Muchos estudiantes están ya terminando estos días los exámenes de la PAU. Se han quitado un peso de encima y ahora toca esperar las notas para elegir la carrera que puede marcar su futuro laboral. Para muchos adolescentes, la decisión llega cargada, además, de expectativas familiares, comparaciones y silencios que pesan más que cualquier nota. Algunos hablan de su futuro “desde el debería y no desde el me gustaría”, desconectados de la ilusión y muy atentos a no decepcionar, tal y como nos explica la psicoterapeuta Rebeca Cáceres, directora de Tribeca Psicólogos y profesora de la Universidad Internacional de Valencia.
El miedo a fallar, a no estar “a la altura”, se mezcla con ansiedad, culpa y una autoexigencia que convierte la vocación en un terreno minado. En un momento en el que aún están descubriendo quiénes son, elegir “lo esperado” puede sentirse casi como una obligación emocional, con un coste silencioso que rara vez se nombra.
¿Qué señales muestran que un adolescente está eligiendo estudios más por expectativas externas que por deseo propio?
Muchas veces se observa cuando el adolescente habla de su elección desde el “debería” y no desde el “me gustaría”. Hay jóvenes que describen la carrera que van a estudiar con desconexión emocional, sin ilusión ni curiosidad genuina, pero con un gran peso de la aprobación externa. También es frecuente que aparezca ansiedad excesiva ante la posibilidad de decepcionar a otros o una dificultad enorme para imaginarse fuera de ese camino. Cuando un adolescente no puede responder con claridad quién es, qué le interesa o qué le mueve más allá de las expectativas familiares o sociales, suele haber una desconexión importante con el deseo propio.
¿Cómo influye la presión familiar, explícita o implícita, en la toma de decisiones académicas?
La presión familiar no siempre aparece en forma de imposición directa. A veces está en comentarios aparentemente inocentes, en silencios, en comparaciones o en la idea de que ciertas profesiones tienen más valor que otras. Los adolescentes son especialmente sensibles al vínculo y al reconocimiento de sus figuras de referencia, por lo que muchas veces priorizan mantener el amor, la admiración o la pertenencia antes que escucharse a sí mismos. El problema es que cuando una elección se hace únicamente desde la expectativa externa, puede aparecer más adelante vacío, frustración o sensación de vivir una vida que no sienten propia. Eso puede terminar viviéndose como un “fracaso”: algunos abandonan la carrera, otros la terminan, pero después descubren que quieren dedicarse a algo completamente distinto, y muchos acaban ejerciendo una profesión que no sienten alineada con quienes son realmente, solo para no decepcionar o cuestionar las expectativas que otros pusieron sobre ellos.
¿Qué papel juega el profesorado cuando refuerza ciertas carreras como “mejores” o “más válidas”?
El profesorado tiene un papel muy importante porque en esta etapa los adolescentes todavía están construyendo su identidad. Cuando desde el entorno educativo se transmite que algunas carreras son “para los más inteligentes” o que ciertas profesiones tienen más prestigio o valor que otras, existe el riesgo de que los jóvenes asocien su valía personal al rendimiento académico o al estatus profesional.
Eso puede generar mucha presión y hacer que algunos adolescentes se desconecten de talentos más creativos, artísticos o vocacionales por miedo a no sentirse suficientemente reconocidos o validados. Educar no debería consistir únicamente en orientar hacia las salidas profesionales, sino también en ayudar a cada alumno a conocerse, descubrir quién es y qué está alineado con su esencia, sus capacidades y sus valores.
¿Por qué hay adolescentes que sienten que “defraudan” si no eligen lo que se espera de ellos?
Porque en la adolescencia la pertenencia al sistema familiar sigue siendo muy importante. Muchos jóvenes sienten, aunque nadie se lo diga explícitamente, que cumplir expectativas es una manera de mantener el vínculo, el reconocimiento o incluso el amor. Por eso, cuando eligen algo distinto, pueden vivirlo casi como una traición. Crecer también implica diferenciarse y poder construir una identidad propia, aunque eso genere cierta incomodidad en el entorno.
Educar no debería consistir únicamente en orientar hacia las salidas profesionales, sino también en ayudar a cada alumno a conocerse, descubrir quién es y qué está alineado con su esencia, sus capacidades y sus valores
¿Qué emociones suelen aparecer cuando un joven siente que no está a la altura de las expectativas familiares?
Suelen aparecer ansiedad, culpa, miedo, inseguridad y mucha autoexigencia. Algunos adolescentes viven con la sensación constante de estar fallando o de no ser suficientes. También es frecuente que aparezcan bloqueo, apatía o incluso síntomas depresivos cuando sienten que nunca alcanzan el ideal esperado.
Hay jóvenes que aprenden a funcionar desde el rendimiento continuo porque creen que solo así merecen reconocimiento, amor o validación. Y, en otros casos, el malestar puede expresarse de maneras que a veces los adultos interpretan únicamente como “rebeldía” o “mal comportamiento”. Detrás de ciertas respuestas agresivas, desafiantes o explosivas puede haber una enorme frustración, presión interna o sensación de no poder expresar lo que realmente sienten. Muchos adolescentes no tienen todavía las herramientas emocionales para verbalizar ese dolor, esa exigencia o ese miedo a decepcionar, y terminan expresándolo a través de la conducta.
¿Hasta qué punto es normal no tener clara la vocación a los 17 o 18 años?
Es mucho más normal de lo que pensamos. A los 17 o 18 años se les pide a muchos adolescentes que tomen decisiones importantes sobre su futuro cuando todavía están descubriendo quiénes son, qué necesitan y cómo funciona realmente la vida adulta. Pretender tener una vocación completamente definida a esa edad puede generar una presión innecesaria.
Además, la vocación no siempre aparece como una certeza clara y repentina. Muchas veces se construye con la experiencia, explorando, equivocándose, cambiando de intereses o descubriendo habilidades que antes no conocían en sí mismos. Hay personas que encuentran su camino muy pronto y otras que lo hacen años después, y ambas trayectorias son igual de válidas.
El problema no es no tenerlo claro, sino sentir que deberías tenerlo claro ya. Esa exigencia puede hacer que algunos jóvenes elijan desde el miedo o la presión, en lugar de hacerlo desde el autoconocimiento y la curiosidad.
¿Qué factores psicológicos explican la indecisión en esta etapa?
La indecisión puede tener múltiples causas. Por un lado, el propio proceso evolutivo de la adolescencia, una etapa en la que todavía se está construyendo la identidad y donde es normal que existan dudas sobre quién eres, qué deseas o hacia dónde quieres ir. Pero también influyen otros factores psicológicos como el miedo al error, la autoexigencia, la necesidad de aprobación o la dificultad para conectar con uno mismo cuando ha habido demasiado peso externo.
La familia también puede influir mucho en esta indecisión, especialmente cuando el adolescente percibe que ciertas elecciones serán más aceptadas, admiradas o valoradas que otras. A veces no hace falta una presión explícita: basta con sentir que decepcionarían a sus padres o que perderían reconocimiento si no siguen determinadas expectativas. Esto puede hacer que el joven entre en un conflicto interno entre lo que siente y lo que cree que “debería” elegir.
También el entorno escolar y social tiene un impacto importante. Vivimos en una cultura muy centrada en el rendimiento, la comparación y la idea de éxito. Cuando desde el colegio, las redes sociales o el grupo de iguales se transmite que hay caminos “más válidos” o más prestigiosos que otros, muchos adolescentes sienten que se están jugando su valor personal en una decisión académica. Además, el exceso de opciones y la presión actual por elegir rápido y acertar generan todavía más bloqueo.
Por eso, hay adolescentes que no están confundidos por falta de capacidad, sino porque sienten que cualquier decisión define completamente quiénes son, cuánto valen o cómo será todo su futuro.
¿Cómo influye la presión por “no equivocarse” en la parálisis a la hora de elegir?
Influye muchísimo. Cuando un adolescente siente que equivocarse tiene consecuencias enormes o irreversibles, el miedo puede bloquear completamente la capacidad de decidir. La elección deja de vivirse como una exploración y pasa a sentirse como un juicio sobre quién eres o cuánto vales. Esto genera mucha ansiedad y parálisis. A veces no elegir también es una forma de protegerse del miedo a fallar.
Más que educar únicamente para adaptarse a un mercado laboral concreto, es importante ayudar a los jóvenes a desarrollar capacidades como creatividad, flexibilidad, pensamiento crítico o capacidad de reinventarse
¿Qué papel juegan las redes sociales y los discursos de éxito rápido en la elección de estudios?
Las redes sociales han intensificado mucho la comparación y la idea de que el éxito debe llegar rápido, ser visible y generar admiración externa. Muchos adolescentes consumen constantemente mensajes donde parece que a los 20 años ya deberías tener una vida resuelta, éxito económico o reconocimiento. Eso puede generar frustración, desconexión del propio ritmo y elecciones basadas más en la imagen de éxito que en el deseo auténtico. El riesgo es terminar construyendo proyectos de vida desde la expectativa social y no desde la identidad personal. Además de que pase factura con quiebros en la salud mental.
¿Cómo afecta la idea de “trabajos con futuro” a la libertad de elección?
Es normal que las familias se preocupen por la estabilidad laboral de sus hijos, pero cuando la idea de elegir “trabajos con futuro” se convierte en el único criterio, el adolescente puede sentir que no hay espacio para escucharse realmente a sí mismo. El riesgo es que la elección deje de hacerse desde la identidad, los intereses o los valores personales y pase a hacerse únicamente desde el miedo a la incertidumbre.
Además, vivimos en un contexto que cambia constantemente. Muchas profesiones actuales ni siquiera existían hace unos años y probablemente ocurrirá lo mismo en el futuro. Por eso, más que educar únicamente para adaptarse a un mercado laboral concreto, es importante ayudar a los jóvenes a desarrollar capacidades como creatividad, flexibilidad, pensamiento crítico o capacidad de reinventarse.
Lo más importante es que la persona pueda construir su camino desde lo que siente y desde quién es de verdad. Cuando alguien está alineado con su identidad, suele encontrar maneras de crecer, adaptarse y sostener los cambios. Sin embargo, cuando una elección se hace completamente alejada de la propia esencia, aunque tenga “salidas profesionales”, es más probable que aparezcan vacío, desmotivación o la sensación de estar viviendo una vida que no siente propia. Y precisamente para las generaciones más jóvenes, vivir alineados con sus valores y su autenticidad tiene cada vez más peso a la hora de entender el éxito y el bienestar.
¿Cómo puede un padre o madre apoyar sin dirigir?
Escuchando, observando y acompañando. Acompañar no significa decidir por ellos, sino ayudarles a conocerse, explorar posibilidades y tolerar la incertidumbre sin transmitir miedo. Es importante hacer preguntas en lugar de imponer “certezas”, validar sus dudas y diferenciar el deseo auténtico del hijo de las expectativas familiares.
El vínculo de seguridad entre padres e hijos es fundamental porque transmite al adolescente la sensación de que puede ser quien realmente es, explorar, equivocarse y tomar decisiones propias sin miedo a perder el amor, el apoyo o la conexión con sus padres. Cuando un hijo siente que el vínculo no depende de cumplir expectativas, desarrolla más confianza interna para construir su propio camino.
¿Qué importancia tiene permitir el error o el cambio de rumbo?
Permitir el error o el cambio de rumbo es importante porque elegir unos estudios no debería vivirse como una decisión que te “condena” a vivir una determinada vida por la elección a tus 18. Eso no significa restarle importancia a la elección, sino entender que la madurez y el autoconocimiento también evolucionan con el tiempo y la experiencia.
Lo saludable es acompañar a los jóvenes a tomar decisiones desde la reflexión, conectadas con sus intereses, capacidades y valores, pero entendiendo que la vida profesional no siempre es lineal. A veces una elección se confirma y otras veces necesita reajustarse. Y poder hacerlo sin vivirlo como un fracaso reduce muchísimo la presión y la ansiedad.
De hecho, muchos adultos terminan reinventándose, especializándose en áreas distintas o descubriendo nuevas vocaciones con el tiempo. Por eso, más que exigir certezas absolutas a edades tan tempranas, quizá deberíamos enseñar que la decisión correcta no es la “perfecta”, sino aquella que está lo más alineada posible con quién eres en ese momento de tu vida.
¿Por qué es importante transmitir que una carrera no determina toda la vida profesional?
Hoy las trayectorias laborales son mucho más flexibles y cambiantes que hace décadas. Una carrera puede abrir caminos, pero no define quién eres ni todo lo que podrás hacer en el futuro. Cuando los jóvenes entienden esto, disminuye mucho la presión y aparece más espacio para explorar, aprender y evolucionar. La vida profesional ya no suele ser sinónimo de un trabajo para toda la vida. Precisamente por eso, una de las habilidades más importantes actualmente es la capacidad de ser flexible y adaptarse a los cambios.







