempre tiene origen. El concepto de "origen desconocido" suele ser simplemente el reflejo de un diagnóstico incompleto o de mirar las pruebas de forma aislada.
El sistema reproductor, especialmente el femenino, es complejo y hay una sincronía de todos los órganos que intervienen en él. En la mayoría de ocasiones, aunque el origen puede ser ínico, la repercusión es global.
Por otro lado, las pruebas diagnósticas de imagen como la resonancia magnética o la histeroscopia son profesional-dependientes. Quiero decir que es necesario que el profesional tenga experiencia y excelencia para que la interpretación de esas imágenes de lugar a un diagnóstico fiable y a un pronóstico real.
El primer motivo de infertilidad es el envejecimiento y cada persona tiene un envejecimiento único. Por tanto, hay que adaptar técnicas diagnósticas y tratamiento a cada paciente que nos consulta. Entender el envejecimiento de cada mujer nos da la clave para poder tratar de una forma personalizada.
¿Qué alternativas tiene una mujer que se encuentra en esta situación?
Lo primero y más crítico es hacer un diagnóstico de precisión: saber exactamente cuál es el problema de base y entender cómo evoluciona. A partir de ahí, la clave está en ponerse en manos de un equipo que no solo entienda la causa, sino que sepa ejecutar la solución adecuada.
Hoy en día disponemos de un abanico terapéutico muy potente: medicina regenerativa, diagnóstico genético embriológico, protocolos de estimulación hiperpersonalizados y cirugía reparadora de la fertilidad.
Pero lo más importante es no perder el tiempo y elegir al profesional adecuado que, ante casos complejos sepa elegir desde el primer momento la estrategia correcta.
¿En qué casos la cirugía reproductiva se convierte en la llave definitiva que cambia el pronóstico de un embarazo que parecía imposible?
La cirugía reproductiva es un pilar fundamental para reparar y restaurar la salud de los tejidos. Cuando se diseña una estrategia quirúrgica a medida y es ejecutada por manos expertas, nos permite mejorar estructuralmente cada uno de los órganos implicados en la reproducción: ovarios, trompas, útero y endometrio.
No se trata solo de operar, sino de devolverle la funcionalidad a un órgano que la había perdido. En muchos casos, este enfoque quirúrgico de alta precisión es precisamente lo que permite transformar un pronóstico supuestamente 'imposible' en un embarazo a término con tu bebé sano en casa. Y es que no todas las cirugías son iguales. Es fundamental entender que la cirugía reproductiva no es lo mismo que la ginecológica general. Muchos profesionales confunden extirpar un mioma con intervenir un útero primando la capacidad de embarazo a término. La diferencia radica en la precisión, la visión anatómica orientada a la fertilidad y el cuidado por el tejido del que está formado.
En 1987 me fui a Francia para especializarme en cirugía laparoscópica y endoscópica. Tras décadas perfeccionando esta disciplina, he consolidado un equipo único en el mundo, formado por siete cirujanos reproductivos de altísimo nivel y enorme experiencia. Somos el resultado de años utilizando la cirugía para reparar tejidos que, de otra forma, no habrían vuelto a funcionar. Es crucial subrayarlo: no cualquiera está preparado para intervenir un caso de máxima complejidad. La cirugía reproductiva exige una hiperespecialización que solo se logra tras miles de horas de quirófano dedicadas exclusivamente a la restitución de la fertilidad.
Hoy en día disponemos de un abanico terapéutico muy potente: medicina regenerativa, diagnóstico genético embriológico, protocolos de estimulación hiperpersonalizados y cirugía reparadora de la fertilidad
Casos como el de Casilda demuestran la importancia de dar con el especialista adecuado. ¿Qué señales deberían indicar a una mujer que es momento de buscar una segunda o tercera opinión médica?
La señal definitiva es simple: falta de respuestas o falta de resultados. Una paciente debe exigir tres cosas: entender qué le pasa, que le propongan una estrategia clara y que esa solución sea eficiente. Si se realiza un tratamiento y no funciona, o si ni siquiera hay un diagnóstico certero de por qué ha fallado, es el momento de parar y buscar a un especialista que de verdad conozca el problema y domine todas sus soluciones.
Seguir haciendo lo mismo esperando un resultado diferente no es una opción; el tiempo en reproducción no se recupera.
¿Qué recomendación le da a una paciente para seguir confiando en medio de años de tratamientos, hormonas y expectativas?
Que su deseo de ser madre sea más grande que sus miedos.
Para finalizar, ¿cómo se siente cuando llegan esos ‘bebés milagro’, como los definen muchos de los padres?
Llevamos en nuestro ADN como equipo una premisa inquebrantable: el paciente es el centro y haremos por él todo lo que haga falta.
Para mí, esto no es solo una profesión. A menudo lo digo: yo nací para ser madre y ver que un caso que parecía imposible se convierte en una familia es una sensación indescriptible.






