La cifra es redonda: 1.000 días. Y Cristina Pedroche ha decidido celebrarlos. "Hoy celebro 1000 días de lactancia… Estoy muy orgullosa de encontrarme en este punto, de haber superado todos los baches del principio (grietas, miedos, dudas…) y ahora estar haciendo tándem. Y es que 1000 días son muchos días", explicaba la propia presentadora en sus redes sociales, donde no dudaba en compartir esta significativa cifra con sus seguidores. Cristina Pedroche tiene dos hijos con el chef David Muñoz: Laia, nacida en 2023, e Isai, nacido en 2025.
Para ella, esos casi tres años de lactancia han supuesto todo un reto, con sus altibajos, pero, sin duda, ha merecido la pena, como se desprende de sus palabras. "Mil días de entrega, de noches sin dormir, de miradas que lo dicen todo sin palabras. He alimentado mucho más que cuerpos: he dado calma, refugio y amor en su forma más pura. A veces cansada, a veces desbordada… pero siempre con el corazón lleno. Hoy miro atrás y solo puedo sentir orgullo. Por ellos, por mí, por este viaje tan intenso y tan nuestro. Porque dar teta no es solo nutrir: es crear vínculo, es sostener, es amar sin medida", apunta la presentadora, que se pone un nuevo objetivo: "Ojalá 1000 días más (como poco )".
Lo cierto es que son muchas las madres que eligen esta opción y que prolongan la lactancia durante meses o incluso años. Sobre esta lactancia prolongada hemos querido hablar con Nuria Moreno, conocida en redes como @blw_a_comer, es dietista materno-infantil y asesora de lactancia. Recientemente ha publicado precisamente su libro Nuestros primeros 1.000 días, editado por Grou, una guía integral y práctica sobre la alimentación en la etapa más determinante del desarrollo de un ser humano.
¿Qué factores son los más determinantes para que una lactancia se establezca con éxito?
La lactancia es una de esas cosas que parecen naturales y por eso se asume que tienen que salir solas, pero la realidad es que muchas veces necesita acompañamiento, información y, sobre todo, apoyo. Y cuando digo apoyo no me refiero solo al profesional, me refiero al entorno, la pareja, la familia, el círculo cercano. Una madre que intenta establecer la lactancia rodeada de "es que no tienes leche" o "dale un biberón que el niño tiene hambre" o “ves a lo práctico”, lo tiene muchísimo más difícil.
Los factores más determinantes son un buen agarre desde el principio, algo que parece una tontería pero que marca absolutamente todo, la lactancia a demanda en esas primeras semanas, teniendo en cuenta que las tomas de pecho no tienen horario, el contacto piel con piel e incluso no utilizar chupete hasta el mes o mes y medio, hasta que la lactancia esté establecida. Y luego está algo que no se habla suficiente, el estado emocional de la madre. El estrés, el agotamiento y la falta de confianza en una misma son de los mayores enemigos de la lactancia. Por eso el acompañamiento profesional temprano, de una matrona, una asesora de lactancia e incluso una tribu, puede ser absolutamente decisivo.
¿Cuáles son los beneficios más importantes de la lactancia materna durante los primeros 1000 días de vida?
La OMS recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y mantenerla, junto con la alimentación complementaria, hasta los 2 años o más. Y no es casualidad, los beneficios son enormes.
La leche materna es un alimento vivo que se adapta a las necesidades del bebé en cada etapa. Protege frente a infecciones, fortalece el sistema inmune, favorece el desarrollo de una microbiota intestinal sana y tiene un impacto positivo en el desarrollo cerebral gracias al DHA y a una composición viva y cambiante que la hace sencillamente única. A largo plazo, la evidencia la asocia con menor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares en la vida adulta.
Pero luego está la parte que no aparece en los estudios, la lactancia construye vínculo, calma, seguridad. Es el primer idioma entre una madre y su bebé. Es nutrición y es amor al mismo tiempo, y eso no tiene precio.
¿Qué beneficios aporta continuar más allá del primer año?
La leche materna no caduca ni pierde propiedades por arte de magia el día que el bebé cumple 12 meses. Eso es un mito sin ninguna base científica y es importante decirlo alto y claro. A partir del año, sigue aportando nutrientes clave, anticuerpos y protección inmunológica. De hecho, hay estudios que muestran que la composición de la leche cambia a lo largo de la lactancia para adaptarse a las necesidades del niño en cada etapa. Pero más allá de lo nutricional, la lactancia prolongada sigue siendo una herramienta de consuelo, de regulación emocional y de conexión entre madre e hijo que tiene un valor incalculable.
Y esto no lo digo solo como dietista, también como mamá, yo di el pecho a mi hijo hasta los 4 años, y fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. Hubo momentos duros, claro que sí, pero hoy miro hacia atrás y volvería a hacerlo.
La lactancia es una decisión de dos: de la madre y del bebé. Mientras ambos quieran y estén bien, no hay ninguna razón médica ni científica para ponerle una fecha de caducidad
¿Qué mitos o prejuicios sociales existen sobre la lactancia prolongada y cómo se pueden desmontar?
Uy, por dónde empiezo… El más extendido es el de "con esa edad ya no le aporta nada". Falso, y ya lo hemos visto. Luego está el de "si le das el pecho tanto tiempo, no va a ser independiente", que tampoco tiene ningún respaldo científico. Todo lo contrario: los niños que han tenido una base de apego seguro, y la lactancia contribuye enormemente a eso, suelen desarrollar más confianza y autonomía, no menos.
Y luego están los comentarios sociales, que son los que más daño hacen: "¿Todavía le das el pecho?", "Con los dientes que tiene…", "Ya es muy mayor para eso". Estos comentarios son muy comunes, en mi caso, yo los escuché todos, y sé lo que pesan cuando ya estás cansada y con dudas. Por eso siempre digo que la lactancia es una decisión de dos: de la madre y del bebé. Mientras ambos quieran y estén bien, no hay ninguna razón médica ni científica para ponerles una fecha de caducidad.
¿Qué recomendaciones daría a una madre que está amamantando en tándem?
La lactancia en tándem, que es amamantar a dos hijos de edades distintas a la vez, es una experiencia que conozco de cerca a través de mamás que han pasado por ella, y lo que me cuentan siempre tiene dos caras: por un lado, puede ser enormemente satisfactoria, especialmente en el momento del postparto, porque ayuda al mayor a gestionar la llegada del nuevo bebé desde un lugar de seguridad y conexión. Por otro lado, puede ser agotadora, y eso hay que decirlo sin tapujos. Cuanto mayor es el hijo mayor, más fácil suele ser gestionarlo, pero cada familia es un mundo.
Mi recomendación principal es que la madre se escuche a sí misma sin culpa. Si en algún momento siente que no puede más, eso no la convierte en mala madre, la convierte en humana. También es importante establecer ciertos límites con el mayor de forma respetuosa, adaptados a su edad y a su comprensión, buscar apoyo profesional si hay dudas sobre la producción de leche o sobre cómo gestionar las tomas. Y rodearse de otras mamás que hayan vivido lo mismo, una tribu, porque a veces lo que más necesitamos es saber que no estamos solas en esto.
¿Cómo se puede acompañar a una madre que se siente agotada, desbordada o con dudas sobre continuar?
Con mucho respeto y sin juzgar, que es lo primero. Una madre que llega a ese punto ya ha dado muchísimo y lo último que necesita es que alguien le diga lo que tiene que hacer.
Lo que sí funciona es validar cómo se siente, porque el agotamiento de la lactancia es real y muchas veces no se da visibilidad y parece un tema tabú. Preguntarle qué necesita y, desde ahí, si quiere continuar, ayudarla a encontrar recursos, una asesora de lactancia, un grupo de apoyo, información basada en evidencia. Si decide que ha llegado a su límite y quiere destetar, acompañarla en ese proceso también con todo el cariño del mundo, porque un destete también puede ser un acto de amor propio y de amor hacia su bebé.
Lo que nunca hay que hacer es alimentar la culpa. Una mamá feliz es siempre mejor que una mamá al límite de sus fuerzas. Y eso también lo digo desde la experiencia.
1.000 días dan para muchísimo. Para noches sin dormir, para crisis de lactancia, para dudas, para comentarios de los demás, para momentos en los que pensó que no podía más y siguió adelante
¿Cuándo y cómo se recomienda iniciar un destete respetuoso?
No hay un momento universal. El destete respetuoso puede ocurrir a los 18 meses o a los 4 años, como fue mi caso con mi hijo, y los dos pueden ser igualmente válidos y bonitos si se hacen con consciencia y amor.
Lo que sí es importante es que sea un proceso gradual, nunca brusco, porque tanto el cuerpo de la madre como el del niño necesitan adaptarse. Se van reduciendo las tomas poco a poco, empezando por las que menos necesita el niño emocionalmente, y se sustituyen por otros momentos de conexión: un abrazo, un cuento, un rato de juego. El destete no es una ruptura, es una transición y, como siempre digo en mis talleres, el final de un capítulo en el cual nosotras decidimos cómo queremos escribir el final. Y cuando se hace así, con calma y sin prisas, tanto la madre como el niño pueden vivirlo como algo bonito, como el cierre de una etapa preciosa.
Con mi hijo fue exactamente así. Fue un proceso gradual, fuimos retirando tomas poco a poco hasta que llegó la última; lo hicimos juntos, sabíamos que era la última, se tomó su tiempo y simplemente ocurrió, fue tan bonito que hizo que recuerde ese día con mucho cariño. Y aunque hubo momentos duros durante el proceso, hoy lo recuerdo como una de las experiencias más bonitas de mi vida.
¿Qué mensaje le daría a una madre que celebra 1.000 días de lactancia?
¡Que lo ha conseguido!, que siga disfrutando de la lactancia todo lo que sienta, que 1.000 días dan para muchísimo, para noches sin dormir, para crisis de lactancia, para dudas, para comentarios de los demás, para momentos en los que pensó que no podía más y siguió adelante. Eso merece celebrarse, y bien celebrado.
Pero también quiero decirle algo a la madre que no llegó a los 1.000 días, o que eligió el biberón desde el principio, tú también lo estás haciendo genial. Porque lo que hace a una madre extraordinaria no es el método con el que alimenta a su bebé, sino el amor y la dedicación con la que lo hace cada día.
Y que celebrarlo, como hace Cristina Pedroche, importa. Porque visibilizar la lactancia prolongada normaliza, y normalizar ayuda a las madres que están empezando y que todavía no saben si van a poder, si van a querer, si van a aguantar. Ver qué se puede y qué merece la pena es un regalo para todas ellas.
Así que, desde aquí, un abrazo enorme a todas las mamás, estén en el camino que estén. Lo estáis haciendo increíblemente bien.
¿Cuál es el mayor mito sobre lactancia que le gustaría desterrar para siempre?
El de que "no tienes leche". Es el mito que más daño ha hecho (a mí también me lo dijeron) y sigue haciendo, y el que más lactancias ha truncado de forma innecesaria. La realidad es que la inmensa mayoría de las mujeres son fisiológicamente capaces de producir leche suficiente para su bebé. Lo que ocurre muchas veces es que no tienen la información, el apoyo ni el acompañamiento necesarios para establecerla bien. Esto en el libro es algo que he querido dejar bien claro, sí que puedes, confía en ti, busca apoyo si tienes dudas y, sobre todo, ten información y herramientas para detectar posibles complicaciones y así tener una lactancia exitos.
Cuando una madre llega a consulta desesperada porque cree que no tiene leche, lo primero que hago es revisar el agarre, la frecuencia de las tomas y el entorno. Y en la mayoría de los casos, con los ajustes adecuados, la lactancia sale adelante. El problema no era la leche. Era que nadie le había enseñado cómo.
Por eso la información y el acompañamiento profesional temprano son tan importantes. Y por eso escribo, y doy talleres, y estoy en redes. Porque cada madre que llega con información y apoyo tiene muchas más posibilidades de vivir la lactancia que desea. Y eso, para mí, lo es todo."








