Blanca Suárez ha puesto voz a una sensación que muchas personas reconocen al instante, aunque pocas logran explicar con palabras. En una entrevista realizada en Bali, la actriz habló de viajes, desconexión y de esa extraña paz que aparece cuando una sale de su rutina. Entre recuerdos de Japón, confesiones sobre maletas imposibles y reflexiones sobre el descanso real, dejó una frase con aroma a verdad compartida: "Cambiar de escenario para respirar distinto".
Los viajes que han marcado a Blanca Suárez
La agenda que aprieta, el móvil que nunca calla y la cabeza que salta de un pensamiento a otro sin pausa producen cansancio irremediablemente. Y Blanca Suárez lo sabe. En un reportaje para la revista Elle, la actriz confesó que viajar le permite "reconectar" con ella misma. "De repente como que de una extraña manera reconectas contigo mismo a unos niveles muy profundos", compartió.
La actriz habló de Japón como uno de los viajes más especiales de su vida. "Volvería una y mil veces", contó al recordar la experiencia que todavía siente incompleta. Bali, donde se encontraba durante la entrevista, también apareció como un refugio emocional. Blanca explicó que busca lugares capaces de conectar con la esencia del destino, espacios que acompañen el viaje y no lo conviertan en una postal repetida. La necesidad de desaparecer unos días se escucha cada vez más en conversaciones cotidianas. No paramos de hablar de las ganas de cambiar de ciudad, apagar el ruido y recuperar una versión más ligera de nosotros mismos. Un deseo que durante años sonó a capricho y hoy parece una señal de supervivencia emocional.
El cansancio emocional y la necesidad de desconectar
Inmaculada Reinoso, experta en bienestar y mindfulness y fundadora de Respira Project, aporta contexto a esta sensación cada vez más extendida. Según explica, "cambiar de entorno es una necesidad biológica para resetear un cerebro agotado por el multitasking". La especialista sostiene que el exceso de tareas, pantallas y estímulos fragmenta la atención y dispara el agotamiento emocional. Reinoso explica que el cuerpo necesita tiempo para bajar revoluciones. "La ciencia dice que solo necesitamos 72 horas para bajar los niveles de cortisol", señala, aunque precisa que el descanso reparador suele situarse entre los siete y los catorce días, con "el pico máximo de bienestar mental al octavo día".
La clave, según la experta, es algo mucho más que reservar un hotel o comprar un billete de avión. "Si te vas lejos pero sigues pendiente del correo o de los grupos de WhatsApp de la oficina, tu cerebro seguirá detectando amenazas", explica. Cambiar de paisaje sin soltar el ruido digital deja el descanso a medio camino.
Reinoso también pone el foco en la compañía. Las personas con las que viajamos pueden aportar calma o convertirse en una fuente extra de desgaste. "Para desconectar de verdad, no basta con escaparse unos días, es importante reducir el ruido digital, renunciar a la necesidad de hacerlo todo y elegir experiencias y compañeros de viaje que encajen con el momento vital en el que nos encontramos", señala.
Inmaculada Reinoso cuenta que el cerebro se acostumbra con rapidez a los mismos estímulos. Cuando repites calles, horarios y conversaciones, la mente entra en automático y deja espacio a pensamientos en bucle. Inmaculada explica que cuando una sale de la rutina y aparece un paisaje nuevo, un plato distinto o una ciudad desconocida, la atención cambia de sitio. "Nuestra curiosidad se despierta de manera espontánea. Y, casi sin darnos cuenta, entramos en el momento presente". explica.
Para Inmaculada Reinoso, el deseo de desaparecer unos días tiene mucho que ver con el agotamiento emocional, aunque rara vez aparece por un solo motivo. La experta habla de una acumulación silenciosa por exceso de pantallas, sedentarismo, falta de descanso, poca luz solar, alimentación poco equilibrada o relaciones que desgastan más de lo que sostienen. Cuando todas esas piezas se juntan, explica, el cuerpo suele lanzar una señal clara: parar.
El deseo de desaparecer unos días para volver distinta
Por eso tantas personas fantasean con escaparse. Japón. Una casa rural. Una playa fuera de temporada. Incluso una cafetería distinta en otro barrio. ¿La buena noticia? Ese oxígeno mental también puede entrenarse cerca de casa. Reinoso insiste en que el cerebro responde muy bien a la novedad, incluso cuando aparece a pequeña escala. La clave, según explica, pasa por buscar experiencias nuevas como una exposición, un rincón de la ciudad que nunca visitamos o un lugar distinto al habitual.
Pero el verdadero cambio, apunta la experta, sucede por dentro. Introducir pequeñas pausas durante el día, practicar respiraciones lentas y prestar atención a lo que ocurre alrededor puede parecer un gesto pequeño y, aun así, cambiar bastante el estado mental. "A veces, caminar por una zona ya conocida de nuestra ciudad sin distracciones, observando lo que nos rodea y conectando con nuestra respiración, puede convertirse en una auténtica experiencia de desconexión y oxígeno mental", comparte.








