Peso saludable

Ni comer menos ni compensar los excesos: lo que realmente importa si quieres perder grasa


Bajar de peso no consiste solo en reducir cantidades o cambiar comidas. Nuestra experta explica el planteamiento saludable a seguir para conseguir este objetivo


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
12 de septiembre de 2026 a las 18:01 CEST

Te subes a la báscula después de unos días de excesos y el número no es el que esperabas. Tu primera reacción es pensar que debes comer menos. Quizá al día siguiente desaparece el pan del desayuno, la cena se convierte en una ensalada y esa comida con amigas del fin de semana ya empieza a plantearse como algo que habrá que "compensar" después, reduciendo las calorías en las siguientes comidas.  Esta ecuación parece sencilla (si comes menos, crees que pesas menos), pero lo cierto es que nuestro cuerpo no entiende de matemáticas tan simples.

Para desmontar esta creencia tan instalada hemos hablado con Raquel Monedero (@raquelmoveyoursoul), especialista en nutrición holística, que empieza precisamente por esa diferencia que solemos pasar por alto: "Cuando hablamos de adelgazar, muchas veces utilizamos perder peso y perder grasa como si fueran exactamente lo mismo, y no lo son. El peso corporal incluye grasa, músculo, agua y otros tejidos. Por eso, que la báscula baje no significa necesariamente que estamos consiguiendo una composición corporal más saludable", explica.

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La báscula solo nos da un número, pero no cuenta qué hay detrás de él. Puede bajar el peso y que parte de esa pérdida corresponda a agua o masa muscular. También puede ocurrir que el número apenas cambie mientras sí se producen modificaciones en la composición corporal. Por eso, convertir la báscula en el único indicador de que una dieta está funcionando puede llevarnos a una fotografía bastante incompleta. El número puede cambiar después de una comida especialmente salada, tras varios días con más actividad física o simplemente por las variaciones normales del organismo. Y nada de eso explica por sí solo cómo estamos.

En ese sentido, la experta en nutrición holística señala que nuestro objetivo nunca debería ser, simplemente, pesar menos: "Me interesa mucho más que una persona consiga una composición corporal saludable, que mantenga su masa muscular, tenga energía, pueda entrenar, descansar y, sobre todo, que pueda mantener esos hábitos en el tiempo", apunta.

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El músculo también cuenta

Cuando pensamos en perder grasa, la conversación suele centrarse en cuántos kilos queremos que desaparezcan.  De hecho, a menudo pasa que nos centramos demasiado en el cardio,  y no tanto en lo que deberíamos pensar: la fuerza. "Cuando queremos perder grasa, no deberíamos preguntarnos solamente cuánto peso queremos perder, sino qué queremos conservar durante ese proceso. Y la masa muscular debería estar muy arriba en esa lista", señala la especialista en nutrición holística.

La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia bastante el planteamiento. No se trata únicamente de conseguir que una cifra sea menor, sino de pensar en cómo queremos encontrarnos mientras perseguimos ese objetivo. Poder entrenar, tener energía durante el día, descansar bien o mantener unos hábitos que podamos seguir dentro de seis meses también forman parte de la ecuación. Porque una alimentación que funciona durante dos semanas, pero que nos obliga a vivir con hambre, cansancio o pensando constantemente en lo que podemos y no podemos comer, difícilmente encaja con la idea de construir hábitos sostenibles.

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Cuando comer empieza a parecer un examen

También, hay otra situación bastante típica que invita a reflexionar sobre este tema. Tienes una comida fuera de casa y, antes incluso de abrir la carta, ya estás haciendo cálculos mentales para equilibrar comidas y aumentar los entrenamientos en función de ellas. El problema aquí, según Raquel Monedero, no está necesariamente en ajustar la alimentación cuando se busca perder grasa, sino en el momento en el que ese ajuste se convierte en una lista interminable de prohibiciones y compensaciones: "Una alimentación saludable no debería hacerte sentir que estás aprobando o suspendiendo un examen cada vez que comes. Si tu día gira constantemente alrededor de qué puedes comer, qué no puedes comer y cuánto vas a engordar, quizá no necesites más fuerza de voluntad, sino revisar el planteamiento", defiende Raquel Monedero. 

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Qué es el hambre emocional

En los últimos años también hemos incorporado otra expresión a nuestro vocabulario alimentario: "hambre emocional". La utilizamos para explicar esas ganas de comer chocolate después de un día complicado, el picoteo mientras vemos una serie o ese antojo que aparece aunque acabemos de cenar. Pero no todo deseo de comer tiene por qué convertirse automáticamente en una cuestión emocional. Antes de buscar una explicación más compleja, Raquel Monedero propone mirar algunas cuestiones bastante más básicas: "Me parece fundamental comprobar antes si una persona realmente está bien alimentada, si está durmiendo y descansando, cómo son sus niveles de estrés y qué relación está construyendo con la comida", aclara la especialista en nutrición holística.

La pregunta, entonces, puede ser otra: ¿estamos comiendo suficiente? Si hemos pasado la mañana con un café, hemos comido poco, hemos entrenado por la tarde y llegamos a la noche con un hambre enorme, quizá el cuerpo no esté pidiendo "control", sino alimento. Ese cambio de perspectiva —dejar de preguntarnos automáticamente qué tenemos que eliminar y empezar a preguntarnos qué necesita realmente nuestro cuerpo— modifica también la manera de entender una alimentación saludable.

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Para Raquel Monedero, adelgazar no debería reducirse a conseguir un cuerpo más pequeño. El objetivo tiene que ver también con mantener un organismo fuerte, funcional y nutrido durante el proceso: "Para mí, adelgazar de forma saludable no consiste únicamente en conseguir menor volumen. Consiste en reducirlo manteniendo un cuerpo fuerte, funcional, nutrido y capaz de acompañarnos con salud a lo largo de nuestra vida", resume Raquel Monedero. Y para conseguirlo entran en juego factores que a menudo desaparecen de la conversación cuando todo gira alrededor de las calorías: el descanso, el estrés y el movimiento. Porque podemos tener perfectamente calculado qué vamos a comer durante la semana y, aun así, estar durmiendo fatal, atravesando una época de mucho estrés o llevando una vida completamente sedentaria.

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Bajo este prisma, parece quedar claro que la alimentación forma parte de un conjunto mucho más amplio. Y mirar únicamente el plato, sin prestar atención al resto, deja fuera una parte importante de la historia. Quizá por eso la especialista prefiere hablar de estilo de vida antes que de resultados concretos en una báscula. "Cuando pensamos únicamente en adelgazar, buscamos un resultado. Cuando pensamos en salud, construimos un estilo de vida", concluye la experta.

Al final, quizá la cuestión no sea dejar de mirar la báscula para siempre ni convencernos de que el peso no importa. Se trata de no convertir ese número en la única medida de cómo estamos haciendo las cosas. También cuentan la energía que tenemos, cómo descansamos, cómo nos movemos, si conservamos nuestra masa muscular y, sobre todo, si podemos sentarnos a comer sin sentir que estamos haciendo un examen.