Dani Carvajal y Novak Djokovic han hablado públicamente de su decisión de eliminar el gluten de la dieta. Ambos han relacionado los cambios en su alimentación con una mejoría física, lo que despierta una pregunta: ¿deberíamos seguir su ejemplo aunque no tengamos celiaquía ni un problema con esta proteína? Para responder, hemos consultado a Paloma Quintana, dietista-nutricionista, que propone empezar por algo fundamental: conocer las circunstancias de cada persona. Lo que resulta adecuado para un deportista no tiene por qué aportar beneficios a quien intenta cuidarse o mejorar sus digestiones.
"Decirle a una persona, sin conocer su vida, su clínica ni su circunstancia, que retire el gluten es comparable a recomendar a un deportista que deje de comer manzana sin saber si le provoca alguna molestia", explica. "No tiene sentido", señala. La decisión puede carecer de utilidad si no responde a una necesidad.
Opinión que comparte su colega de profesión, la nutricionista Leyre López Iranzu de la Clínica Femm: "En general, no se aconseja eliminar el gluten ni en la población general ni a los deportistas si no existe una razón clínica. En personas con celiaquía si es necesario dieta estricta sin gluten, como los alérgicos al trigo o algún síntoma concreto que se esté investigando".
La importancia de conocer la historia clínica
Quintana utiliza el ejemplo de la manzana para explicar por qué las recomendaciones deben individualizarse. Una manzana puede formar parte de una dieta saludable, pero quizá a un deportista concreto le produzca distensión o gases antes de competir. En ese caso, tendría sentido ajustar su consumo.
"Pero eso es porque yo conozco la clínica de la persona", señala. Con el gluten plantea el mismo criterio: antes de aconsejar su retirada, hay que valorar los síntomas, los antecedentes y la alimentación.
La experta reconoce que esta proteína del trigo puede ocasionar problemas en determinadas situaciones. Sin embargo, extrapolar esos casos a toda la población supone actuar sin saber qué se pretende resolver. Es, como ella lo describe, "una recomendación con los ojos tapados".
De hecho, como apunta Leyre López Iránzu, "en deportistas sin un diagnóstico relacionado con el gluten no hay evidencia sólida de que quitarlo mejore el rendimiento". Si alguien nota molestias investigar antes la causa, y es que, como apunta la nutricionista de la clínica Femm "a veces pueden influir otros componentes del gluten, como los fructanos, y no necesariamente el gluten. Además si retiramos alimentos, hay que planificar bien la dieta para mantener una ingesta adecuada de energía, fibra y nutrientes".
¿Por qué algunas personas se encuentran mejor al eliminarlo?
La respuesta puede estar en los cambios que acompañan a esa decisión. Al retirar el gluten, muchas personas dejan de consumir productos habituales elaborados con trigo y reorganizan sus comidas.
"Si este deportista elimina pasta, pan, galletas, barritas, cereales de desayuno y en su lugar pone alimentos más nutritivos, claro que mejora", explica Quintana.
La cuestión es identificar qué ha cambiado. Reducir galletas o productos azucarados y dar más espacio a alimentos variados puede mejorar la calidad de la dieta. Pero eso no significa que todos los alimentos con gluten sean equivalentes ni que el pan o la pasta deban desaparecer.
Importa tanto lo que se retira como lo que ocupa su lugar. Una alimentación puede mejorar mientras se reduce el gluten, sin que su ausencia explique por sí sola el resultado.
¿Qué papel tienen los alimentos que lo sustituyen?
Quintana pone como ejemplo el desayuno. Una persona que antes tomaba determinados cereales puede pasar a incorporar huevos, fruta o aguacate. Con ese cambio modifica la variedad y el aporte nutricional de la comida.
Algo parecido puede ocurrir cuando se introducen patata o boniato para ampliar las fuentes de hidratos de carbono. Su conveniencia dependerá de las cantidades, la preparación y la tolerancia individual.
"Está relacionado sobre todo con el patrón de alimentación que tiene la persona cuando deja el gluten de la mano de un profesional", destaca la nutricionista.
Por eso, sustituir automáticamente cada producto por su versión sin gluten no garantiza el mismo efecto. La etiqueta no permite valorar por sí sola el conjunto de la dieta. "Si quita el gluten porque sí, pero el patrón no está mejorando, pues quizá no vaya a haber tanta mejora", añade.
Sustituir con alimentos nutricionalmente densos
"Yo analizaría la dieta de cada deportista", responde Quintana. Su propuesta consiste en revisar primero si la alimentación cubre las necesidades de la persona y qué cambios pueden mejorarla.
"Te recomiendo una dieta con alimentos más densos en nutrientes", plantea como punto de partida. Se refiere a asegurar un aporte adecuado de proteínas, ácidos grasos, vitaminas y minerales, y a reducir los productos que desplazan opciones más interesantes.
El objetivo es que cada modificación tenga un propósito. Si existen molestias, conviene estudiarlas; si la dieta es monótona o desequilibrada, habrá que mejorar su composición. Así se evita atribuir cualquier cambio a un único componente.
¿Y si existe celiaquía o sospecha de sensibilidad?
Quintana distingue estas recomendaciones generales de la situación de quien tiene una enfermedad diagnosticada. En la celiaquía, la retirada del gluten exige un control estricto: "Ya no hablamos de quitar cereales, ya hablamos de estar revisando trazas".
Es decir, cuando una persona es celiaca, no basta con reducir el pan o cambiar la pasta. También hay que prestar atención a ingredientes y preparación.
Por eso, si se sospecha celiaquía o sensibilidad, lo adecuado es consultar antes de modificar la dieta. Los antecedentes familiares o una enfermedad autoinmune merecen valoración, pero no justifican automáticamente retirarlo. La propuesta de Quintana es conocer a la persona y decidir qué necesita cambiar. Y, como insiste Leyre López, "si alguien sospecha de celiaquía , es importante que lo consulte antes de retirar el gluten, porque hacerlo puede alterar las pruebas".











