Los menores están expuestos a muchos mensajes de forma directa o indirecta donde se establece lo que es "aceptable" y lo que no desde el punto de vista físico. Las redes sociales y los filtros que se utilizan en ellas han unificado el prototipo de aspecto o apariencia que sería deseable, de modo que se encuentran con unos estándares irreales, pero que parece que hay que cumplir. ¿Cómo afecta esto a una personalidad que se está formando?
Sara Noguera, maestra, experta en crianza respetuosa y creadora de Kimudi Crianza (@Kimudi_crianza), ha escrito La cara perfecta (Ed. La Cuentería Respetuosa), un cuento donde enseña a los más pequeños a quererse y aceptarse también a través de su cuerpo, sea como sea, con una enseñanza que se puede trasponer a cualquier edad. Hemos hablado con ella.
Los niños aprenden a través del disfrute, de la libertad de descubrimiento y del acompañamiento amoroso. Es lo mínimo que podemos darles
En un momento en que el skincare se promociona para niñas cada vez más pequeñas, tu libro lanza un mensaje poderoso: "Tu cara es perfecta". Es triste que haya que recordarlo...
Claro que hay que recordarlo, porque cuando tenemos fuerte la autoestima, entendemos que el skincare es un añadido, no una necesidad. He de decir además que, aunque sea un añadido, no debería ofrecerse nunca para la infancia porque el objetivo no es el de que se vean “más guapas” (inevitable hablar en femenino), si no que se hagan dependientes de productos y en un futuro sean grandes consumidoras.
En el cuento se hace un recorrido por cada una de las partes de la cara para explicar que lo más importante es su función, al margen de granitos, manchas, cicatrices... ¿Has notado en los últimos años en tu labor profesional que los menores están más preocupados por su aspecto físico?
Claro que lo están, pero me niego a pensar que es por su culpa. La información a la que acceden, ya sea para aprender o para divertirse, está menos controlada por los adultos de lo que debería y, viviendo en una sociedad tan centrada en tener un único canon de belleza, esos mensajes calan.
Es más difícil trabajar la autoestima cuando ya se han comparado con estándares (irreales, generalmente) que cuando lo hablamos desde casa haciendo hincapié en la belleza de convivir con la realidad.
¿Esa presión estética la percibes igual en chicos que en chicas?
La presión cada vez está más equiparada, pero siempre incide más en las niñas por muchos motivos: las mujeres somos generalmente más emocionales, somos las que gastamos más en cuidado, somos las que históricamente lidiamos con acatar un estándar que casi nunca va acorde con nuestra felicidad o necesidades.
El humor es una constante en ti y también lo utilizas en este cuento. ¿Hay demasiada seriedad y poca libertad y diversión en torno al mundo infantil?
Por supuesto. En el mundo de la literatura, desde hace años se está muy centrado en que los cuentos “enseñen cosas”, y también hay que leer por el simple hecho de disfrutar. Así que, si queremos enseñar, que como mínimo sea divertido y un poco gamberro.
Los niños aprenden a través del disfrute, de la libertad de descubrimiento y del acompañamiento amoroso. Es lo mínimo que podemos darles.
Uno de tus objetivos con el libro es trabajar la autoestima desde muy pequeños y que esta no se sustente en lo que hay fuera sino en lo que hay dentro de la persona. ¿Desde qué edad el niño comienza a formar su autoestima?
Desde que nacen, porque somos nosotros los que nos acostumbramos a darles determinados mensajes que luego normalizamos, pero ellos empiezan a ser conscientes de su importancia entre los tres y los cinco años.
¿De qué manera los padres deben ser referentes de sus hijos en lo que a estética y corporalidad se refiere?
En lo verbal y lo físico, en que su mensaje cuando hablen se sustente en su comportamiento. También en cómo hablan de sí mismos y de cómo hablan de terceras personas delante de sus hijos e hijas. Y en que cuando sus hijos hablen de su propio físico, no invaliden lo que digan, pero sí aprovechen para conversar sobre por qué piensan así y cómo acompañarlo.
El cuento incluye un juego para poner caras distintas y divertidas para pasar de la lectura a la acción. ¿Qué respuestas habéis obtenido cuando las familias se lanzan a utilizarlo?
La mayoría, que ha sido un ejercicio muy liberador y divertido, que hablar del físico sin centrarse en si es o no bueno es muy sanador.
Pero también hemos recibido algún mensaje muy emocionante donde nos comentaban que su hijo se ha sentido identificado por primera vez, o que se ha acariciado alguna parte de su cara con orgullo cuando, hasta ahora, evitaba que se viera. El poder de la lectura en familia es incalculable.








