Carmen de Castro, psicóloga, sobre el cansancio constante de los adolescentes: "No es falta de fortaleza sino exceso de presión y ausencia de espacios de recuperación emocional"


El cansancio generacional que viven los adolescentes y jóvenes de hoy responde a factores de distinta naturaleza que debemos conocer para no juzgarlos inadecuadamente. La familia puede convertirse en un soporte importante que les ayude a superar ese estado anímico y físico tan constante.


Carmen de Castro © UNIE Universidad
25 de febrero de 2026 a las 13:01 CET

"En mi consulta, en las aulas y en las conversaciones familiares aparece una frase cada vez más frecuente en nuestros adolescentes y niños: 'estoy cansado', 'no tengo ganas', 'no me gusta', 'me aburre'. No se trata solo de un cansancio puntual tras una mala noche de sueño, sino de una sensación más difusa, persistente y a veces difícil de verbalizar", señala Carmen de Castro, docente del grado de Psicología presencial de UNIE Universidad. 

Charlamos con ella para que nos explique por qué se produce y, sobre todo, cómo combatirlo.

Acompañar desde la familia el cansancio generacional de los adolescentes no va de “endurecerlos”, sino de enseñarles a regularse en un mundo intenso

Carmen de Castro, docente

¿De qué tipo es el cansancio del que hablamos: físico, mental, emocional, vital...?

El cansancio adolescente del que hablamos suele ser multidimensional: somático, cognitivo y emocional. A nivel físico o somático, podemos diferenciar diferentes sintomatologías. Por ejemplo, un déficit de sueño es frecuente: horarios irregulares, pantallas hasta altas horas y ritmos escolares exigentes. 

A nivel cognitivo, encontramos que la sobreestimulación constante: mensajes de WhatsApp, redes sociales, tareas extraescolares interminables y expectativas por comparación con otras personas de su edad y referentes pueden llegar a generar una sensación de “mente saturada”. Emocionalmente, viven procesos intensos de identidad, comparación social y búsqueda de pertenencia. Y, en el plano vital, muchos jóvenes se preguntan, aunque no siempre lo verbalicen “¿para qué todo esto?”, una pregunta grande para una etapa de construcción que no están madurativamente preparados para responder.

Adolescente desmotivada© Getty Images

¿Tiene que ver con que sean considerados la Generación de Cristal y que se hable de una escasa tolerancia a la frustración y la pérdida de la cultura del esfuerzo?

Etiquetar a los adolescentes como Generación de Cristal simplifica en exceso una realidad compleja. Desde la psicología evolutiva sabemos que la tolerancia a la frustración se aprende (en primera persona y de forma vicaria) y se entrena con el tiempo. Pero también que el contexto actual importa e influye. 

No es que los jóvenes “se esfuercen menos”, es que se enfrentan a un entorno más incierto, competitivo y visible. Compararse constantemente con vidas idealizadas en redes eleva la autoexigencia y el miedo al fracaso. El cansancio, en muchos casos, no es falta de fortaleza, sino exceso de presión, sin suficientes espacios de recuperación emocional.

Adolescente con depresión© Getty Images

Muchos adolescentes cuando se sienten cansados, utilizan el móvil para desconectar, pero ¿es una estrategia activa?

Cuando un adolescente se siente agotado, a menudo recurre al móvil para “desconectar”. Esto no siempre es una estrategia activa de descanso, suele ser más bien una anestesia atencional que solo sirve como vía de escape a corto plazo. El cerebro no descansa cuando salta de estímulo en estímulo. A corto plazo hay alivio momentáneo, pero a medio plazo hay más saturación. No se trata de demonizar el uso del móvil, sino de diferenciar ocio pasivo de descanso reparador. 

El descanso activo implica actividades que disminuyen la activación fisiológica o cambian de canal mental: movimiento suave, contacto social presencial, creatividad, naturaleza o momentos de silencio que invitan a reflexionar.

Adolescente preocupada frente al móvil© Getty Images

¿Cómo debería ser ese descanso activo por el que opten para, de verdad, recuperarse física y mentalmente de sus obligaciones?

Un descanso activo eficaz combina tres ingredientes: cuerpo, emoción y sentido.

En el plano corporal: caminar, estirar, hacer deporte sin presión de rendimiento. La actividad física como medio y no como objetivo. Ayuda a regular las emociones y los estados afectivos de tipo negativo.

En lo emocional: espacios de vínculo real: charlar sin pantallas, reír, sentirse visto y realizar escucha activa real de la persona que tenemos en frente sin preparar nuestras respuestas a priori.

En el sentido: actividades que conecten con intereses propios: música, dibujo, voluntariado, aprender algo por placer sin obsesionase con el rendimiento. No se trata de “hacer más”, sino de “hacer diferente” con otra función, pasar de la hiperestimulación actual, al ritmo humano.

Grupo de adolescentes sentados en el césped© Adobe Stock

La situación mundial, llena de momentos de crisis, ¿hace que se sientan más afectados anímicamente y eso les impacta en el cansancio?

Sí, y mucho. Los adolescentes son especialmente sensibles al clima emocional del entorno. Crisis económicas, conflictos armados, cambio climático o pandemias forman parte de su paisaje informativo diario. La exposición constante a malas noticias, sin recursos para procesarlas, puede generar “alerta anticipatoria” y una sensación de futuro incierto y de desesperanza. 

Cuando el horizonte se percibe amenazante, el cansancio emocional aumenta. Nuestro locus de control (percepción de autogestión) se vuelve externa, en vez de interna. Esto significa, el no conectar nuestros actos con un resultado concreto. Si no que estamos más expuestos a lo aleatorio de la vida, sin poder influir de manera activa con nuestra conducta y dirigirnos hacia unos objetivos deseados. 

Adolescente sentada en una escalera con cara triste© New Africa - stock.adobe.com

¿Este cansancio tiene algo que ver con estados depresivos o con desesperanza?

No todo cansancio es depresión, pero el cansancio persistente puede ser una señal de alerta y mantenido en el tiempo puede llegar a generar depresión. La depresión en adolescentes no siempre se presenta como tristeza, algo más habitual en adultos. A veces, el bajo estado de ánimo adolescente aparece como: apatía, irritabilidad, desmotivación o fatiga constante.

La desesperanza que es la idea de que “nada va a mejorar” produce un alto desgaste emocional. Desde modelos de Resiliencia como los propuestos por Martin Seligman, sabemos que cultivar experiencias de logro realista, apoyo social y sentido personal protege frente al agotamiento emocional. Si el cansancio se acompaña de aislamiento, pérdida de interés marcada o cambios bruscos de conducta, conviene consultar con un profesional de la psicología y psiquiatría.

Adolescente abrazada a su madre© Adobe Stock

¿Qué se puede hacer desde la familia para ayudar a estos jóvenes que viven permanentemente cansados?

La familia no puede eliminar las presiones del mundo, pero sí convertirse en un lugar de recuperación. Un enclave seguro donde el adolescente, puede encontrar consuelo y amparo y encontrar apoyo y validación emocional. Algunas claves importantes serían:

Validar sin minimizar cualquier malestar emocional: escuchar el cansancio sin etiquetarlo como pereza.

Cuidar los ritmos para tener una rutina saludable: proteger el sueño, negociar horarios de pantallas, priorizar descansos reales.

Modelar un descanso sano: los adultos también enseñan con su forma de parar, convirtiéndose para los adolescentes en ejemplo.

Abrir conversaciones con sentido: hablar del futuro sin catastrofismo, pero sin negar la complejidad y los retos de la sociedad actual.

Pedir ayuda a tiempo: normalizar la psicoterapia cuando el malestar emocional ya le resta calidad de vida.

Acompañar el cansancio generacional de los adolescentes no va de “endurecerlos”, sino de enseñarles a regularse en un mundo intenso. Descansar bien, sentir apoyo y encontrar pequeños sentidos cotidianos no los vuelve frágiles: los vuelve más fuertes de una manera sostenible.

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