Maternidad

Pedro Camacho, enfermero pediátrico: "Muchas madres creen que deberían sentirse seguras desde el primer día, y la realidad no funciona así"


Es una de las voces más reputadas en España acerca de los cuidados del recién nacido y del bebé, y hablamos con él con motivo de la publicación de su último libro


Pedro Camacho, enfermero pediátrico© mireciennacido
18 de mayo de 2026 a las 17:08 CEST

Pedro Camacho lleva a sus espaldas 28 años de experiencia como enfermero pediátrico atendiendo a bebés, a recién nacidos y, por qué no decirlo, a sus mamás, porque en esos primeros meses de vida, el apoyo emocional, el consejo, de quien de verdad entiende a nuestros hijos, es fundamental. Por eso se ha convertido en todo un referente en lo que al cuidado de los bebés se refiere (tiene más de un millón de seguidores solo en su cuenta de Instagram, @mireciennacido) y por eso ha publicado su último libro, Mi único plan es quererte (Ed. Espasa).

En esta obra habla sin tapujos de la maternidad real y de cómo cuidar al bebé, pero de manera práctica, sin romanticismos, explicando lo que de verdad necesita saber una madre en esos momentos en los que las dudas parecen invadirlo todo o en los que el cansancio y la falta de sueño le impiden disfrutar de la crianza de su hijo. Es tan consciente de que la madre que sea capaz de leer un libro del tirón en esas primeras semanas de vida de su bebé es una excepción, que lo ha escrito en un estilo directo, claro y sencillo; simplemente con los consejos y las herramientas de cuidado que verdaderamente necesita conocer cada mamá.

Leerlo tranquiliza, al igual que lo hace ver sus vídeos de redes sociales y charlar con él. Normaliza esas emociones que parecen tan extrañas a las madres, de esas de las que no se suele hablar porque te crees un bicho raro y que, en realidad, son casi universales. Con un trato cercano y afable y con una sonrisa en los ojos, da a las mamás de sus pacientes las respuestas que buscan. ¡Cuántas madres (incluida la periodista que le hace esta entrevista) hubieran deseado conocerlo cuando nacieron sus retoños!

Hoy muchas madres viven la maternidad con una exigencia enorme y con la sensación constante de estar siendo evaluadas.

Pedro Camacho, enfermero pediátrico en Atención Primaria

Una madre primeriza que sale del hospital y llega a casa feliz, pero de repente empiezan a surgir millones de dudas y de temores. ¿Qué le dirías?

Le diría algo muy importante: tener dudas o miedo no significa que lo estés haciendo mal. De hecho, es lo más habitual cuando una familia llega a casa con un recién nacido y desaparece la sensación de "estar acompañados" del hospital. Ahí empiezan las preguntas: si come suficiente, si ese llanto es normal, si duerme poco, si lo están haciendo bien…

Muchas madres creen que deberían sentirse seguras desde el primer día, y la realidad no funciona así. La maternidad se construye poco a poco. Por eso creo que las familias necesitan menos presión y más información clara y tranquilizadora. Cuando entienden qué es normal en un recién nacido, muchas cosas empiezan a vivirse con más calma.

¿Cómo puede la pareja sostener tanto en la práctica del día a día con el recién nacido como emocionalmente?

La pareja tiene un papel fundamental, porque muchas veces no se trata solo de ayudar con el bebé, sino de sostener emocionalmente a la madre. Ese apoyo suele estar en cosas muy simples: escuchar sin juzgar, proteger momentos de descanso o hacer sentir a esa madre que no tiene que poder con todo sola.

El problema es que el agotamiento hace que incluso pedir ayuda resulte difícil. Por eso en el libro, además de la explicación más profunda, he incluido tablas rápidas y muy prácticas para que cada madre pueda identificar qué necesita y cómo pedir ayuda concreta a su pareja o a su entorno sin tener que pensar demasiado cuando está agotada. Porque cuidar a quien cuida también es cuidar al bebé.

En el libro propones romper con la imagen idealizada de la maternidad y normalizar que, por mucho que se quiera al bebé e, incluso, por muy feliz que se sienta la madre, hay momentos difíciles. ¿Por qué es necesario normalizar esto?

Porque una de las cosas que más daño hace a muchas madres es pensar que son las únicas que no están disfrutando todo el tiempo. Seguimos transmitiendo una imagen de la maternidad demasiado perfecta, como si querer muchísimo a un bebé fuera incompatible con sentirse agotada, perdida o sobrepasada a veces. Y no lo es.

Normalizar los momentos difíciles no significa romantizar el sufrimiento, sino quitar culpa. Una madre puede estar profundamente enamorada de su hijo y, al mismo tiempo, sentir miedo, cansancio o necesidad de ayuda. Y muchas madres sienten un alivio enorme cuando entienden que eso también forma parte de la maternidad.

Pedro Camacho, enfermero pediátrico, atiende a un recién nacido en su consulta de Atención Primaria© mireciennacido
Pedro Camacho, enfermero pediátrico, atiende a un recién nacido en su consulta de Atención Primaria

¿Cómo darse cuenta la madre (o la pareja o la familia) de que ésta ha atravesado el umbral del cansancio y que se siente tan sobrepasada que podría estar atravesando una depresión posparto?

La clave suele estar en que el malestar deja de ser algo puntual y empieza a ocuparlo todo. No hablamos solo de cansancio, sino de una madre que siente que no puede disfrutar de nada, que vive permanentemente angustiada, desconectada o desbordada incluso en los momentos tranquilos.

Muchas veces la pareja o la familia lo notan antes: aislamiento, llanto constante, irritabilidad extrema, sensación de incapacidad o frases como "no puedo más". Y hay algo importante: no hace falta tocar fondo para pedir ayuda. Cuanto antes se acompaña a esa madre, mejor para ella, para el bebé y para toda la familia.

Por eso en este libro no solo hablo de cómo afrontar las dudas y dificultades más frecuentes del bebé de 0 a 24 meses —el llanto, el sueño, la alimentación, el desarrollo o las señales de alarma—, sino también de algo igual de importante: cuidar a la madre y acompañarla para que no tenga que vivir esta etapa sintiéndose sola.

Veo madres maravillosas sintiéndose insuficientes simplemente porque su bebé llora, no duerme del tirón o porque están agotadas. Y eso es profundamente injusto.

Pedro Camacho, enfermero pediátrico en Atención Primaria

Según tu experiencia, ¿esta situación de la madre repercute de algún modo en el bebé, en su desarrollo emocional o en la formación o fortalecimiento del vínculo?

Sí, porque el bebé y la madre están profundamente conectados, especialmente en los primeros meses. Un bebé no necesita una madre perfecta, pero sí una madre acompañada y sostenida emocionalmente. Cuando una madre está desbordada o sufriendo, muchas veces le cuesta más disfrutar, conectar o responder con calma, y eso puede afectar al ambiente emocional que rodea al bebé.

Pero también es importante transmitir tranquilidad: pedir ayuda a tiempo cambia muchísimo las cosas. El vínculo no se rompe porque una madre lo esté pasando mal. De hecho, muchas veces el primer paso para cuidar bien a un bebé es empezar a cuidar también a esa madre.

Propones herramientas concretas para sostener el día a día. ¿Cómo lograrlo cuando la madre tiene depresión posparto?

Lo primero es entender que una madre con depresión posparto no necesita exigirse más, sino sentirse sostenida. A veces las herramientas más importantes no son grandes soluciones, sino pequeñas ayudas muy concretas: descansar, reducir la carga mental, tener apoyo real o dejar de intentar hacerlo todo perfecto.

Por eso en el libro ofrezco herramientas muy prácticas y fáciles de aplicar incluso en momentos de agotamiento extremo. Y quise que el acompañamiento no terminara solo en las páginas: al final de cada capítulo hay una zona QR con recursos online, vídeos, imprimibles y charlas con profesionales que las familias pueden escuchar incluso mientras pasean con su bebé. La idea es que las familias sientan que no están solas también después de cerrar el libro.

Mi único plan es quererte, de Pedro Camacho© Espasa

Hay una frase del libro que resulta muy significativa y, seguro, sirve de gran ayuda a muchas madres. “Esa sensación de estar haciéndolo mal cuando todo va bien es una de las experiencias más compartidas de la maternidad temprana”. ¿Por qué?

Porque hoy muchas madres viven la maternidad con una exigencia enorme y con la sensación constante de estar siendo evaluadas. Aunque el bebé esté sano, aunque esté creciendo bien y aunque estén haciendo las cosas correctamente, muchas siguen pensando que deberían hacerlo mejor, disfrutar más o cansarse menos.

Las redes sociales, la sobreinformación y la idea de la "madre perfecta" han hecho mucho daño en ese sentido. Veo madres maravillosas sintiéndose insuficientes simplemente porque su bebé llora, no duerme del tirón o simplemente porque están agotadas. Y eso es profundamente injusto.

Por eso creo que una parte muy importante del acompañamiento es devolverles tranquilidad y confianza. Muchas veces no necesitan hacerlo mejor; necesitan dejar de sentir que están fallando todo el tiempo.

Incluyes una guía muy específica para identificar y actuar ante el llanto del bebé, pero ¿qué hacer cuando el bebé es llorón sin más? ¿Cuando llora muy a menudo (más que otros bebés de su edad) y es difícil calmarlo, aunque el pediatra haya comprobado que está todo bien en lo que a salud se refiere?

Lo primero es entender que hay bebés sanos que lloran mucho más que otros, y eso desespera enormemente a las familias porque sienten que algo se les está escapando. Vivimos comparando: "el hijo de mi amiga duerme más", "el de al lado apenas llora"… y cuando el tuyo necesita muchísimo más contacto, más brazos o más consuelo, es fácil pensar que estás haciendo algo mal.

Pero muchos de esos bebés simplemente tienen una forma más intensa de adaptarse al mundo. Y aunque el llanto no siempre pueda eliminarse por completo, sí se puede aprender a entenderlo y atravesarlo mejor. Por eso en el libro doy herramientas muy concretas para ayudar a las familias a identificar patrones, saber qué puede aliviar al bebé y, sobre todo, reducir esa sensación de impotencia constante. Y, sobre todo, necesitan dejar de sentirse perdidas frente a ese llanto.

Madre y bebé recién nacido© Getty Images

Otro de los aspectos que más angustian a muchas madres es la lactancia; ¿cómo saber si un bebé está tomando la suficiente leche?

Esa es probablemente una de las preguntas que más escucho en consulta durante las primeras semanas. Muchas madres sienten que su bebé quiere comer constantemente y enseguida aparece el miedo: "¿y si no tengo suficiente leche?". Pero la mayoría de las veces el problema no es la falta de leche, sino no saber cómo se comporta realmente un recién nacido.

Los bebés pequeños necesitan comer muy frecuentemente porque su estómago es pequeño y la leche materna se digiere rápido. Por eso es mucho más útil fijarse en señales objetivas: que el bebé gane peso, moje pañales, tenga momentos de calma y un buen estado general.

Cuando una madre entiende qué es normal y qué no, cambia completamente la manera en que vive la lactancia. Y eso reduce muchísimo la ansiedad de los primeros meses.

Una de las cosas que más daño hace a muchas madres es pensar que son las únicas que no están disfrutando todo el tiempo.

Pedro Camacho, enfermero pediátrico en Atención Primaria

¿Cómo establecer de manera adecuada la lactancia materna?

Lo primero es quitar mucha presión alrededor de la lactancia. Porque muchas madres llegan pensando que tiene que salir bien desde el primer momento y la realidad es que, muchas veces, es un aprendizaje tanto para el bebé como para la madre.

Para establecerla adecuadamente ayudan mucho el contacto piel con piel, las tomas frecuentes, aprender a reconocer las señales tempranas de hambre y, sobre todo, contar con acompañamiento y apoyo real en los primeros días. También es importante entender que no todas las lactancias son iguales y que necesitar ayuda no significa estar fracasando.

En el libro intento explicar la lactancia de una forma muy práctica y tranquilizadora, porque cuando una madre comprende qué está pasando y deja de vivir cada toma con miedo, todo suele vivirse con mucha más tranquilidad.

En lo que a desarrollo se refiere, es casi inevitable comparar: unas familias se sentirán felices porque su hijo alcanza ciertos hitos “antes de tiempo” y otras, sin embargo, se angustiarán porque va más lento. ¿Cuándo preocuparse de verdad? ¿A qué señales hay que prestar especial atención y cuáles no merecen tanta importancia como suele dárseles?

Comparar el desarrollo de los niños es casi inevitable, pero también una de las mayores fuentes de angustia para muchas familias. Veo padres preocupados porque su bebé todavía no se sienta, no gatea o no habla como otros niños de su edad, cuando muchas veces todo entra dentro de la normalidad.

El desarrollo infantil no funciona como un calendario exacto. Lo importante es observar la evolución global del niño y saber identificar las señales que realmente requieren valoración, como la pérdida de habilidades, la falta de interacción o retrasos mantenidos en varias áreas.

Por eso en el libro enseño de forma muy clara qué señales vigilar y cuándo consultar, pero también incluyo juegos y ejercicios sencillos adaptados a cada etapa para estimular el desarrollo del bebé de forma natural y sin convertir cada avance en una fuente de ansiedad.