Leticia Martín Enjuto, psicóloga: "La indecisión es muchas veces una señal de que el adolescente está pensando, evaluando y construyendo su identidad"


En opinión de la experta, se convierte en señal de alerta cuando es persistente, genera malestar significativo o bloquea la acción, impidiendo al adolescente avanzar en decisiones cotidianas o importantes


chica adolescente sentada junto a la ventana mirando al móvil© Getty Images/Westend61
26 de abril de 2026 a las 7:30 CEST

En la adolescencia, dudar es casi un verbo cotidiano. Los padres lo saben bien. Forma parte del desarrollo, de ese proceso complejo en el que se construye la identidad y se afinan habilidades como planificar, anticipar o elegir. Pero cuando la indecisión deja de ser un gesto evolutivo y se convierte en un bloqueo que angustia, paraliza o impide avanzar, puede estar señalando algo más profundo: miedo al error, inseguridad, baja autoestima o una sobrecarga emocional difícil de gestionar. La psicóloga Leticia Martín Enjuto ayuda a entender por qué a muchos adolescentes les cuesta tanto decidir y qué pueden hacer las familias para acompañarlos sin presionar ni sustituir su criterio.

Leticia Martín Enjuto, psicóloga clínica sanitaria

¿La indecisión es una característica normal de esta etapa o un signo de alerta?

La indecisión en la adolescencia es, en gran medida, una manifestación esperable del desarrollo. En esta etapa se están consolidando funciones cognitivas complejas como la planificación, la anticipación de consecuencias y la construcción de identidad, por lo que dudar, cambiar de opinión o sentirse perdido forma parte del proceso. Sin embargo, se convierte en señal de alerta cuando es persistente, genera malestar significativo o bloquea la acción, impidiendo al adolescente avanzar en decisiones cotidianas o importantes. En ese caso, más que una simple característica evolutiva, puede estar indicando ansiedad, inseguridad profunda o dificultades en la regulación emocional.

¿Cree que los adolescentes tienden a priorizar la emoción sobre la lógica al decidir?

Sí, y esto tiene una base neuropsicológica. Durante la adolescencia, el sistema límbico, relacionado con las emociones y la recompensa, está especialmente activo, mientras que la corteza prefrontal, encargada del razonamiento y el control de impulsos, aún está en desarrollo. Esto hace que, en muchas ocasiones, las decisiones estén más guiadas por lo que “se siente” en el momento que por un análisis racional. No es que carezcan de lógica, sino que el peso emocional es mayor, especialmente en contextos sociales o de alta carga afectiva.

¿Cómo influyen la inseguridad, el miedo al error o la baja autoestima en la indecisión adolescente?

Estos factores son centrales. Cuando un adolescente duda de su propio valor o capacidad, cada decisión se convierte en un posible riesgo de confirmación de sus inseguridades. El miedo al error se magnifica, percibiéndose no como una oportunidad de aprendizaje sino como una amenaza al autoconcepto. Esto puede llevar a la evitación, a delegar decisiones o a quedarse paralizado. Siempre traslado en consulta que la baja autoestima reduce la confianza en el propio criterio, haciendo que incluso decisiones simples se vivan como abrumadoras.

Cuando un adolescente duda de su propio valor o capacidad, cada decisión se convierte en un posible riesgo de confirmación de sus inseguridades

Leticia Martín Enjuto, psicóloga

¿Puede la sobreestimulación (redes sociales, presión social, exceso de opciones) aumentar la dificultad para elegir?

Absolutamente. Vivimos en un contexto donde las opciones son prácticamente infinitas y donde, además, hay una exposición constante a lo que otros hacen, eligen o aparentan elegir con éxito. Esto genera lo que llamamos “fatiga decisional” y también el fenómeno de “miedo a perderse algo” (FOMO). Cuantas más opciones y más comparación, más difícil resulta comprometerse con una elección, ya que siempre parece haber una alternativa mejor o más validada socialmente.

¿Qué señales indican que la indecisión está afectando su bienestar emocional?

Algunas señales claras incluyen ansiedad elevada ante decisiones pequeñas, evitación constante de elegir, dependencia excesiva de la opinión de otros, frustración o irritabilidad al tener que decidir, y sensación de bloqueo o parálisis. También puede aparecer autocrítica intensa después de decidir, arrepentimiento constante o dificultad para sostener decisiones tomadas. Cuando la indecisión interfiere con el funcionamiento diario o genera sufrimiento, es importante prestarle atención.

adolescente pensativa tumbada en el sofá© Getty Images/Tetra images RF

¿Cómo influye el estilo de crianza en la capacidad de un adolescente para tomar decisiones? 

El estilo de crianza tiene un impacto profundo. Un entorno que fomenta la autonomía, permite el error y valida las emociones facilita que el adolescente desarrolle confianza en su criterio. En cambio, estilos muy autoritarios (donde todo está decidido por los adultos) o muy permisivos (sin guía ni estructura) pueden dificultar este aprendizaje. La toma de decisiones es una habilidad que se entrena, y el contexto familiar puede ser un espacio seguro para practicarla o, por el contrario, limitarla.

¿La sobreprotección puede generar más indecisión?

Sí, la sobreprotección suele tener ese efecto. Cuando un adolescente no ha tenido oportunidades de decidir, equivocarse y aprender de las consecuencias, es probable que se sienta inseguro al enfrentarse a decisiones por sí mismo. La sobreprotección transmite, de forma implícita, el mensaje de que el mundo es peligroso y que él o ella no es capaz de manejarlo, lo cual debilita la autonomía y refuerza la indecisión.

¿Qué papel juega el miedo al juicio público o a “equivocarse en público”?

En la adolescencia, la mirada del otro tiene un peso enorme en la construcción de identidad. El miedo al juicio social puede paralizar la toma de decisiones, especialmente en contextos visibles como redes sociales o grupos de pares. Equivocarse en público se vive muchas veces como una amenaza a la aceptación social, lo que puede llevar a evitar decidir, a seguir la corriente o a buscar constantemente validación externa antes de actuar.

La toma de decisiones es una habilidad que se entrena, y el contexto familiar puede ser un espacio seguro para practicarla o, por el contrario, limitarla

Leticia Martín Enjuto, psicóloga

¿Qué estrategias pueden ayudar a un adolescente a tomar decisiones con más seguridad?

Es útil trabajar en varios niveles: enseñar a diferenciar entre decisiones reversibles e irreversibles para reducir la presión, fomentar el pensamiento gradual (“no tiene que ser perfecto, solo suficientemente bueno”), validar el error como parte del aprendizaje y entrenar la autoobservación emocional. También ayuda acotar opciones, establecer criterios personales (qué es importante para mí) y practicar la toma de decisiones en contextos cotidianos. El fortalecimiento de la autoestima y la autoconfianza es clave en todo este proceso.

¿Cómo pueden los padres acompañar sin presionar ni decidir por ellos? 

El acompañamiento implica estar disponibles, escuchar sin juzgar y ofrecer orientación sin imponer. Es importante hacer preguntas que inviten a la reflexión (“¿qué opción te hace sentir más tranquilo?”, “¿qué valoras en esta situación?”) en lugar de dar respuestas cerradas. También es fundamental respetar las decisiones del adolescente, incluso si no coinciden con las de los padres, siempre que no impliquen un riesgo significativo. El equilibrio está en sostener, no en sustituir.

¿Qué mensaje darías a los padres que se desesperan ante la indecisión de sus hijos?

Les diría que la indecisión no es necesariamente un problema, sino muchas veces una señal de que su hijo está pensando, evaluando y construyendo su identidad. Aunque pueda resultar frustrante, apresurar o decidir por ellos suele empeorar la situación a largo plazo. Es más útil ver este momento como una oportunidad para enseñar habilidades de vida, tolerar la incomodidad del proceso y confiar en que, con apoyo adecuado, el adolescente desarrollará su propio criterio.

¿La indecisión es algo que se supera con la edad o requiere trabajo consciente?

Puede mejorar con la maduración, especialmente a medida que se desarrollan las funciones ejecutivas y la identidad se consolida, pero no siempre desaparece por sí sola. En muchos casos requiere un trabajo consciente, tanto a nivel individual (autoestima, gestión emocional, tolerancia a la incertidumbre) como en el entorno (apoyo familiar, oportunidades para decidir). Si no se aborda, la indecisión puede mantenerse en la adultez, por lo que intervenir de forma temprana es altamente beneficioso.