Niña con las manos tapándose la cara y su madre al lado abrazándola©AdobeStock

Crianza

‘Mi hijo está acomplejado, ¿cómo lo ayudo?’

Los complejos pueden acabar minando la autoestima y la imagen del niño o del adolescente, por lo que es muy importante saber intervenir adecuadamente para ayudarlos a superarlos. ¿Qué hay que hacer y qué errores no se deben cometer?

A partir de los seis años de edad, los niños comienzan a ser más conscientes de quiénes son y de su individualidad. Es en ese momento, aproximadamente, cuando pueden aparecer los complejos.

Estos también se generan por “sentirse humillado o estar expuesto a comentarios negativos por las personas de nuestro entorno, por falta de amor y cariño, tener una personalidad insegura y falta de confianza en uno mismo”, detalla Nuria García Alonso de la Torre, psicóloga infantojuvenil y directora del Centro Ayudarte Estudio de Psicología, de Gijón.

¿Cuáles son los complejos más frecuentes en la infancia?

Aunque casi todo es susceptible de generar un complejo, hay dos grandes categorías que suelen agrupar la mayoría de ellos; eso sí, vividos con distinta intensidad y diferente malestar, según la persona.

Complejo de inferioridad

Es el que hace que “los niños y los adolescentes se valoren de forma negativa a la hora de realizar alguna tarea o actividad”, explica la experta. Este complejo puede surgir en muy diferentes situaciones: el menor tiene calificaciones escolares más bajas que el resto; tiene miedo por dormir fuera de casa y ve que a sus amigos no les cuesta...

En la adolescencia, este complejo evoluciona “y se trata de sentirse inferior que los demás compañeros por no tener la ropa de moda, tener pocos seguidores en las redes sociales o que alguien en clase les ponga motes o apodos y no sean populares”, detalla la psicóloga.

Complejos físicos

Surgen cuando el menor tiene rasgos físicos que no le agradan: es muy delgado o tiene exceso de peso; es muy alto o muy bajo; sus dientes, orejas, nariz o boca son distintas, el color o la forma de su pelo no le agradan...

Cuando llegan a la adolescencia, también hay un cambio y entonces estará motivado “por el tamaño del pecho, las caderas o los mulos, por la estatura si aún no ha desarrollado, la falta de musculatura, el acné...”, comenta la directora de Ayudarte Estudio de Psicología (www.ayudartepsicologia.es).

En esta etapa, el adolescente puede intensificar sus complejos de la infancia porque está muy expuesto al ideal de belleza de la sociedad. Además, son muy vulnerables ante los comentarios o críticas que pueden recibir en redes sociales, y todo ello puede hacer que acaben aislándose.

Imagen real e imagen deformada

En ocasiones, el complejo del niño parte de una situación real: por ejemplo, sus calificaciones escolares son malas, o su peso es excesivo. En ese caso, los padres han de intentar poner solución a la situación en sí que ha generado el conflicto en su autoimagen, por ejemplo, motivándolos para que estudien más o cuidando más la dieta. Además, es importante favorecer “que se acepten y se quieran como son”, subraya la experta.

En otros casos, sin embargo, el niño o el adolescente pueden tener una imagen muy deformada y exagerada de la realidad, y entonces la situación no es tan fácil de resolver porque, además, genera un gran malestar y puede influir en su vida cotidiana a nivel académico, de ocio, familia, círculo social...

“Por ejemplo, si una niña aún no ha desarrollado sus pechos, puede dejar de ir a una actividad deportiva o a la playa por evitar los vestuarios y encontrarse con otras niñas, llevar una determinada ropa porque piense que acentúe más ese complejo o aislarse, e incluso estar más irritable cuando ve a algún familiar porque piensa que hablará de ello”, comenta Nuria García Alonso de la Torre.

Niño solo al final de un muelle frente al mar©AdobeStock

Cómo ayudar a superar los complejos

Los complejos afectan mucho a la autoestima del niño o del adolescente y pueden modificar el carácter y las relaciones que se mantengan con los demás. La intervención y la ayuda de los padres es decisiva para que sus hijos puedan superarlos. Estas son las recomendaciones de la directora de Centro Ayudarte:

  • Reforzar la autoestima en casa. No basta con que los padres le señalen las cosas que hace bien, pues el niño debe darse cuenta por sí mismo de ello y de sus cualidades. “A veces es tan simple como preguntarle ‘¿qué es lo que más te gusta de ti?’, ‘si pudieras destacar algo, ¿qué es lo que mejor se ta da hacer?’. En el caso de que no sepa la respuesta, los padres pueden citar situaciones o anécdotas vividas con él para ayudarle a reflexionar sobre sus puntos fuertes y que no los pase por alto: ‘cuando fuiste al parque solo nos pareció que eras muy valiente’.
  • Escucharles de forma activa. Cuando el niño habla de sus complejos, los padres deben escucharlo sin intervenir o juzgar. “Es importante no infravalorar sus comentarios y valorar hasta qué punto le está influyendo en su vida”. Sin embargo, eso no da vía libre a que el complejo sea el punto central de las conversaciones familiares, ya que hay que buscar un equilibrio.
  • Evitar hablar del complejo delante de otras personas. A veces los padres cometen el error de hablar de los complejos de sus hijos con otros, estando el niño o el adolescente delante, como si él no estuviera escuchando. “Le han bajado de categoría de fútbol porque es muy bajito, el pobre”, “sigue llevando bikinis de niña porque aún no ha desarrollado”... Son comentarios inadecuados que hay que desterrar.

¿Se pueden prevenir los complejos?

No todos los niños van a sufrir complejos. Puede ayudar a ello, “tener un ambiente donde se fomente el cariño y el afecto, controlando mucho el lenguaje con el que nos dirigimos a nuestros hijos”, según apunta la psicóloga. Por ejemplo, es bueno dirigir las críticas no a la persona sino al hecho: en lugar de decir “eres un desastre”, es mejor apuntar “tu habitación debe estar más ordenada”.

Además, es importante potenciar su espíritu crítico “para que se dé cuenta de que la vida no es solo lo que reflejan las redes sociales”. Para ello hay que fomentar su autonomía y demostrarlo siendo flexibles cuando vaya definiendo su personalidad. “En la adolescencia, sobre todo, puede que se distancie más de los gustos de los padres en el pelo, el vestir...”.

Por último, ayudarles a ser asertivos les dará armas para enfrentarse a las críticas negativas “y que no lleguen a afectarles tanto, así como a tener más seguridad en sí mismos”, destaca Nuria García Alonso de la Torre.

En cualquier caso, si el complejo es demasiado intenso, siempre se puede pedir ayuda profesional para abordarlo y que el niño pueda enfrentarse a él con éxito.

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